Retrato nº78: Mitchell hace volar a Villalba

Retrato nº78: Mitchell hace volar a Villalba

Antonio Rodríguez

Desde Endesa Basket Lover queremos vuestros recuerdos. Que forméis parte de la historia también. Momentos que marcaron vuestras y nuestras vidas, imágenes que sirvieron para inmortalizarlas. Y eso es lo que queremos, enmarcar todos esos retratos, que forman parte un poquito de nuestras vidas. Cada semana os mostraremos una instantánea para que nos cuentes dónde y cómo lo viviste. Seguro que sirvieron para enamorarte aún más de este deporte. Cuáles eran tus expectativas a partir de ese momento, qué supuso para ti aquel día, cómo lo recuerdas. Siempre hay historias alrededor de estos retratos, algunas incluso que ayudan a acrecentar su épica. Siéntete partícipe y háblanos de tu experiencia. Endesa Basket Lover servirá como tablón y escaparate. Estamos deseando escucharte. 

RETRATO Nº 78: MITCHELL HACE VOLAR A VILLALBA

por Antonio Rodríguez (27/6/2019)

Liga 84/85: Collado Villalba 98-83 R.C.D. Espanyol (15.11.84)

Volaban. Eran atrayentes, divertidos… y terriblemente inexpertos. De los siete partidos que jugaron y se resolvieron por 3 puntos o menos, el recién ascendido Collado Villalba perdió seis. Descendieron con 5 victorias en las 30 jornadas disputadas. Sin embargo, siendo los últimos clasificados, era fascinante verlos. Sobre el soporte de jóvenes jugadores salidos de la cantera madrileña (Goenechea, De la Nuez, Elizalde, el internacional junior Juan Ramón Marrero y un novel mocetón de 19 años que prometía, Juan Antonio Orenga como pívot titular), pusieron las miras en dos americanos baratitos por ser muy jovencitos, recién salidos de la universidad.

Ben McDonald, una tercera ronda del draft, alero alto que obligatoriamente debía jugar como ala-pívot, procedente de la universidad de California Irvine, formó parte de las listas de Bob Knight en sus trials de cara a los Juegos Olímpicos de Los Angeles’84. Sacrificado y mucho más triplista, que lo que fue su periplo posterior en NBA, donde le fortalecieron y lo convirtieron en un especialista defensivo. El otro, Leonard Mitchell, una estrella desde sus tiempos en Louisiana State, también tercera ronda del draft –“me perjudicó mucho la lesión que sufrí en el hombro aquel verano”-, que aquí desconocíamos… hasta que le vimos jugar. Atlético, polivalente, podía anotar desde cualquier lado de la pista. Su dominio de balón, reversos y entradas quitaban el hipo al contrario. Y al aficionado le elevaba al séptimo cielo. Porque Leonard Mitchell sobre todo, volaba. Su gracilidad para hacer rectificados felinos en el aire, permanecerán siempre en nuestra memoria. Y eso, en una liga donde aún estábamos hambrientos de hombres-espectáculo, era un tesoro que emanaba Villalba y en el que todos poníamos los ojos, aunque fuese en la cola de la clasificación, repetimos.

Tal era la seguridad que tenía Eduardo Ayuso, entrenador de los madrileños, que le firmaron por dos años, independientemente que el equipo pudiera descender o no (y entonces, aún no se aceptaban extranjeros en 1ª B). Fue el 4º máximo anotador de nuestra competición, con 25,5 puntos de promedio, por detrás de ases como Nate Davis, Dan Caldwell y David Russell. En la sierra de Madrid aterrizó un tipo que era especial. Su empuje -sobre todo en ataque, pues debía jugar los 40 minutos- dio esperanzas a un equipo con pocas trazas de poder mantenerse. Eso y que posiblemente, fuese el club más castigado por los arbitrajes de la historia -eran otros tiempos. Hay que dejarlo claro-, todo coincidió en una “tormenta perfecta” para que su aventura durase un año, siendo una de las víctimas en el Playoff de descenso.

Collado Villalba ya había dejado huella en la Liga Endesa y tan solo dos años después, volvió a recuperar la categoría hasta su extinción en 1992. Todos los sucesores a “rey de la sierra” aportaron otras habilidades y espectáculo diferentes: Rory White, Todd Murphy, Mike Schlegel, incluso Walter Berry y Henry Turner. Pero el primer impacto de enamorar con este deporte desde Collado Villalba, lo trajo Leonard Mitchell, que hizo “volar” a la población.

Toca que nos hables de tus recuerdos. ¡AHORA TE TOCA A TI!