Retrato Nº56: Mike Phillips, un center de ley

Retrato Nº56: Mike Phillips, un center de ley

Antonio Rodríguez

Desde Endesa Basket Lover queremos vuestros recuerdos. Que forméis parte de la historia también. Momentos que marcaron vuestras y nuestras vidas, imágenes que sirvieron para inmortalizarlas. Y eso es lo que queremos, enmarcar todos esos retratos, que forman parte un poquito de nuestras vidas. Cada semana os mostraremos una instantánea para que nos cuentes dónde y cómo lo viviste. Seguro que sirvieron para enamorarte aún más de este deporte. Cuáles eran tus expectativas a partir de ese momento, qué supuso para ti aquel día, cómo lo recuerdas. Siempre hay historias alrededor de estos retratos, algunas incluso que ayudan a acrecentar su épica. Siéntete partícipe y háblanos de tu experiencia. Endesa Basket Lover servirá como tablón y escaparate. Estamos deseando escucharte. 

RETRATO Nº 56: MIKE PHILLIPS, UN CENTER DE LEY

por Antonio Rodríguez (14/9/2018)

Temporada 84/85: F.C. Barcelona 109-101 Licor 43 (15.11.84)

Fue como un ogro en las zonas españolas durante muchos años. Nadie tenía más efectividad que él, nadie imponía tanto respeto como él. Si tocaba enfrentarte a Mike Phillips, sabías que ibas a tener una mala tarde. De su vieja escuela sacaba el repertorio del pívot-pívot, del “5” nato, moverse en poco más de un metro cuadrado y amargarte la jornada. ¿Cómo era posible que alguien con tan poca velocidad, nula explosividad y tan escasos movimientos, acabaría anotando ese carro de puntos?

La fotografía es maravillosamente ilustrativa. Por eso la hemos elegido para estos RETRATOS DE UNA VIDA. Y es que parece una suspensión sin mucho artificio, en una distancia relativamente corta, a una mano, como era característico en él. Todo muy cómodo. Así era Mike Phillips. Si poco espectaculares eran sus acciones, menos aún eran retratadas en una instantánea. ¿Entonces, qué estamos ensalzando?

Pues todo el trabajo venía ya de atrás. Él corría la pista al trote, que sus maltrechas rodillas con permanente tendinitis, protegidas siempre por ambas rodilleras, no le daban para muchas alegrías. Plantaba su corpachón en poste bajo y se movía al compás de la circulación del balón. Lo que parecía una posición inofensiva a la que se aferraba -y ya no se movía-, cuando el balón cambiada de lado en la sucesión de pases, se transformaba en grave amenaza. Ya tenía la posición ganada y no había nadie quien lo moviese de ahí. Su forma de fijar al defensor era magistral y cuando alzaba su manaza y pedía el balón, ya era cuestión de recibir y llevar a la perdición, otra vez, a su contrincante.

Tenía grandes manos y recursos grabados a hierro y fuego desde Kentucky, donde llegó a ser campeón universitario en 1978, formando una especia de “torres gemelas” con otro pívot que sí tuvo recorrido en la NBA, sobre todo en Boston Celtics: Rick Robey. Pero en España, de eso, ignorantes. ¿Qué íbamos a saber? De aquello no nos llegaba nada. Lo único que, otro ex pupilo de la universidad de Kentucky, el barcelonista Bob Guyette, convenció a su entrenador, Antoni Serra, entre achaques cada vez más pronunciados en su espalda, que para sustituirle había un mocetón de 2,08 que conocía y que en España triunfaría, sin duda alguna. Y llegó en el verano de 1979 Mike Phillips, para foguearle en el -en cubierto- filial azulgrana, el Mollet, que dirigido por un jovencísimo y ambicioso entrenador, Manel Comas, también competía en División de Honor. Un año después fue el americano del F.C. Barcelona y con él quedaron campeones de liga (supliendo en las primeras jornadas al decepcionante Jeff Ruland) y mostrando la solidez de un americano de élite al disputar la Copa de Europa al año siguiente.

Por ello, Manel Comas fue tan feliz cuando lo recuperó para el baloncesto español en 1983, en el nuevo proyecto de Santa Coloma de Gramenet del Círculo Católico, que sponsorizado, se llamó Licor 43. Mike Phillips fue santo y seña allí con su elástica amarilla, garantía de éxito. Y aunque su inicio fuese algo decepcionante, ”Manel Comas tuvo confianza en mí cuando llegué fuera de forma, tras un año sin jugar. Nos conocemos los dos y sé que él confía en mí y yo en él. Es un buen entrenador, con mucha ilusión por ganar”. Y los licoreros, que jugaron la segunda fase de liga en el furgón de cola, la A-2, llegaron a cuartos de final, eliminados por el Real Madrid. Y al año siguiente, temporada a la que corresponde esta fotografía, las cosas fueron excepcionalmente bien desde el principio y llegaron al techo de semifinales, cayendo nuevamente ante los inexpugnables blancos. Con un equipo limitado en experiencia a siete jugadores, pero de gran calidad (el base internacional Joaquim Costa, el escolta Agustín Cuesta, los aleros Jordi Freixanet, Joan Pera y el americano Craig Dykema, con la pareja de pívot Miquel Pou y el propio Phillips), el influjo de nuestro protagonista era inmenso.

Su semigancho protegiéndose con todo el cuerpo, sus fintas para hacer volar al contrario (por eso, en la imagen, nadie salta. Todos han bajado ya), era de catón del baloncesto. Solamente los recortes en Santa Coloma le hicieron emigrar a Barcelona nuevamente, al Júver Espanyol, para hacerles más grandes que nunca. Los españolistas estuvieron a punto de meterse entre los cuatro primeros tras la 1ª fase y disputar la Copa del Rey. En ella, Mike promedió ¡30 puntos! en las 14 jornadas y en las dos últimas, en el esfuerzo final, con 49 puntos al Breogán y 45 en Zaragoza. Finalmente quedaron sextos.

Nuevamente los problemas económicos y malestar en las interioridades del club, le hicieron volar a Valladolid, donde al Fórum Filatélico sí le metió entre los 4 primeros nuevamente en el ecuador de la liga, con el corte de la Copa del Rey. Sin embargo, sus mejores años parecían estar pasando, los tiempos habían cambiado. Ya existían rápidos jóvenes de 2,10 de estatura, de brazos interminables, como Juan Antonio Morales, que le hacían sufrir. Abruptamente una rotura de ligamentos de su rodilla, jugando para el Cacaolat en Granollers, en las últimas jornadas de liga un 25 de abril de 1989, cortó su recorrido ACB.

Mike Phillips, tristemente fallecido, fue icónico en la década de los 80. Jamás forró carpetas, nunca fue usado en aquellos montajes musicales de TVE con las canastas más espectaculares de la jornada. Sin embargo, su sola presencia, su manera de jugar del center puro, suponía toda una tortura para los rivales y rifa durante los veranos para todos los clubs de nuestra liga, porque suponía que les tocaba la lotería. Y a las pruebas nos remitimos. Ahora, has de parar un momento y recordar lo importante que llegó a ser en la gloriosa travesía ochentera de la Liga Endesa. ¡AHORA TE TOCA  A TI!