MOMENTOS ÉPICOS: LA MALDICIÓN BILBAÍNA DEL REAL MADRID (III)

MOMENTOS ÉPICOS: LA MALDICIÓN BILBAÍNA DEL REAL MADRID (III)
Temporada 86/87 J.17: Real Madrid 79-81 Cajabilbao (03.01.87)

Antonio Rodríguez

Temporada 86/87 J.17: Real Madrid 79-81 Cajabilbao (03.01.87)

“Y la liga sigue. Con los ecos de la Copa del Rey todavía resonando, la liga ha retomado su pulso y la segunda fase del campeonato ha comenzado prácticamente como acabó la primera, con la calidad, emoción y tensión de un espectáculo en alza, multiplicado ahora por lo decisivo de cada resultado, especialmente en esa A-2 que tan extraordinariamente combina el drama y el espectáculo”.

Esta era la editorial de la publicación “Nuevo Basket” tras la Copa del Rey. Y les aseguramos que sus plumas, tan críticas como esperanzadoras por crear un “nuevo basket” en nuestro país, que poco a poco iba cuajando, no regalaban el oído a nadie. Pero era cierto. La Copa del Rey había supuesto un impacto tremendo. La final entre el Barcelona y Joventut la consagró uno de los mayores espectáculos que habíamos presenciado en los últimos años (el resultado de tal final, 110-102 lo dice todo). Se daban tales fetiches y por supuesto, ese nuevo concepto de sorpresa con la eliminación del Real Madrid a manos de Cajabilbao.

Joe Kopicki superando con facilidad a Larry Spriggs.
Joe Kopicki superando con facilidad a Larry Spriggs.

Las navidades se echaban encima y todo parecía volver a la normalidad. Solamente un conflicto entre la ACB con la FEB por el número de descensos (mientras los primeros tenían firmado 2 descensos a 1ª B -hoy LEB-, la Federación en representación de los equipos de la emergente segunda categoría, pretendían 3 ascensos). Y a regañadientes llegaron a un acuerdo, aunque esa efervescencia de la remozada 1ª B con dos americanos por equipo, mayor espectáculo y salpicando de equipos toda la geografía española, tuvo pronto su repercusión: dos temporadas después, la ACB acogió a 8 nuevos equipos para completar un total de 24.

Joe Kopicki estaba contento en Bilbao. Era un estadounidense convencido de sus orígenes, sus raíces, pero abierto a conocer su nuevo entorno. Y le gustaba. “Soy feliz y eso es lo importante”, siendo el segundo país que conocía tras su experiencia en la Benetton Treviso. “Lo de Italia fue provisional. Fui a sustituir a Audie Norris y sabía que era para dos meses. En cuanto volví a USA, me llamaron para venir a Cajabilbao. Sabía dónde estaba España, pero no había oído hablar de Bilbao. Ya el año pasado empecé a conocer esta tierra, sus costumbres, restaurantes. Me gusta probar para luego elegir. Este año, voy mucho con mi esposa Jennifer a ver los alrededores, Santander, San Sebastián, a veces nos acercamos a Francia… Me he integrado con los compañeros bastante bien. De hecho, Carlos Herreras es uno de mis mejores amigos, aunque me llevo bien con todos. Con Darrell Lockhart nos hemos entendido bien. Formamos una buena pareja y sí, por supuesto que si fuese un directivo, lo renovaría”. Aunque es cierto que había ciertas costumbres españolas… “Con Detroit -su ciudad de origen- no hay grandes diferencias. Pero en Estados Unidos todo el mundo sale solamente los viernes y sábados, mientras que aquí cualquier día de la semana, le da a la gente las tres o las cuatro de la mañana tomando copas. Lo sé porque debajo de mi casa hay muchos pubs y ruido hasta tarde”. 

Darrell Lockhart provocó el terror en la Ciudad Deportiva blanca.
Darrell Lockhart provocó el terror en la Ciudad Deportiva blanca.

Cajabilbao regresó a la competición, a La Casilla, en un ambiente más bien frío -quizás por los días festivos- y comenzó la segunda fase perdiendo con Estudiantes (82-89). Y ello dio paso al choque la siguiente jornada, resuelto con uno de los errores arbitrales más hilarantes de la temporada, en contra de los vascos. En el Juan Ríos Tejera de La Laguna, enfrentándose al Cajacanarias y con menos de un minuto con 76-78, Cajabilbao se “comió” el balón agotando los 30 segundos de posesión sin tirar a canasta. Lo alucinante es que dejaron el balón muerto para que presto y rápido lo recogiera Carmelo Cabrera y sin ni tan siquiera salir de la pista para sacar de banda (recordemos que por aquel entonces, si el balón estaba en campo propio, no era necesario que el árbitro lo tocase para iniciar la jugada), salió corriendo con él botando y anotar una canasta, mientras que los jugadores bilbaínos miraban atónitos. Más atónitos se quedaron cuando los colegiados se dirigieron a la mesa y tras varios segundos de consultas y deliberaciones… ¡decretaron que la canasta era válida! La falta de concentración lógica de los visitantes productos de las vehementes protestas, les enturbió en los segundos restantes -Carlos Herreras falló el primer tiro libre de un decisivo 1+1 posterior-, perdiendo finalmente por 80-79 en la algarabía de un pabellón que sometía a mucha presión a los rivales. Volverían a casa con el cabreo -grande- pertinente, para desplazarse en la próxima plaza, también a domicilio. El Real Madrid esperaba. 

Brad Branson, con 25 puntos, el único destacado del Real Madrid.
Brad Branson, con 25 puntos, el único destacado del Real Madrid.

La convulsa “Casa blanca”

La mejor noticia en el Real Madrid -que lo fue de toda la temporada- se había producido un mes antes: Drazen Petrovic había firmado por el club blanco. Es cierto que estos días de navidades, precisamente con la visita del as yugoslavo con su selección al Torneo de Navidad, se intentó negociar el adelantar su llegada, prevista tras la finalización de los Juegos de Seúl’88. La idea era incorporarlo ya la siguiente temporada, la 87/88. Las autoridades balcánicas dijeron que “nones”, que bastante habían permitido de manera especial que el genio de Sibenik, su mayor joya, emigrara con 24 años (las leyes gubernamentales decían que un deportista de aquel país, hasta los 28 años, no podía hacerlo), como para seguir cediendo.

Otra buena noticia fue el fichaje a mitad de temporada, del alero Josep Cargol. Pretendido por el club de la capital desde el verano, el alero de 2.04 del Santa Coloma de Gramenet prefirió quedarse en el club que le formó.  “No quise venir al Real Madrid porque lo que quería era seguir aprendiendo y coger experiencia en la pista. La situación en Santa Coloma no era muy esperanzadora en las últimas semanas y mi fichaje fue en realidad, una iniciativa de ambos clubes”. Del ‘no’ veraniego se pasó al ‘sí’ navideño. Vistas las lesiones y enfermedades de sus nuevos compañeros, puestas en evidencia en la Copa el Rey, la incorporación de Cargol era de inminente obligación. Y ultimando detalles, el alero catalán vistió los colores blancos en cuestión de días, durante el Torneo de Navidad.

Y es que había que buscar soluciones a una etapa convulsa en el cuadro blanco. Su trayectoria se había complicado en diciembre. Tras la derrota en Kaunas ante Zalgiris, para abrir la fase final de la Copa de Europa, llegó la inesperada en su Palacio de los Deportes madrileño ante el Orthez, uno de los clubes más flojos a priori (con los 9 triples de su base Frederic Hufnagel, que les crucificaron), dejando a las claras con la ausencia de Romay -baja por lesión- que en ese momento, el pívot gallego era medio equipo. Entre medias, una derrota en casa ante Estudiantes, que pudiendo haber sido anecdótica si hubiese sido aislada, hizo sonar alarmas, culminando en crisis galopante con la derrota en cuartos de final de Copa del Rey ante un recién ascendido.

Mariano Jaquotot, secretario de la sección hasta ese momento, pasa a ser vicepresidente del club. Y Ramón Mendoza piensa en Pedro Ferrándiz para dirigir la sección de baloncesto. “No me parece mal la designación, pero me hubiese gustado enterarme por otra fuente que no fuese la prensa”. A estas alturas, Lolo Sainz debía ser uno de los personajes del baloncesto español que más declaraciones y entrevistas se le reclamaban, como entrenador y parte responsable como sufridora de toda esta tormenta: “No estamos ofreciendo un buen tono, pero el asunto se ha desmadrado. Más que una crisis de un equipo de baloncesto, parece una crisis de un gobierno. Se han dicho verdades, pero también muchas tonterías en torno al Real Madrid”. Falta de confianza de sus jugadores y exceso de responsabilidad, eran los males que más achacaba el técnico de Tetuán. Ni López Iturriaga, ni Del Corral, ni Corbalán con sus intermitentes lesiones, daban regularidad. Pero sobre todo, los ojos más críticos se posaron en la figura de Larry Spriggs, el americano más caro de la historia de nuestra liga (200.000 dólares). “Quería un alero fuerte que pudiera ayudarnos bajo tableros.” confirma Sainz “Sabía lo que fichaba. El problema es que no ha tenido el cariño que necesitaba dentro de la cancha. Es un tipo divertido, pero cuando hay problemas es muy introvertido, no tiene confianza y no hemos sabido explotarlo. Él ha venido en calidad de estrella y le pesa la responsabilidad. Sabe que no está cumpliendo, según él, ni al diez por ciento de lo que puede hacer. Ni tenemos intención de sustituirle ni nos lo hemos planteado. Yo le voy a ayudar, como todo el equipo, porque es una persona encantadora y necesitamos de su concurso”. 

Positiva aportación del joven José Manuel Cabezudo.
Positiva aportación del joven José Manuel Cabezudo.

Para intentar olvidar la debacle tinerfeña, se reinició la competición venciendo al Cajacanarias (122-106) en un partido donde, unos buscando buenas sensaciones y otros más pendientes del lucimiento personal (los americanos Eddie Phillips y Mike Harper) que del bien colectivo, dieron días de tregua en el seno del Real Madrid, hasta que visitaron Granollers a la jornada siguiente, donde Wayne Robinson, fichado por Cacaolat y con cierto tufillo a venganza, les anotó una suspensión sobre la bocina para ganarles el duelo (88-86).

 

La maldición bilbaína persiste…y aumenta

Se les miraba con cierta ojeriza desde las gradas a estos del Cajabilbao, los causantes -ajenos- de esta crisis blanca. La Copa del Rey es un escaparate muy atractivo y provocaron el naufragio cuando nadie lo esperaba. El caso es que inmersos aún en días navideños (3 de enero), en la Ciudad Deportiva ese sábado por la noche se pretendía que la fiesta continuase, aunque José Antonio Figueroa, entrenador del club bilbaíno, avisaba: “Sabemos que es difícil, pero venimos a ganar al Real Madrid. Lo hicimos en Tenerife y esta noche lo podemos repetir en el pabellón”.

Corbalán, López Iturriaga, Biriukov, Branson y Romay era el quinteto blanco. Lafuente, Davalillo, Llano, Lockhart y Kopicki, el vasco. Y desde los primeros minutos, el Real Madrid volvió a mostrar la inseguridad típica del último mes, pesada como una losa. La pareja estadounidense de pívots del Cajabilbao arrastraba las dudas entre los madridistas, que no sabían cómo manejarles. Sí es verdad que Kopicki estaba desacertado en sus lanzamientos exteriores (17 puntos, 1/2 en triples y fallando las 6 suspensiones que intentó), pero el martillo pilón, Darrell Lockhart, era un enigma imposible de solucionar. El tipo lograba sus aciertos lejos del aro -no de tres puntos, que ni lo intentó-, pero sí a media distancia. Ni Branson, ni Romay ni Spriggs en ayudas, acertaban a frenarle. De sus 24 tiros, solamente 10 fueron en las cercanías del aro. Daba igual la individual que la zona. ‘Chinche’ Lafuente, que volvió a estar inmenso como en la Copa del Rey, hacía circular el balón hasta que el estadounidense quedase con cierto espacio para anotar la suspensión. Una tras otra tras otra. A eso, añadan que Chus Llano y José Manuel Cabezudo realizaron un enorme trabajo en el rebote ofensivo. En ataque, Brad Branson (25 puntos, 11/16 en tiros de campo) mostraba todo el acierto que sus compañeros, con mucha voluntad, no lograban, en especial Spriggs (9 puntos en su peor actuación liguera, aquejado de un proceso gripal, con 3/10 en tiros de campo). Al descanso se llegó con 41-43 forastero.

Chus Llano tras la captura de un rebote ofensivo, ante Biriukov.
Chus Llano tras la captura de un rebote ofensivo, ante Biriukov.

En la reanudación, las noticias para el Real Madrid fueron aún peores. A los 5 minutos de esta 2ª mitad, Fernando Romay cometía su 5ª falta personal, lo que facilitó la vida en la zona del Cajabilbao aún más. Aunque partido de escasa calidad ofensiva, el hecho que los vascos se fuesen poco a poco en el marcador (54-61 en el minuto 31), daban pie a crear una atmósfera de dramatismo en las gradas. El Real Madrid jugaba a rachas (porque con 1/17 en triples, era imposible mantener una constancia), donde los desdibujados Biriukov e Iturriaga encontraban algún momento de inspiración y de poder correr, para volver a coger la delantera. Y ahí fue cuando apareció Joe Kopicki.

Tras saltar a la pista nuevamente por mantenerse en el banquillo durante la 2ª parte con problemas de faltas (notablemente suplido por el joven Román Carbajo), el bueno de Joe logró las canastas que tenía que anotar, el triple importante y forzar las faltas que hacían daño (la 5ª de Larry Spriggs, por ejemplo, a falta de 5 minutos), como para igualar la contienda a poco más de un minuto (77-77) y lograr con el 79-81, tintes de tragedia en la parroquia a falta de 30 segundos. Y ahí fue donde todos los miedos y fantasmas del Real Madrid florecieron. El joven base Quique Ruiz Paz subía el balón casi temeroso de lo que fuese a suceder, ante la defensa zonal con la que esperaba Cajabilbao. Los blancos se dedicaron a mover el balón por el exterior y hubo tal miedo a lanzar, que quien tomó la decisión de hacerlo fue precisamente Ruiz Paz con un triple, que falló. El rebote fue largo, con una nueva oportunidad para los blancos, que Iturriaga en posición mucho más forzada, erró como última posibilidad desesperada, para que Joe Kopicki capturara el rebote defensivo, lo retuviera en su regazo y mostrara tímidamente el puño cuando oyó la bocina final.

En la Ciudad Deportiva se oyeron improperios, así como lluvia de almohadillas al parquet (algo que antes sí habían, vistiendo los incómodos asientos de la Ciudad Deportiva), de una afición que estaba muy disgustada con su equipo. “Estoy preocupado, aunque mantengo la calma” intentaba explicar Lolo Sainz en rueda de prensa. “Cajabilbao ha jugado de manera muy inteligente. Nosotros estamos atravesando una mala racha, que ha afectado decisivamente a mis jugadores. Están sin confianza en sus posibilidades, sin moral. A lo mejor lo que necesitamos son unas vacaciones. Porque llegan los partidos y lo que hacemos muy bien entrenando, con los nervios que afloran en partido cuando las cosas se ponen cuesta arriba, no sale”. 

Romay y Branson por un rebote. Tras ellos, no había recambios.
Romay y Branson por un rebote. Tras ellos, no había recambios.

La plantilla bilbaína volvía a ser una fiesta. En poco más de 15 días, habían derrotado en 2 ocasiones al Real Madrid, algo inédito en un recién ascendido. Un orgullosísimo José Antonio Figueroa ensalzaba a su plantel: “Cajabilbao se distingue porque no hay unos titulares claros, al margen de los americanos. Se lesionó Davalillo, salió Herreras y no pasó nada. Lafuente jugó los 40 minutos y no pasó nada. Incluso Kopicki estuvo en el banco muchos minutos y Carbajo lo suplió acertadamente”.

Algo se estaba haciendo bien en la vieja La Casilla durante el silencio de los días de diario, para que se diesen estos resultados cuando los jugadores se uniformaban los fines de semana en día de partido. Su baloncesto, totalmente ajenos a las plazas de descenso jugando en esta A-1, con los grandes, era para disfrutar. Ellos con los rivales y la afición por lo que exhibían. Y esa era la mejor receta para seguir ganando, para volver a recuperar la grandeza de la plaza de Bilbao en el mundo del baloncesto. 

CAPÍTULO 1

CAPÍTULO 2

CAPÍTULO 4