Retrato Nº 86: Lituania, Sergei Bazarevich, trotamundos de lujo

Retrato Nº 86: Lituania, Sergei Bazarevich, trotamundos de lujo

Antonio Rodríguez

Desde Endesa Basket Lover queremos vuestros recuerdos. Que forméis parte de la historia también. Momentos que marcaron vuestras y nuestras vidas, imágenes que sirvieron para inmortalizarlas. Y eso es lo que queremos, enmarcar todos esos retratos, que forman parte un poquito de nuestras vidas. Cada semana os mostraremos una instantánea para que nos cuentes dónde y cómo lo viviste. Seguro que sirvieron para enamorarte aún más de este deporte. Cuáles eran tus expectativas a partir de ese momento, qué supuso para ti aquel día, cómo lo recuerdas. Siempre hay historias alrededor de estos retratos, algunas incluso que ayudan a acrecentar su épica. Siéntete partícipe y háblanos de tu experiencia. Endesa Basket Lover servirá como tablón y escaparate. Estamos deseando escucharte. 

 

RETRATO Nº 85: LITUANIA, SERGEI BAZAREVICH, TROTAMUNDOS DE LUJO

 

por Antonio Rodríguez (31 de octubre de 2019)

 

Liga Endesa 94/95: F.C. Barcelona 77-75 C.B. Cáceres (31.03.95)

 

              Parecía más pequeño de lo que realmente era (que ya lo era, con su 1,88). Muy delgado, contrahecho, con la cabeza siempre gacha, dando la sensación de estar apesadumbrado y cargando sobre sus hombros un insoportable peso. Quizás sus primeros años de carrera baloncestística, le hicieron ser así. Con aquellos mostachos y su finura, Sergei Bazarevich era más la estampa del jugador soviético de los 70 que de los 90, con toda su magia y toda su frialdad.

Rápido como el demonio, intuitivo y una claridad pocas veces vista en bases europeos en pensar a la velocidad de sus contragolpes, Bazarevich deslumbró muy jovencito, haciendo ganar a la Unión Soviética el Eurobasket junior de 1984, mientras los focos se posaban sobre un yugoslavo, anotador compulsivo, llamado Velimir Perasovic. Y ahí quedó su reflejo, porque nadie más puso la luz sobre él en los siguientes años. Siendo base destacado en la hermética URSS, aquellas extravagantes decisiones del seleccionador Vladimir Obukhov, pensaron conveniente dejar fuera de sus combinados tanto a Sarunas Marchulonis como a él. Ya ven. Y mientras, dar el salto del TsKA Moscú al vecino el Dinamo Moscú. Luego, con el regreso de Aleksandar Gomelski como seleccionador en los soviéticos, apareció de Estonia otro gran base, Tiit Sokk, que fue la apuesta a las ya conocidas de Valdis Valters y el mencionado Marchulonis. A nuestro protagonista, le tocaba esperar.

Y fueron las convulsiones políticas, el hecho de que los lituanos negaran volver a vestir la elástica soviética (como ya mencionamos en el último “Retratos…”) para que Bazarevich tuviese su sitio en la selección absoluta. Solamente quienes tuvieron el privilegio de viajar a Suecia aquel verano del 84, eran capaces de intuir lo que Sergei era capaz de hacer, porque fuera de la URSS, fue una sorpresa para todos. El Mundial de Argentina’90 fue el momento y el lugar, ya con 25 años. Y el tipo lo bordó. Sin ser un gran tirador exterior aún, entraba a canasta como un cuchillo, con ese aspecto de alfeñique y una camiseta que le sobraba por todas partes. Corría y hacía correr a los Tikhonenko, Volkov, Vetra… un equipo diezmado que, gracias a su dirección, llegó a jugar la final de aquel Mundobasket. Volvió a ser el líder en la dirección en 1992 en lo que llamaron CEI (Equipo Unificado) en los Juegos Olímpicos de Barcelona y nuevamente, tan solo los errores en los tiros libres de Volkov en los últimos minutos, les privaron de la gran final. Tocaba acometer otra revolución nacional. Y él, otra vez al mando.

1993 fue para muchos el inicio de muchas cosas. A la desaparición de la URSS y Yugoslavia, aparecen un buen puñado de repúblicas con gran baloncesto. Y Rusia, nuevamente como tal, trajo un puñado de jovenzuelos semidesconocidos: Fetissov, Babkov, Mikhailov, Kissourine… todos, bajo la dirección de Bazarevich. Fueron 18,8 puntos los que promedió y nuevamente, mandando esa “guardería” llegan a la final del Eurobasket, haciéndoles crecer y creer que el límite era… el Dream Team II, único equipo que les paró en la final del Mundial de 1994 de Toronto.

Tal fue el impacto que, teniendo un contrato firmado por cinco años nada menos con la Juventus Caserta, Sergei Bazarevich, admirado por ojeadores en las gradas del coliseo canadiense, tuvo oportunidad de jugar en la NBA, en Atlanta Hawks, en el inicio de la temporada 94/95, en aquella NBA tan restrictiva. No parecía que por su físico fuese a ser importante, pero aquellas piernas y esa velocidad, se merecían una oportunidad. Y no la tuvo: 8 partidos, 65 minutos en pista y 30 puntos tan solo. “Me comentaron que, a punto de cumplir 30 años y la llegada del pujante Steve Smith, aunque mi actitud les gustaba, no iba a tener oportunidades. La NBA es un gran negocio. Me cortaron y aun pienso que los Hawks necesitan un base como yo” reconocía en la época. “No estoy arrepentido. Jugar en la NBA era mi gran sueño. El error fue no elegir el equipo adecuado. En Toronto hablé con Don Nelson, entrenador de los Warriors y todavía pienso en aquella conversación. Estoy seguro que allí sí hubiese podido desarrollar mi estilo de juego”. Y llegó Cáceres.

Buscar en aquel rincón de Extremadura las sensaciones de siempre, no echar por tierra una temporada completa. El C.B. Cáceres, por su parte, un sustituto brillante para Nebojsa Ilic en la posición de escolta, algo que al ruso no le gustaba mucho, siendo base. Sergei Bazarevich disputó 14 partidos en Liga Endesa, promediando nada menos que 19 puntos, 37% en triples y, aquí viene el problema, 2.9 asistencias. A él le gustaba repartir más. A él le gustaba ser el director que, en Cáceres, lo ostentaba una de las estrellas del equipo, Jordi Soler. Por ello y por la querencia a las grandes metrópolis, no continuó.

El siguiente verano, en el Eurobasket ateniense de 1995 lo bordó, con 18,4 puntos y un encuentro ante Croacia para el recuerdo. Y regresó a su Dinamo Moscú, CsKA de nuevo un año después, Turk Telekom de Ankara, PAOK Salónica (cuando había buenos dineros en Turquía y Grecia), Italia… hasta que su espalda dijo basta.

Sergei Bazarevich fue de esos tipos que pasó de refilón por nuestra liga. Pero sí recordamos desde este RETRATOS DE NUESTRA VIDA la admiración por dar la bienvenida a un tipo que, sin formar parte del gran star system, sí nos había arrancado exclamaciones viendo su juego en los mejores escaparates internacionales. Alguien que querías ver en directo, presenciar algo que habitualmente no solemos hacer. Entradas imposibles, carreras frenéticas, actividad permanente en setenta y tantos kilos de peso, mostacho permanente y aquel gracejo jugando.

Y ahora, recordando, recordando, ¡AHORA TE TOCA A TI!