MOMENTOS ÉPICOS: Cumbre FIBA-NBA: OPEN McDONALD’S (2ª parte)

MOMENTOS ÉPICOS: Cumbre FIBA-NBA: OPEN McDONALD’S (2ª parte)
Milwaukee Bucks 127-100 Unión Soviética (25.10.87)

Antonio Rodríguez

Milwaukee Bucks 127-100 Unión Soviética (25.10.87)

Entre los soviéticos había mucha cautela y entre los estadounidenses, muchas ganas de reivindicarse. El 123-111 con el que acabó el envite ante Tracer Milán, creó ciertas dudas sobre hasta qué punto podían plantar cara la URSS si acababa de apalizar a los italianos por 135-108. Por eso tenían toda la cautela. Viendo a los más de once mil espectadores que abarrotaron el pabellón The Mecca, que incluso increparon alguna decisión arbitral, pues era el día para ejecutar el recado de David Stern.

 

Paul Pressey machaca ante la mirada de Tarakanov.
Paul Pressey machaca ante la mirada de Tarakanov.

Todos estaban asombrados de la facilidad con la que jugaban los soviéticos con un 15-14 en el electrónico en los primeros minutos. La joya que todos querían ver, Sarunas Marchulenis, anotaba con mucha facilidad entrado a canasta, aunque fallasen tiros. Aseguraban su rebote defensivo y hacían su juego. Sin embargo, con ese marcador acabó cualquier arrebato de igualdad. Los Sokk, Marchulenis, Tikhonenko, Volkov y Pankrashkin comenzaron a perderse en un mar de errores y transiciones rápidas de los rivales que tenían que correr y que veían materializar una y otra vez. Era la misma sensación que enfrentarse a potentes equipos estadounidenses, donde de los 10 a los 20 de diferencia se llegaba con un chasquido. Y de los 20 a los 30, con un simple suspiro. Y este no era uno potente equipo estadounidense de los que solía enfrentarse la URSS: este era un equipo NBA.

Randy Breuer (2.21) y Jack Sikma (2.11) intimidaron muchísimo como para poder jugar con comodidad en la zona. Y el 3/25 en triples de los europeos, hipotecó cualquier reacción. Paul Pressey, un base con unas condiciones físicas típicas americanas, corría la pista y no había quien le parase. Terry Cummings, a pesar de su estatura y su peso, hacía lo propio por una de las bandas con una facilidad enorme, como la anotación delante de rivales que le tenían bien defendido.

 

Jerry Reynolds dejó pruebas sobradas de su capacidad física.
Jerry Reynolds dejó pruebas sobradas de su capacidad física.

Fue un chaparrón del que difícilmente supieron salir, en mitad de un coliseo romano, donde –deportivamente hablando- saldrían descuartizados. Porque no hay otra manera de explicar el 101-54 cuando restaba algún minuto para la finalización del tercer cuarto. Ni la zona de Gomelski 2-3 para asegurar el rebote, ni alguna doble marca. La circulación de balón en los hombres de Dell Harris era rápida, precisa y muy espectacular. Ya el descanso marcó un 63-36 que tenía pinta que el huracán Bucks, no pararía ahí.

Se fueron a un 81-41 a poco de iniciarse el tercer cuarto, con la enorme capacidad atlética de Jerry Reynolds puesta sobre el tapete. A partir del último cuarto, todos se relajaron, Gomelski, que no tenía intención de irse con esa paliza a su país, volvió a poner a sus titulares en pista, mientras que los “buscavidas” de Milwaukee, los que quieren un contrato garantizado para la temporada, eran los que ponían la intensidad, hasta el definitivo 127-100.

La sensación que pudieron ser 40, 50 ó 60 puntos la diferencia final. Los que quisieran. Vale que ni Tkachenko, ni Sabonis ni Belostenny estaban operativos en el encuentro. Pero eso que tanto se admiraba del basket USA se puso sobre la mesa como herramientas incontestables para vencer. 

John Stroeder, de los
John Stroeder, de los "buscavidas" con buena actuación.

El McDonald’s fue un éxito. Pero más lo sería en siguientes ediciones a disputar en Europa. Y bien que marcó un paso para la actual presencia del baloncesto globalizado de hoy día.