Retrato Nº97: "¡Dale, Ramón!"

Retrato Nº97: "¡Dale, Ramón!"

Antonio Rodríguez

Desde Endesa Basket Lover queremos vuestros recuerdos. Que forméis parte de la historia también. Momentos que marcaron vuestras y nuestras vidas, imágenes que sirvieron para inmortalizarlas. Y eso es lo que queremos, enmarcar todos esos retratos, que forman parte un poquito de nuestras vidas. Cada semana os mostraremos una instantánea para que nos cuentes dónde y cómo lo viviste. Seguro que sirvieron para enamorarte aún más de este deporte. Cuáles eran tus expectativas a partir de ese momento, qué supuso para ti aquel día, cómo lo recuerdas. Siempre hay historias alrededor de estos retratos, algunas incluso que ayudan a acrecentar su épica. Siéntete partícipe y háblanos de tu experiencia. Endesa Basket Lover servirá como tablón y escaparate. Estamos deseando escucharte.

 

RETRATO Nº 97: “¡DALE, RAMÓN!”

por Antonio Rodríguez (martes, 8 de septiembre de 2020)

 

Final Recopa de Europa 95/96: Taugrés Baskonia 88-81 PAOK Salónica (13.02.96)

 

              Venía de muy lejos, pero podemos asegurar que Ramón Rivas fue de los primeros forasteros que entendió el “carácter Baskonia” y diríamos más: lo engrandeció. Si hemos elegido esta fotografía de la Final de la Copa Saporta (o Recopa de Europa) de 1996 es por lo que significó aquel día, por la responsabilidad que cargó sobre sus espaldas con la baja de Kenny Green y que con su brega y apretón de dientes final, aupó a la ciudad de Vitoria a quedar campeones en su tercera oportunidad consecutiva.

              “¡Dale Ramón!” era un canto de los aficionados hacia una actitud del mayor profesional que ha conocido la entidad. Tipo llegado desde Boston, tras permanecer en los Celtics un año (casi inédito) ante la acuciante falta de hombres altos que sufrían los “arrogantes verdes” a finales de los 80. Llegó a ser con la universidad de Temple el número 1 de la nación en los rankings de “Associated Press” y con tales credenciales, aterrizó en Vitoria en el verano de 1989. Hasta 1996.

              Doscientos ocho centímetros en un voluminoso cuerpo, roqueño como pocos, con un baloncesto de forcejeo callejero, de nunca dejarse ganar la posición, que parecía irle la vida en ello y del más refinado o barriobajero “trash talking”. Y ¡ay, amigo!, que no hubiese prima de por medio, que por ella se dejaba la vida. Lo dicho: un profesional de los pies a la cabeza. Hasta el punto de pillar en solitario a un indolente compañero al descanso y arrinconándole, lo amenazó con un “tú no juegas con el pan de mis hijos”. Y si con un rival, aunque se llamase Tony Massenburg, había que liarse a mamporros, sin problema, que le iba en el sueldo.

              Promedió en su primera temporada en el Taugrés, la 89/90, 13,9 puntos y 9 rebotes, con un 51,2% en tiros de campo, ya como nacionalizado español. A partir de ahí, los puntos comenzaron a reducirse, porque llegó a Vitoria un entrenador, el estadounidense Herb Brown, que cambió la fisonomía de la plantilla con una concepción más moderna del juego. La estrella elegida fue Joe Arlauckas. Y nada de jugar de “3” como hacía en el Caja de Ronda. Sería el ala-pívot titular, el líder que pudiera correr la pista, jugar al poste y lanzar suspensiones. Y Ramón Rivas tendría más protagonismo en defensa y la brega bajo tableros. Y la mezcla funcionó. El rebote defensivo pocas veces se escapaba y a partir de ahí, balón a Pablo Laso… y a correr. Si tocaba estático, balón al poste y a usar sus movimientos, sus hombros, su “trasero” y el formidable toque que tenía en ambas manos para dejar sus tiros cortos.

              Por su fuego en los ojos cada vez que saltaba a una pista, a Manel Comas le acabó encandilando. Y este, viendo el corpachón del portorriqueño y porque el baloncesto iba evolucionando, le pidió que en ataque, los bloqueos había que hacerlos con más frecuencia y al nuevo rey de la plaza, Velimir Perasovic, que a este con un segundo y medio metro le bastaba para armar y ejecutar. ¡Cómo se estampaban los rivales! Y Rivas continuaba esos bloqueos con la contundencia de saber que si tocaba recibir, eso era una locomotora de enorme tonelaje.

              Ramón Rivas puede ser el póster de toda una generación baskonista que dio el paso a ser grandes. Los primeros soportes de una sólida base. A ascender las plantas suficientes para ver desde la azotea cómo era la élite europea. Que esos cielos y esas nubes podían tocarse con las manos si se insistía. Y en la capital alavesa se aplicaron tal cuento y subieron año tras años cuando él ya no estaba. F.C. Barcelona (para conocer lo que es ganar la Liga ACB) y Cáceres, dieron paso al AEK  Atenas y el ‘pallacanestro’ italiano fueron los últimos coletazos de carrera.

Solamente sus fotografías ya infunden todo el respeto y admiración que se puede profesar a un jugador de baloncesto, emblema de un club. Un auténtico profesional. Por eso, cuando sonaban los acordes en la charanga baskonista del “¡Dale, Ramón!”, allí “botaba hasta el apuntaor”. La entrega por los colores, era máxima. Todo un grande, del que queremos vuestros recuerdos. ¡AHORA TE TOCA A TI!

RETRATOS DE UNA VIDA 96