MOMENTOS ÉPICOS: Milagro en Sant Josep (y II). Cae el Real Madrid

MOMENTOS ÉPICOS: Milagro en Sant Josep (y II). Cae el Real Madrid

Antonio Rodríguez

Con la polémica reciente por el actual cierre del pabellón del Centro Parroquial Sant Josep, en Endesa Basket Lover hemos querido recuperar algunos de los milagros de ese mítico escenario. Allí, durante algunas temporadas hace unos 40 años, el Circol Catolic de Badalona jugaba sus partidos. Era un recinto pequeño, sí, pero el equipo que de la mano de Aíto García Reneses iba creciendo a pasos agigantados, lo iba haciendo cada vez más pequeño. La atracción por su juego, moderno, dinámico y como consecuencia, la descarada respuesta a los grandes de nuestro basket, convirtió aquel parquet y aquellas gradas en un lugar de culto incluso para el baloncesto de élite, que arrastraba aficionados y las cámaras de TVE. Un equipo, bajo el nombre de un sponsor de empresa algodonera, Cotonificio, forma parte de nuestra historia. Aquel pabellón vio las derrotas del F.C. Barcelona y del Real Madrid. Y eso, era tomado como milagro sin ser para menos. Y aquí, desde “Momentos épicos”, los vamos a recordar. 

 

LIGA 81/82 J.03: COTONIFICIO 103-92 F.C. REAL MADRID (31.10.81)

 

Nueva liga, nuevas perspectivas. Sobre todo, para el Cotonificio. Aíto García Reneses pretende acometer cierta restructuración en la plantilla que, como ya comentamos en el  anterior capítulo, contaba con el empuje que daba la juventud cargada de calidad para estar  entre los grandes. Si el cuarto puesto del año anterior era considerado de notable, casi  sobresaliente, las ambiciones del entrenador madrileño pasaban por seguir ascendiendo picos al ritmo de su trayectoria, ya considerado entre la élite de los entrenadores españoles. 

Miquel Pou anotando ante la oposición de Fernando Martín.

Su jugador estelar, el estadounidense Jack Schrader, decide abandonar España a causa  de una oferta laboral irrechazable como entrenador, con lo que los sueños de nacionalizarle español, se van al traste. Tras la clásica cena de despedida, se dice adiós al pívot Miguel Ángel  Estrada y al base Toni Tramullas. Además, el alero Joan Pera tenía que emigrar a Valladolid por cumplir el servicio militar (obligatorio entonces), por lo que fichaba por el Miñón para esa  campaña, en un nunca mejor dicho “ya que el Pisuerga pasa por Valladolid…” Se incorpora el  hermano menor de Quim Costa, Pere Costa, junto a un joven pívot, Miquel Pou, que jugaba  en uno de los filiales ya desvinculados del Real Madrid (concretamente, el Renta Inmobiliaria).  Tocaba cubrir la plaza del americano, tras la vacante de Schrader.  

Con la incorporación de Pou más la consagración de Andrés Jiménez como uno de los  hombres altos más importantes de nuestro baloncesto, la valía mostrada de Jordi Freixanet y  César Galcerán, se busca un perfil más de alero que de pívot, con el añadido de la ya  comentaba baja de Joan Pera. Aíto andaba encandilado por la capacidad anotadora de un joven alero de 2,06 de estatura, brasileño, llamado Oscar Schmidt Becerra. Lo vio con  muchísima atención en el anterior Torneo de Navidad del Real Madrid en 1980, jugando para  el Sirio de Sao Paulo, confirmando la devoción que ya sentía por él cuando lo vio actuar con su  selección en directo en los Juegos Olímpicos de Moscú’80

Andrés Jiménez, un coloso aquella noche, atrapa un rebote ante Romay.

Involucra a la directiva algodonera y en días muy intensos de negociaciones, se  acuerda verbalmente con el jugador que, el contrato sería por tres temporadas y un montante de 30.000 dólares por año (tampoco había más dinero, sobre todo si el dólar seguía subiendo  su cotización respecto a la peseta). Tan solo falta el “sí” de la Confederación Brasileña, celosa y  temerosa con la idea que una de sus estrellas se perdiese algún compromiso con la Selección, por militar en un club al otro lado del charco. Ni pensar hasta qué punto estuvo dispuesto el  club badalonés a ceder a los caprichos de los rectores cariocas, con tal de incorporar a Oscar en sus filas. Y tras varias semanas, se decide en Brasil que el jugador no se va a ningún lado,  que se queda jugando en el Sirio, al menos una temporada más. Para ellos, el Mundobasket a  disputar en Colombia el siguiente verano era de vital importancia y querían tener a los suyos  muy cerca. El mazazo fue tan grande como la fantasía, sabiendo quién fue posteriormente, de  pensar que jugaría en la cancha del Sant Josep como local. Tuvimos que esperar 12 años para  ver a “mano santa” en nuestras pistas. 

Así que, compuestos y sin estrella, se viaja a Madrid para tratar con agentes sobre la  incorporación de un estadounidense. Al menos estos, con llegar a un acuerdo económico,  bastaba. Y aquí se abre un abanico de posibilidades con unos nombres que, Fernando  Bermúdez, hombre arraigado al Ramiro de Maeztu y Estudiantes, barajaba con la agencia de  representación Ariber. Excepto Ron Griffin, ala-pívot que se salía de las pretensiones  económicas del club algodonero (y que recalaría en el Limoges francés), se apuntaba más por  aleros. Y de aquella agenda en Madrid se escribieron -y sonaron- Ron Davis (que ficharía por el  club algodonero un año después), Walter Jordan (al Miñón Valladolid, también un año más  tarde), John Stroud (que fichó al siguiente verano por Caja de Ronda), Ron Cornelius (por  Cacaolat Granollers en 1984) y finalmente el elegido, un licenciado en sociología por la  universidad de Utah State, que decían tenía una manita de seda en el tiro exterior. Su nombre:  Brian Jackson. Y acertaron. Vaya si lo hicieron.  

Quim Costa superando a Juan Antonio Corbalán.

Para mí, fue un cambio brusco a nivel deportivo” recordaba el propio Brian Jackson  meses después de su contratación. “Esto es muy diferente al baloncesto al que yo estaba  acostumbrado. Pero me pareció que el español estaba a un buen nivel y reafirmo mi  impresión. Jiménez, por ejemplo, podría hacerlo muy bien en el baloncesto universitario  USA. El Cotonificio es de los mejores equipos aquí, el entrenador es muy serio y hay un gran  ambiente”. Como sociólogo, le llamaba la atención “que en España hay una gran diversidad  de regiones. Por ejemplo, noto a Cataluña diferente a otros lugares que he conocido. No sé  concretamente qué aspectos, pero me he dado cuenta”. Jackson cobró entre 28.000 y 30.000  dólares, alucinante si lo pensamos hoy día, pero más alucinante si caemos en la cuenta que,  tras su excelsa primera temporada en España, ésta en concreto, fue contratado por el Carrera veneciano y subió tanto su cotización que, en el verano de 1983, el Real Madrid tuvo que  pagar por sus servicios casi el triple: 110.000 dólares. En dos años de diferencia. Con eso y  todo, fue uno de sus fichajes más rentables. 

Hablando ya del Real Madrid, fueron la gran atracción en el mercado de fichajes. No  solamente vieron el curso anterior cómo el F.C. Barcelona se había alzado con el título liguero  en las Bodas de Plata de nuestra competición doméstica, sino que ellos habían quedado  relegados a la tercera posición, por debajo incluso -y aquí se amplificaba la afrenta- de 

Brian Jackson y sus 37 puntos, el verdugo de los madridistas.

Estudiantes, que logró un histórico subcampeonato, aunque les saliese caro con posterioridad. De su quinteto estelar, todos dijeron adiós al club. El base Vicente Gil firmó por el Inmobanco en su pretensión de volver a subir a la máxima categoría. Alfonso Del Corral tuvo un acuerdo  con el OAR Ferrol, Charly López Rodríguez recaló en el Joventut y Slab Jones emigró a Italia al  olor de los suculentos ‘spaguetti dollars’. El quinto componente era la verdadera ‘joya de la  corona’: Fernando Martín fue el gran reclamo nacional del Real Madrid para recuperar glorias  perdidas. De hecho, su incorporación fue rapidísima y ya debutó en los últimos coletazos de  esa misma temporada, en la Copa Intercontinental de clubes (celebrada en los primeros días  de julio) y anotar 50 puntos ante los australianos del St. Kilda, en su segundo encuentro con la  indumentaria blanca.  

La otra incorporación blanca fue el verdadero impacto en nuestra competición. Uno de  los mejores jugadores del mundo (incluyendo NBA) honraba nuestro baloncesto de la mano  del directivo Raimundo Saporta que, aunque estaba más a la organización del futuro Mundial  de España de fútbol de 1982, nunca perdió de vista al Real Madrid. Con el fichaje de Mirza  Delibasic, todos los aficionados nos permitíamos soñar. Un jugador virtuoso, imaginativo,  extraordinario en sus fundamentos del juego que, con solo dos años de estancia en la casa  blanca, dejó una huella imperecedera. Llegaba tras haber sido con su selección campeón de  Europa, del Mundo y de unos Juegos Olímpicos. Quizás tengamos que pensar que, hasta la  eclosión del ‘Chacho’ Rodríguez, no hayamos vuelto a ver pases como los que firmaba Mirza a  principios de los 80.  

"Rebote-Romay". No solo eso. Colocó hasta 5 tapones.

En el F.C. Barcelona, viendo -y temiendo- que el Real Madrid tenía las hechuras para  volver a ser “el de antes”, apostó reforzándose por lo seguro. Que de probaturas y  experimentos ya acabaron hartos con Jeff Ruland, del que hablamos en el anterior capítulo,  siendo sustituido en mitad de la liga por Mike Phillips. Ruland, apático, indolente, también  incomprendido, solamente su entrenador, Antoni Serra, tuvo fe en él, aunque no lo ayudó con  sistemas de juego pensados en su talento, curiosamente. En las oficinas se movieron para  fichar algo conocido. Elección tan sencilla como fijar la mirada en el máximo anotador de la liga  española, el pívot canadiense Lars Hansen, quien había llevado al OAR Ferrol a unas cotas en  su primer año en la liga, que ni ellos llegaron a soñar.  

Llorando aún el fallecimiento del pívot internacional español Joan Filbá, tras tres  meses de hospitalización por un grave accidente de tráfico, la liga se iniciaba. Y estas eran las  plantillas de los dos equipos que acometemos hoy.

COTONIFICIO:

REAL MADRID

 

En la tercera jornada, Cotonificio y Real Madrid se enfrentaban en el recinto que  justifica estos MOMENTOS ÉPICOS. Aquí entra todo el romanticismo de aquella pista. Si ya era  pequeña (se hablaba aquellos días de un nuevo recinto para el “Coto” que nunca vio la luz) y  con el reclamo de los madridistas más aún, ver algunas de las fotografías, donde los  aficionados se agolpaban en cualquier lugar, alzaban sus cabezas sobre ángulos muertos, ver  piernas colgando, apretujados sin -evidentemente- las medidas de seguridad actuales, es un  ejercicio de nostalgia y de recuerdos sobre quiénes fuimos. (Deténganse a ver las fotografías.  Son fantásticas). Pequeños templos que se convertían en hervideros. Y así lo transformaron  aquella tarde-noche de sábado. 

Costa, Jackson, Galcerán, Freixanet y Jiménez fue el quinteto local, mientras que Lolo  Sáinz alineó a Corbalán, Brabender, Delibasic, Fernando Martín y Romay. Y los primeros  parciales dieron la razón a toda la orquestación preparada por Aíto García Reneses, que  mandó una presión desde el inicio subiendo mucho las líneas en defensa y obteniendo primeros parciales (8-2 y 10-4). Para aumentar más la convicción de victoria, el nunca  suficientemente valorado Héctor Perotas, todo un luchador cargado de pundonor en la  posición de alero, saltó a la pista en las rotaciones habituales del Cotonificio e hizo mostrar a  las claras que esa no iba a ser la tarde del Real Madrid. 

Con un Corbalán impreciso en los  pases, un José Luis Llorente -que lo suplió- con más voluntad que cabeza y un Mirza Delibasic,  que ni entendía lo que hacían sus compañeros, ni estos lo que hacía él, se nublan en pérdidas  de balón, hasta el punto de que Lolo lo posterga al banquillo unos minutos, en beneficio de  López Iturriaga. La cosa pintaba mal para ellos: 44-30 en el electrónico. El 51-37 al descanso  deja a las claras el decorado del pabellón del centro parroquial. “Nuestro primer tiempo ha  sido muy bueno, magnífico, extraordinario” declaró con posterioridad Aíto García Reneses.  “En los veinte primeros minutos, hemos mantenido un ritmo sensacional, muy bien dirigidos  por Joaquim Costa. En cambio, a otra cara de la zona mixta era Lolo Sáinz: “Ha sido  desastroso. Un equipo como el nuestro no puede conseguir solo 37 puntos en un primer  tiempo”. 

Mirza Delibasic ante Perotas. El genio estuvo demasiado solo.

Aíto tenía razón. Quim Costa forzaba un ritmo frenético, propicio para que Brian  Jackson encontrase posiciones de tiro con cierta comodidad (37 puntos del alero  estadounidense) y que los pívots adversarios no encontrasen sus posiciones habituales de  confort. Y pareció dar igual cuando en la reanudación, el graderío se quedó pálido al ver cómo  Andrés Jiménez era castigado con su quinta falta personal en el minuto 7 de la segunda mitad.  Que Pou y Galcerán se las apañaron, hasta que a falta de 6 minutos, este último también debió  retirarse por cinco faltas. 

La calidad del Real Madrid provocó que Wayne Brabender encadenara algunas  suspensiones consecutivas, resurgir con la vena anotadora de Mirza Delibasic, que aun  trabajando por su cuenta, se fue hasta los 28 puntos, con 7 de 9 en esos momentos  importantes y con la fiesta en las gradas cada vez más apagada (80-79 a falta de 04:51 para la  finalización).  

Sin embargo, el valor de un hombre como Héctor Perotas era un exponente clave en  situaciones de crisis como esta, porque supo sacar del estado de parálisis a sus compañeros y  con varias canastas (18 puntos), acompañado por Jackson, les arrastró con un parcial de 23-13,  hasta compensar todo el trabajo que habían hecho en la mayoría de los minutos anteriores. El  103-92 final era de justicia para un día de los más celebrados en la historia del Cotonificio.  “Cuando el Madrid se ha puesto a un punto, Brian ha sabido resolver” añadía Aíto. “Pou ha  sustituido muy bien la baja de Jiménez y el equipo debe seguir trabajando en esta línea de  superación”.  

El equipo lo hizo. Esta vez ni Joventut, ni Zaragoza, ni Areslux o Miñón Valladolid les  echaron el guante. Se alzaron con la exitosísima tercera plaza final de liga, techo en la historia  del club, con 20 victorias y 6 derrotas, dos triunfos por encima el cuarto clasificado. Poderoso  caballero don dinero les hizo sangrar -deportivamente hablando- , que al año siguiente perdió  a Brian Jackson (sustituido por un discreto Ron Davis que ni acabó la temporada) y sobre todo,  a su director de juego y auténtico pulmón. Quim Costa fichó por el Barça para demostrar una  vez más, lo mismo que había padecido Joan Creus: que con Solozábal en la dirección y las  escasas rotaciones de Antoni Serra, ser segundo base azulgrana significaba el ostracismo del  banquillo. La 82/83 no pasaría como una temporada de éxito para el Cotonificio, que se  despedía así de este fiel sponsor. 

Romay lanza un gancho desde el cielo, sin que Jackson pueda impedirlo.

¿Y el pabellón? El baloncesto crecía y se hizo ya muy pequeño. La ACB nació y en sus  novedades, entre ellas contar con una pareja de extranjeros, encerraba un éxito que desbordó  unas previsiones que, el recinto del centro parroquial Sant Josep, no podía sostener. El Circol  Catolic, nombre originario del club, encontró un nuevo sponsor para la temporada 83/84, Licor  43, debiendo emigrar a Santa Coloma de Gramanet con un recinto más acorde, a hombros de  una nueva estrella, Mike Phillips y Manel Comas en el banquillo, sustituyendo a Aíto García  Reneses, que fichó por el Joventut.  

Desde entonces, Sant Josep quedó para miles y miles de niños en formación de  cantera. Jugadores internacionales como Alex Mumbrú o Iván Corrales aprendieron y amaron  este deporte allí. Entrenadores de estos niños, como Pedro Martínez o Salva Maldonado,  proyectaron a nivel mundial este punto como un foco de talento a base de trabajo y  repeticiones. Hay mucha historia en este parquet, su techo y sus gradas. Y como hemos podido  comprobar, no solamente de cantera. La élite se fijó en este rincón para dejar un pedacito de  nuestros grandes momentos. 

COTONIFICIO:

REAL MADRID:

De pie, de izquierda a derecha: Martín, Romay, Rullán, Hernangómez y López Iturriaga. Agachados: Brabender, Delibasic, Corbalán, Llorente y Peña.