Momentos épicos: La Navidad también es ALL STAR

Momentos épicos: La Navidad también es ALL STAR
Todos los protagonistas reunidos para una gran fiesta.

Antonio Rodríguez

1º All Star Game ACB: Winston All Stars 112-109 Lee Riders (02.01.85)

Faltaba atractivo en este siglo XXI, pero lo que realmente faltaban, eran fechas. El All Star, algo tan intrínsecamente estadounidense, murió por inanición en España. Atrás quedaban el mate de Herrmann en ropa interior, los All Stars europeos, el pique entre Djordjevic y Oscar en Valencia o David Russell saltando al chaval en Don Benito. De todos ellos disfrutamos. La historia se escribe cuando se consiguen metas. Y el All Star fue algo que había que importarlo, que saborearlo, a un baloncesto tan incipiente como el nuestro.

Todos los protagonistas reunidos para una gran fiesta.

Como muchas intrépidas aventuras que se iniciaron aquella temporada, la previsión para este evento, para cualquier evento, fue más bien escasa. Sin embargo, las ganas y los deseos por hacer cosas en la España de 1984, eran enormes. Sobre todo, en baloncesto. Los directivos se habían visto superados por los acontecimientos y una gran masa social seguían sus decisiones, en ocasiones poco acertadas. Los pabellones, abarrotados jornada tras jornada, se habían quedado… lo que eran: pequeños. Los árbitros habían sido superados por un juego dinámico, rápido, al que se le había unido la capacidad atlética e intensidad de los americanos. Y los medios de comunicación, de repente, se ven obligados a dar un espacio fijo al baloncesto con el que no contaban meses atrás, porque todo lo referente a nuestro deporte, tenía tirón. Junto a los habituales profesionales, muchos otros mandados por sus jefes, hicieron el trasvase fútbol-baloncesto y por ello, en busca de carnaza por hacerse un hueco en sus nuevas aventuras, se decían y escribían muchas tonterías, de aquellas que colmaban la paciencia de Fernando Martín “nos vamos a cargar este tinglado”, temía ya entonces. Sucedió tal explosión, un ‘big bang’ desde el epicentro de una canasta, que contó con dos grandes certezas: la calidad de muchos jugadores de la liga y que este mundillo, al aficionado al deporte, le atraía. El baloncesto simbolizaba espectacularidad. A pesar de tantos defectos, créannos si decimos que este ambiente, impensable año y medio antes, resultaba excitante y una experiencia maravillosa. La voluntad podía con casi todo.

David Russell, uno de los mayores espectáculos.

 Por ello, la génesis de este All Star fue algo así como un ‘pues en TVE hemos visto eso que hacen en la NBA, del partido de las estrellas’, ya que en el magazine televisivo “Estadio 2” -los lunes, de 20:00 a 20:30 y presentado por Olga Viza- emitió el febrero previo una pieza sobre el All Star Game. Y se intentó hacer algo parecido. Se buscaron sponsors (a Winston ya se le tenía como colaborador habitual) y la marca de ropa vaquera Lee fue a quien se le ‘echó el lazo’. Alguien cayó en el “oye, que en Estados Unidos los aficionados eligen a los jugadores con papeletas” y se hizo una especie de votación popular a la carrera, que tampoco se cumplió a rajatabla, porque unos, aún estaban de vacaciones navideñas (estadounidenses, sobre todo) y a otros, simplemente no les hacía mucha gracia jugar aquel partido pudiendo estar con la familia. Añadan bajas de última hora y se las arreglaron para tener 8 jugadores en un equipo y 9 en otro (sin paridad tan siquiera en el número de componentes). A pesar de ello, se consiguieron unir dos equipos muy pintones, tirando mucho de -nuevamente- voluntad. Los americanos estaban muy receptivos por regla general, honrados por ser partícipes de esta fiesta, sobre todo si era en Barcelona y tenían oportunidad de degustar las delicias de un menú McDonald’s. No lo tomen a guasa. Estos típicos restaurantes de comida rápida, con sucursales tan solo en las grandes capitales, eran un punto de encuentro -señalado incluso en el calendario- de aquellos americanos que jugaban en ciudades más modestas. A los cuatro grandes (Real Madrid, F.C. Barcelona, Joventut y CAI Zaragoza), se les quitó tan sólo un jugador y en los demás, pues que hubiese la más variada representación posible.

El increíble tapón de Nate Davis a Jackson.

Lugar: Palacio de los Deportes de Barcelona. Día: 2 de enero. Perfecto, en mitad de fiestas navideñas, días de familia y recogimiento, con la presencia televisiva por obligación para garantizar el éxito. Contendientes: los Winston All Stars serían los representantes de la A-1 y los Lee Riders, de la A-2, tras la finalización de la primera fase liguera (Grupo Par y Grupo Impar). Con números en las indumentarias ‘a lo NBA’, pudieron elegir cada uno el suyo, los primeros vestirían números pares y los segundos, impares -a modo de curiosidad-. Y para fomentar y promover el desplazamiento de medios de comunicación al evento, se disputó previamente un partido entre periodistas habituales del mundo del baloncesto, en el mismo parquet del Palacio. Finalmente, los componentes de cada plantilla fueron estos:

 

Con unos 5.000 espectadores, que estamos convencidos no tener muy claro lo que iban a ver -pero era baloncesto, al fin y al cabo. Y eso entonces, bastaba- se dio el salto inicial con los siguientes quintetos titulares: Costa, Epi, Jackson, Jiménez y Trumbo por Winston All Stars y Llorente, Davis, Caldwell, Orlando Phillips y Pinone por los Lee Riders.

 

Y se respiró ambiente de All Star

No sabemos cuáles fueron las instrucciones en los vestuarios previos a este enfrentamiento. Posiblemente, los más alejados de estos ambientes eran los entrenadores. Ante tanto jugador estadounidense, que valora y entiende la filosofía de un All Star Game, el recado a los respectivos directores de juego pareció ser claro: hay que correr y dar alegría a esto. Dicho y hecho.

Disfrutar de acciones frenéticas como este mate de David Russell.

Si había dos bases en nuestro país con capacidad de correr, de acelerar el tempo del partido, de dar pases largos de contragolpes y ser terriblemente verticales para atacar la canasta, esos eran Quim Costa y José Luis Llorente. Si había que dar oportunidad de brillar todos, había que pasar el balón… corriendo. Y a eso jugaron. De repente y tras desaciertos iniciales, el espectador ve que en el juego la velocidad de ejecución, con esa sucesión de pases, protagonizado por los mayores representantes del espectáculo de nuestra liga en cancha, exactamente eso que le atrae y le hace vibrar y soltar exclamaciones, levantarse y ovacionar. Una y otra vez. Llorente se entiende perfectamente con Orlando Phillips, que gana posiciones y recibe pases bombeados para marcarse una delicia a aro pasado cargada de elegancia. El recién aterrizado a España, (escasamente un par de meses) John Pinone, sabe bregar y anotar de forma constante (14 puntos en la 1ª mitad, 22 al final). Nate Davis encesta suspensiones contra notas finales a electrizantes reversos, haciendo que los primeros parciales sean del grupo de la A-2 (18-32). Se recrean y pierden algunos balones, pero todo tenía una atmósfera colorista. Así que esto era un All Star.

 

Los de la A-1 oponen respuesta escasa en suspensiones de Andrés Jiménez y las posiciones que ganaba Steve Trumbo. Algo insuficiente, hasta que entraron Essie Hollis y Mike Phillips. El gran Essie anota su primera suspensión contra tabla al ingresar a pista, tras un magnífico pivote y sigue con una carrera de costa a costa, alargando sus zancadas -clásico en él- para marcar un último cambio de ritmo y anotar una suavísima bandeja. Mientras, entra David Russell a pista, muestra sus rectificados y un par de mates en contragolpe de quitar el hipo, para irse con 16 puntos al descanso, colocando un 26-38 a 07:30). Los aficionados están tan metidos en la fiesta que una entrada de Kenny Austin, arrollando ligeramente a Creus y castigado con falta en ataque, provoca los pitidos del respetable, que no quería que la fiesta se detuviese.

 

El abecedario de un All Star

Sumen virtudes. Ritmo frenético, un contragolpe tras otro con el lazo final de entradas a canasta -y ahí, rienda suelta a la imaginación de los protagonistas, como el mate de Essie Hollis a aro pasado, remontando línea de fondo- que, cuando se veían abortados por las defensas en la mayoría de los casos, se remataban con suspensiones a media distancia, sin frenar el ritmo de vértigo en las posesiones. Qué fácil es anotar cuando se aceleran transiciones y se domina el tiro contra tabla a 3-4-5 metros, sin posibilidad de tapón por la propia inercia del juego y la velocidad en los pases, algo que impacta viendo esas imágenes hoy día. En estático, hubo balones a los pívots con posiciones ganadas en poste bajo de enorme mérito, apenas sin ángulo, pero que caían en las manazas de Steve Trumbo o Mike Phillips. Precisamente, éste último, recibió un codazo en la lucha por un rebote, que le abrió la ceja y necesitó de tres puntos de sutura antes del descanso, continuando su mala racha de lesiones, pues semanas antes asustó y mucho, cuando una vena rota en la zona pectoral, producto de un codazo, le hinchó el pecho hasta la alarma, sin que posteriormente pasara a mayores. Al descanso, 52-55 para los Lee Riders de la A-2.

Dan Caldwell, la ametralladora malagueña, entrando a canasta.

 

En la reanudación, aquellos que habían pasado con discreción, sobre todo en los Winston All Stars, sacaron el talento a relucir. Brian Jackson con 12 puntos (para un total de 20) y Juan Antonio San Epifanio, que tras una discreta actuación con 3 puntos en la 1ª parte, añadió 18 más en la 2ª, incluyendo cuatro triples, tomaron una delantera que nunca tuvieron. Pero es cuando entre todos, descubrieron el verdadero espíritu del All Star. Al juego libre guiado por la inspiración, unido a la comodidad de jugar así, empiezan a desatarse los ‘piques’ individuales. Y así, la guerra frenética por anotar entre Brian Jackson y Dan Caldwell, defendiéndose uno al otro, muestra el brillo que ambos atesoran. Lo mismo con Essie Hollis y David Russell, la lucha por el rebote y ser el rey en las zonas entre Steve Trumbo y John Pinone y a ver quién daba los pases más certeros y rápidos entre Costa y Llorente. El enorme tapón de Nate Davis al intento de mate de Jackson cuando iba solo en contragolpe, fue seguido por un tiro por elevación de Hollis ante la intimidación del mismo rival, con el recado del “a mí no me lo haces”. Todo espectáculo. Hubo emociones para todos, hasta el caso anecdótico de un aficionado que, mareado, tuvo que ser llevado en volandas entre las gradas por el público, hasta pie de pista camino de los vestuarios de los equipos (tampoco pasó a mayores).

 

Y quedaba el broche final. Sobre las espaldas de Jackson y Epi, Winston All Stars se distanció hasta 10 puntos, que se fueron recortando, ya con David Russell retirado de la pista -sufrió un pinchazo en el aductor- hasta llegar a un empate a 109 con rebotes de Austin y triples de Nate Davis, roto por un enorme triple de Epi sobre la bocina final, para explosión del público a modo de colofón.

 

Y así se echó el cerrojazo a esta primera fiesta. Pensar en unir tal constelación de estrellas sobre una misma pista, dio significado a lo que debe ser un All Star Game en España. Nos gustó a todos. Las fotografías posteriores ilustraban y nos hicieron recrearnos en lo que percibimos a gran velocidad por la tele. El primer paso estaba dado. Al año siguiente había que aderezarlo más, dar un paso adelante y seguir aprovechando el tirón por nuestro deporte. Y se incorporó el concurso de triples con las navidades como esplendoroso marco.