Momentos épicos: Y por fin, victoria en Italia

Momentos épicos: Y por fin, victoria en Italia

Antonio Rodríguez

Italia era una maldición para los equipos españoles en Copa de Europa. La última victoria allí en la máxima competición continental, fue la conseguida por el Real Madrid un 13 de diciembre de 1979 en Bolonia, ante la Synudine (85-94). Más de 5 años habían transcurrido ya. Sin embargo, lo más escalofriante era que, desde el nacimiento de la Copa de Europa en 1958, ese había sido el único triunfo de cualquier equipo español en pistas transalpinas. Ni Real Madrid, ni F.C. Barcelona o Joventut de Badalona, nadie, nunca, de tales representantes, consiguió éxito alguno, excepto la consabida victoria boloñesa. Ni en los primeros años (ni los siguientes) frente a Olimpia Milán, Forst Cantú ni, por supuesto, ante el histórico Pallacanestro Varese, con sus diferentes “apellidos” según tocaba sponsor (Ignis, Mobilgirgi, Emerson…) se rascaba éxito que llevarse a la boca. Parecía ya algo consabido.

Copa de Europa 84-85: Banco di Roma 85-88 Real Madrid (24.01.85)

La Copa de Europa era una competición que, en su fase final y tras dos rondas previas (donde solamente accedía el campeón de liga y el vigente campeón de este torneo), la década de los 70 quiso que pasase, de 8 equipos y 2 grupos, a un único con 6. Los clubes más poderosos se veían las caras en una escueta, pero reñida liguilla a 10 jornadas. Los dos primeros clasificados a su conclusión, tendrían el premio de jugar la gran final. Por ello, cualquier victoria a domicilio se tornaba decisiva, algo directamente proporcional al afán de todos por amarrar sus victorias en casa.

En estas se presentaba el Real Madrid de Lolo Sainz, muy bien formado y conjuntado. Prácticamente repetía plantilla del año anterior, con la adquisición aquel verano de Alfonso del Corral desde Cajamadrid y al fin, el permiso para jugar y la nacionalidad española de José Biriukov Aguirregabiria, con casi dos años de espera en la capital de España, hasta que debutó el pasado 10 de noviembre ante Caja de Álava. Todos se conocían, eran un gran grupo cohesionado y por resultados (tan sólo una derrota en la 2ª jornada ante la Penya, en las 22 jornadas disputadas hasta ese momento), estaba siendo uno de los más temibles de los últimos años. Recientemente campeones de la Copa del Rey en Badalona, su trayectoria en Europa estaba siendo la esperada, más o menos. Derrotas en las dos primeras jornadas a domicilio, en Zagreb -algo sorprendente- y Tel Aviv, compensadas con las victorias en casa ante TsKA Moscú y Granarolo Bolonia. Cerraban la primera vuelta con la visita a Roma.

Banco di Roma era el vigente campeón de Europa. Es cierto que Valerio Bianchini, su entrenador, hizo milagros con aquel plantel un año antes, puesto que en liga no estuvieron nada finos (récord de 15 victorias y 15 derrotas), con su estrella Larry Wright muy irregular en liga doméstica (no así en Europa, que fue decisivo), sino que incluso con uno de los americanos que ganó el cetro continental en Ginebra, habiendo sido ya sustituido (Clarence Kea fue relevado por Darrell Lockhart). Manteniendo el bloque nacional, se decidió cambiar de americanos. Llegaron el archiconocido Bruce Flowers (dos veces campeón de Europa en Cantú) y por primera vez a Italia, un base de UCLA, veterano ya, Raymond Townsend, con gran capacidad de tiro exterior y anotación en general. Y no les iba nada mal: 14-5 en Lega hasta ese momento y un más que favorable 3-1 en Copa de Europa tras vencer en Bolonia a domicilio (72-73), habiendo ganado dos partidos en casa (a TsKA Moscú y Cibona). Su única derrota, en Tel Aviv, como todos.

Al jueves 24 de enero, con TVE1 en directo a las 20:30 horas, el enorme recinto del Palaeur romano se abarrotó para ver al Real Madrid (sus 11.500 localidades aproximadamente), con lo que la presión ambiental fue tremenda. Los blancos se presentaban con unos problemas musculares de Fernando Martín que, como leeremos, no pasaron a mayores, mientras que la particularidad fue dada por los árbitros, pues el checoslovaco Jahoda se presentó en el recinto a falta de poco menos una hora para iniciarse el choque, pues casi se queda en el aeropuerto de su país, debido a las tormentas de nieve que lo azotaban. Su colega Doubis, desde Atenas, tuvo menos problemas. Estos fueron los equipos que se presentaron en el Palaeur aquella noche:

Los primeros parciales fueron favorables al Real Madrid (10-19), entre otras razones, por el ritmo rápido de los blancos, donde destacaba el que sus dos pívots, Fernando Martín y Wayne Robinson (que junto a Jackson, López Iturriaga y Corbalán formaron el quinteto inicial), corrían muy bien en transiciones rápidas, para ganar la posición y pedir el balón. Y eso a Bianchini (que puso en pista a Townsend, Gilardi, Solfrini, Flowers y Polesello) no le gustaba nada, con lo que pidió más defensa, mejores transiciones atrás y esa ventaja se cortó de raíz para nuestros representantes. El primer problema vino cuando con 12-19 y aún los primeros compases, Martín cometió las tres primeras faltas de su equipo, con lo que ha coartaba su intensidad defensiva, con el añadido que restaban más de 32 minutos de encuentro. Y Bruce Flowers, tipo duro, lo aprovechó para cargar el juego y anotar los más puntos posibles (14 puntos en la primera mitad y 7 rebotes).

Lolo Sainz pone en pista a Fernando Romay, pero los italianos siguen capturando rebotes ofensivos (gran lacra de los blancos en todo el encuentro) y con la movilidad del citado Flowers y Polesello, se cae en la cuenta que este partido no era para él, con lo que vuelve a sentarlo arriesgando en la apuesta por Martín. Los locales comienzan a hacer “su partido”, dando manotazos al balón cuando el rival se disponía a sacar de fondo y parar el contragolpe y alguna que otra “caricia” cuando tocaba (como la patada de Enrico Gilardi a Del Corral en el suelo). Y es que, Gilardi era el master&commander de todas estas tretas.

Bruce Flowers fue decisivo hasta que se cargó de faltas. 

Valerio Bianchini sentó en los primeros minutos curiosamente, a Raymond Townsend, apostando más por Stefano Sbarra, que mantuvo a los suyos con puntos y ese toque de algo-más-que-agresividad que les caracterizaba. Sumamos que el Real Madrid ya no corre, el desacierto en el tiro en general de los de Lolo, los minutos de Martín en el banquillo y que los romanos avasallan en rebote de ataque, y nos vemos inmersos en un parcial de 14-0 para Banco di Roma (con 30-23 a falta de 08:36 para el descanso). Tal ventaja persiste (34-27) y ya con Martín en pista, se defiende y ataca mejor. Con dos tiros libres suyos y canasta en contragolpe de Wayne Robinson tras precioso pase de Del Corral, se empata a 38. Coincide con la tercera falta personal de Flowers, seguida por la tercera también de Robinson, señalizada a falta de un segundo para la conclusión de la primera mitad, en una lucha por el rebote. Al descanso se llegó con 48-42.

En la reanudación, los italianos se marcan la máxima diferencia con una suspensión de Raymond Townsend, que había vuelto a pista (54-45) y el Palaeur vibra. Poco después, Bruce Flowers comete su cuarta falta y debe ser retirado al banquillo. Y toca el momento de Fernando Martín y el de sus compañeros. Porque ahí fue cuando se vio el nivel que podía dar este Real Madrid. El pívot madrileño machaca el poste bajo, como Wayne Robinson lo hace en poste alto, resquebrajando la zona rival planteada. Del Corral es valiente con una buena entrada a canasta y Brian Jackson, errático en la 1ª mitad, con un 3/8 en tiros, anota sus primeras tres suspensiones… y se logra con todo ello un parcial de 4-18, que coloca el electrónico con un triple de Juan Corbalán, en 58-63 y la dinámica invertida totalmente.

Juanma López Iturriaga culminando un contragolpe.

Townsend tiene una amarga y notoria discusión en la banda, a voces, con el asistente de Bianchini, que tiene que sacar a Flowers por obligación. Martín, intercepta un pase y corre hasta machacar toda la pista. En la siguiente acción, Corbalán, que atrapó el rebote defensivo, da un pase de béisbol “a lo Jokic” de punta a punta (¿o sería más preciso decir que Jokic lo hace a lo Corbalán?) para la canasta de Wayne Robinson, elevando la máxima diferencia a 7 puntos (63-70 a falta de 09:48). Traducida en números, la “borrachera” ofensiva del Real Madrid en la segunda parte, se traduce en un increíble 18/26 en tiros de campo. Menos el dolor de Alfonso del Corral en su muñeca derecha, obsequio en una de las faltas de Gilardi -¿quién si no?-, todo iba de cara.

Stefano Sbarra en una entrada a canasta que falla (estuvo horrible en la 2ª parte, fallando sus 8 tiros a canasta), se enfada y paga su frustración con los árbitros y comienza el acoso que ya era un clásico (68-74 a 07:28 para el final). Pero como los italianos son unos maestros, a cada bronca (acorralando entre varios al árbitro, argucia habitual), no pierden la concentración, sino todo lo contrario. Con el Palaeur más que caldeado, que ya se habían encargado ellos, Enrico Gilardi tira de entradas, de un triple, de acierto en general y un parcial exclusivamente suyo de 7-0, les devuelve al partido (72-74). La atmósfera era terrible.

Dos canastas seguidas de Fulvio Polesello colocan un 79-80 y es cuando Corbalán, harto de los bloqueos de Bruce Flowers, empuja a éste que a su vez desplaza a un jugador blanco, acción por la que los árbitros le pitan al estadounidense la quinta falta. Y se armó “el belén”. En las protestas, Corbalán repele a Flowers soltando el brazo y el colegiado griego Doubis, le castiga con otra falta, que casualmente es la quinta de Juan, debiendo abandonar él también la pista. Restaban 04:08 para el final. Empieza a caer objetos, monedas, frutas (¿?) a mansalva, hasta 5 operarios tuvieron que salir a limpiar el parquet y Valerio Bianchini, aprovechando la coyuntura y protestando en medio del campo. Ya lo habían preparado todo. Sabían que pocas cosas les pitarían ya en los minutos restantes, lo que aprovecharon para defender más agresivos. Aun así, el checo Jahoda tuvo la valentía de pitar falta personal a Townsend mientras botaba, cuando desplazó a Paco Velasco con el brazo… y se volvió a montar.

Fernando Martín y Wayne Robinson, dominaron la pintura.

 

Las diferencias quedan basculando en un punto (81-82, 83-84), pero siempre favorable al Real Madrid, que con un gran tapón de Fernando Martín, impiden la delantera rival, a falta de 2 minutos y todos los aficionados de pie. Brian Jackson, con toda la sangre fría, mientras anota dos tiros libres, se queja que Gilardi se pone delante de él incluso antes de soltar el balón (83-86) y se entra en el último minuto con una canasta de Marco Solfrini y dos tiros libres de Wayne Robinson (85-88). A un triple romano fallado, el rebote es madridista y en el campo de ataque, Robinson, en vez de aguantar la posesión de balón, viéndose solo, cuando apenas llevaban 10 de tal posesión, decide entrar a canasta… y fallar ante la intimidación de Polesello, que llegó a la desesperada. Los siguientes 37 segundos fueron de infarto, con un triple de Sbarra que falló, siendo el rebote largo para los italianos, que intentaron un nuevo triple de Townsend en este caso, en bastante buena posición, que también falló… hasta que el balón fue capturado por Robinson a falta de 5 segundos, siendo objeto de falta personal. Lolo pidió a los suyos que sacaran de banda y dar así por concluido el encuentro.

La victoria se consumó. El 3-2 estaba en el casillero de la clasificación y sobre todo, roto el maleficio italiano. Fue un aldabonazo importantísimo, puesto que en la 2ª vuelta, tras volver a perder en casa ante la Cibona de Zagreb (87-89 y 35 puntos de Drazen Petrovic), llegaron cuatro victorias consecutivas, incluyendo las muy meritorias en Moscú y Bolonia, otra plaza italiana. Eso y el sorprendente triunfo del Granarolo Bolonia, que ya no tenía nada que hacer, ante el Maccabi Tel Aviv en la última jornada (94-86), dieron el pasaporte a la final al Real Madrid. Pero eso fue otra historia.

 

NOTA: Las fotos no pertenecen al enfrentamiento, pero sí a la misma temporada.