Retrato nº62: Kenny Miller, las espaldas de los futuros campeones

Retrato nº62: Kenny Miller, las espaldas de los futuros campeones

Antonio Rodríguez

Desde Endesa Basket Lover queremos vuestros recuerdos. Que forméis parte de la historia también. Momentos que marcaron vuestras y nuestras vidas, imágenes que sirvieron para inmortalizarlas. Y eso es lo que queremos, enmarcar todos esos retratos, que forman parte un poquito de nuestras vidas. Cada semana os mostraremos una instantánea para que nos cuentes dónde y cómo lo viviste. Seguro que sirvieron para enamorarte aún más de este deporte. Cuáles eran tus expectativas a partir de ese momento, qué supuso para ti aquel día, cómo lo recuerdas. Siempre hay historias alrededor de estos retratos, algunas incluso que ayudan a acrecentar su épica. Siéntete partícipe y háblanos de tu experiencia. Endesa Basket Lover servirá como tablón y escaparate. Estamos deseando escucharte. 

 

RETRATO Nº 62: KENNY MILLER, LAS ESPALDAS DE LOS FUTUROS CAMPEONES.

por Antonio Rodríguez (14/11/2018)

Liga 94/95: Unicaja 86-79 Taugrés (31.03.95)

 

El baloncesto estaba cambiando en Europa y en la Liga Endesa. Más defensas, más intensidad, mayores físicos. Sobre el reinado del zar Sabonis, intentaban usurpar su trono en atenciones, jugadores como Mike Anderson, Ken Bannister, la nueva versión de los Jackson Five orensano, Andrei Fetissov, Ramón Rivas o nuestro protagonista, Kenny Miller. Hay que dar más ritmo y velocidad, pero hay que defender. Y mucho. Ante esta exigencia, los entrenadores aún no se atreven a pensar en amplias rotaciones, aunque lo desean, exprimiendo a sus mejores estandartes a un enorme esfuerzo. 

Y uno de los clubs que mejor entendió esta reconversión fue Unicaja, entrenados por Javier Imbroda. Su prolífica cantera, complementaba el quinteto con los más veteranos y el banquillo con los más jóvenes. Y contando con los fichajes de Alfonso Reyes y Manel Bosch, añadió dentro de su trío extranjero, la continuación de lo que fue el ‘ogro de la zona’ en los años recientes. Lo que antes había sido Tony Massenburg, ahora debía serlo Kenny Miller.

Sí, el triple de Ansley -que no fue- y los que sí fueron de Babkov. Pero para aguantar esa estructura, estaban las espaldas de Kenny Miller, los cimientos del Ciudad Jardín. Miller era el pívot que recibía bajo el aro y cuando se encontraba en óptimas condiciones para anotar, pivotaba una vez más porque quería el mate. No le valían con bandejas y tiros cortos. Los soportes de las canastas debían aguantar sus salvajes arranques, como las gradas del viejo pabellón malagueño el estallido de júbilo de los aficionados, todo en uno.

Kenny Miller fue descubierto por Juanma Rodríguez, director deportivo del club entonces, en una Summer League de Salt Lake City. Y vio en él defensa, muchos rebotes e infinidad de tapones. Justo el ogro que buscaba. Y le firman una temporada por 200.000 dólares más bonus. Tales bonus se engloban en cuatro apartados: rebotes (debía igualar o superar los 10 rechaces), tapones (estar entre los cinco primeros de la liga), tiros de campo (su tanto por ciento debía estar entre los cuatro mejores) y clasificación final del equipo. Y cumplió.

Sus enormes brazos atrapaban balones arriba, intimidaba lo suyo y taponaba viniendo desde la zona de ayuda. No se decidía a lanzar a canasta hasta que no tenía una buena posición ganada, que bregaba de forma permanente y eso sí, los malditos tiros libres, cruz y marca de este pívot (curioso que, a un 64% en tiros de campo aproximadamente, lo empañaba con un 54% en tiros libres), que finalmente permaneció seis temporadas, las tres últimas de manera intermitente, para hacerse con un hueco en el corazón del aficionado malagueño.

La historia de cuento de hadas -o casi- del Unicaja aquella 94/95, teniendo en las manos de Ansley el título liguero, se sostiene porque Kenny Miller combatía bajo los aros sin miedo a nadie. Su fiera imagen ya la pueden ver en la fotografía. Un hércules que imponía respeto y ofrecía sonrisas por las calles de Málaga. Fue un icono de aquel primer momento de gloria del club que, aunque no llegaron a levantar trofeos, sí fueron decisivos como prólogo a los que sí vendrían a continuación. Por ello, nos atrevemos a decir que Kenny Miller fue el soporte y las espaldas de lo que vino unos 10 años después: la generación que ganó.

Ahora, esperamos tus recuerdos. Había mucho público en aquel Ciudad Jardín para que no se pasen ahora por Endesa Basket Lover y nos cuenten aquello. ¡AHORA TE TOCA A TI!