Retrato Nº67: Wendell Alexis, la elegancia ralentizada

Retrato Nº67: Wendell Alexis, la elegancia ralentizada

Antonio Rodríguez

Desde Endesa Basket Lover queremos vuestros recuerdos. Que forméis parte de la historia también. Momentos que marcaron vuestras y nuestras vidas, imágenes que sirvieron para inmortalizarlas. Y eso es lo que queremos, enmarcar todos esos retratos, que forman parte un poquito de nuestras vidas. Cada semana os mostraremos una instantánea para que nos cuentes dónde y cómo lo viviste. Seguro que sirvieron para enamorarte aún más de este deporte. Cuáles eran tus expectativas a partir de ese momento, qué supuso para ti aquel día, cómo lo recuerdas. Siempre hay historias alrededor de estos retratos, algunas incluso que ayudan a acrecentar su épica. Siéntete partícipe y háblanos de tu experiencia. Endesa Basket Lover servirá como tablón y escaparate. Estamos deseando escucharte. 

 

RETRATO Nº 67: WENDELL ALEXIS, LA ELEGANCIA RALENTIZADA

por Antonio Rodríguez (10/1/2019)

 

Final Copa del Rey 87-88: F.C. Barcelona 84-83 Real Madrid (22.12.87)

A Wendell Alexis volví a verle jugar por accidente en una grabación del PAOK Salónica, en 2003. Me parecía asombroso que aquel jugador que aterrizó en nuestro país 16 años atrás, siguiese siendo cotizado en Europa. Es como si su amor al baloncesto no tuviese fin y su calidad sustentaba al cuarentón, incluso ocupando plaza de extranjero. Y lo curioso es que la mayoría de su repertorio era el mismo que se ganó el cariño de la afición del Real Madrid, tres lustros atrás.

Wendell Alexis pertenece a ese tipo de jugadores, “rara avis”, que dejan sello imborrable cuando su estancia en la Liga Endesa fue efímera, poco más de temporada y media. Embaucaba su tremenda elegancia. Y como los gimnastas, para ejecutar y resaltar que sus movimientos son perfectos, necesitan marcar los tiempos, él lo realzaba así. Y esa era la sensación que teníamos, que parecía jugar a cámara lenta. Alexis recibía, hacía el gesto del tiro perfecto… y era tan solo una finta. Luego, se iba driblando por su derecha cuando el defensor a duras penas podía seguirle, para acabar matándolo tras dos botes, levantándose en una suspensión perfectamente vertical, pies juntos y balón echado un pelín atrás para acompasar en suavidad a todo el movimiento. Dos puntos.

Wendell Alexis llegó a España, en un equipo que estaba muy necesitado: el Fórum Filatélico de Valladolid. Los viajes de Mario Pesquera por Estados Unidos, sobre todo por su querida Big East, le habían hecho valorar la precisión de este jugador de 2,03 de estatura de la universidad de Syracuse. Y su equipo, desesperado por cambiar una dinámica negativa, lo adquirió para que al menos no perdiese la categoría. Y llegó el turno de otro equipo muy necesitado: el Real Madrid.

Lolo Sainz había tenido muy mala fortuna en su última temporada. No contó con los hermanos Martín, quedando con una plantilla muy reducida y para buscar un golpe de timón, ficharon un jugador de gran renombre, pero que no necesitaban. Larry Spriggs era bueno y hacía cosas asombrosas que dejaban claro que la NBA era otro mundo, él, siendo un hombre de lo más profundo de la rotación. Pero era un ala-pívot con estatura de alero, fuerte, con enormes movimientos en poste bajo, un instinto para el pase asombroso, que ni tiraba desde el exterior ni entendió en qué condiciones jugaba su equipo. Y Lolo, en las interminables charlas en el interior del imponente recinto de La Paz y la Amistad de Atenas durante el Eurobasket del 87, preguntaba a su colega Pesquera si Wendell Alexis, que jugó como ala-pívot en el Fórum por necesidades del guion, podía hacerlo como alero, verdadera necesidad del entrenador madridista. “Es alero, Lolo. Y de los buenos”, suponemos que fue su respuesta. Y recaló en la plantilla blanca.

Otra de las virtudes de nuestro protagonista era su nula necesidad de protagonismo. Era un tipo discreto, muy discreto y callado. Serio, de los que mostraba pocas emociones sobre la pista, transmitiendo frialdad, que mezclado con su eficacia jugando, le hacía pasar como una máquina. Y tal humildad en su juego le vino de perlas cuando el Real Madrid, mucho más reforzado de lo esperado (José Luis Llorente y la vuelta de los hermanos Martín), le dio un papel algo más secundario del previsto. Y cumplió con creces. Con su 2,03 ayudaba en el rebote, sabía jugar muy bien al poste a pesar de ser liviano de peso, tiraba de tres puntos con precisión y en la final de la Copa Korac en Zagreb, ante la Cibona, realizó un extraordinario encuentro, sobre todo defensivo, para asegurar el título a las vitrinas blancas y él, una posición notable en los grandes momentos.

Perder finalmente la liga difuminó un poco su labor, para emigrar posteriormente a Italia, donde a un equipo que nunca había estado en la élite, Enichem Livorno, le aupó hasta la final de liga y no ganarla por un escándalo de los que aún se recuerdan por aquellos lares. Luego, más equipos en Italia, Maccabi Tel Aviv, Francia, Alba Berlín… y no regresó más a España, aunque hubo intentos y agendas con su nombre.

Hoy día quizás le podamos dar más valor a su nombre y a su valía, por su polivalencia y calidad, por esa mentalidad de jugador de equipo y sobre todo, sobre todo, en este mundo de la imagen, por su elegancia. Y queremos que nos lo cuentes, cómo le recordáis. Esa rara elegancia a cámara lenta que nos ganó a todos. ¡AHORA TE TOCA A TI!