Barça Lassa, de montaña rusa... ¿hasta Vitoria?

Barça Lassa, de montaña rusa... ¿hasta Vitoria?

Antonio Rodríguez

Es increíble las vueltas que ha dado la eliminatoria entre Anadolu Efes y Barça Lassa. Los polos tan opuestos que hemos podido vivir, sobre todo en su travesía en el Palau Blaugrana durante estos días de cuartos de final, dan para un análisis que raye la esquizofrenia. Digamos que nuestra intención en Endesa Basket Lover era disponer de un artículo tras el tercer encuentro de la serie. Y francamente, era muy difícil hablar de las posibilidades futuras de los azulgranas en esta Turkish Airlines Euroleague, tras la peor imagen del año, la peor de muchos años. Aquel 68-102, mezcla del “que no entra nada” y “a ellos, todo”, que provocó sonrojo y que los aficionados, intentando digerirlo, de la forma más educada posible y sin cargar sentimientos en contra de los suyos, prefirieron hasta ovacionar la actuación de Shane Larkin (30 puntos y 6 de 7 en triples) para marcharse cabizbajos. Sin embargo, tras el cuarto encuentro, siguieron animando mientras una luz pareció marcar los designios locales, cristalizando en la victoria y el empate a 2 en la serie.

Las eliminatorias de Playoffs son así. Puede doler más una derrota con canasta sobre la bocina, que los 34 puntos de desventaja en casa. Es cuestión, ante la tesitura del “win or home”, echar tierra encima. Tanta que, en dos días se haya olvidado tan mala experiencia y se vuelva a recrear -o al menos, intentarlo- los momentos más acertados de todo lo bueno extraído, para encarar el cuarto. Y se consiguió. El 82-72 suena a capacidad de reacción, a mostrar fuerzas y doblegar a un rival imposible 48 horas antes.

¿Cuáles han sido los factores comunes para llegar a tanto desvarío, tantas diferencias como para encarar un rival que parezca inaccesible, ser batido en tan corto plazo?

Hablemos de intensidad

En el infierno del Sinan Erdem Dome, la diferencia entre el primer y segundo partido, fue clara: intensidad. El primer capítulo dio para la preocupación, más en defensa que en ataque, aunque los guarismos fuesen bajos en su resultado final (75-68). La arriesgada defensa ordenada por Svetislav Pesic de cambios permanentes de marca, saltar al balón en dos contra uno, con la automática rotación que deben ejecutar el resto del quinteto, hizo aguas. Falta de entendimiento, mala colocación y buscar culpables con la mirada, fue un acto constante. Para tomar tantos riesgos en una defensa, tocaba llegar a la agresividad del segundo día. Y hay que valorar el umbral de esfuerzo del siguiente choque, puesto que Anadolu Efes también apretó, con lo que tocaba subir dos o tres peldaños más. Y se hizo. A pesar de un tercer cuarto con desventajas peligrosas, el pabellón achuchando y defensas de los turcos al límite, se salió adelante y se tuvo la sangre fría -muy importante- de zanjar el triunfo al final (72-74).

Por lo tanto, ¿qué pudo ocurrir en el tercero? Es que fue inexplicable, con el añadido que el rival jugó como si fuese un Dream Team. Bueno, estaba todo muy estudiado -y lo analizaremos más adelante-, pero habiendo voluntad, no hubo el apretón de dientes del éxito en Estambul, recuperado cuando la necesidad aprieta y se está con la soga al cuello. O sea, anoche concretamente, en el tercer envite, con un preámbulo lleno de escépticos, porque tras lo visto el miércoles, costaba mucho entre los aficionados azulgranas, creer en forzar un quinto.

Shane Larkin, decisivo en la serie. 

 

La decisión del uno contra uno

El éxito de Ergin Ataman vino, por imponer en la serie las virtudes de los suyos. Y eso, entre un ramillete de jugadores con un talento ofensivo exterior descomunal, lo tenía en la mano, contando que ahí son superiores a los barcelonistas. Si en los azulgranas, tal predisposición venía con éxito de las manos de Thomas Heurtel y Ante Tomic, la legión turca era profunda, liderados por Vasilje Micic y sobre todo, Shane Larkin. Añadan a Rodrigue Beaubois, Krunoslav Simon, una estrategia a seguir y entenderán gran parte de los males y desesperación culé. En la debacle del Palau, lo marcaron con tiralíneas: entre las rotaciones defensivas en los hombres de Pesic, había que provocar la situación del emparejamiento entre un alto y un pequeño y una vez conseguido y a campo abierto, finiquitar ahí la jugada, no dar opciones a más cambios de hombres. Por ello, un tipo como Shane Larkin destrozó con un 5 de 5 en tiros de 2 puntos, completando sus 30 puntos en menos de 24 minutos. Por ello, hay tanta diferencia entre los porcentajes y en los intentos de 2 puntos de Anadolu Efes cuando ganaron y cuando perdieron: 42 de 61 al vencer (68,8%) y tan solo un 24 de 53 (45,2%) cuando perdieron. Porque en el cuarto encuentro, parando los locales algo más esos uno contra uno rivales, provocaron que los de Ataman forzaran más en las jugadas y perdieran más balones (14, ante un 6,6 que tenían de media hasta ese momento).

La fuerza de la pintura impuesta por Pesic

El entrenador serbio es de la vieja escuela. Le pueden llover triples, incluso diluviar en ocasiones, pero él es fiel a una teoría propia que para vencer, había que partir desde la pintura: sean canastas en penetraciones, sobre todo Thomas Heurtel o el juego al poste, liderado por Ante Tomic. Si al base francés le han defendido mejor en el Palau, lo que ha provocado que fuerce en acciones para seguir haciendo daño -y bajar sus porcentajes-, Ante Tomic y el último día, Kevin Seraphin, han significado la sepultura turca, con 25 puntos entre ambos. Lógicamente, necesitaban del tiro exterior, con Kyle Kuric renacido a partir del tercer partido. No hubo tal respuesta en Efes. Pero si logran esos puntos entre sus centers, hay muchas garantías de éxito.

Ante Tomic y los puntos interiores. 

 

Las estrellas

En los momentos importantes, serán los que desequilibren en el quinto. Hemos visto cómo Adam Hanga, desde su honestidad en el trabajo, ha llegado a brillar para convertirse en las pulsaciones del Barça Lassa. La intensidad que marca, es el termómetro. Maravilloso el húngaro en el momento de la verdad. Como Vasilje Micic en Anadolu Efes. No son lo mismo 17,5 puntos y un 60% en tiros de campo cuando ganan, que 9,5 y un 25% cuando pierden. Pero hay muchas estrellas en juego. Para el quinto encuentro, decir que los barcelonistas ya saben lo que es ganar allí. A partir de ahí, la moneda está en el aire y los rivales, más que estudiados unos a otros. Lo que sí tenemos la certeza de asegurar que veremos un gran espectáculo.

Vasilje Micic, el termómetro del Anadolu Efes