Retrato Nº90: Gladiador Wood

Retrato Nº90: Gladiador Wood

Antonio Rodríguez

Desde Endesa Basket Lover queremos vuestros recuerdos. Que forméis parte de la historia también. Momentos que marcaron vuestras y nuestras vidas, imágenes que sirvieron para inmortalizarlas. Y eso es lo que queremos, enmarcar todos esos retratos, que forman parte un poquito de nuestras vidas. Cada semana os mostraremos una instantánea para que nos cuentes dónde y cómo lo viviste. Seguro que sirvieron para enamorarte aún más de este deporte. Cuáles eran tus expectativas a partir de ese momento, qué supuso para ti aquel día, cómo lo recuerdas. Siempre hay historias alrededor de estos retratos, algunas incluso que ayudan a acrecentar su épica. Siéntete partícipe y háblanos de tu experiencia. Endesa Basket Lover servirá como tablón y escaparate. Estamos deseando escucharte. 

 

 

RETRATO Nº 88: GLADIADOR WOOD

 

por Antonio Rodríguez (Martes, 17 de marzo de 2020)

 

Liga Endesa 89/90

 

No es fácil admitir errores y menos en equipos grandes, por toda la responsabilidad que conlleva. Aíto García Reneses estaba atravesando, una vez más, su dolorosa travesía de octubre con el F.C. Barcelona. Desde que tomó el cargo cuatro años antes, sea por lesiones o bajas de jugadores por problemas de otra índole, el caso es que siempre arrancaba en su primer mes sus proyectos con todo tipo de vicisitudes. En este caso en concreto, junto a las bajas de Epi o Andrés Jiménez, el dolor de cabeza se llamaba Paul Thompson, la nueva incorporación azulgrana.

Thompson era de ese tipo de tiradores infalibles, que paseó su muñeca por las mejores competiciones europeas, escolta de elegantes maneras y excepcional tiro exterior. Buena idea para suplir la baja del mítico Cándido “Chicho” Sibilio, qu no resultó. Siendo vértice y puntal de la anotación en todos aquellos clubs europeos en los que militó (Nashua Den Bosch y Limoges), topó con la disciplina de Aíto, el reparto de minutos y responsabilidades, que lo enloquecían. Si no tenía una serie de minutos continuados, un número mínimo de tiros y sobre todo, una anotación concreta, lo martirizaban. Era como si no hiciese bien su trabajo. Y forzaba jugadas que repercutían negativamente en el rendimiento del equipo.

Aíto, frío en sus cálculos como lo ha sido toda la vida, decide cambiar la fisonomía de la plantilla. Si la idea era seguir alejando de la canasta al bueno de Andrés Jiménez, le pareció más apropiado reforzar al trío interior Trumbo-Norris-Ferrán que los hombres exteriores, pues Xavi Crespo lo estaba haciendo francamente bien y el combo Solozábal-Costa, los dos bases puros del equipo, compartieron cancha habitualmente como estrategia, con mucho acierto. Cuando se incorporase Epi, tendría suficiente.

Hete aquí que puso a prueba dos americanos para elegir el definitivo. Dos hombres claramente interiores, que, en aquel baloncesto primaban más y a los equipos de caché se les miraba por sus poderes en la zona con preponderancia a otros aspectos. Mike Gibson era delgado, no muy rápido, pero de brazos muy largos y tenía buena mano para el tiro exterior (como mostró en Ferrol posteriormente). El otro, David Wood. Este era otra película. Jugador joven que pretendía vivir del baloncesto mucho tiempo y sabía cuál era el camino y cómo hacer su trabajo. Un ala-pívot de 2,06 de estatura, con poco talento ofensivo excepto su tiro exterior en estático, pero que mataba al rival. Sea por un rebote, en un bloqueo, en defender a la estrella rival, él mataba. Su intimidación no venía desde tapones de muy arriba, sino desde la lucha en el parquet, a ver si tenían bemoles los rivales a pasar el balón a su defendido.

David Wood llegó desde Italia, también como temporero, de sustituir a Joe Binion en el Libertas Livorno, consiguiendo alcanzar la final de liga (controvertidísima, por cierto) y fue un jugador que hizo ‘clic’ a su llegada a Barcelona al instante, no solamente con el equipo, sino con la afición. Su entrega y profesionalidad marcó al fan culé como alguien icónico para dar la bienvenida a la década de los 90. Estuvo tan solo unos meses, pero dejó profunda huella. Para sus compañeros, era alguien con voluntad de ayudar en todo, consiguiendo 13,3 puntos de promedio y un nada desdeñable 43,9% en triples. Sus credenciales estaban escritos: libraba de carga reboteadora a Audie Norris, ayudaba con su rapidez a los exteriores en las ayudas defensivas y eso, era una bendición para su entrenador.

En Endesa Basket Lover pudiéramos haber elegido mates, instantáneas defensivas… pero nos quedamos con esta, en el momento en el que se pone el protector bucal, dándole un aspecto más guerrero si cabe. Porque, en definitiva, su estrellato vino por esa lucha “a lo Rodman” y la permanente brega, con el que su club remontó el vuelo, llegó a la final de la Liga Europea y conquistó la Liga Endesa en 1990, solventando la final ante el RAM Joventut por un 3-0 clarificador. David Wood, un gladiador para el F.C. Barcelona.

Venga con vuestros recuerdos. ¡AHORA TE TOCA A TI!