Desconocido y desconcertante Fenerbahçe

Desconocido y desconcertante Fenerbahçe

Antonio Rodríguez

             El Palau Blaugrana se vestía de fiesta el miércoles noche. Aunque, en realidad, últimamente siempre se viste de fiesta. Sabedores en las gradas de las posibilidades de su actual equipo, la victoria y el camino hacia las cotas más altas son un ‘pan nuestro’ que hacía demasiado tiempo no se llevaban a la boca. Son conscientes de la circunstancia y por ello, lo disfrutan. Pero en esta ocasión, recibían al Fenerbahçe, “coco” de la competición por plantilla, entre el ramillete de favoritos a todo hasta hace bien poco (y en Endesa Basket Lover seguimos pensando que sigue siéndolo)  y que en este noviembre de 2019 vaga en los últimos puestos de la clasificación de la Turkish Airlines Euroleague, con 2 victorias y 7 derrotas.

              El F.C. Barcelona, muy consciente de lo que es (compartiendo el liderazgo con 7 victorias y 2 derrotas), salió a matar -deportivamente- a su oponente, porque las matemáticas por dejar fuera a los otomanos de los cuartos de final, cada vez cuentan con más posibilidades, aunque quede muchísimo trecho de liga regular. Líderes a pesar de disputar 6 de 9 enfrentamientos a domicilio, los azulgranas salieron en casa con el hambre habitual esta temporada, mostrando mayor conjunción a cada semana, con una auto exigencia defensiva y concentración -unido al acierto- ofensivo que les sitúa muy arriba.

              La decepción de caer derrotados ante el Real Madrid en “el clásico” madrileño la pasada semana, sigue esfumándose con dos victorias consecutivas. Y es que, los jugadores entrenados por Svetislav Pesic, repetimos, tienen hambre. Ya no que hablemos de la ambición que, como deportistas de élite, sí han mostrado también en las últimas temporadas, cuando los resultados no eran tan favorables. Sino que nos referimos a esta tesitura del mix entre la obligación por ganar a priori y la ilusión por ir ganando que se va dando -porque las importantes incorporaciones pesan- y por otro lado, sostener con templanza esa idea que las alegrías de cada semana, aún no significan nada hasta que no haya premios a modo de títulos. Pongamos el foco en la figura de Cory Higgins como ejemplo. Enorme historial, campeón ya de Europa en dos ocasiones con CsKA Moscú, embarcado esta vez en el Occidente europeo en una aventura en pos de reeditar tales éxitos de nuevo. Sin prisas, haciendo encajar su rol en la nueva estructura y logrando ante los turcos más de 20 puntos por cuarta vez en Euroliga (22, en este caso), sin importarle que otro día tenga escasa incidencia ofensiva. Templanza y sabiduría para marcar tiempos, cuándo toca y cómo toca en un talento como él.

              Y por otro lado, como motivo de este artículo, unirnos como espectadores televisivos al desconcierto de una concurrencia que se movía entre el asombro y el estupor viendo a un Fenerbahçe, desconocido a ojos de todos. El naufragio de los turcos en el marcador a la finalización del partido (89-64), refleja una pobre estampa que confirma que sus dos únicas y pírricas victorias hasta la fecha, sí son una realidad en ellos, demasiado aderezados con 7 tropezones. Es difícil recordar un plantel dirigido por Zeljko Obradovic al que le falte la llave maestra por la que hemos ensalzado al Barça. Ellos, cuya intensidad -al margen de calidad individual- siempre lo han llevado por bandera, cuya auto exigencia siempre fue máxima, entre talento a borbotones, dejaron una sensación en la Ciudad Condal casi de perplejidad en el aficionado.

             Cierto es que la lesión de Nando de Colo, una de sus estrellas, lastra considerablemente, aunque no deja de ser una pieza -de lujo, eso sí- en una colección de enormes jugadores que, si bien su disposición en ataque sigue siendo la misma, no así en defensa. La buena circulación de balón, el conocimiento de dónde hacer daño, lo poseen y lo usaron, en un enfrentamiento en el que estuvieron erráticos en el tiro. Pero esa es otra causa. Su problema vino atrás. Los despistes permanentes a cortes, a “puertas atrás”, al juego sin balón en definitiva, llegando siempre tarde, no es ni un sello en ellos -ni remotamente-, ni algo de una aislada mala noche. Hombres como Sloukas, Vesely o Datome no permiten tales ventajas como para que les machaquen en la zona como lo hicieron los azulgranas. La estadística que se ha aireado estos días, en la que necesitan 88,5 puntos de promedio para ganar, porque en las derrotas están encajado un desconocido para ellos 79,9 puntos, no es normal. El ruego de Zeljko Obradovic en un tiempo muerto a sus jugadores que defiendan al nivel que se supone en Euroliga, llega más profundo en las conciencias que las broncas, por muy personales que sean (como a Datome la pasada semana) que esas las hemos visto más a menudo. No es normal que Luigi Datome mande a paseo con un gesto ostensible con el brazo, a un compañero que estaba ejecutando mal el ataque. Obviamente, hay un problema de fondo.

             Quizás en Badalona al frente del 7Up Joventut, remontándonos casi a las navidades de 1993, tras la derrota en casa ante el Benfica, con aquellas declaraciones de “yo intento ayudar a mis jugadores. ¿Están ellos intentando ayudarme a mí?” es cuando vimos un Zeljko Obradovic tan desesperanzado como ahora, que incluso en rueda de prensa no supo -o no quiso- desviar con rotundidad la cuestión que se le planteó de si dudaba que los jugadores estuviesen con él. Problemas económicos y lesiones actuales han sido un mar en el que han estado embarcados en los últimos meses y han sabido responder. Como estamos convencidos que sabrán surcarlo en esta ocasión. En el fondo, son un equipo de Obradovic con una calidad excelsa y no deja de ser noviembre. En crisis, sí. Pero noviembre.

             Hay que otorgarles el beneficio de la duda ante la -posible- última temporada de Zeljko en este club. En Turquía todavía siguen haciendo quinielas de los pasos a dar para clasificarse para cuartos de final, porque están convencidos de ello. A partir de ahí… bueno, ellos fueron campeones de Europa siendo quintos en liga regular. En un club así, con la calidad que atesoran, todo es posible. Quizás en mayo sea anecdótico el desconcierto reinante de la pasada noche en el Palau Blaugrana. O no.