Una serie sin dueño, un escaparate exigente y un arte incomprendido

Una serie sin dueño, un escaparate exigente y un arte incomprendido

Juanma López Iturriaga

  1. Quién manda aquí.
    Dos partidos taquicárdicos después, la final de la Liga Endesa no tiene dueño. Cierto que el Barcelona ha recuperado el factor campo y puede rematar al calor de su afición, pero vistos los 80 primeros minutos de la serie, a ver quien es el listo que sabe por donde va a ir esto.  Yo desde luego no debo ser tanto, porque no tengo ni idea de lo que nos deparará el futuro. Ni el Barcelona ni el Real Madrid han dado señales de una excesiva autoridad sobre el otro, los partidos han sido tan cambiantes, la incapacidad de ambos para mantener ventajas o rematar partidos ha sido tan evidente que el viernes la serie se puede ir por cualquier camino. Hasta ahora ha logrado triunfar aquel que estaba más exigido. El Madrid necesitaba la victoria imperiosamente en el primero si no quería tirar por tierra a las primeras de cambio el trabajo de 9 meses. El Barcelona se presentó el martes con la amenaza de un 2-0 que la historia explica que es prácticamente imposible recuperar. En ambos casos los dos salvaron los muebles e hicieron de la necesidad una virtud. Pero en el tercer acto el reparto de responsabilidad es más equilibrado. El que gane se asegura una oportunidad en campo propio para ganar la liga. Al que pierda se le abre la tierra bajo sus pies y deberá sobrevivir en ambiente infernal.  

  1. Prestigio en juego.
    Series como esta, con tan importante recompensa en juego y con una carga emocional, ambiental y profesional tan enorme (ambos equipos se juegan la temporada en ella) es donde se demuestra la valía real de los jugadores. Jugar en un Barcelona o en un Madrid te exige estar a la altura de las circunstancias, y llegados a este punto de la competición, donde se deciden los títulos, el prestigio de todos vuelve a pasar un examen. Brad Oleson es por ahora el más beneficiado y su jerarquía, si sigue en esta línea, aumentará sin duda de cara al futuro. Navarro ha ejercido de líder un poco por encima de lo que lo ha hecho Rudy en el Madrid, Sergio Rodríguez confirma su ascendencia y Felipe Reyes ha sido un quebradero de cabeza para el Barcelona. En el capítulo de damnificados, Tomic y Mirotic se llevan por ahora la palma. Los dos han hecho grandes temporadas. Uno se llevó el MVP y el otro está en el quinteto inicial de la Liga. Pero eso corre el riesgo de resultar casi anecdótico si no reaccionan a tiempo, si no logran entrar en los partidos, si no inciden decisivamente en los resultados. Su importancia y reconocimiento anterior es un regalo envenenado, pues les obliga aún más a dar un paso al frente que hasta ahora no se ha producido.

  1. El difícil arte de arbitrar.
    No voy a decir que los árbitros gozasen de mi simpatía cuando era jugador. Es lógico. Es más, el día que decidí mi retirada tuve un pensamiento fugaz a sumar a los realmente importantes. “Ufff, ya no tendré que aguantar a los árbitros” me dije a mí mismo. Como en otras cosas en la vida, el tiempo y tus circunstancias te hacen cambiar de parecer, y ahora mismo los veo casi como unos héroes. Porque hay que ver lo difícil que es arbitrar un partido de baloncesto, con 10 tipos altos y cachas chocando constantemente entre sí, peleando al límite y de paso, protestando prácticamente cada jugada. Con unos entrenadores que les comen la oreja constantemente y que en unos cuantos casos (pocos, hay que decirlo si lo comparamos con el futbol, por ejemplo) echan mano de sus supuestos errores para no tener que lidiar con los propios. Y encima, jugando siempre en campo contrario, pues no se conoce lugar donde sean bien recibidos ni mínimamente comprendidos. Para completar el cuadro, deben sufrir un indeseable pero creciente aumento del periodismo forofo, siempre deseoso de montar un buen cristo apuntándoles con el dedo y así poder sacar provecho en forma de audiencias o ventas. Se ha hablado mucho de ellos en estos dos partidos, pero por si acaso alguno todavía duda, ni el Barcelona perdió por lo de Sada, ni el Madrid por lo de Carroll

Esto sigue. El viernes en Barcelona, tercer y crucial acto. No seré como la medalla del amor “el viernes queremos más que el martes pero menos que el domingo” y simplemente esperaré que sigamos disfrutando de una final espectacular como la que estamos viendo. Ya que estuve con el gran Pepu Hernández comentando los dos primeros partidos (ya era hora que hubiese un analista con criterio) simplemente le copiaré. Ba-lon-ces-to. Y que no pare la fiesta.