Una final con mucha tela

Una final con mucha tela

Juanma López Iturriaga

1. Mismo cartel, nuevas circunstancias

Real Madrid y Barcelona disputarán su cuarta final consecutiva de la Liga Endesa. En el caso de los azulgranas, es su ¡novena! de una tacada, lo que habla de su consistencia en la última década. Una vez que, después de una resistencia heroica, Unicaja tuvo que rendirse, surgieron voces alertando del hastío sobre esta rivalidad que lleva caminos de tener más enfrentamientos que la película Los Duelistas. Como siempre, la botella está a medias, y cada uno elige si está medio llena o medio vacía. Seguramente la repetición año tras año de los mismos contendientes no es lo mejor que le podría pasar al baloncesto, pero por otro lado, poder ver una serie entre las dos grandes potencias deportivas y sociales de nuestro país resulta todo un lujo. Además, si nos atenemos a la historia reciente, cada final ha tenido una historia diferente. Puede dar la sensación que vivimos una época de superioridad madridista, pero en esas tres últimas finales referidas, dos se las llevaron los azulgranas, una de ellas, la de la temporada pasada, jugando con el factor cancha en contra. Como ahora.

2. Favoritismo blanco

El Madrid ha sido el mejor equipo de la temporada regular, lo que le ha dado derecho a tener ventaja de campo. Con su triunfo en la Euroliga, juega sin la presión de tener que justificar la temporada, sobradamente exitosa pase lo que pase a partir del viernes. En los enfrentamientos celebrados durante esta temporada, han mostrado cierta ascendencia sobre los azulgranas y a tenor de lo visto en las semifinales, los de Laso andan más finos y certeros. Todo ello le coloca ese incómodo cartel de favorito del que tanto recelan jugadores y entrenadores. Doy una razón de peso para poner en duda esta consideración. El año pasado la situación fue casi la misma, con la única excepción que el Madrid de los récords y el maravilloso juego, había perdido la final de Milán. Y terminó ganando el Barça. Sospecho que el mejor escenario para los de Xavi Pascual, donde se mueven mejor y logran sacar versiones convincentes de su cuestionado juego, es cuando llegan de puntillas, detrás en las apuestas y apuntados como más que posibles perdedores. Si algo han demostrado en los últimos tiempos es su agónica capacidad de supervivencia.

3. Resumiendo

 El Madrid está bien. Tranquilo, confiado, sin lesiones y con jugadores que han crecido una barbaridad a partir de Enero, como son Ayón, Rivers o el nuevo ídolo, Nocioni. Los fundamentos de su estilo los conoce todo el mundo y aunque este año ha perdido brillo y transiciones fulgurantes, ha ganado en competitividad de la mano de gente como el Chapu. Han contado con tres días más de descanso y en el caso de un quinto partido, lo harán con las gradas teñidas de blanco.

El Barcelona no está tan bien. Su playoff con el Unicaja ha descubierto muchos descosidos, entender su rotación es de quinto de carrera y tiene a jugadores importantes como Doellman u Oleson desenfocados. A Navarro se le nota cada vez más los años y la clara apuesta de Xavi Pascual por Satoransky ha desestabilizado a Marcelinho.  Los malagueños provocaron una escabechina debajo de los aros y de la puntería detrás de la línea mejor no hablar.

Dicho esto, olvidadlo todo. El viernes a las 19.00, cuando el árbitro lance en balón al aire, es muy probable que todo lo escrito quede en papel mojado. O no. Ahí está la grandeza de este juego y de esta eterna rivalidad que resulta bendición y penitencia a la vez. Que por mucho que nos empeñemos en apuntar posibles caminos,  siempre queda la posibilidad que finalmente el transito se haga por una carretera que no hemos visto en el mapa.

Que la fuerza les acompañe y veamos una gran, gran final.