Ante Tomic, vertebrando un equipo

Ante Tomic, vertebrando un equipo

Antonio Rodríguez

Tener minutos en pista y todo funcionar. Suben los porcentajes y sube su autoestima. Ante Tomic ya no se sentó en el banquillo con rostro frustrado y malhumorado, como hacía esta temporada. Ahora es importante en el equipo y casualmente -que de casualidad no tiene nada-, el juego y los éxitos vuelven a asomar.

 

        En Endesa Basket Lover siempre hemos sido muy de Ante Tomic, uno de los jugadores más criticados en nuestro país, porque somos gentes de sacar a relucir antes los defectos que las virtudes, qué le vamos a hacer. Quizás, por el enorme talento que atesora, casi nunca evidenciado en estas últimas dos temporadas, porque tampoco le han dejado. Ni Georgios Bartzokas ni Sito Alonso sabían cómo encajarle en “su baloncesto”, sin pensar que posiblemente, siguiendo la corriente del croata, muchos de sus brotes se acoplarían a las exigencias de sus entrenadores.

 

Aportación en más ocasiones de las debidas como rotación y vuelta al banquillo, frustrado mientras le pasaban la toalla antes de sentarse, porque su trabajo quedaba inacabado, a veces casi iniciado, colgándole su entrenador el cartel del “no creo en ti”, más si cabe este curso. A las pruebas nos remitimos.

 

 

Y llegó Svetislav Pesic y lo primero que decidió a hacer es que Tomic debía ser importante en el plantel y tenía que jugar. Porque es tan obvio como su enorme aportación en esta Copa del Rey. Ser el eje nuevamente del ataque azulgrana -tantos galones que tuvo, tantos galones que perdió- como base a los dibujos tácticos. No es normal que en cuatro partidos disputados con su nuevo entrenador, sus números se hayan casi duplicado con tres minutitos más de juego. Y Ante Tomic fue al desván y abrió el baúl y desempolvó el uniforme de batalla y volvió a sacar lustre a las medallas.

 

            Uniformes, medallas…adornos literarios y metáforas para ilustrar este artículo, lo sabemos. Sin embargo, su juego ha vuelto a ser el tipo que está a gusto sobre una pista. Ha sabido entender dónde sacar partido a la fijación rival sobre Thomas Heurtel y le hemos visto continuar bloqueos como en su etapa previa a la vera de Marcelinho, porque junto a bases con esta mordiente, Tomic amplifica su sentido en cancha mucho más. Y ha tenido ese subidón de ser útil para decidir en poste bajo y para ponerse delante de los rivales que entran a canasta, que sus doscientos dieciocho centímetros de estatura ya se encargan de molestar.

 

            Su inteligencia en pista frente a sus blanduras. Sus precisos cortes al aro tras bloqueo frente a su escaso salto en los tiros cortos. Sus órdenes en la zona frente a sus escasos tapones. Donde en Endesa Basket Lover veíamos las lindezas de lo primero, otros se quedaban con ver los defectos de lo segundo. Allá ellos. Ante Tomic ha sido decisivo en el enorme -e inesperado- éxito de este F.C. Barcelona Lassa en esta última edición de la Copa del Rey. Y es cierto que las luces quedarán en Pesic, en Heurtel o en Hanga. Es su “sino”. Que a él le da igual, porque en el fondo, con la complacencia de su entrenador, seguirá vertebrando el juego de sus compañeros como para que el resto luzca. Lo que Ante Tomic quiere, es sentarse en el banquillo con la satisfacción de haber ayudado.