Walter Tavares, la gran diferencia

Walter Tavares, la gran diferencia

Antonio Rodríguez

Celebraciones, recepciones… el día después a ir deslizándose desde el cielo. De ser campeones de Europa. Un día, el siguiente. Y mañana, el siguiente. Y a pensar en la última jornada de la Liga Endesa, que es lo que toca. Eso sí, se permite un poco el subidón, porque se lo han ganado.

El Real Madrid coronó Europa, derrotó a quienes le dejaron fuera de la final el pasado curso, como sucedió con Baskonia dos años atrás, tras hacerlo con el propio cuadro blanco en cuartos de final en la misma parte del cuadro. El escudo de Fenerbahçe parecía una imagen que se enquistaba para nuestros clubes. Y llegó el éxito en forma de título del Real Madrid en esta nueva edición de la Final Four de la Euroliga.

Para muchos, el club entrenado por Zeljko Obradovic parecía el más fuerte de la competición, el favorito. Las vicisitudes sufridas por el cuadro de Pablo Laso a lo largo del curso, daban para pensar en ello. Con una de aquellas bofetadas que da el destino, la lesión en la rodilla de Ognjen Kuzmic, llegó el elemento diferenciador para esta nueva cita con la gloria, ya ven qué cosas. La gerencia blanca movió maquinaria y movió bien para suplir al serbio, trayendo a Walter Tavares a la capital de España y trabajar con él, darle minutos (algo que no había tenido en su periplo NBA) y sobre todo, confianza. Que es muy fácil decirlo, pero que hay que saber contar hasta tres cuando la inexperiencia en estos lares juega malas pasadas. ¿Recuerdan la falta antideportiva en Estambul, precisamente ante Fenerbahçe, dejando anotar la canasta en contragolpe tras la infracción? Paradójico ejemplo. Pero cuando hay una hoja de ruta y se confía, es cuestión seguir el trayecto.

Fenerbahçe resultó ser un equipo casi perfecto el año pasado. Entre otras razones, porque Obradovic asumió como nadie que la pista se ha quedado pequeña y que había que “jugar” con ello. Bogdanovic, Kalinic, Udoh y Vesely. Para los rivales, no había espacios a la hora de maniobrar. Y con sus mandatos, sus jugadores sí sabían moverse entre aquel fango. De hecho, la Final Four de Euroliga en la anterior cita de Estambul, el dominio de Udoh/Vesely, jugando en poste alto/poste bajo, fue letal e inabordable para cualquiera. Los jugadores del Real Madrid no hacían más que mirar para arriba, donde el dominio era amarillo y azul.

Y llega Belgrado y aparece un gigante caboverdiano entre los componentes blancos. El mismo que nos hizo albergar dudas tras la eliminatoria ante Panathinaikos. Rivalizando con “los señores del alley-oop” -sobre todo James Gist-, asumiendo que Tavares pudiera ser decisivo, le vimos fuera de sitio (independientemente de la movilidad de los teóricos hombres altos de Xavi Pascual). No llegar a promediar 10 minutos de juego en los cuatro partidos ante los atenienses, puede que lo resuma. Este fin de semana era su escenario. 

La segunda parte de la final fue clarificadora. La intimidación, el miedo que llegó a producir en el rival, la inoperancia en la zona (¡en la zona!) de los turcos, nos dio la asombrosa sensación de ver a un Obradovic impotente en la banda. Lo que en el enfrentamiento de la anterior Final Four entre Real Madrid y Fenerbahçe supuso 30 puntos del dúo Udoh-Vesely, en esta ocasión, asumiendo que Nicolo Melli fuerza más desde el exterior, se quedó en 3 pírricos puntos de Jan Vesely más la participación de menos de 5 minutos y 0 puntos de Jason Thompson. Y eso lo causó Tavares. Vean cuál fue la diferencia real en la 2ª mitad, notificando las acciones defensivas del Real Madrid:

Ya ven las ocasiones que Sloukas y Dixon tuvieron que salir de la zona al no encontrar tiro, ni tan siquiera poder dar pases de “alley-oop” a Vesely, algo bastante rutinario en ellos. Walter Tavares provocó mucho temor, pavor diríamos, con un enorme mérito en su posicionamiento en pista a cada momento. Trabajo y confianza. Ante tal tesitura, la defensa exterior del Real Madrid se volvió mucho más agresiva. Asombroso ver cómo el mayor “músculo” de los turcos, se tornó en debilidad. Y ahí lo que funcionaba, era el enorme talento y acierto de Nicolo Melli.

Por todo ello fue decisivo e hizo ganar al Real Madrid. El elemento diferenciador para que el trofeo cambiase de manos. Walter Tavares ya tiene su sello lacrado en una finalísima de Euroliga. Y eso es mucho.