RETRATO Nº 59: LA LLEGADA DE RICKIE WINSLOW A ESTUDIANTES

RETRATO Nº 59: LA LLEGADA DE RICKIE WINSLOW A ESTUDIANTES
Rickie Winslow

Antonio Rodríguez

Desde Endesa Basket Lover queremos vuestros recuerdos. Que forméis parte de la historia también. Momentos que marcaron vuestras y nuestras vidas, imágenes que sirvieron para inmortalizarlas. Y eso es lo que queremos, enmarcar todos esos retratos, que forman parte un poquito de nuestras vidas. Cada semana os mostraremos una instantánea para que nos cuentes dónde y cómo lo viviste. Seguro que sirvieron para enamorarte aún más de este deporte. Cuáles eran tus expectativas a partir de ese momento, qué supuso para ti aquel día, cómo lo recuerdas. Siempre hay historias alrededor de estos retratos, algunas incluso que ayudan a acrecentar su épica. Siéntete partícipe y háblanos de tu experiencia. Endesa Basket Lover servirá como tablón y escaparate. Estamos deseando escucharte. 

 

RETRATO Nº 59: LA LLEGADA DE RICKIE WINSLOW A ESTUDIANTES

 

por Antonio Rodríguez (18/10/2018)

 

Liga 88/89: Estudiantes Bose.

 

Esta fue la historia de una crisis de identidad. La de la búsqueda de cambios temporales, intentando no cambiar nada. La de una metamorfosis no planificada que acabó en la aventura más excitante en la trayectoria de Estudiantes. Una identidad que no se quería perder… y que hubo que retocar.

Hablamos del Estudiantes ochentero. Eso significaba, al menos en su segundo lustro, Gil, Montes, Pedro Rodríguez, Russell & Pinone. O Pinone & Russell, según se mirase. La pareja de americanos que eran el pan y la sal del club colegial, rodeados de un pequeño grupo de nacionales jóvenes todo voluntad, dirigidos por el veterano internacional Vicente Gil. Poco banquillo con “el rata” García Coll, Rementería… y ya.

Desde el Ramiro de Maeztu se congratulan que José Miguel Antúnez despunta y mucho. Añadan que Pedro “Picapiedra” Rodríguez ya no está solo combatiendo contra gigantes. Juan Antonio Orenga, mucho más fortalecido tras su grave lesión, harto de no subir con Cajamadrid a la ACB, recala en la calle Serrano y las pintura ya es territorio tan hostil. Y debutan dos chavales que tenían el descaro por estandarte. Había que hacerles jugar, aun siendo dos mierdecillas: Nacho Azofra y Alberto Herreros.

Rickie Winslow

Todo este combo necesitaba de tiempo de cocción todavía. Por ello, la temporada 88/89 fue bastante irregular (17 victorias y 19 derrotas antes del Playoff). Irregular, porque David Russell se lesionaba una y otra vez. La directiva de aquel Estudiantes Bose intentaba tapar ese mesecito de baja, hasta que lograra reponerse, con tipos que no hacía falta que calasen entre La Demencia. Porque la afición, lo que quería, era ver a David Russell. Y llegó Albert Irving ya en las primeras jornadas. Y viendo que las dolencias en la rodilla continuaban, hubo que echar mano otro mesecito de Eric White, un alero zurdo con bastante clase. Y Russell volvió y todo parecía ser lo de antes.

Pero no. La terquedad de esa fe por no tocar nada, hubo que darla por finalizada en este ejercicio. Russell volvió a romperse y ya era irremediable e irreparable hasta junio. Restaban 17 jornadas aún, si contamos el Playoff de clasificación -porque no se llegaba al Playoff por el título- y había que buscar, ahora sí, recambio para tan largo trecho. Y aparece libre en el mercado aquel chaval que les endosó 33 puntos el año pasado en el Caja Canarias y les cascó un mate “a lo Jordan” desde el lateral. Que saltaba mucho y era un espectáculo. Era perfecto para La Demencia. Y de esta forma, Rickie Winslow apareció en la vida de los colegiales.

Aquí tienen su estampa para RETRATOS DE UNA VIDA, en uno de sus primeros partidos. Rickie “Maravilla” Winslow se asentó, promedió 22,6 puntos y un 56,8% en tiros de campo. Les cascó 41 puntos al BBV Villalba y cerró la temporada, cómodo, entre toda aquella chavalada dirigida ya por Miguel Ángel Martín, en una cena en Málaga, tras superar en el Playoff de clasificación al Mayoral Maristas (3-0), celebrando el paso a la A-1 para el siguiente curso. Y entre bromas y algo de vino, Winslow se despachó con una confesión para acabar con los quebraderos de cabeza de la gerencia colegial. “¡Pero si yo soy mejor que Russell!”. El amor de aquella directiva por David Russell parecía inquebrantable. Sin embargo… más alto, más rápido, más sano, más sacrificado… saltarín, espectacular, efectivo, anotador. Pues lo que parecía un arrebato de vanidad, tuvo la mirada cómplice del entrenador. “Pues tiene razón”. Además, y esto era lo más importante, John Pinone estaba feliz junto a él. Y desde entonces, Rickie Winslow se quedó.

Y el “guiso” de los nacionales, terminó. Y sin dar reposo todavía, para la siguiente liga, machada al Caja de Ronda y a semifinales. Y la siguiente, a semifinales otra vez. El puesto que parecía por decreto otorgado al CAI Zaragoza en los últimos años, lo ocuparon ellos, junto al Madrid, el Barça y la Penya. Y al año siguiente, la locura.

Todo ello, porque tuvieron a Rickie Winslow en sus filas. El hombre de los 8 mates en un partido de semifinales, el sueño del aficionado estudiantil que hacía vibrar el Palacio de los Deportes madrileño. Muchos de vosotros tenéis recuerdos de él. Así que, ya sabéis. ¡AHORA TE TOCA A TI!