Un gran fin de semana

Un gran fin de semana

Juanma López Iturriaga

1. Los cuartos

Aunque siempre se esperan que se produzcan sorpresas, esas sobre las que la Copa edificó su prestigio como un torneo impredecible, el que no las hubiese no impidió que asistiésemos a unos cuartos de final muy interesantes donde los cabezas de serie terminaron dándole la razón a la clasificación. Pero para ellos tuvieron que sudar la camiseta. Primero el Barcelona, que mostró galones, pero no pudo quitarse de encima hasta el final a un correoso Valencia que llegó a tener un tiro de Rivas para ponerle a los azulgranas con el agua al cuello. Luego el Unicaja, que dejó una gran impresión y disparó expectativas con una victoria convincente. Llegado el vienes, el Madrid se personó con retraso y el CAI soñó momentáneamente con la hazaña. Hasta que una vez despiertos, no aguantaron el clásico arreón blanco del tercer cuarto. Terminaron los cuartos con el partido más emocional, con los locales del Herbalife en pista. A este paso nadie va a querer organizar la Copa, pues la presión les resulta excesiva a casi todos. Encima su rival fue el FIATC Joventut, recibido en el sorteo como un guiño de la fortuna, pero que quizás era el peor rival por su juego desinhibido. Todo un varapalo para una ciudad que estaba tremendamente ilusionada (quizás en exceso, con sueños que llegaban hasta el levantar el trofeo) pero que no desertó y siguió llenando el pabellón los días posteriores

2. Las semis

Como si estuviésemos en el fin de semana de las estrellas, el sábado tocaba concurso de triples. Es evidente la importancia que ha cogido este aspecto del juego en el baloncesto de estos tiempos, condicionando cada vez más tácticas y estrategias. Lo que se vivió el sábado en el Gran Canaria Arena fue toda una exhibición de muñecas certeras, hasta el punto de con sólo un par de horas de diferencia, primero el Barcelona igualase el récord y luego el Madrid lo dinamitase hasta dejarlo en un estratosférico dieciséis. Al Unicaja se le apagaron las luces en el momento más inoportuno, cuando se puso seis arriba a mitad del último cuarto. Todo lo contrario que el Barça, que respondió a la extrema tensión del momento con una contundencia que puso K.O. a los malagueños en los tres minutos siguientes con un parcial de 11-0. La capacidad para resolver estos partidos de máxima exigencia e igualdad sigue siendo una materia donde el Unicaja debe mejorar para poder asaltar con garantías el duopolio. El Madrid, por su parte, hizo lo mismo que en los cuartos. Espeso dos primeros cuartos, salió de los vestuarios después del descanso como un martillo pilón en el tercero, asfixiando en defensa y destrozando a triplazos en ataque a un admirable Joventut, que se despidió del torneo recogiendo merecidísimos aplausos.

3. La final

Y llegamos a la final sin un favorito claro, aunque con ligera inclinación (eso decían las apuestas) hacia lo blanco. Distó mucho de ser un partidazo, cosa bastante difícil en partidos que deciden títulos, pero la pelea contó con suficientes alicientes. Se batió un récord, el de valoración por parte de Tomic, pero su tremenda actuación no se vio recompensada por culpa, por ejemplo, de Rudy, merecidísimo MVP y faro que siempre alumbró a sus compañeros. Todos los grandes momentos del Madrid, no sólo en la final, le tuvieron de protagonista destacado, como ese al final del segundo cuarto, donde con el Barça abriendo hueco, lo tapó justo a tiempo para irse al vestuario sin mucho de lo que atormentarse. Como casi siempre entre estos dos equipos, el partido se decidió por el canto de un duro. A Xavi Pascual su táctica de jugar sin base no le salió bien y le ha costado más de una crítica. El Madrid, en cambio, encontró a Sergio Rodríguez en el momento justo para que cerrase un debate donde antes habían intervenido acertadamente gente como Ayón o Nocioni, convertido por arte de magia en un gran taponador. Ganó el Madrid y ganó bien. Pero vencedores y vencidos saben que esto ha sido el aperitivo. La vida sigue y el baloncesto no para, pero al menos por unos días, nos quedará el regusto de un gran fin de semana de baloncesto.