Ante Tomic y cerrar un círculo en Madrid

Ante Tomic y cerrar un círculo en Madrid

Antonio Rodríguez

“Vacío”. Instantes de silencio. Ante Tomic continuó. “Muy cansado. Pero, sobre todo, muy feliz”. Una hora después de haber finalizado la final de Copa del Rey, va apartando sensaciones físicas para dar paso a otras en las que degusta lo conseguido. “Gané mi primera Copa del Rey en Barcelona, con el Real Madrid. En mi cumpleaños. Siete… siete años después, gano la Copa en Madrid como capitán del F.C. Barcelona. He pensado mucho en eso estos días”. Dudó y se paró para cerciorarse que sí, que han sido exactamente siete años. Siete años en los que han pasado muchas cosas.

Estamos delante de uno de los tipos más criticados de nuestro baloncesto, algo que le ha perseguido a lo largo de su carrera en la Liga Endesa. Decisivo como para hacer ganar un título al Barça Lassa, otra vez, en el Año I después de Juan Carlos Navarro. Un mate nada típico en él, con toda la furia delante de Gustavo Ayón, fue poner en bandeja la gran final para los suyos. Jugada a la que no da importancia, porque asume que la carrera profesional no está marcada por acciones así, sino por títulos que se levantan, como en esta ocasión.

Ante Tomic son doscientos dieciocho centímetros de un jugador tozudo y empecinado en destacar por encima de unas modas que le apartan. La evolución del baloncesto busca espacios, movilidad en sus hombres y sobre esa base, los cortos de miras piensan que ese es el único tablero de juego en la actualidad. Y no. Su aportación lidera en la sombra, desde su atalaya ubicada en poste bajo, porque todos viven de él: tiradores, bases penetradores, hombres altos que cortan a canasta… Su clarividencia en el juego es como una alfombra roja para sus compañeros. El problema es que Ante Tomic necesita recibir el balón cuando él lo pide y eso hay que entenderlo. Y no siempre fue así. El pívot tuvo temporadas en las que se “pegaba” -y le “pegaban”- más que nunca y recibía menos que nunca. Y él, agachaba la cabeza ante los infructuosos resultados y resignado, bajaba a defender.

Desde la llegada de Svetislav Pesic y viendo el lujo con el que los azulgranas contaban en la figura del croata, el ‘coach’ pensó que lo mejor era tener un base que conectara con él y entre ambos, trazar una imaginaria línea espinal. Que todo parta y se ramifique desde ahí. Y les funciona, porque los resultados, a la vista están. Seguirá dando un paso adelante para mostrarse ante arrebatos de hombres pequeños de entrar a canasta y hacerles abortar tales ideas. Y seguirá bloqueando el rebote para quienes más salten de sus colegas, lo capturen. Pero como eso no computa en estadísticas, sus detractores verán sus pies lentos y tendrán excusas para seguir etiquetándole como un mal defensor. Lo bueno que tienen doscientos dieciocho centímetros, es que hasta allí arriba, no llegan tales comentarios superficiales.

Lo que sí llega es el clamor de la afición y los mandatos y exigencias de Svetislav Pesic a cada día, a cada entrenamiento. Para que todo siga en marcha. “Estamos muy sólidos en defensa en el último mes y medio. Y de ahí los resultados”. Para ejercer su liderazgo desde su capitanía y ayudar a ganar. Como esta Copa del Rey en Madrid. Una peculiar y brillante forma de cerrar un círculo de siete años. De tantas cosas.