Retrato Nº41: La extraña elegancia de Abdul Jeelani

Retrato Nº41: La extraña elegancia de Abdul Jeelani

Antonio Rodríguez

Desde Endesa Basket Lover queremos vuestros recuerdos. Que forméis parte de la historia también. Momentos que marcaron vuestras y nuestras vidas, imágenes que sirvieron para inmortalizarlas. Y eso es lo que queremos, enmarcar todos esos retratos, que forman parte un poquito de nuestras vidas. Cada semana os mostraremos una instantánea para que nos cuentes dónde y cómo lo viviste. Seguro que sirvieron para enamorarte aún más de este deporte. Cuáles eran tus expectativas a partir de ese momento, qué supuso para ti aquel día, cómo lo recuerdas. Siempre hay historias alrededor de estos retratos, algunas incluso que ayudan a acrecentar su épica. Siéntete partícipe y háblanos de tu experiencia. Endesa Basket Lover servirá como tablón y escaparate. Estamos deseando escucharte. 

 

RETRATO Nº 41: LA EXTRAÑA ELEGANCIA DE ABDUL JEELANI

por Antonio Rodríguez (15/3/2018)

 

Liga Endesa 85/86: Caja de Álava 94-85 Fórum Filatélico (22.02.86)

Identificación es una palabra con la que se define al ‘clic’ que un aficionado siente por un jugador. Nada tiene que ver con los colores del club, con los años y los servicios durante una larga estancia de alguien, sino por el mero hecho de atrapar las fantasías cestistas de cualquier fan. Nuestro protagonista, Abdul Jeelani no completó ni dos temporadas en el Baskonia, pues llegó un 17 de noviembre de 1985 a la Liga Endesa, a nuestras vidas. Fue suficiente como para que hoy en Vitoria siga retumbando su nombre como un icono, como un ídolo que hacía vibrar el viejo Mendizorroza.

Era un Baskonia (por aquel entonces Caja de Álava) intentando ascender a la élite tras el periplo de Essie Hollis en el club. Y fue Terry White quien, tras escupir al colegiado Mateo Ramos y ser sancionado con 2 partidos, quien provocó su destitución (nadie se podía permitir el lujo de prescindir de uno de los dos americanos durante tales jornadas) y la llegada de Abdul Jeelani, para hacer pareja junto a aquel baluarte defensivo, Willie Simmons.

Sobre su figura pronto aprendimos que se llamaba Gary Cole antes de convertirse al Islam, que anotó la primera canasta en la historia de aquella nueva franquicia NBA en 1980, Dallas Mavericks y que con su pelo afro y sus delgadísimas piernas, hacía todo muy fácil. Había baloncesto en él hasta en la mirada.

Abdul Jeelani tenía ‘touch’: para lanzar lejanas suspensiones -algo poco frecuente en los pívots de la época-, para soltar el balón en tiros cortos, dándoles un poco más arco para no ser taponados, supliendo su falta de salto. Y entraban. ‘Touch’ como último toque al esférico cuando hacía sus características fintas y se dirigía hacia el aro con aquella extraña elegancia, como vemos en la entrañable instantánea, defendido por Quino Salvo y George Singleton. Y por supuesto, ‘touch’ con el público. Era un jugador con clase. Mucha. Tanto, que invitado a formar parte del combinado All Star de extranjeros de nuestra liga para enfrentarse en amistoso a la Selección Española, se ponía a subir el balón oficiando de base, en un equipo repleto de pívots, protegiendo el bote con su cuerpo ante bases como Solozábal o Montero. Y no se lo arrebataban.

Su azarosa vida, malgastar el dinero en comprar ropa en Italia, realizando casi semanalmente su vuelo Bilbao-Milán, ocultando en sus años de 1ª B (Askatuak y Caja San Fernando con posterioridad) el problema con las drogas que acabó consumiéndole, le llevó a principios de este siglo a acabar en un albergue social, siendo un ‘sin techo’ en Estados Unidos, tras varias tragedias personales, totalmente arruinado.

El poder de los ídolos nunca remite, y allí un ejecutivo de una empresa italiana le descubre, le reconoce, informa a un periodista italiano y cuando se hace eco de la noticia, el mismísimo presidente de la Lazio removió cielo y tierra para recuperar al hombre que idolatró en su adolescencia, cuando Jeelani fue leyenda en Livorno -años antes a los vitorianos-. Y le trajo a Italia. Y le ofreció liderar una escuela de baloncesto 500 niños con problemas sociales y de adaptación. La luz apagada de Abdul Jeelani volvió a renacer ante unos niños que nunca le vieron jugar, pero que veían un brillo especial en los ojos de sus padres cuando mencionaban su nombre.

Abdul Jeelani falleció a los 62 años en 2014, en una última etapa de su vida muy feliz, reconocido por todo lo que dio desde una pista de baloncesto. Si los sueños infantiles de muchos niños giran entorno a una pista de baloncesto y lo que ven en ella, dan clara muestra del poder de nuestro deporte. Mendizorroza será testigo de sus fintas, su difícil trote por el parquet regresando a defender tras aquellas certeras suspensiones. Tan fácil y tan -extrañamente- elegante como lo ejercen los ídolos.

¿Qué recuerdos tienes de Abdul Jeelani? ¡AHORA TE TOCA A TI!