Momentos épicos: '5-0'

Momentos épicos: '5-0'
Drazen Petrovic, diablo en el Palau.

Antonio Rodríguez

Hay momentos puntuales en el día a día del mundo de la canasta, que perfectamente asumimos que hay que pararse en ellos, incluso viviéndolos en el presente, porque existe un “aquí y ahora” que será parte de la historia. Por lo que supone tal momento concreto y por las repercusiones futuras. Por ello son MOMENTOS ÉPICOS.

Temporada 88/89 J.23: F.C. Barcelona 87-94 Real Madrid (18.02.89)

Nos detenemos un frío 18 de febrero de 1989, en el máximo punto de la denominada “liga de Petrovic”. Él, como protagonista, ayudado por un calendario que pareció destinado a encender más la mecha y las víctimas que iba dejando a su paso, crearon un cisma y un ambiente cargado de polémica. Esto no era una refriega como la vivida cinco años antes, con los puñetazos entre Davis e Iturriaga. Sencillamente, desde el momento en el que Petrovic fichó por el Real Madrid, sus más directos adversarios, los poderosos y sobre todo uno en concreto, temían que todo lo sufrido por los blancos en su estampa de rival, fueran padecidas por ellos en toda su crueldad. Y fue así.

Michael Saulsberry intenta taponar a Romay. 

Un 98-101 en el Palau Blaugrana una semana antes a este encuentro, encendió muchas mechas. Drazen Petrovic sabía dónde jugaba. Tenía apuntado en su calendario mental cuándo tocaba el F.C. Barcelona, absoluto dominador en nuestro baloncesto los dos años precedentes. Sabía que le habían fichado para hacer estallar el predominio azulgrana. Y era la primera vez que lo hacía como blanco en su guarida. 34 puntos, celebrado como en los tiempos de Zagreb, destinados a provocar a todos y cada uno de los aficionados. “No le recuerdo como el más protestón de todos, ni mucho menos” confiesa el ex árbitro Vicente Sanchís. “Sin embargo, provocar… Recuerdo un encuentro que me tocó arbitrar en Recopa de Europa, cuando él jugaba para la Cibona de Zagreb. El ambiente estaba muy caldeado en contra, fuera de casa. Y empieza con su show, a desquiciar a los rivales, a agitar los brazos con cada canasta… a provocar. Y me acerco y le dije algo así como ‘no me jodas, Drazen. No me hagas esto, que ya bastante cargado está el panorama’. Y él me dijo ‘tranquilo, Vicente, que esto es cosa mía. A ti no te protestaré. Pero esto, es cosa mía’. Él era así”. Y así se encontraba cómodo. El Palau ardió aquel día.

Aíto García Reneses llegó furioso a la rueda de prensa y la inició con “hoy sí voy a hablar de los árbitros”. Y fue cuando soltó aquello de “Petrovic tiene bula arbitral” como queja, que corrió como la pólvora durante toda la semana, de todo lo que estaba aconteciendo. “Puede empujar, dar patadas cuando tira a canasta, protestar todo el tiempo y pregunto al descanso por la técnica a Costa y me dicen que porque ha hecho un gesto despectivo”.

La interminable liga de los 24 equipos iniciaba su segunda fase. Y la casualidad quiso que, volviendo a enfrentarse los 8 primeros nuevamente, todos contra todos, los dos contendientes se viesen nuevamente en el mismo escenario, una semana después de todo. Drazen se aprendió aquella palabra, “bula”, tras preguntar qué significaba. Y con ella en mente, llegó nuevamente al Palau. Era la quinta confrontación entre ambos. El F.C. Barcelona contaba con la importantísima ausencia de Audie Norris, de baja durante unas semanas por lesión, siendo sustituido de forma socorrida por un americano de un perfil discreto, llamado Michael Saulsberry, que estaba ganándose el pan en el sur de España, en aquel invento del “Circuito de Baloncesto Profesional”. Era un ala-pívot zurdo, con estatura de alero, con buen tiro a media distancia, pero no triples. A Aíto le gustaba su capacidad atlética y su agresividad en defensa, con lo que fue el elegido para aquel compromiso. Lo que le gustaba menos a Aíto es que, con este canje, Andrés Jiménez debía volver nuevamente a la posición de ala-pívot, por necesidades del guión.

Decisivo Petrovic, ante la oposición de Waiters.

Solozábal, Epi, Sibilio, Jiménez y Waiters por los azulgranas; Petrovic, Biriukov, Rogers, Fernando Martín y Romay por los madridistas, fueron los quintetos iniciales. Y lo que la primera mitad pudo vislumbrar fue que, ante defensas mixtas de los azulgranas, Drazen Petrovic seguía teniendo respuestas, en este caso en forma de magistrales asistencias hacia Antonio Martín, que anotó los más de sus 16 puntos en la primera mitad. Epi se cargó excesivamente de faltas personales y Sibilio estaba fallón, con lo que echando de menos a Norris, se llegó al descanso con 37-42 para los visitantes, aunque Drazen solamente llevase 10 puntos.

Los primeros minutos tras la reanudación, fueron la daga para los hombres de Aíto. Un 0-7 de parcial llevaba ventajas ya importantes (37-49). Los locales, a través de su mejor hombre en la segunda parte, Nacho Solozábal, deciden acelerar el tempo de partido hasta hacerlo vertiginoso, como principal argumento ofensivo. Ante ese ritmo, los triples de Sibilio lucen y llegan a un 51-55, que se va repitiendo en 53-57 y 55-59. Cuando se acercaron a dos puntos (57-59), Aíto hace la probatura de poner a un atleta como Michael Saulsberry a marcar a Drazen Petrovic. Y a la primera le arranca una falta personal en el tiro.

Y llegó la exhibición. Porque ante ese escenario, Drazen asume que el Saulsberry este, no sabe quién tiene delante y aprovecha un bloqueo para anotar un triple. A la siguiente, le pasa por detrás y anota un segundo. Y un tercero cuando el estadounidense estaba superado. Tres consecutivos. José Biriukov le acompañó en la racha con otro más y finaliza Drazen nuevamente con un quinto triple en cinco jugadas consecutivas: 68-80, que hace inútiles los esfuerzos de Sibilio y Solozábal. Las gradas del Palau no podían callarse, lógicamente. Pero entre protestas y ánimos a los suyos, se dejaron oír entrevelados sonidos de admiración hacia el croata y sus 24 puntos en la 2ª mitad. Pocos minutos más tarde y ante la presión ordenada por Aíto a toda pista, Petrovic sale del dos contra uno de Epi y Costa, corre la pista, deja tirado en el suelo al segundo, que saltó de manera inútil desde atrás por robarle el balón, mientras veía el cambio de dirección del genio de Sibenik y sin soltar su posesión, anotó una suspensión corta, forzando la falta a Nacho Solozábal, para añadir un tiro adicional.

La presión a toda pista del F.C. Barcelona, muestra cierto desconcierto madridista para romperla y pierde un pase tonto, que provoca un triple de Sibilio y un parcial de 5-0. En la siguiente jugada, otra pérdida más y cuando Granville Waiters va a pasar, recibe un manotazo de Fernando Martín en los brazos, interceptando el balón suelto Petrovic, que anota la canasta y arranca la quinta personal precisamente a Waiters. El público se encrespa y es cuando empieza a lanzar monedas a la pista. “Esto se puede terminar algún día por culpa de cuatro gilipollas” era un mensaje que Fernando Martín repetía en los últimos años ante el incontrolable boom del baloncesto en nuestro país, mostrando sus temores ante la hostilidad del público en ciertas canchas. Y lo sacó a relucir una vez más. 

Banquillo del Real Madrid en últimos minutos y Petrovic tapándose con la toalla. 

El partido se paró unos segundos, pero los aficionados estaban muy encrespados con la pareja arbitral. Y es que, los árbitros. ¡Ay, los árbitros! En varios capítulos en Endesa Basket Lover, ya hemos mencionados que el estamento arbitral, a nivel general en aquellos años, se quedó muy atrasado respecto a la evolución del juego. Se fueron adaptando, pero iban tres pasos por detrás del físico creciente de los jugadores, de sus condiciones atléticas, de su velocidad de ejecución y de la agresividad que tipos como Audie Norris o Fernando Martín proponían. De hecho, tanto Fernando como su hermano Antonio, enloquecían durante este choque cuando se les señalaban faltas bajo los aros, estando quietos, con los brazos en alto, esperando la embestida rival o saltaban para intimidar sin contacto alguno. Las mismas pataletas que cogía Aíto García Reneses cuando sus jugadores caían en las fintas de Drazen y, en muchos casos al caer, no se le tocaba y eran castigados con faltas. Si ven el número de personales señalizadas del enfrentamiento, son tan excesivas en números como las tomadas de manera poco afortunada. Por eso el Palau estalló.

Duelos muy calientes.(ARCHIVO MIGUEL ÁNGEL FORNIES) | Steve Trumbo capturando un rebote, rodeado de contrarios (ANTONIO ALBERT)

Posterior a Waiters, fueron cayendo Epi, Petrovic, Fernando Martín… Cuando Drazen tuvo que sentarse, restaban poco más de dos minutos (82-90). Sin embargo, el marcador no peligró a pesar de sus locas decisiones en los pases para romper la presión, finalizando el enfrentamiento con el consabido 87-94.

En el túnel de vestuarios, Drazen Petrovic, con el triunfo en el bolsillo y otros 34 puntos como una semana antes, fue gritando a sus compañeros “5-0, 5-0”, asegurándose que sus rivales y sobre todo Aíto, lo escuchasen. A los periodistas, a modo de sorna, les decía “¿dónde se compra la bula de los triples?”. Había conquistado el Palau dos veces consecutivas y asumía que su papel, determinante, tenía que ser también ese. Todo iba en el pack.

Un 5-0 que, viendo los partidos, había transcurrido entre choques igualados, donde el genio Drazen supo solventarlo en los momentos comprometidos. A partir de ahí, llegó la primera derrota en Madrid con posterioridad, previo a su enfrentamiento en los cinco choques de la final. Los azulgranas, con el tiempo, creen en la conveniencia de sus quejas para parar, al menos, la espiral en la que pensaban que se estaba envolviendo ‘la liga de Petrovic’ como un ser intocable, al que se le permitía todo. Los madridistas, sufrieron lo que quizás no se esperaban, hasta acabar perdiendo la liga.