Real Madrid: La amargura de la derrota en el Día 'D'

Real Madrid: La amargura de la derrota en el Día 'D'

Antonio Rodríguez

Días marcados. Días en rojo subrayados en el calendario como referencias de la temporada, como día “D”. Sobre todo, para el baloncesto europeo: la tan deseada, aspirada y más que sufrida por llegar a ella, cita de Final Four. Vitoria era el punto de encuentro para la finalización de la Turkish Airlines Euroleague. Clubes que se convencen que llegar es un premio, como tal. Sin embargo, cual reverso tenebroso, una vez allí, la obligación es de ganar. No ganarla implica sensación de vacío, de cabeza baja y manos en los bolsillos camino a casa, acompañado por el tortuoso ejercicio de seguir dando vueltas a la cabeza, entre el qué falló y la voluntad de sacudirse la idea del fracaso. Dura e injusta con tres de sus participantes.

El Real Madrid perdió en semifinales ante el futuro campeón, CsKA Moscú (90-95), de una forma dolorosa. Porque en palabras posteriores de su capitán, Felipe Reyes, ellos eran mejor equipo y en Endesa Basket Lover estábamos convencidos de ello. Porque tenían el partido controlado, dominaban el marcador y practicaban un juego muy a su estilo, a lo que llevan haciendo todo el curso en sus buenas tardes. Viento a favor. Hasta que el equipo se ofuscó. La rutina y la hoja de ruta claudicaron ante la presión y los nervios. Y fueron los moscovitas, sin perder en ningún momento el control de sí mismos (al igual que Anadolu Efes, a la postre, el otro finalista), quienes tomaron el liderazgo en el electrónico y les valió hasta el final, entre tiros libres y la mala suerte de un semigancho en poste bajo y posterior palmeo de Anthony Randolph, que se salieron. ¡Ay, si alguno llegase a entrar, lo que habría cambiado todo! Faltaban 01:07 y hubiese supuesto el empata a 87.

Una primera mitad digna de un notable Real Madrid

Rebobinamos recuerdos para encontrar sensaciones más placenteras. Walter Tavares impone su ley en el primer cuarto hasta un nivel exagerado, en los tapones, en los mates y en lo bien que vivían sus compañeros cuando aprovechaban sus bloqueos. La zona se enfilaba como una verde pradera para corretear feliz con la ayuda de su presencia. Si el año pasado, Tavares no estuvo a gusto entre los móviles pívots rusos, doce meses después era un bastión inquebrantable. Que a continuación, Fabien Causeur sacaba acordes de su dulzaina (18 puntos en 15 minutos), que Trey Thompkins, sin perder los hábitos de este curso, anotaba todo lo que tiraba (4 de 5 en tiros de campo) y que, fundamental en partidos así, tal conglomerado servía para mantener siempre la delantera en el marcador. Excepto un momento en el segundo cuarto, donde la fantasía de Sergio Rodríguez impregnó el Buesa Arena (14 puntos en la primera parte), el Real Madrid siempre controló, a pesar de ver parca la ventaja final del primer tiempo (45-43 al descanso por el triple de Will Clyburn sobre la bocina).

Dio lo mismo. Los madridistas -y sus aficionados- regresaron de nuevo a la tierra prometida, con un arranque furioso en el tercer cuarto. Ya no solamente se dominaba en ataque, sino que se paraba al rival en defensa. Furioso y contundente como para llegar a los 14 puntos de ventaja (65-51) a falta de 14 minutos para la conclusión. Los augurios y los buenos deseos, se cumplían. Sin embargo, unos minutos antes, nos dio la sensación que algo había crujido en los blancos. Un chasquido, imperceptible inicialmente y al que se le restó importancia porque las ventajas crecían. Todo sigue yendo bien. Hasta que se acentuó e hizo resentir.

Punto de inflexión

Y es que, la plantilla blanca se ofuscó. Algo pasó en el momento en el que Sergio Rodríguez suelta el brazo para evidenciar que está siendo agarrado por Facundo Campazzo e impacta en la cara del argentino, mientras ambos caen al suelo y el base blanco se duele del golpe en el rostro. Se quejan y protestan. Eso y el impresionante -y doloroso- mate de Will Clyburn ante Tavares a continuación, en la mejor jugada del encuentro, producen un chasquido. El combo de las dos acciones hizo cambiar algo. Porque Campazzo, siguiendo su filosofía de juego, quiso cambiar algo. Los 14 puntos de Sergio Rodríguez en la primera mitad, sonaban a quebradero de cabeza, usando los bloqueos y los dos contra dos para sacar todo su repertorio ofensivo (¡qué maravilla de jugador!) y mantener con vida a los moscovitas en los primeros 20 minutos.

El “Facu”, tras ese nimio incidente con el “Chacho”, buscó más agresividad en la marca de su rival, jugando a provocar el choque cuerpo a cuerpo, a que fuesen notorios, haciéndolo ver a los árbitros, mientras sus aficionados cargaban desde las gradas. Había que descentrar al tinerfeño. Es su espíritu competitivo y hay que echarle bemoles de, en esos momentos, el siguiente paso es jugar al límite de intensidad y de físico. Hay que estar dispuesto a ello. En muchos casos sale bien (¿recuerdan la última jugada del primer partido ante Panathinaikos, en la defensa a Langford?). Pero aquí, los árbitros no quisieron entrar en tal disputa particular, ni enfangarse en los impactos, ni de los “aparta de aquí” con el brazo del canario. Lo consideraron parte de un juego tenso, como correspondía al marco en cuestión. Y sí que el “Chacho”, más presionado, perdió efectividad. Sin embargo, también provocó que los madrileños mirasen más hacia los árbitros. Y eso no era buena cosa.

A Rudy Fernández le castigan con una falta técnica por hacer aspavientos con los brazos, en señal de queja a una falta -discutible- de Taylor en un bloqueo, de las que se señalizan muchas. ¿Que pudieron tener los árbitros la piel muy fina? Puede. Pero ni les gustó ese gesto ni el posterior de Pablo Laso, de arrojar con rabia una toalla al suelo, al que lo unieron como continuación a la protesta que realizó segundos antes: en mitad de un tiro libre de De Colo -que falló-, de repente sonó la bocina desde la mesa sin motivo alguno, solicitando los colegiados a repetir el tiro, mientras los operarios confesaban que ningún componente había pulsado nada para que la ‘chicharra’ sonase. Laso se quejó con algo así como “¿y por qué soy yo el perjudicado con todo esto? ¿Por qué?”. Tras la repetición del tiro, esta vez anotado, apareció la frustración del gesto de Laso con la toalla. Técnica.

El infortunio de Llull y el riesgo de tomar decisiones

Entre las protestas se perdió en el último cuarto, quizás no la concentración, pero sí el criterio para atacar la defensa planteada por los hombres de Itoudis y la selección de tiro no fue la misma. Y el Real Madrid comenzó a perder ventaja. En medio de aquello, la mala suerte, que también forma parte de este circo, el hecho que Sergio Llull, que no estaba teniendo su día en el triple (llevaba 0/4. Pero también un 4/6 en tiros de 2 puntos), tras una buena circulación colectiva del balón, se juega un nuevo intento desde el 6.75, totalmente abierto, que falla: 0/5. En el siguiente ataque, otra buena jugada, pases de manual y nuevamente el de Mahón más solo todavía. Y vuelve a errar: 0/6. Ve cómo Facundo Campazzo se acerca a la mesa de anotadores para suplirle. Y con ese genio y talante que siempre le han acompañado en su repertorio, sabiendo que iba a abandonar la pista, quiso jugarse un nuevo triple para irse con mejores sensaciones al banquillo, que no el de esos dos triples errados. Y forzó y falló: 0/7. Se sentó con 78-73 en el marcador. Su reacción, la de un tipo de éxito que pretende recuperar sensaciones buscando un lanzamiento que su equipo necesita, fue humana. En el banquillo, se tapó la cabeza con la toalla, intentó abstraerse de todo y coger resuello, como si fuera la radiografía del equipo en ese momento. 

Walter Tavares, que como ya hemos comentado, sembró el terror en la zona en la primera mitad, fue sustituido a falta de 03:25 para el final del encuentro, tras cometer su cuarta falta instantes antes, al buscarle “las cosquillas” en una entrada Nando de Colo. Y Pablo Laso tomó la decisión, con todo el criterio, de sentarle, ante el temor que, en casos así o enfrascado en un pick&roll, el rival adquiriera ventaja. Tomar decisiones en los días “D” significa tomar muchos riesgos. Como la de sentar a Causeur a falta de 5 minutos en beneficio de Jeff Taylor. Inspirado el primero, especialista defensivo y polivalente el segundo. ¿Podría haber cambiado algo? Son decisiones.

CsKA Moscú supo jugar excepcionalmente bien el último cuarto. Will Clyburn, oficiando como ala-pívot, supo sacar de su zona de confort a Randolph partiendo desde el exterior y le quebró en entradas, en faltas y en suspensiones claras (18 puntos). Añadan, como si fuese un sello lacrado, algo que anunciamos sobre los moscovitas en la previa que aquí publicamos: lo letales que podría ser su trío exterior desde el tiro libre en últimos minutos. Dijimos que tanto el ‘Chacho’, como Higgins y De Colo conjuntamente, habían logrado un 91,2% en tiros libres durante la temporada regular. Que eran letales. ¿Saben cuál fue el dibujo de sus tiros libres en el último cuarto? Pues que entre los tres lanzaron 11 de los 13 tiros libres de su equipo. Y de esos 11… anotaron los 11. Añadan ese triple mortal de Nando De Colo a falta de 01:21 y que les puso por delante (85-87) por primera vez desde el 34-33 en el segundo cuarto y lo que no consiguió Randolph en poste bajo, en la doble acción ya comentada.

Es una derrota que duele. Conocidas las lesiones en el Fenerbahçe, el Real Madrid había dado señales de mayor solidez que el CsKA Moscú, que en cambio, le ha ganado la partida en las tres ocasiones en las que se han enfrentado. Dos maestros, como Sergio Rodríguez (23 puntos y 8/14 en tiros de campo) junto a De Colo (otros 23 puntos y 13/14 en tiros libres), pudieron mantener el orden y la cabeza fría para ganar un encuentro que los llevaría al título.

Los quebrantos y lamentos que rodean a un club grande, llegaron, como era de esperar. Sobre la ‘crucifixión’ del partido entre el tercer y cuarto puesto, nos negamos a hablar. El Real Madrid fue superado en el último cuarto por un plantel más concentrado y más calmado, con una hoja de ruta que no tenía borrón alguno y que disipó las sombras de las manazas de Tavares. Aspiraban a repetir título, como Olympiacos hace 6 años, pero en este día “D” en concreto, no fue posible. La amargura de la derrota en Final Four es un trago que, aunque cuesta, pasará cuando toque reactivarse, ya este mismo martes, en Liga Endesa. El objetivo para ellos desde ya, el título de liga. Vitoria ya es agua pasada.