MOMENTOS ÉPICOS: LA MALDICIÓN BILBAÍNA DEL REAL MADRID (II)

MOMENTOS ÉPICOS: LA MALDICIÓN BILBAÍNA DEL REAL MADRID (II)
1/4 de final Copa del Rey 86/87: Real Madrid 84-89 Cajabilbao (13.12.86)

Antonio Rodríguez

1/4 de final Copa del Rey 86/87: Real Madrid 84-89 Cajabilbao (13.12.86)

Los “¡fuera, fuera!” se entremezclaban en las gradas del pabellón Pisuerga con los “¡Pesquera, Pesquera!” Entre ese oleaje de sentimientos encontrados de aficionados, Cajabilbao se jugaba frente al Fórum Filatélico de Valladolid el todo o nada para acceder a una de las ocho primeras plazas de la liga. O lo que es lo mismo, daban paso a no pensar en permanencia en lo que restaba de temporada, ambición máxima y sueño de la entidad. Además, como premio, el regalo de la Copa del Rey. Nada menos.

Darrell Lockhart, esencial en la eliminación del Real Madrid en la Copa
Darrell Lockhart, esencial en la eliminación del Real Madrid en la Copa

José Antonio Figueroa, a punto de conseguir la proeza, paseaba muy nervioso por la banda. Su pareja de americanos, Darrell Lockhart y Joe Kopicki, base y sustento de toda la travesía de 13 jornadas previas, estaban erráticos aquella tarde (13/26 en tiros de campo, 20 y 14 puntos respectivamente, claramente insuficiente para ellos) y debía ser la línea exterior entre ‘Chinche’ Lafuente, Davalillo y el joven Cabezudo quienes hacían asomar la cabeza para seguir respirando.

El ambiente se caldeaba más según iba llegando el final. El destituido Eddie Lee Wilkins por los pucelanos, permanecía atento en la grada viendo el partido, a la espera de un pacto por la rescisión de su contrato y eso parecía provocar una sombra en todo el recinto. La misma que produjo con sus declaraciones días antes, poniendo a Mario Pesquera en el ojo del huracán: “No se puede jugar con un entrenador que se pasa los 40 minutos gritando desde la banda”. Su sustituto, Wendell Alexis, no estaba mostrando nada nuevo. Y ante ese desconcierto, la grada protestaba. Todo ello se olvidó cuando se pusieron por delante (73-72). Figueroa y los suyos lo tenían tan, tan cerca, que ante ese arrebato de los castellanos, se resistían a morir en la orilla.

Por parte del técnico bilbaíno, sería volver a repetir la gesta del Breogán dos temporadas atrás. Nadie nada un duro por los lucenses que no fuese luchar por las plazas de descenso...y entraron en la A-1, entre los ocho mejores en el ecuador de la competición. Con Cajabilbao, le faltaba un último empujón. La calma con la que afrontaron esos últimos minutos, cristalizó en un 78-80 en los últimos segundos, cuando a un error local en el tiro, Alexis cometió falta sobre Lockhart para detener el crono, con tanta vehemencia que le señalizaron falta intencionada (semejante a la antideportiva actual, en cuanto al castigo se refiere). Ahí ambos sentenciaron su suerte, porque Lockhart anotó los dos tiros libres y en la nueva posesión vasca, José Manuel Cabezudo anotó dos puntos más para dejar el definitivo 78-84. Cajabilbao ya no descendería de categoría y era en cambio, equipo de Copa del Rey. El éxito se había consumado. “Estoy muy orgulloso de mis jugadores, porque ellos han luchado. Ya he visto la tensión en las gradas. El público está nervioso por los resultados del equipo”. Las 7 victorias y 7 derrotas de los visitantes contrastaban con los pírricos 3 triunfos y 11 derrotas de los vallisoletanos. 

Joe Kopicki acompañó al Lockhart en dominar el encuentro.
Joe Kopicki acompañó al Lockhart en dominar el encuentro.

En esa misma jornada, el Real Madrid no se andaba con contemplaciones en su visita a Vitoria ante el Caja de Álava, al que venció por 69-94, logrando así la primera plaza del grupo impar, con un récord de 12-2 en la primera fase de la liga. Al menos en resultados, los blancos parecían ser los de siempre.

                Santa Cruz de Tenerife, con una expectación inusitada, esperaba. La primera Copa del Rey con 8 equipos, con el formato de cuartos de final como el actual, daba como emparejamientos más calientes, el CAI Zaragoza-Estudiantes y el anfitrión Cajacanarias (que se había ganado su billete por mérito propio, no en calidad de anfitrión)  frente al Ron Negrita Joventut. La ‘comparsa’ la protagonizarían los choques F.C. Barcelona-Cacaolat y el Real Madrid-Cajabilbao. O eso se pensaba.

 

El por qué del éxito bilbaíno

                Varios fueron los motivos por los que Cajabilbao se aupó al tren de la A-1 (segunda fase de la liga, en la que se englobaba a los ocho mejores de la competición), ganando a equipos asentados como Estudiantes, en plazas tan complicadas como Huesca o compitiendo en ambos enfrentamientos al Joventut, como para mantenerse igualados hasta el final. José Antonio Figueroa había trasladado un baloncesto a sus jugadores, que se habían aplicado completamente:

- Los dos bases madrileños, Toñín Llorente y ‘Chinche’ Lafuente, habían aplicado el ritmo rápido que su entrenador demandaba. Si lo de Toñín y sus transiciones a toda velocidad eran una constante, con ‘Chinche’ Lafuente, más asentado en la titularidad y grata sorpresa hasta ese momento, no solamente el tempo era más rápido de lo habitual, sino que sabían y asumían de la importancia de a quién había que dar el balón. La falta de egoísmos por parte de ambos, significó mucho para el resto de compañeros.

- J.J. Davalillo (permítanme que le llame con las iniciales frecuentadas en aquella 86/87) era la punta de lanza en los contragolpes. La bala que culminaba el ritmo vertiginoso de Llorente y Lafuente, fue él. El único vasco del plantel era todo decisión y potencia para entrar a canasta.

- El joven José Manuel Cabezudo se asentaba con pasos claros en la ACB. Era uno de los grandes saltos de calidad del quinteto en pista. Estamos hablando de un alero de notables condiciones atléticas. Más centímetros y físico que Herreras y mucha más movilidad que Llano. Desde su posición, era alguien que por condiciones físicas, podía encararse y defender a los aleros de élite nacionales.

- Los pívots. Los americanos Darrell Lockhart y Joe Kopicki, ‘la madre del cordero’ de todo el engranaje. Eran los auténticos bases del equipo, los mejores tiradores de la plantilla y sus -casi- únicos hombres interiores. Lo hacían todo y todo bien. Ellos descansaban en pista cuando a sus compañeros les daba por correr. Eso era cosa de los tres exteriores. Pero cuando tocaba jugar en estático, eran los mariscales de campo. Una delicia verles. Uno desde el poste bajo y otro desde el poste alto. Ambos podían cambiar indistintamente tales posiciones. Un balón interior a cualquiera de ellos sería un riesgo enorme defender en uno contra uno, porque dominaban. Si tenían problemas, el balón se hacía llegar al poste alto, donde abrían otro campo inmenso de posibilidades: jugársela en suspensión o cambiar el balón de lado a algún tirador. Poco se movían ellos, pero el balón volaba de unas manos a otras.

- Si Lockhart&Kopicki eran especiales en aquellos años por algo, era por su -extraño por aquel entonces- rango de tiro. Cuando Kopicki recibía en el exterior tras buena circulación de balón, a los pívots rivales les obligaban a salir. Joe era un maestro de la finta, un bote y suspensión. Bastante tenían los adversarios con llegar hasta allí afuera, como para tener que soportar fintas de tiro. Y Lockhart era un excelso tirador de tres puntos (50% en toda la liga regular. ¿Qué quieren que les diga?). Ante su aspecto de gordito y movilidad escasa, su muñeca era especial y le daba credibilidad. Porque de sus manos salía otra de las armas secretas bilbaínas: su triple viniendo de tráiler. Cuando el contragolpe se complicaba, detrás venía Darrell para recibir si fuese el caso y lanzarse un triple cuando su emparejamiento le esperaba bajo el aro. Aniquilaba.

Larry Spriggs estuvo muy desafortunado.
Larry Spriggs estuvo muy desafortunado.

Todos estos aspectos dieron un sello muy particular a Cajabilbao. Según iba transcurriendo la temporada, el entendido aficionado sabía lo que se iba a encontrar. Y claro está que lo que quería era disfrutar con ellos. Cajabilbao era algo especial.

 

“Y rápidamente, nos vamos al palacio tinerfeño…”

…porque allí, no se daba crédito a lo que se estaba viendo. El Real Madrid estaba recortando distancias en los últimos minutos del choque de cuartos de final. Pero quien mantenía la delantera en el electrónico, era Cajabilbao.

Una de las lecciones que José Antonio Figueroa aprendió del partido de vuelta de la primera fase de liga regular, es que a puntos, podrían rivalizar con el Real Madrid (120-110 fue el resultado en la Ciudad Deportiva), pero no ganarles. Y en esta ocasión, habría que ser más duros en defensa y no permitir la locura ofensiva en la que se vieron envueltos ambos conjuntos en los 10 últimos minutos de aquel partido, lanzados a tumba abierta en pos de la victoria, metiendo más canastas que el contrario. Las fuerzas pudieran ser parejas, pero a meter puntos, no ganarían.

La capital tinerfeña estaba vestida de gala para la ocasión, esta nueva Copa del Rey que desbordó todas las previsiones en expectación (se vendieron todas las localidades) y con este nuevo formato, fue un rotundo éxito. El calendario era peculiar. En la jornada del sábado se disputarían a lo largo del día todos los enfrentamientos de cuartos de final. El Real Madrid-Cajabilbao era el segundo envite, programado a las 16:15 de la tarde. TVE no tenía intención más que emitir uno de los emparejamientos, el igualado CAI Zaragoza-Estudiantes y dio paso a una breve conexión con el Barcelona-Cacaolat matinal y tocaba algo más tarde de las cinco y media otra con el choque entre madridistas y bilbaínos.

Y allí que se apresuraron, porque el narrador José Manuel Pitti daba con las primeras imágenes (a poco más de un minuto para el final), narraba la sorpresa, que Cajabilbao ganaba por cuatro puntos. Los vascos perdían balones ante los nervios de verse por delante ante la mayor entidad -más psicológica que otra cosa- del rival, pero tampoco los de Lolo Sainz estaban acertados ante el aro en estos instantes finales.

El Real Madrid llegaba a Tenerife con más mermas, por la enfermedad viral (con fiebre incluida) de dos de sus puntales: Juan Antonio Corbalán y Fernando Romay. No es lógico que ambos lograsen un 3/10 en tiros libres conjuntamente o que el base jugase 14 minutos tan sólo, dando paso al joven Quique Ruiz Paz como base titular (que junto a Biriukov, Iturriaga, Branson y Spriggs formaban un quinteto de circunstancias). Figueroa puso en liza para el salto inicial a Lafuente, Davalillo, Llano, Lockhart y Kopicki. Y este fue el quinteto, magistralmente conducidos por el ‘Chinche’ Lafuente, los que destrozaron al Real Madrid en la primera mitad. Davalillo pleno de aciertos (literal. Anotó todos los tiros que le llegaron a sus manos. Ver estadística) y sobre todo, los quebraderos de cabeza tácticos que proporcionaron Lockhart y Kopicki al banquillo madridista, hicieron que los bilbaínos ganasen los primeros parciales y se fueran en el electrónico hasta la máxima ventaja, el asombroso 36-54 con el que se llegó al descanso. 

Darrell Lockhart y Chinche Lafuente, celebrando el éxito ante un joven Román Carbajo.
Darrell Lockhart y Chinche Lafuente, celebrando el éxito ante un joven Román Carbajo.

En los pívots blancos, a falta de Fernandito Romay durante muchos minutos (dueño y señor de la zona blanca durante aquella temporada tras la ausencia de los Martín), la dureza escaseaba en la zona. Por eso, Lockhart martilleó una y otra vez (14/22 en tiros de campo), a base de suspensiones en su gran mayoría. En la segunda mitad, Real Madrid fue recortando diferencias. El pundonor ofensivo de Branson y sobre todo López Iturriaga (17 y 15 puntos respectivamente), iban minando poco a poco los sueños vascos, que bajaron un par de marchas, sobre todo en defensa, puesto que su quinteto titular tuvo que aguantar el mayor número de minutos en pista.

Y en la faena de recortar puntos, entremezclada con muchos nervios, TVE conectó en su programa “Estadio 2” y poder ver la culminación del milagro de Cajabilbao. Con muchos eliminados y 84-86 en el marcador, Corbalán, Iturriaga, Del Corral, Rullán y Romay en pista, se la jugaron todo a una carta con un lanzamiento triple para ganar el encuentro, pues percibían que no aguantarían con una prórroga. Y fue Rullán, tras dos bloqueos, el encargado de ejecutarlo, pero erró el lanzamiento. Aun así, una buena defensa posterior les daba una última bala, que falló Iturriaga en un lanzamiento muy forzado, cometiendo falta en la lucha por el rebote a Kopicki. Ahí se acabaron las esperanzas blancas y todo el recinto, perplejo, era testigo de la victoria del Cajabilbao (89-94). Se consumó la primera sorpresa en esta edición de la Copa del Rey.

Cajabilbao fue eliminado ante el Joventut de Badalona en semifinales (102-91), muy cansados, pero mostró que este atractivo formato de Copa, era un éxito. Ellos solamente dieron un primer paso para enseñar lo que la competición depararía a continuación. El torneo del K.O. y sus atractivos, comenzó con este Real Madrid-Cajabilbao. Y sobre todo, las posibilidades de este club recién ascendido, quedaron expuestas.

La competición continuaría, sí. Para ambos rivales, que se siguieron cruzando. Aquella tarde, hora de siesta, en el Palacio de los Deportes tinerfeño pareció engendrarse un maleficio para el club blanco. La liga continuaba y las jornadas de la segunda fase, esperaban. 

CAPÍTULO 1

CAPÍTULO 3