MOMENTOS ÉPICOS: COMENZAR LA LIGA A MAMPORROS

MOMENTOS ÉPICOS: COMENZAR LA LIGA A MAMPORROS
Momento de puñetazos entre Charles Bradley y Fernando Arcega.

Antonio Rodríguez

TEMPORADA 87/88. Jornada 01: Cacaolat Granollers 83-91 CAI Zaragoza (26.09.87)

 

José Luis Díaz se encontraba desplomado en el suelo, seminconsciente. Fernando Arcega salió corriendo como un poseso en busca de Charles Bradley, enzarzándose ambos en una batalla a puñetazos (como ilustra la fotografía), mientras Wayne Robinson intentaba sujetar por detrás al enfurecido alero maño. Cuando todo se calmó mínimamente, fueron a atender a “Indio” Díaz, que seguía inerte en el suelo. Recibió tal croché en el pómulo del mencionado Bradley, que sus compañeros tuvieron que cogerle en volandas para llevarle al vestuario, totalmente KO. Fue la estampa para inaugurar la liga en su primera jornada, delante de todos los hogares. Casualmente, este Cacaolat-CAI Zaragoza era el partido elegido por TVE para comenzar sus multitudinariamente seguidas retransmisiones de liga. La historia de nuestra competición, también se escribe así. En este curso 87/88, el de los récords, de los presupuestos más altos de la historia, del mayor seguimiento, daba su bienvenida a mamporros.

Momento de puñetazos entre Charles Bradley y Fernando Arcega.

El paso más fugaz posible

 

Charles Bradley era un alero zurdo, elegante en sus movimientos, que tuvo un más que notable paso por Cacaolat dos años antes. Cuando las ambiciones del equipo no eran tantas, cuando lo más, eran jueces y parte entre los favoritos de la liga con alguna sorpresa de relumbrón que otra yendo con ‘lo puesto’, Cacaolat apostó entonces por crecer, por rascarse el bolsillo. Ampliar su plantel y no solamente hacerse un nombre entre los grandes clubes, sino ansiar como nuevo rumbo, codearse con ellos. Sus fichajes de bambalinas en cambio, ni rozaron las expectativas creadas. ¿Cuántas veces hemos oído esto a lo largo de los años? Pues en una nueva entrega, ocurrió en Granollers.

 

Afrontan nueva temporada, misma banda sonora. Sin perder un ápice de ilusión, se busca una reorientación al decepcionante curso anterior y se cae en la idea que, añadir a esta nueva y ambiciosa filosofía lo bueno conocido anteriormente, podía cuajar. ¿La medida? El retorno a casa de Charles Bradley. Supuestamente más veterano (su primer periplo vallesano fue en la 85/86, recién salido de la universidad), con más experiencia y más centrado… o eso se pensaba. Porque para el encuentro que nos ocupa, la apertura liguera, al alero le dio por tirarse gran parte de los balones que llegaban a sus manos. Un horrible 1/8 en triples (cuando todavía no era tan frecuentada), coronando un discretísimo 6/16 en tiros de campo, era en palabras del comentarista televisivo -ese día- Manel Comas “está llevando a perder los papeles o la seriedad en el juego del Cacaolat”. Había más afán de lucimiento personal que justificación por el colectivo.

 

Frustrado, con poco más de un minuto por disputarse y el choque sentenciado, en un contragolpe caísta, “Indio” Díaz sale disparado y Bradley le sujeta del pantalón por detrás, impidiéndole correr, a espaldas de los árbitros. En la siguiente jugada, Díaz le reta a un marcaje “nariz a nariz”, uniéndose también otro enfrentamiento paralelo entre ambos: el verbal. Así que, en el consiguiente ataque caísta, Bradley decidió terminar con la oratoria y le propinó un puñetazo en el pómulo a Díaz, que cayó como un peso muerto en el suelo, totalmente grogui. Fernando Arcega, testigo del incidente, salió en busca de Bradley en el que, como explícitamente muestra la fotografía (el puño al aire del zaragozano), se “intercambiaron regalos” hasta que ambos fueron sujetados.

 

Trescientas mil pesetas para el estadounidense y cuatro partidos de suspensión fue la ejemplar multa impuesta. Cacaolat, intentando olvidar tan bochornoso capítulo y mirando al futuro, pensó que no podía permitirse el lujo de prescindir de uno de sus extranjeros durante tantos encuentros. Eso y la actitud mostrada por Bradley, facilitaron la decisión de su baja fulminante. Fue el inicio de otra campaña bastante tortuosa en Granollers, que tras muchas vicisitudes, al menos acabó en posiciones que se le presuponían, jugando los cuartos de final.

 

Fernando Arcega anota fácil ante la mirada de Robinson, Brown y Díaz.

 

La apuesta del Cacaolat Granollers

 

Hablábamos de ambiciones y dineros un año antes. A un quinteto “mondo y lirondo” sin apenas rotaciones, con el que tenían que hacer auténticos artificios en sus tres primeros años de ACB, deciden en la temporada 86/87 reforzarlo, hasta convertirse en uno de los agitadores del verano: el más que sonado fichaje de Wayne Robinson, una de las grandes estrellas de la liga, abandonando el Real Madrid envuelto en polémica; el también estadounidense Craig Dykema, contrastado alero procedente del Cajamadrid; el pívot nacional (de los pocos que había) Miquel Pou, el polivalente base Tato Abadía desde Las Palmas y el “armario” nacionaliza de 2,07 Matt White. Una rotación de lujo de 9 hombres (sumándose los ilustres Creus, Fernández, Mendiburu y el joven Heredero) que, bajo la batuta de Chus Codina en su sexta temporada en Granollers, no funcionó.

 

Se pretendía redirigir la brújula. “Yo vi un Creus triste el año pasado” puntualizaba Manel Comas. Se cambia el cromo de Bradley por Dykema y se prescinde de Codina. Llegaba al banquillo un joven de tan sólo 27 años, de la casa, Guillermo Eldracher, criado en La Salle Bonanova como jugador hasta juveniles y posterior ayudante en el banquillo en Granollers. Eldracher, que ya entrenó al Cacaolat un puñado de partidos, debido a la operación en el tendón de Aquiles de Codina, apostaba por armonizar con más velocidad y agresividad. Le gustaba que, tanto Creus, como Fernández y Bradley fuesen buenos tiradores también en transiciones rápidas y ampliaba el rango de finalización en contragolpes. Y en esta primera jornada se vieron sus intenciones. Eso sí, quedaba muy lejos de sus iniciales previsiones. En el partido se vieron muchos ataques precipitados, con Creus intentando marcar un ritmo aún confuso.

Indio Díaz, antes que quedar KO en el suelo, anotó 23 puntos.

 

CAI Zaragoza, a la espera de lo que se avecinaba

 

CAI Zaragoza echaba el cerrojazo a un verano raro. Para empezar, fichó como entrenador al yugoslavo Ranko Zeravica, ex del F.C. Barcelona en la década de los 70, oro olímpico con los balcánicos en Moscú’80, que dedicó su último año a dar clinics y conferencias, puesto que no tenía trabajo. Aceptó la oferta de Zaragoza por encima de otras -como Grecia- porque le entusiasmaba la organización de cantera del CAI.

 

Por aquel entonces, el equipo presidido por José Luis Rubio tenía un -bendito- sanbenito de ser el club que más nos alegraba la vida con la contratación de sus extranjeros. Su ojo clínico y el conocimiento del mercado, nos hacía año tras año a los aficionados, crear un nuevo ídolo en nuestra liga. Que Kevin Magee cambió nuestras vidas, era un hecho. Pero antes de él, ya llegaron Hollis Copeland y Greg Stewart. No era nada fácil colgarse tal cartel. En la ACB, los americanos buenos, buenos, aterrizaban en Zaragoza. En esta ocasión, debieron despedirse de una más que atractiva pareja Eugene McDowell-Claude Riley. Uno emigraba al Barça y otro a Italia. Sus dolidos adioses (sobre todo Riley, que completó tres años a orillas del Ebro), forzaron a buscar concienzudamente en el mercado.

 

De Italia llegó Lemone Lampley, ala-pívot de 2,07 y que mostraba un paso evolutivo más entre la legión extranjera que iba apareciendo. Alto y delgado, rápido, móvil, gran taponador con unas brazos larguísimos, cuya mayor virtud ofensiva era la suspensión a 3-4 metros. Cuando Lampley se levantaba con su salto vertical, sacando el balón desde tan arriba (era su mecánica), había que pensar en jugadores del siglo XXI. La segunda pieza, en cambio, se resistía. Y se tomó una decisión comprometida: hacer un contrato temporal hasta diciembre, a la espera de los últimos descartes NBA. El elegido para tal temporalidad fue Tony Brown, discreto pívot de 2,08 de estatura -oficiales. Realmente no tenía pinta de pasar el 2,03-, con buenos trucos para tiros cortos. Manel Comas, total conocedor de la casa (la abandonó en verano tras dos años entrenando allí), respondía a esta duda con lo siguiente: “Si se sabe lo que se hace, es bueno. Si es por haberse precipitado, por traer una cosa pensando que es otra, es malo. En el caso del CAI, se tentó y lo sé, porque yo estaba en esa casa, a Rickey Brown. El objetivo desde las primeras negociaciones en febrero, era Rickey Brown. Al no darse (fichó por el campeón de Europa, Tracer Milán), se ha seguido buscando”. En el momento del pistoletazo de salida a esta liga, este 26 de septiembre, se sabía que a la semana siguiente llegaría José “Piculín” Ortiz. Primera ronda del draft elegido por Utah Jazz, mención honorífica en Associated Press en las votaciones del All American, que conocedor del potencial de tal franquicia en el puesto de ala-pívot (aunque Karl Malone pasó a ser el “3” titular, contaban con Marc Iavaroni y Thurl Bailey), declinó aterrizar inicialmente en la gran liga. Y sobre todo, porque quería disputar los Juegos Olímpicos de Seúl’88 con su selección de Puerto Rico, no importándole esperar un año, estando al quite José Luis Rubio para traer otro ejemplo más de sus impactantes americanos. En la liga brillaría una nueva estrella.

 

 

Tony Brown, debutante en el CAI que tuvo que decir adiós.

“Hay que estar a la expectativa de lo que Tony Brown puede hacer en este marco” sabiendo que sus horas estaban contadas en la capital maña, apostillaba Manel Comas. Pues sin mucho talento en poste bajo pero sí con trucos en las distancias cortas, sus fintas, saber utilizar pero que muy bien ambas manos, Tony Brown cumplió con creces en este su último encuentro liguero, con 16 puntos en 24 minutos. El partido fue dominado casi enteramente por CAI Zaragoza, tirando juego interior y de sus americanos, con un “Indio” Díaz que estuvo mucho muy inspirado en la segunda mitad (23 puntos), mientras que Cacaolat se batía en la búsqueda de esa nueva identidad, acelerando el tempo de sus posesiones. El único que sí comenzó enchufado y mostrando el repertorio que dominaba, era Wayne Robinson (26 puntos y 11/17 en tiros de campo).

 

            Al descanso se llegó con 38-45. La máxima de 72-86 para los caístas en los últimos minutos fue suficiente, a pesar de la reacción vallesana, demasiado tardía. Al final del encuentro, 83-91. Manel Comas, no sabemos si aprovechando aquel partido, tomó contacto con el presidente del Cacaolat, Antonio Novoa, que albergaba dudas del proyecto. Tras una derrota en la cuarta jornada en casa ante el Caja de Ronda (87-88), en la única victoria malagueña en toda la liga regular, se tomó la determinación de finalizar abruptamente el periplo de Eldracher como entrenador. Y quien pretendía tomarse un año sabático, alejado de los banquillos, el propio Comas, se hizo cargo del Cacaolat. 

 

            CAI Zaragoza, abonado en tres de las últimas cuatro campañas, a las semifinales, volvió a repetir. “Piculín” Ortiz, con sus irregularidades, fue ídolo maño hasta su marcha a la NBA y Tony Brown, encontró rápido acomodo en Francia. Curiosamente, junto al mencionado Bradley y Alvin Scott del IFA Espanyol, fueron tres extranjeros de paso muy efímero. Tan efímero como una jornada. Jornada esta primera, que se recordará siempre por ser el pistoletazo de salida… a base de mamporros.