Campeón de Europa... pese a todo

Campeón de Europa... pese a todo

Antonio Rodríguez

El Real Madrid se proclamó campeón de Europa por 10ª ocasión en su historia, tras una temporada repleta de lesiones y obstáculos, en Belgrado, la casa de su máximo rival, Zeljko Obradovic, pudiendo etiquetar a quienes consiguieron esta gesta, como héroes.

“Estoy satisfecho por la victoria, pero estoy jodido porque he perdido a dos de mis hombres”. La mirada que se perdía en un punto vacío de la sala, rostro serio e inquieto de Pablo Laso en la rueda de prensa tras derrotar al CsKA Moscú en el Wizink Center. Era un 20 de octubre de 2017. Ognjen Kuzmic y Anthony Randolph habían sufrido dos graves lesiones en dos cuartos consecutivos de juego. Una rodilla que estallaba como los deseos blancos por brillar en la Euroliga y un hombro que se dislocaba como el futuro de la agotadora recién inaugurada liga regular. Se unían a la baja de Sergio Llull. Desde entonces, han sucedido muchas cosas. Parecieron demasiadas en ocasiones. Hasta ayer, donde el Real Madrid se alzó con el título de campeón de Europa.

Fabien Causeur, el mejor en la final. 

Belgrado tornaba tintes de epopeya si de lograr el máximo cetro se trataba. La ciudad del baloncesto para los serbios. “Nosotros no tenemos una escuela. No hay libros donde se explique cuál es nuestro estilo. Sin embargo, tú ves un equipo de los nuestros jugar y sabes que es serbio” usaba Bozidar Maljkovic en su sentencia de lo que el baloncesto representa allí. Uno de los que bebió de aquella abstracta manera de entenderlo, fue Zeljko Obradovic. Responsable del último título de un club de la antigua Yugoslavia en la Liga Europea, allá por 1992, supuso la primera baldosa para vencer en ocho ocasiones más en la travesía exitosa que le esperaba. Belgrado era un nuevo punto y con Fenerbahçe, regresaba a casa. Ídolo como jugador en la ciudad, dios como entrenador.

Y la gran sorpresa de todos, Zalgiris Kaunas, con el hombre del momento, Saras Jasikevicius. Y empezar las semifinales con el menos favorito que nunca, CSKA Moscú, perenne mayor presupuesto de la competición, que obliga a todo. No ser el primero en las quinielas para ellos, significaba nivel de desesperación en Itoudis y sus hombres. Sobre todo, en Itoudis. Y ya saben que los desesperados nada tienen que perder. En estas llegaba el Real Madrid, el de los quebraderos de cabeza con las lesiones, con Llull y Campazzo muy justos para la cita. Tan quebradero de cabeza, que incluso en la mismísima final, no fueron ajenos a ellas (el hombro de Rudy Fernández en la final, que le impidió jugar gran parte de la 2ª mitad).

 

Una semifinal resuelta a golpe de triples

Porque ha sido uno de los mayores argumentos en los hombres de Pablo Laso para vencer en esta Final Four (17ª en el formato Euroliga, 30ª el global tras su asentamiento desde Gante’88). Un 43,8% (21 de 48) en ambos encuentros, es una bendición para cualquier plantel. Cinco triples consecutivos, cinco, anotar 17 puntos en dos minutos y cincuenta segundos, es una borrachera de acierto. De sobra como para ahogar un 30-20 en contra con el que abrió el primer cuarto y abrir así el segundo. Como para olvidar que Cory Higgins se fuera una y otra vez de Taylor y les cosiera a canastas y tiros libres (9/9 el global de los rusos en el primer cuarto). Causeur, Carroll, Thompkins, Llull y nuevamente Carroll cercenaron ya en el segundo cuarto las posibilidades del CsKA. Con la vuelta de Sergio Rodríguez a pista, que como mago que es, hizo maravillas, resultaban insuficientes. Al descanso el Real Madrid se iba con la delantera (46-47).

Felipe Reyes, siempre Felipe. 

¡Felipe! ¡Felipe Reyes! Todos han tenido su momento en esta Final Four. Pero lo de Felipe Reyes ha sido… Cuando Dimitris Itoudis tiene cientos de cosas en las que pensar, arranca el tercer cuarto con el imprevisto protagonismo de Felipe Reyes en la zona, pidiendo balones al poste, forzando faltas y anotando dos canastas en un puñado de minutos en los que la atención se centra en él. El guion establecido ya no vale, porque al veterano le da por ser líder. ¡Qué cosas! Sus compañeros, agazapados tras la loma, esperan su turno. Y lo hacen nuevamente con Llull, más cómodo de lo que pensábamos, con Thompkins y ¡ah!, con Luka Doncic, por supuesto (16 puntos en la semifinal, en víspera de ser nombrado el MVP de la temporada). Lo peor que le puede suceder a un equipo desesperado es, y valga una absurda redundancia, que se desesperen: los moscovitas lo hacen. Su orden y control habitual se pierde en acciones de uno contra uno. Se van claramente por detrás en el marcador al final del tercer cuarto (56-63).

Se atisba la sentencia con un parcial de 9-0 en los madridistas (61-73) y un tiempo muerto obligado. Lo más curioso es que, lo que a los rusos les pudiera llevar a la ruina, sus frenéticos ataques de 1 contra 1, ahora les da la vida, con Will Clyburn (16 puntos) y sobre todo Kyle Hines (16 puntos y 9 rebotes), que es increíble que por su uso del cuerpo, sea capaz de anotar delante de Tavares. Nando de Colo se siente en estado de gracia y anota triples, alejados y llenos de clase (4/10). Se situaron con un 73-76 incluso.

Pero la calma ha sido un gran argumento del Real Madrid durante los momentos comprometidos, este fin de semana. Un triple de Sergio Llull (73-79) inicia una sentencia que se amarró a base de -decisivos- rebotes ofensivos cuando se erraba. El final y a pesar de darse palmadas de castigo en la cabeza cada vez que se fallaba un tiro libre (un 22/36 que, por suerte, no trajo consecuencias), llegó con un 83-92 favorable al Real Madrid, que con solvencia se clasificaba para la gran final.

 

Campeones en la adversidad

Ver el escenario lleno de aficionados turcos, quitaba el hipo. O lo daba, ya no se sabe. Belgrado parecía estar tallado como escenario de grandes ocasiones. Ocasiones para valientes que creen. El Real Madrid estaba en el centro de todo aquello. Con el respaldo y cariño sobre Obradovic, con no sé cuántos miles de tipos envueltos en su pasión desbordante, a tono con sus colores azul y amarillo, el marco era muy adverso. Para contrarrestarlo, los blancos tenían al recién nombrado MVP de la competición, Luka Doncic, que aún recordaba el 0/9 en tiros de campo de la anterior Final Four. Y estrena el casillero de su equipo, logrando las primeras tres canastas, abriendo la lata y soltando cualquier lastre de nerviosismo. Rápidamente, Fabien Causeur le acompaña con otro triple. El francés es digno de destacar en esta Final Four. Primeramente, porque cuando saltó a pista en semifinales, el “efecto Higgins” desapareció, puesto que sus capacidades atléticas y su intuición, así lo hicieron. Porque tuvo mentalidad ganadora como para anotar 17 puntos en la finalísima (máximo anotador blanco) con 3 de 3 en triples. Y porque supo rehacerse a sus momentos más comprometidos, como describiremos a continuación.

Racha de triples, de Rudy Fernández, de Causeur, de Randolph, la que ha vertebrado al Real Madrid en sus dos choques, vuelve a ser protagonista. Tres consecutivos para obligar a hacer cávalas al banquillo turco, con un 21-17, mientras que intentaban lidiar con las dos tempranas faltas de Jan Vesely, destructor de los blancos en la pasada edición de Estambul. Justo el momento en que tienen que aparecer los héroes. Turno para Rudy Fernández.

Con la finalización del primer cuarto con 21-17, en mitad de la disputa con las rotaciones ya en pista (nos negamos a hablar de suplentes. A saber: Bobby Dixon, Kostas Sloukas, Luigi Datome, Nicolo Melli y Jason Thompson. ¿Suplentes?), entre tanto nombre, vuelve a florecer la figura de Rudy Fernández. Es realmente asombroso pensar cómo defendiendo a un tipo más alto, corpulento y con la clase de Datome, pueda robar dos balones consecutivos a base de ese instinto de anticiparse a la jugada antes que nadie, de subir la moral de los suyos -y de los aficionados- con acciones de tal sello con las que nadie puede estar al margen, sea compañero o rival. Ensalza o desespera con la misma intensidad emocional. Y el momento de Nicolo Melli también se mostró.

El problema es que en ningún momento se fue. Porque para anotar 28 puntos, hay que ser un permanente martillo pilón castigando, que transformó 11/16 en tiros de campo, 4/6 en triples. Que se volvió casi infalible cuando se abría, que Tavares ya miraba a su banquillo con un “yo es que no puedo puntearle más cerca”, porque saltarle era la perdición, maestro el italiano, de las fintas de tiro, asemejando una reedición setentera de cuando Luyk y Rullán saltaban a las fintas del gran Dino Meneghin, para ir directo al aro. Toda historia tiene su héroe derrotado, porque las finales son siempre injustas para algunos. Esta vez, le tocó de lleno a Nicolo Melli. Se llevan la plena admiración de todos. Pero maldita admiración, tendrá para sus adentros.

Nicolo Melli, el héroe perdedor.

Entre Melli y los peores minutos ofensivos del Real Madrid, se llegó al descanso con el 38-40 en contra para nuestro representante. Con dudas, pero toda la fe. La que sirvió para iniciar el tercer cuarto con un 7-0 de parcial (45-40) a base de rebotes ofensivos y porque, parecía ya cosa del guion, era el momento de Felipe Reyes. De verdad, asombroso. 6 puntos tan importantes como los 5 del primer día, para cimentar una delantera que psicológicamente, dice mucho en las finales. Trey Thompkins, inteligente y efectivo -lo que no aportó Randolph, lo dio él-, ayuda en dureza bajo los aros (en dureza. Thompkins. Y faltaba el final).

Fenerbahçe aprieta en estos minutos, todo se iguala, Luka Doncic tira de galones para tener los arrestos de marcarse un triple en un contragolpe que él mismo conducía (55-50) y hacer explosionar las almas que están con él. Causeur está sublime (dos triples más) y poco después, Felipe Reyes se toma un descanso con pose de “yo ya he hecho mi trabajo” pues el Real Madrid tiene una preciada ventaja (59-52).

Sin embargo, lo más grande, es una enorme sombra que aparece en el aro en la que atacaban los hombres de Obradovic: Walter Tavares. Su trabajo protegiendo la canasta fue majestuoso, donde Jan Vesely se desespera porque no tiene sus más que conocidos pases de “alley-oop” y Sloukas no sabe que hacer con el balón, porque su destinatario habitual está anulado bajo los brazos del caboverdiano. El final del tercer cuarto (63-55) hace vislumbrar que el equipo dirigido por Pablo Laso domina la situación… lo que produce más nervios, porque se espera una reacción más salvaje de los turcos.

Y el cuento -porque iba tomando cariz de feliz cuento- siguió igual. Un triple de Jaycee Carroll sitúa el marcador en un 71-61 a falta de 6 minutos. La actuación de Tavares tiene un mérito terrible, porque en una falta, en su intento por taponar a Brad Wanamaker (otra de las claves turcas, perfectamente defendido por los blancos), se tuerce el tobillo y debe jugar con dolor el resto de la confrontación. Cojea, pero claro, cuando le dan un balón estando abierto, para marcar dos pasos y marcarse un mate, no hay esguince que valga. Y le paran con una falta agarrándole del brazo alzado en su camino hacia el mate…a la altura del codo, porque no podían llegar más.

Doncic o la alegría del MVP. 

Se alcanza un 74-63 que Melli está empecinado en recortar. Y lo hace (74-69). Y va llegando el momento de los tiros libres: Tavares anota los dos, Thompkins anota los dos y un tapón de Luka Doncic sobre Dixon, con la conversión posterior de otros dos libres, hace pensar (80-71 a 01:23 para el final) que el título europeo está bien cerca. Wanamaker también desde la línea de los 4,60 y un triple de Dixon, son tenaces y muestran que no es suficiente renta (81-78 a falta de 24 segundos). 

Y llegaron los dos tiros libres de Causeur, el mejor de los blancos en la -parecía que- gloriosa tarde de domingo. Y el primero se queda cortísimo porque las piernas tiemblan. Y el segundo golpea varias veces al aro y se sale. Y ahí apareció, luchando, empujando -como todos- y fajándose por el rebote el héroe inesperado. Si definiésemos esa acción y se buscase protagonista para capturar ese rebote, en quien menos pensaríamos (todos, ¿eh?) sería en él: en Trey Thompkins, otro héroe más del día. Salvó el pánico existente con su rechace y anotado la canasta bajo el aro, entre el estallido al unísono del banquillo y aficionados blancos (83-78 a 18 segundos). Estaba ya casi hecho. Porque el remate lo puso Fabien Causeur, que nuevamente desde la línea, ahora sí no podía fallar ninguno, certificando el 85-80 final. Real Madrid, CAMPEÓN DE EUROPA.

“Siempre comienzo las ruedas de prensa felicitando a mis jugadores. Tanto el viernes como hoy, creo que han hecho un gran trabajo. Si tú vuelves al primer entrenamiento, no logras esta clase de metas sin trabajar duro desde el primer día. Ha sido un año increíble para nosotros. En diciembre jugamos sin 7 jugadores y los que estaban, dieron un paso adelante en ese momento y creyeron. Estoy muy orgulloso de ellos. Crecieron como equipo y finalmente llegamos a este increíble fin de semana”. 

Como última rueda de prensa de esta temporada en Euroliga de Pablo Laso, hay muchas diferencias respecto a aquel infausto 20 de octubre. ¿Verdad? Pues así son los campeones.

             

Real Madrid, campeón de la Euroliga.