Retrato nº 65: La leyenda de TDK MANRESA

Retrato nº 65: La leyenda de TDK MANRESA
LA LEYENDA DE TDK MANRESA

Antonio Rodríguez

Desde Endesa Basket Lover queremos vuestros recuerdos. Que forméis parte de la historia también. Momentos que marcaron vuestras y nuestras vidas, imágenes que sirvieron para inmortalizarlas. Y eso es lo que queremos, enmarcar todos esos retratos, que forman parte un poquito de nuestras vidas. Cada semana os mostraremos una instantánea para que nos cuentes dónde y cómo lo viviste. Seguro que sirvieron para enamorarte aún más de este deporte. Cuáles eran tus expectativas a partir de ese momento, qué supuso para ti aquel día, cómo lo recuerdas. Siempre hay historias alrededor de estos retratos, algunas incluso que ayudan a acrecentar su épica. Siéntete partícipe y háblanos de tu experiencia. Endesa Basket Lover servirá como tablón y escaparate. Estamos deseando escucharte. 

 

RETRATO Nº 65: LA LEYENDA DE TDK MANRESA

 

por Antonio Rodríguez (21/12/2018)

 

Final Liga Endesa 97/98: 4º TDK Manresa 77-75 Tau Cerámica (04.06.98)

 

Íbamos a titularlo “Un TDK Manresa de leyenda”. Sin embargo, creemos más propio decir “La Leyenda de TDK Manresa” porque cuantos más años pasan, no es que pensemos que estemos más cerca que se pueda dar una situación así, sino todo lo contrario: es tan improbable, que este hito suene cada vez más a una leyenda que roza lo irreal. Porque parece imposible.  El destino quiso vestir de gloria una plaza, de las de toda la vida, pero una plaza de la que nunca se suponía que pudiese ganar. “Pero es que ese año todo salió bien. Todo” nos comentan cuando visitamos el Nou Congost esta temporada, recordando lo sucedido 21 años atrás. Quedaron campeones de liga. Nada menos. Ante F.C. Barcelona, Baskonia, Joventut o Real Madrid. Campeones de Liga Endesa.

 

Porque dos años antes, quedaron campeones de Copa del Rey. Con un equipo muy apañado, reforzado de muchos kilates de calidad con la incorporación de Tellis Frank… pero la Copa es la competición el KO. Y sobre todo, con la locura que vivió tal torneo en la década de los 90, podía darse de todo. Pero nunca, jamás, Basquet Manresa estaba marcado como para considerarle un candidato a ganar una liga. Fueron dejando miguitas por el camino en esta temporada 97/98. Lo demás, era cuestión de fe. ¿A que no recordaban de su título en Lliga Catalana aquel año? Por encima de una renacida Penya, por encima de un todopoderoso Barça, en Cataluña removieron cimientos ya en septiembre.

 

Joan Creus, el abanderado. ¡A sus 41 años! Pere Capdevila se estaba erigiendo como un escolta muy interesante y ya nadie lloraba la marcha de Joan Peñarroya y Roger Esteller. Jordi Singla, el tipo de la casa. Los ex barcelonistas desheredados de la fortuna, Lisard González y Quique Moraga. Jesús Lázaro y Paco Vázquez como tipos cumplidores desde el banquillo… Básicamente ese era el núcleo nacional. Lo bueno, es que acertaron con los americanos, el trío extranjero de entonces. Fue como un premio gordo.

 

Con alguna polémica que otra, pero enorme calidad, llegó Bryan Sallier, ala-pívot descarado y elegante, maestro del pase y el poste bajo, de los destinados a brillar desde la modestia de lo equipos que se fijaban en él, la mejor elección para esos clubes que no pueden gastarse ni una peseta más de lo presupuestado. Es cierto que, hablando de dineros, Derrick Alston supuso un paso más. Procedente de Efes Pilsen, tan “euroligo” antes como ahora, un pívot de 2,08 quizás-demasiado-delgado, pero sobrado de clase como de envergadura, aún estaba conociendo Europa en su segunda campaña en el Viejo Continente, tras abandonar los Sixers. La Turquía de los 90 se convirtió en un exceso para él y se decantó por una vida mucho más tranquila en Manresa. Y el tercer elegido, con la calderilla que les quedaba en la billetera, baratito, baratito, el escolta Herb Jones. Fuerte, muy fuerte. Tiraba bien, pero lo justito. Era buen defensor, pero por intensidad. Que de inteligencia… también iba justito. Tanto, que a veces no se enteraba que su equipo había empezado a defender en zona. “Déjale, no le avises” advertía el maestro Joan Creus. “Que ahora -los rivales- no saben ni qué están atacando”. Y para acabar, un entrenador novato en la competición, Luis Casimiro. Manchego, que desde Puertollano y Almodóvar del Campo, aterrizó en tierras levantinas, para ser el entrenador del Gandía (1ª B) y el embrión del Lucentum alicantino antes de ser ACB, todo ello en liga EBA, hasta que desde el Gijón Baloncesto (LEB) le dieron la oportunidad de entrenar al TDK Manresa. Y bajo su mando, todo era lógico en aquel plantel.

 

Y sufrieron tropelías por el camino. “Javier, mete el micro ahí” fue una golfada desde la mesa de anotadores, en pista de Estudiantes, que llevó a enfucerer a Creus como nunca lo habíamos visto. Pero es que la siguiente visita, dos semanas después, fue en ese mismo escenario, el Palacio de los Deportes, ante el Real Madrid. Y llegar a la capital de España y les roban las maletas. Pero, ¿qué tenía Madrid en contra de ellos? No se preocupen, que sin maletas, vencieron a los blancos (72-84) como ya hicieron en las primeras jornadas al F.C. Barcelona (84-68, nada menos). ¿Y lo de Estudiantes? Tranquilos, que se tomaron su tiempo. En la Copa del Rey de Valladolid se cruzaron en cuartos de final y les esperaban con la sonrisilla: 87-82.

 

Ya ven, miguitas por el camino. Aunque cayeron en semifinales de Copa ante la Penya, siguieron cumpliendo calendario. Buen baloncesto, de tiralíneas, con magníficos pases de todos y una circulación exquisita. Eran perfectos para la elección televisiva, cuando no tocaban Madrid o Barça, porque divertían. Como en los grandes cuentos, su trayectoria en liga regular no fue descollante: 21 victorias y 13 derrotas, 6º en la clasificación final y en el Playoff esperaba… je, je, Estudiantes. Y tras perder en el debut en el maldito Palacio de los Deportes de Goya, llegó la venganza: tres victorias del tirón y a semifinales. De sus mieles, de formar parte de los cuatro mejores, habían conocido ya dos veces en su pasado reciente. Pero esta vez fue especial. ¿El rival? El Real Madrid. ¿Escenario? El Palacio madrileño. Golpear una vez, golpear dos veces y llenar de estupor al aficionado blanco, a toda la ACB. 0-2 y viaje a Manresa. En el Nou Congost temblaron las cañillas, porque quizás no se creían capaces de tumbar a los todopoderosos blancos (de muchos problemas, sí. Pero con Dejan Bodiroga). Puestos en el cuarto enfrentamiento, si no sucumbía su rival, lo harían ellos, porque un quinto en Madrid sonaba misión imposible. El 95-82 sin paliativos les abría las puertas de la final, un logro al que no tenían derecho a soñar. O eso decían.

 

Tau Cerámica fue el mejor aquel año. Si derrotaron al Barça en semifinales, fue precisamente por eso: porque eran los mejores. Sergio Scariolo llegó a España cargado de un súper equipo, en vanguardia nacional, entre otras razones porque tenían a Elmer Bennett. Pero, ¿saben la paradoja previa? Que TDK Manresa les había derrotado en los dos encuentros de liga regular. Así se las gastaban nuestros protagonistas en la temporada 97/98. Joan Creus (¿sabían que fichó por Manresa cinco años antes, para suplir a su hermano menor, Jordi, que por veterano, se retiraba de las pistas?) tenía que presionar a Bennett justo desde el saque de fondo, “porque no podía dejarle arrancar. Si no, estaba perdido”. Y otra vez, siguiendo con una epopeya que parecía escrita, vencieron el primer día en el Buesa Arena (83-95). Con el factor cancha a favor (perdieron el segundo partido, 75-67), volaron con alas de dioses mitológicos al Nou Congost. Y aquí ya no había lugar a la duda. Era ganar o ganar. Mejor dicho, ganar y ganar.

 

64-62 y 77-75. Dos choques igualados, dos duelos donde se despellejaron. Pero del Bages no podían salir vivos. El maravilloso mensaje a la afición del “si vosotros nos eleváis a ganar el tercero, nosotros nos encargamos de vencerles en el cuarto” se hizo sentir. Caló. Y nos encontramos con el pitido final, a Joan Creus corriendo de un lado a otro, porque “no podía dejar de correr”. TDK Manresa, campeón de liga. Tan increíble entonces como ahora.

 

No, ahora es inconcebible. Los tiempos cambian, las diferencias de presupuestos entre los poderosos y los modestos se han disparado. Y siguen en su causa, pero ya es inalcanzable. Aquel TDK Manresa causó la mayor sorpresa de cualquier deporte de equipo en la historia de cualquier liga en nuestro país. Y eso, hay que pararse cada cierto tiempo y valorarlo. Y detenerse en una fotografía como la que publicamos hoy, en RETRATOS DE UNA VIDA. Una historia legendaria difícil de creer para quien no lo vivió. Para quienes sí lo hicieron, os pedimos, os rogamos vuestros recuerdos. ¡AHORA TE TOCA A TI!