Retrato Nº102: "San Epi"

Retrato Nº102: "San Epi"

Antonio Rodríguez

Desde Endesa Basket Lover queremos vuestros recuerdos. Que forméis parte de la historia también. Momentos que marcaron vuestras y nuestras vidas, imágenes que sirvieron para inmortalizarlas. Y eso es lo que queremos, enmarcar todos esos retratos, que forman parte un poquito de nuestras vidas. Cada semana os mostraremos una instantánea para que nos cuentes dónde y cómo lo viviste. Seguro que sirvieron para enamorarte aún más de este deporte. Cuáles eran tus expectativas a partir de ese momento, qué supuso para ti aquel día, cómo lo recuerdas. Siempre hay historias alrededor de estos retratos, algunas incluso que ayudan a acrecentar su épica. Siéntete partícipe y háblanos de tu experiencia. Endesa Basket Lover servirá como tablón y escaparate. Estamos deseando escucharte. 

 

RETRATO Nº 102 “SAN EPI”

 

Temporada 84/85 J.23 F.C. Barcelona 113-93 Breogán Caixa Galicia (26.01.85)

por Antonio Rodríguez (jueves 14 de enero de 2021)

              De ser “Súper” a ser santo y seña. Del creador del “Episistema” a quedarnos de su apellido con el “San Epi”. Y es que santificábamos todas sus canastas. Juan Antonio San Epifanio es el primer jugador en la historia del baloncesto español a quien podías dar el balón y en sus manos, saber que las probabilidades de convertir canasta decisiva eran muy, muy altas. Y sobre ese rezo, arrastrar en masa a todos, engullidos en este deporte que nos hipnotizaba. Tanto como su lanzamiento en suspensión. Verla hoy día en este RETRATOS, evoca todo lo mejor de un tiempo maravilloso.

              Epi fue el mayor ídolo de muchos. Y con un balón en las manos, todos los adolescentes de cuarenta y muchos de hoy, lo tuvimos como modelo a imitar en la precisión del tiro. Su potencia, su elegante acción mecanizada, nunca natural, siempre trabajada, era la estampa y el carnet para dejarnos pasar en los sitios de mayor etiqueta: los del pódium y los éxitos, aquello que anteriormente ni soñábamos. Juan Antonio San Epifanio significó todo eso.

“Soy un hombre duro de movimientos, me falta agilidad. Lo que pasa es que siempre lo he suplido con entrenar más que nadie. Perfeccionar los gestos toscos, me ha servido para defenderme en todos los campos”. Entrenar tantas horas que a otros les supondría casi una condena. “Mi mayor rasgo es la tozudez de carácter. Por algo soy un buen maño” declaraba con 20 años, cuando su carrera despegaba, vislumbrando en su esfuerzo unos horizontes que daban vértigo. “Nunca he pisado a nadie. Todo lo que soy, se lo debo a mi esfuerzo”.

Su hermano mayor Fernando, cuando entrenaba en el Stadium Casablanca de Zaragoza, lo llevaba con él cuando apenas contaba con 12 años. Y allí nuestro protagonista acababa jugando con chavales de 17, “circunstancia muy beneficiosa para mi progreso”. Era muy alto, pero desgarbado. Tanto su convicción como su dureza servían como un cuentakilómetros que parecía no tener fin. “Pegué el estirón muy pronto y a los catorce años ya medía lo que he medido siempre”. Horas y horas con un balón de baloncesto en las pistas, herramienta a la que veía un significado como para marcar toda una vida. “Cuando soplaba el Moncayo, tenía que ponerme dos chándals y usar guantes, para poder resistir el frío”.

Y fue en Granada, en una concentración a nivel nacional, cuando ya contaba con 15 años, el momento en el que “Xabier Añúa se fijó en mí. Fue el primero entre los entrenadores importantes, que se fijó en mí. Aprendí mucho de él, sobre todo a rebotear”.

Con la desaparición del KAS vasco, su hermano Herminio tiene que hacer maletas y desplazarse a la Ciudad Condal. El F.C. Barcelona se interesó en él y Herminio, también tozudo en las posibilidades de su hermano pequeño, se lo llevó de la mano. Y obligaron a mover a toda la familia. “Mi hermano y yo, siendo jóvenes, nos acostumbramos pronto a Barcelona. A mis padres sí les costó mucho más”. El club encontró un trabajo para su padre y para un entrenador: Miquel Nolis debía pulir la estampa de Juan Antonio San Epifanio. Como lo ha hecho con tantos jugadores.

Epi fue el tiro. ¿Por qué era tan bueno Epi? Porque podía anotar con la marca de su defensor nariz con nariz. De hecho, Epi buscaba esas situaciones. Su potencia de piernas le hacía levantarse décimas antes que su adversario y tan cerca lo hacía de él, que provocaba fijarlo en el suelo. Es el tirador, y aquí no hay ninguna duda, de la historia del baloncesto español que más porcentaje de tiro tenía lanzando con su defensor delante. Era una tortura rival, porque si el adversario saltaba, seguro que algún contacto con el cuerpo habría, saliendo castigado con falta personal y posiblemente un tiro adicional.

El tiro contra tablero, la suspensión a media distancia y posteriormente los triples. Todo un abanico de posibilidades que, según la evolución del baloncesto, así iba adquiriendo. Incluso en sus últimos años, lastrado por las lesiones, sabía de sus armas y de su arrancada explosiva, aprovechando un bloqueo y dos pasos antes de tirar. Y anotar. Tanto en el Barça como en la Selección Española.

En 1983 firmó una extensión a su contrato con los azulgranas de 8 años nada menos. Sabían que marcaría la generación de los 80 y el futuro dependía de él. Para ser el icono y el jugador más importante de la historia del club hasta entonces, en el que permaneció 18 temporadas. Y aquí no vamos a poner puntos anotados, porque desde 1977 que debutó, no están todos contabilizados. Pero sí se registraron los 54 que anotó al Joventut de Badalona en la primera temporada ACB, la 83/84, récord aún vigente en nuestra liga. “Para anotar tantos puntos, se necesita jugar muchos minutos” declara con cierta humildad. Y es que el trío La-La-La del baloncesto español, como les bautizó el Siro López radiofónico de los ochenta, Solozábal-Epi-Sibilio, permanecían casi todo el tiempo en pista, junto a los dos americanos de turno o el “Lagarto” De La Cruz. Era otro baloncesto y Antoni Serra, su entrenador, así lo entendía. Hasta que Aíto García Reneses llegó con una concepción más moderna de las rotaciones.

Como vimos en el Informe+ de estas pasadas fechas navideñas sobre la figura de Antonio Díaz Miguel, tener a “San Epi” era una seguridad que se podía ganar, que los tiros calientes entrarían, rodeado de una generación magnífica que él lideraba en anotación. Y en el Barça hacer lo mismo. Aunque “tengo que reconocer que el año 1984 me fue muy favorable” reconocía tras ser nombrado por la prestigiosa revista italiana Giganti del Basket mejor jugador europeo del año. “Pero yo me pregunto ¿hasta qué punto? Porque si tu equipo no ha ganado ningún título y hemos sido subcampeones de todo y campeones de nada, entonces de qué sirve realmente”. Fue campeón de casi todo… menos la maldita Copa de Europa. “Si hubiésemos ganado aquella final al Banco di Roma, estoy convencido que hubiésemos ganado alguna otra Copa de Europa”. La historia fue dura con él.

Juan Antonio San Epifanio, el “Súper”, nuestro “San Epi”. Alegrías ochenteras de todos nosotros a lomos de sus canastas. Un icono, un jugador único. Donde no conoció del talento al que posteriormente se rindió viendo a Alberto Herreros, Juan Carlos Navarro o Rudy Fernández, pero sí el trabajo. Permanente y constante trabajo hasta llegar a ser un grande. Queremos tus recuerdos. ¡AHORA TE TOCA A TI!