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Mundo Basket
 
 
LA MALDICIÓN BILBAÍNA DEL REAL MADRID (y IV)
por Antonio Rodríguez 22 de Marzo, 2017

Temporada 86/87 J.24: Cajabilbao 99-97 Real Madrid (10.02.87)

“¡De-fen-sa!”

“¡De-fen-sa!”

Si no te suena este grito, es que no has estado en La Casilla. Era algo así como un canto de guerra, un motor de arranque para el quinteto de Cajabilbao en pista, un acicate más para apretar los dientes a cada posesión del rival. Donde en el resto de la geografía de la Liga Endesa era cuestión de animar con diferentes cánticos y maneras, ya sean “Barça, Barça”, “Hala, Madrid”, “Forza, Penya” o “Estu, Estu, Estudiantes”, en Bilbao posiblemente se dio por primera vez el imperativo reclamo de intensidad atrás, bajo los acordes de ese “¡De-fen-sa, de-fen-sa!”.

Branson capturando un rebote ante Martín de Francisco. Cajabilbao pudo ganar al Real Madrid también en su feudo. (ACB Photo). Branson capturando un rebote ante Martín de Francisco. Cajabilbao pudo ganar al Real Madrid también en su feudo. (ACB Photo).

La Casilla. Ese vetusto recinto de una arquitectura peculiar, poseedor de una identidad propia. Para los pabellones existentes en la época, sus 5.300 espectadores daban cabida a todos los sueños de los aficionados bilbaínos por el baloncesto. Como Santiago Segurola decía recientemente en “Colgados del aro”, el baloncesto en Bilbao ha tenido varias interrupciones en periplos de unos diez años, lo que ha evitado una continuidad. Tras la desaparición del Águilas, llegó Cajabilbao para sucumbir en 1994 y ahora parece que Basket Bilbao Berri se va afianzando tras no pocos problemas. Sin embargo, si dedicamos este serial de “Momentos épicos” a Cajabilbao, es porque fue especial. Su irrupción en la Liga Endesa fue embaucadora. El primer equipo que recién ascendido, llegó a disputar la Copa del Rey y el playoff. Con los cambios de formato ligueros posteriores, tan sólo Baloncesto Fuenlabrada en la temporada 98/99 ha sido capaz de repetir tal hazaña, aunque con diferentes condicionantes.

Lafuente, Davalillo, Llano, Lockhart y Kopicki. De memoria se recitaba su quinteto, que pugnó frente a los mejores en la segunda parte liguera, con los otros 7 punteros de nuestro baloncesto. Junto a Cajacanarias (otro recién ascendido), se codearon en la A-1 por mejorar en la clasificación y sobre todo, por hacerse un nombre en nuestro baloncesto. Que Cajabilbao sonase a respeto absoluto, a honorabilidad. Lo consiguieron. 

Joe Kopicki ante Branson y Romay en el encuentro de Copa, que creó esta maldición (ACB Photo). Joe Kopicki ante Branson y Romay en el encuentro de Copa, que creó esta maldición (ACB Photo).

Desde el triunfo que contamos en la Ciudad Deportiva del Real Madrid en el capítulo III del serial, el resto de la temporada fue como una noria, con curiosos picos de subida y bajada. Pero lo más llamativo de todo es que, efectivamente y esta vez en La Casilla, Cajabilbao volvió a derrotar al Real Madrid (99-97). Por tercera vez. Tan curiosa fue la circunstancia, tan llamativo fue el hecho que, en la mañana previa a la visita al Palau Blaugrana del equipo cajista, José Antonio Figueroa tuvo tiempo de escaparse a Valls (Tarragona), donde en la Casa de la Cultura de aquella villa, dio una conferencia en la que gran parte de su ponencia, por expresa petición de los 50 entrenadores que allí se congregaron, se basó en “cómo ganar al Real Madrid”. Ya ven.

Si a punto estuvieron de vencer en Badalona semanas antes (88-85), tras señalarles una falta intencionada en la disputa de un balón por el suelo (¿?) en los últimos segundos,  la suerte se alió con ellos recibiendo al Cajacanarias, cuando Eddie Phillips, el máximo anotador de la liga, tras anotar un triple que empataba en los últimos segundos, entregó el balón -tal cual- en el primer pase tras rebote defensivo a Chus Llano, para que Toñín Llorente convirtiera sobre la bocina final y diera el triunfo a los suyos en La Casilla (97-95). Fueron barridos por el F.C. Barcelona (147-106) en lo que sigue siendo el récord de anotación (147) en la historia de la ACB -como liga desde la 83/84- y probablemente sus también récords de puntos al descanso de un equipo (78) y anotación conjunta (253) sigan vigentes (porque los 9 triples de Sibilio ya fueron superados). Ganaron al fin al Ron Negrita Joventut cuando lo llevaban rondando tiempo (105-97) y los verdinegros eran líderes de la clasificación en esa jornada. 

El éxito de Cajabilbao en 1ª B un año antes: Kopicki atrapa un rebote ante Mike Schultz, del Caja de Ronda. El éxito de Cajabilbao en 1ª B un año antes: Kopicki atrapa un rebote ante Mike Schultz, del Caja de Ronda.

El -tercer- triunfo sobre el Real Madrid llegó un poco más en silencio, en una jornada entre semana (se disputó en martes) y Toñín Llorente exhibió su gran mejoría según iba transcurriendo la temporada, con 23 puntos que fueron determinantes. En esta ocasión, Darrell Lockhart anotó más desde el interior, aunque igual de decisivo (34 puntos, con 6 de sus 12 canastas en las cercanías de la zona), así como Larry Spriggs, sin fiebre a diferencia del choque en la Ciudad Deportiva, brilló como de él se esperaba (29 puntos y 14/22 en tiros de campo). La fiesta en La Casilla fue total, hasta el punto que la invasión de pista de los aficionados, que al fin eran testigos de la hazaña en directo, le costó al club una multa de 100.000 pesetas. Curiosas las sanciones del Comité de Competición a los vascos, porque si esto fue por una muestra de alegría, nunca por actos violentos, fueron también sancionados en el posterior playoff ante Caja de Álava, por interrupción del encuentro, ya que un grupo de parados alaveses entraron en la pista con pancartas de protesta (75.000 pesetas costó tal incidencia). “¿Y qué culpa tenemos nosotros?” clamaba la directiva.

Sí, el playoff previo a los cuartos de final frente al Caja de Álava (que venía de la A-2) fue tan curioso como que teniendo los bilbaínos el factor cancha a favor, nadie en los tres enfrentamientos supo mantenerlo y todos vencieron a domicilio. Y así finalizó el primer año mágico, con 13 victorias y 18 derrotas globales (que a causa del sistema de competición, les tocó lidiar con los grandes hasta en 4 ocasiones).

Eso sí, el broche vino cuando a José Antonio Figueroa le designaron “Entrenador del año” en la temporada 86/87. El señor al que las críticas en el inicio de la temporada de pocos refuerzos nacionales, segundones en sus anteriores equipos, con un americano recién fichado sobrado de peso, las convirtió en un convencimiento de permanencia en la ACB y lidiar entre los grandes. “Yo, de faroles, nada. No me daba por vencido y creíamos que íbamos a entrar en la A-1. Había gente que al principio no daba un duro por nosotros y que ahora dice todo lo contrario. Algunos piensan, por el contrario, que todo debía haber sucedido como ha ocurrido. Hemos conseguido espíritu ganador y eso es lo importante”.

El flamante Entrenador del Año aquella temporada y director de aquella machada: José Antonio Figueroa. El flamante Entrenador del Año aquella temporada y director de aquella machada: José Antonio Figueroa.

Tan importante que dejaron una impronta en una ciudad que sí tenía devoción por el baloncesto y que se encargaron de recordar del todo en esta 86/87, tras el exitoso año previo en 1ª B. Huella en nuestro recuerdo, hasta el punto que 30 años después exactamente, desde Endesa Basket Lover nos ha encantado recuperarlo.

Más de un aficionado bilbaíno habrá fantaseado ser el fantasma del futuro de la novela de Dickens y decir al oído a aquel Cajabilbao “pues te voy a contar una historia de otras tres victorias al Real Madrid en 2011 que…”

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