Retrato nº72: El contragolpe

Retrato nº72:  El contragolpe

Antonio Rodríguez

Desde Endesa Basket Lover queremos vuestros recuerdos. Que forméis parte de la historia también. Momentos que marcaron vuestras y nuestras vidas, imágenes que sirvieron para inmortalizarlas. Y eso es lo que queremos, enmarcar todos esos retratos, que forman parte un poquito de nuestras vidas. Cada semana os mostraremos una instantánea para que nos cuentes dónde y cómo lo viviste. Seguro que sirvieron para enamorarte aún más de este deporte. Cuáles eran tus expectativas a partir de ese momento, qué supuso para ti aquel día, cómo lo recuerdas. Siempre hay historias alrededor de estos retratos, algunas incluso que ayudan a acrecentar su épica. Siéntete partícipe y háblanos de tu experiencia. Endesa Basket Lover servirá como tablón y escaparate. Estamos deseando escucharte. 

 

RETRATO Nº 72: EL CONTRAGOLPE

por Antonio Rodríguez (6/3/2019)

 

Liga Endesa 85/86: Estudiantes Caja Postal 60-91 Real Madrid (07.12.85)

Miren la estampa con calma, porque muestra el máximo exponente de un sello que acompañó al baloncesto español a lo largo de la historia: el contragolpe. Todos los demás países nos asociaban con la rapidez. No éramos los mejores defendiendo y solíamos cuidar poco las posesiones, perdiendo muchos balones. Pero, amigos, a la hora de lanzar desde media distancia y correr la pista en contragolpes, nos pintábamos solos. Hasta tal punto que, la prestigiosa publicación “Sports Illustrated” en su previa a los Juegos Olímpicos de Los Angeles’84, nos definía como “una especie de Denver Nuggets”, aquellos de Doug Moe y los ciento y muchos puntos, que corrían de manera frenética.

Lo que empezaba con un rebote de Alfonso Martínez y acababa en una vertiginosa entrada de Nino Buscató, pasó a Luyk y las carreras de Carmelo Cabrera y de ahí a los pases de apertura de Fernandito Romay y las bandejas de Juan Manuel López Iturriaga. Itu, nuestro Itu, miles como la que vemos en la instantánea. Por ello, les pedimos que se detengan unos segundos en la fotografía que nos parece fantástica, retrato de una época, RETRATO DE UNA VIDA. Superando por velocidad a Javier García Coll, con su compañero Wayne Robinson como testigo, en el viejo pabellón de Magariños, la suave colocación de la mano cayendo ya del salto, hacía que la inercia completara la acción de la canasta contra el tablero.

El baloncesto ha ido evolucionando y ya no hay oportunidad de sacar contragolpes como antes. Las transiciones defensivas han mejorado mucho y la vigilancia es mayor. Sin embargo, ello no ha impedido que sigan existiendo. Simplemente, han ido cambiando. Ya no serán de finalización siempre tan clara, pero sí se optimizan las transiciones rápidas (los famosos primeros 7 segundos tan de moda de D’Antoni en los Suns) o el rango de tiro, se ha ampliado hasta el extremo que hoy se finalicen con lanzamientos triples. Pero la rapidez no se ha perdido, si eso se pretende.

Si les decimos que no estaría de más a los jugadores de hoy, que aplicasen las bases y principios que regían los contragolpes como el de la fotografía, créannos que no estamos ni anticuados ni locos. Ante la falta de altura e instinto por sobrevivir, aquello era perfecto. Lo era desde el citado pase de apertura de Romay. Es cierto que ya no se es tan preciso como Fernandito en sacar el pase de apertura, el primero tras el rebote defensivo buscando al base. Era mecánico: balón atrapado y mirada al frente, buscando al compañero, era todo uno. Porque con él, hasta que caía en manos de Corbalán, se ganaban metros y segundos. Luego, había que correrlos con las ideas muy claras de opción a culminar con entrada o con pase, para darlo como para recibirlo. Marcar las calles, ganar la espalda al rival que quiere defenderlo, ocupar el carril del tráiler, dar el balón medido… Iturriaga para eso era un catálogo de recursos. Vale que “palomero” arrancaba antes de lo acostumbrado hoy día (nunca hasta que no se asegurase el rebote), pero tenía unas manos excelentes para atrapar los pases y una enorme gama para finalizar con bandejas. Todas suaves y elegantes, todas… dos puntos, en definitiva.

Hoy, por suerte, con la capacidad atlética y el “alley-oop”, se ha ganado mucho. No se tiene por qué ser tan certero y se ha ahorrado el tiempo que va desde que el jugador lo captura hasta que tira, porque se hace en un solo gesto. Instantáneo, espectacular. Como opción “b”, se puede usar el lanzamiento exterior, como lo hacen hoy día, deslumbrando, los Rockets y los Warriors. Esa misma opción “b” que usaba fantásticamente Carmelo Cabrera, viendo correr a un lado a Wayne Brabender y en otro, a Walter Szczerbiak (que solían ser así: a la izquierda el primero, a la derecha el segundo), en los dorados años 70 del Real Madrid, para acabar en suspensiones que casi nunca fallaban. La diferencia es que hoy día, por la línea de tres, se echan dos o tres pasos para atrás. Pero reconocemos el mismo gesto. El que sí ampliaba Chicho Sibilio hasta la línea de tres, esperando el balón tras las cabalgadas de Nacho Solozábal en los 80.

El contragolpe. Lo que han ido trayendo con posterioridad Raül López (que parecía haber bebido de las mismas aguas que Corbalán), José Calderón, Ricky Rubio y sobre todo, el “Chacho” Rodríguez, que encandila con su muestrario de recursos. Un sello de identidad para el baloncesto español, que vertebra nuestra historia desde sus más tiernos inicios hasta ahora, aunque la globalización de los tiempos haga que su máxima exposición sea, ya ven qué cosas, en tierras moscovitas.

¿Quiénes te han embaucado con su rapidez y sus carreras? ¡AHORA TE TOCA A TI!