Rick Pitino, ¿y si trajera lo mejor del baloncesto?

Rick Pitino, ¿y si trajera lo mejor del baloncesto?

Antonio Rodríguez

Hubo un tiempo en el que los entrenadores en Europa tenían la obligación de viajar -a ser posible, varias veces- a Estados Unidos a lo largo de sus carreras, con el fin de aprender sobre el noble arte de nuestro deporte, a la MECA del baloncesto. Allí, con permisos previos para tener acceso a la mayor cercanía posible, convivían en las tripas de un college. Universidades a elección, sí, por encima de la propia NBA, mundo con poco en común respecto al baloncesto europeo y por ser ya por entonces un producto excepcionalmente mercantilizado y hecho para jugadores y aficionados. Entre las gradas silenciosas durante los entrenamientos, aquellos “european coaches” aprendieron y trajeron. Y aunque para un estadounidense, cualquier procedencia de esos señores que no paraban de apuntar en su libreta, les pudiera sonar todo a “Zambia”, eran tratados con el respecto del “coach” que usaban para dirigirse a ellos, (hasta el mismísimo Michael Jordan lo hizo con Díaz Miguel, como Tim Duncan con un novato Pablo Laso). Con tales vivencias, el baloncesto jugado en nuestras canchas, iba aprendiendo y creciendo. La evolución y los tiempos quisieron que los niveles entre ambos se fuesen equiparando, que lo que aquí se jugaba, por aprendizaje y por el físico de los hombres que iban floreciendo, quería y a veces podía competir, con un mundo inaccesible solo un par de décadas antes. Existen hoy día diferencias grandes, sobre todo físicas y toda la perfección técnica que arrastra esa mayor virtud física. Pero la mayor cercanía, vista en citas internacionales, muestra tal evolución.

¿Significa esto, que ya podemos mirar al baloncesto USA a la cara, en cuanto a conocimientos? ¿Que seguimos siendo inferiores o en otros casos, superiores? Miren, no lo sabemos. Aquí nos estamos familiarizando con una Euroliga, con una Liga Endesa, de gran nivel. Al igual que sigue habiendo muestras cuando se “inmiscuyen” desde USA en nuestro baloncesto, que dan para pensar. En el Eurobasket esloveno de 2013, aparece un entrenador que teníamos ya por retirado, el ilustre Mike Fratello, nada menos que con 16 años de experiencia en los banquillos NBA. Y con Fratello al frente, lograron el hito de clasificar a Ucrania en sexta posición -y billete para el Mundial-, por delante de Serbia, Italia, Grecia y Turquía, entre otras. Con un plantel más equiparable a la cola de la clasificación que su puesto final. ¿Milagro? Mejor decir que había que verlos jugar. Su baloncesto como poco, tenía el mismo sentido, la misma coherencia y por ende, calidad y efectividad, que el mejor que pudimos apreciar allí. Y todo ello salió de los Pooh Jeter, Gladyr, Kravtsov y Zaytsev (que ya nos contarán si como individualidades, dabann para un sexto puesto). Pues eso lo trajo el bueno de Fratello.

Rick Pitino ha venido a Europa tras haberlas visto de todos los colores. Con las investigaciones del FBI sobre la universidad de Louisville, dimitió de su cargo y se embarca en este viaje hacia la aventura que supone el OAKA, el Panathinaikos, su presidente y todo lo que rodea su mundo verdiblanco. Con el menor presupuesto de los últimos años y la herencia de Xavi Pascual, que trajo títulos, hizo todo lo que estaba a su alcance y un baloncesto brillante en Euroliga -que destruyó el inabordable Real Madrid en su camino al título el pasado curso- se presenta Pitino. Y los números de Pitino dicen que bajo el solemne himno “euroligo”, tras un mal calendario y un tiempo de aclimatación (3 victorias en sus 8 encuentros iniciales) dieron paso a otro periplo de 8 enfrentamientos en los que hubiese sido inmaculado, de no mediar Rudy y su canastón. 

Sobre las habilidades de Panathinaikos, en Endesa Basket Lover hablaremos la próxima semana, porque tras verse descartados, optaron finalmente por un puesto en los próximos cuartos de final, ante el Real Madrid. Ahora, tenemos que decir que nos sorprende enormemente que el mayor calado que Rick Pitino está teniendo de cara a los medios, sean las declaraciones altisonantes y el trato que hemos dado a su discurso. Las palabras sobre Nick Calathes como el mejor pasador que ha visto en su vida, tras haberse enfrentado a Magic, Bird, Cheeks o Isiah, tuvieron una sonora y curiosa repercusión. Tanto como el hecho de confesar “La Euroliga es como la NCAA con jugadores de 30 años”. Ambas se han tomado con cierta susceptibilidad, al límite de menospreciar la competición presidida por Jordi Bertomeu. Respuestas de ciertos aficionados comentando sobre el despiste de este entrenador, que no sabe dónde ha venido o etiquetándole una superioridad confesa que no tiene.

Rick Pitino posee esa mentalidad anglosajona de poner sobre la balanza lo bueno por encima de lo malo y suficientes años en el showbusiness baloncestístico como para saber explotarlo. Y el conocimiento como para llevar a tres universidades a Final Four y a dos de ellas (Kentucky y Louisville) al título final, partiendo desde sus cenizas (sin entrar en las investigaciones de los últimos tiempos sobre Louisville). Y quizás lo de Calathes no lo piense realmente, no lo sabemos. Pero sí está muy bien situar ahí arriba a un jugador que las más ocasiones destacamos lo escaso tirador que es, cuando le rodean virtudes brillantísimas. Como también hizo antes de enfrentarse a Fenerbahçe y señalar al jugador “que lo hace todo”, Kostas Sloukas, a través de un personal tuit. Halagos personalizados de sus pupilos o de rivales, de los que no estamos acostumbrados y que, a nuestro juicio, vienen muy bien al baloncesto. ¿Por qué no? Siempre nos quejamos que no ‘vendemos’ el producto aquí como bien sabe hacerlo la NBA. ¡Y es que no le falta razón! Permítannos por momentos en recrearnos lo que hace bien Calathes, que es un jugador espectacular (reiteramos. Lo comentaremos la próxima semana) como de Sloukas y tantos otros. 

Rick Pitino, como decíamos, las ha visto de todos los colores. Ilusionó a toda la Gran Manzana (que, como el tiempo ha demostrado, no es nada sencillo) al frente de los Knicks, hasta intentar inventar un sistema arriesgado para frenar a Michael Jordan en una eliminatoria de Playoffs, que no le funcionó, como a ningún otro colega. Un hastiado Madison Square Garden lo vio como un elegido tras la proeza de hacer de un discreto college, Providence, equipo de Final Four. Al menos, vibraron durante dos temporadas. Que tuvo que reconstruir el baloncesto de un sacrosanto lugar, la universidad de Kentucky, tras una gravísima sanción de la que echó mano, por cierto, para explicar su postura cuando Olympiacos se retiró de la pista en el partido de Copa ante ellos y nos gustará recuperar aquí.

“Hace mucho tiempo, en mi primer año en Kentucky, teníamos solamente siete jugadores becados en plantilla. Estábamos 30 puntos por debajo al descanso en el pabellón de la universidad de Kansas. En la segunda mitad, jugamos con 4 jugadores por faltas -repito, solamente teníamos 7-, por un arbitraje malísimo. Acabamos perdiendo por 55 puntos y al día siguiente, al comisionado le expliqué jugada por jugada, todas las malas decisiones arbitrales. Yo tengo gran respeto por el PAOK, Olympiacos y cualquier equipo con el que nos enfrentamos, pero soy más consciente de la imagen que representamos a los jóvenes, que deben entender que estás disputando un partido, jugando un juego. Si tienes un problema, lo manejas de la forma más correcta. Tienes que acabar el partido. (…) El partido es más mucho más grande que Rick Pitino, mucho más grande que David Blatt, que Panathinaikos. Y tienes que respetarlo siempre”. Declaraciones, por cierto, que no han trascendido tanto. A Kentucky les hizo campeones con un plantel de ensueño y con Louisville, sin tanto potencial, también lo logró.

Él se crio y convivió con los mejores entrenadores estadounidenses de, quizás, toda su historia. Bebió y se formó de ellos. Ha tocado todo tipo de baloncestos y de todos conoce. Ha formado chavales de instituto, universidad y manejado egos (con mayor o menor suerte) en la NBA. Y él sabe del catón de nuestro deporte, no viene despistado. No es ningún “marciano” que aterriza aquí para contar sus vivencias, como K.C. Jones, el mítico entrenador de los Celtics, que un clinic en Madrid durante el Mundial de España en 1986, hablaba de las virtudes del saque de fondo en campo contrario. “Esto… coach: que aquí no se saca de fondo”. Y miró a su alrededor y siguió con su explicación. No, Pitino, aunque tenga ganas locas de volver a la NCAA (y así pareció mostrar a UCLA para hacerlo el curso que viene), ha venido aquí para convivir y ganar. Ni la humildad mal entendida de un huésped ni la soberbia de un sabelotodo. Rick Pitino es un entrenador que sabe de baloncesto y que quizás, haya traído a Europa lo mejor del baloncesto: su conocimiento, su respeto (es de los que menos protesta a los árbitros) y por qué no, todo el bombo y repercusión que “la pelota gorda” conlleva. Y en vez de hablarnos de ‘Lebrones y Kobes’ como auténticos ídolos, habla de Calathes y Sloukas. Desde Endesa Basket Lover, por ello, tenemos que darle las gracias.