MOMENTOS ÉPICOS: BADALONA EN EL MAPA DEL BALONCESTO MUNDIAL

MOMENTOS ÉPICOS: BADALONA EN EL MAPA DEL BALONCESTO MUNDIAL
Final Open McDonald’s París’91: Los Angeles Lakers 116-114 Montigalá Joventut (1

Antonio Rodríguez

Final Open McDonald’s París’91: Los Angeles Lakers 116-114 Montigalá Joventut (19.10.91)

Magic Johnson intentaba caminar tranquilo por las calles de la romántica París. Tan idílica le parecía a priori, que tras su reciente matrimonio (14 de Septiembre) con Cookie Kelly, su novia desde sus tiempos universitarios, decidió que sería un buen destino para su luna de miel. Sin mucho tiempo tampoco, digamos que intentó disfrazar este viaje al McDonald’s Open como la oportunidad de disfrutar de una ciudad perfecta. Y resultó complicado por el seguimiento y el reclamo de los fans hacia la estrella angelina. Claro, lo que no suponía es que tal urbe estaba forrada por carteles de tal evento. ¡Que vienen los Lakers! 

Un encuentro para la historia.
Un encuentro para la historia.

Era algo deseado y casi ceremonial. Piensen que la capital francesa fue quien registró los primeros focos de baloncesto en Europa y que nuestro deporte en general estaba de celebración, pues en estas -indeterminadas- fechas de Octubre de 1991, se cumplía el primer centenario de la invención de nuestro bendito y querido baloncesto, desde que el profesor James Naishmith recibió aquel encargo de cómo “aplacar” a los jugadores de fútbol americano con un deporte de recinto interior, cuando las nevadas comenzaban a ser copiosas en Springfield (el de Massachussets). Que los vigentes finalistas de la NBA y un club histórico, el Joventut de Badalona, en los mejores días de su historia, fuesen parte del acto, parecía una celebración idílica.

Jack Haley, el antiguo jugador del IFA Español, tuvo tiempo -sobre una agenda apretadísima de su equipo- de visitar el cementerio Pere Lachaise, donde descansaba uno de sus ídolos, Jim Morrison. Y Magic Johnson, a causa de sus contratos publicitarios, intentaba evitar de la mejor y más diplomática manera posible, todo lo relacionado con el merchandising del torneo, patrocinado por McDonald’s y presentado por Coca Cola (él era la imagen de Kentucky Fried Chicken y Pepsi). Nada fácil. A la sesión de fotos con sponsors del acto, se unía que aficionados le pararon para hacerse una fotografía sobre la fachada de un McDonald’s, para que el autobús del equipo tras recogerles tras un entrenamiento, les llevaran a comer a un…pues eso. Que el pobre Magic intentó esquivar a todos los fotógrafos en situaciones comprometidas de la mejor manera posible. 

Magic Johnson, la gran atracción en París.
Magic Johnson, la gran atracción en París.

Esos problemas eran minucias para los jugadores de la antigua Jugoplastika Split (llamado en aquella temporada Slobodna Dalmacia), que tuvieron que partir desde Split en barco destino a Venecia, casi de manera furtiva y escoltados por cascos azules, como inicio de su travesía hacia París. La guerra en los Balcanes se iba recrudeciendo en su séptimo mes ya, y aunque su ciudad aún no estaba afectada, la situación se complicaba hasta el punto que hubo deserciones en el equipo de última hora, buscando países más tranquilos o como el caso del entrenador, un Ranko Zeravica que se había hecho con el cargo, decidió dimitir directamente. A la marcha ya sabida de Toni Kukoc, los Zoran Savic, Zoran Sretenovic, Razic y Radovic abandonaron la disciplina del club. Los que llegaron a París, fueron un ejército de jóvenes, liderados por Velimir Perasovic y Aramis Naglic, junto dos estadounidenses fichados a última hora, los “españoles” Andre Goode (ex Puleva Granada un año antes) y Tim Dillon (ex Licor 43). En cada uno de los dos partidos disputados, a su conclusión, desplegaban una enorme pancarta sujetada por todos y cada uno de sus componentes, con un “STOP THE WAR IN CROATIA”.

Jordi Villacampa estuvo sensacional: 23 puntos.
Jordi Villacampa estuvo sensacional: 23 puntos.

¿Y la Penya? Pues nuestro representante en el McDonald’s, con la mejor plantilla de siempre, llegaban a París con 3 derrotas en las primeras 5 jornadas. A la inicial en Málaga (80-74), le siguió otra en casa ante el OAR Ferrol en la cuarta jornada (77-89), y contar la reciente ante un intratable Estudiantes (82-79), en el que Juanan Morales se lesionó del hombro, pero no tan grave como para perderse esta cita (que ya Ferrán Martínez era baja). Estaban cargados de ilusión, sabían quiénes eran y lo que podían hacer esta temporada. No sólo revalidar el título liguero, sino intentar llegar a lo más alto en la recién creada Liga Europea (en la que por primera vez en la historia, se inscribieron más de un equipo por país en la máxima competición continental -obviamos, lógicamente, cuando previamente se juntaban campeón de Europa y campeón de liga de un mismo país-) y por supuesto, en este Open McDonald’s.

Tras las semifinales, en las que los Lakers barrieron al representante nacional, el Limoges (132-101), los verdinegros hicieron lo mismo ante los croatas de Split (117-86), llegando ambos a la final. Lo previsto, vamos. Estas fueron las plantillas que se presentaron en la final: 

Y llegamos a este 19 de Octubre histórico. En el que Badalona se presentó al mundo. “Ir al McDonald’s ha sido una oportunidad inmejorable para darte a conocer en todo el mundo” escribía Jordi Villacampa fechas más tarde. “El prestigio es algo que no se debe perder de vista y un torneo como el que vivimos en París, es un escaparate ideal, para el Joventut de Badalona y para mí. Ha sido como una guinda, el pasárselo bien”. El Omnisports de Bercy era el sitio perfecto, uno de los pabellones por aquel entonces -sino el que más- glamouroso de todo el Viejo Continente.

Un Lakers-Joventut para la historia

Bien es cierto que la Jugoplastika dos años antes en Roma, le puso en apuros a los Denver Nuggets y quizás faltó creérselo para derrotarles. Como en 1990 en el Sant Jordi de Barcelona, siempre recuerda amargamente Sergio Scariolo, “quedarse a un triple de ganar a un equipo NBA” con su Scavolini ante los New York Knicks en las semifinales. Pero estos eran los Lakers, los que asombraron al mundo en la década de los 80’s, los del “showtime”, los vigentes finalistas de la NBA. Magic Johnson, Byron Scott, James Worthy, Sam Perkins y Vlade Divac fueron los cinco en el salto inicial por los angelinos. Rafa Jofresa, Jordi Villacampa, Harold Pressley, Corny Thompson y Juan Antonio Morales, por los verdinegros. 

James Worthy nos mostró sus armas en poste bajo.
James Worthy nos mostró sus armas en poste bajo.

Las primeras acciones mostraban que a los jugadores entrenador por Mike Dunleavy, les faltaba mucho para coger el ritmo idóneo. Sin embargo, la magia la mantenían. Verles en directo era otra sensación que enfrentados a un igual de la NBA. Parecía como que cualquier detalle se apreciase más, fuese más terrenal. Y es cuando degustábamos la valía de Magic Johnson y el conocimiento de sus compañeros. Cuando un pívot iba camino de ganar la posición, se producía un “pase interruptus” de Magic instantes antes de completar la acción, que pillaba casi siempre desprevenidos a los rivales. Cuando cortaban, un segundo antes de lo previsto, ¡zas!, latigazo en forma de pase. Ya fuesen Divac, Perkins o Worthy conocían al dedillo tales tretas y sacaban mucho partido ellas. El Joventut aguantaba a base de triples (convirtió sus primeros cinco intentos, estando 50 centímetros más alejados de los habituales 6.25) y sacaban pecho, porque con el primer tiempo muerto iban empate a 24, manteniendo el caudal de puntos estadounidense. Y a la finalización del primer cuarto se llegó con un 32-30 para los Lakers, espoleados los verdinegros por un tapón de Morales a la entrada de Threatt y posterior canasta a la contra de Corny Thompson.

La profesionalidad y la honestidad de “papi” Thompson luchando bajo tableros en clara inferioridad, así como el descaro de Harold Pressley que afrontaba a los rivales de tú a tú, mantenían el termómetro de la Penya, junto a un Jordi Villacampa estelar (23 puntos, máximo anotador del partido), afortunado en el tiro y que tuvo tiempo incluso para un pequeño altercado con Byron Scott. De entre las rotaciones en los Lakers, al veterano Sedale Threatt se le empieza a dar minutos y responsabilidades (quién iba a imaginar que le tocarían muchas más de las pensadas para esa temporada) y el pívot Elden Campbell estaba dos escalones por encima de cualquier jugador europeo a nivel físico: donde ese joven llegaba, nadie ni por asomo lo hacía. Junto a él, los Lakers comenzaron a tomar las primeras distancias, intensificando la defensa, robando balones y sacando Magic Johnson certeros pases de contragolpes. ¡Es que iban medidos! De un lado al otro del campo: 55-39.  

Harold Pressley entrando a canasta ante los interminables brazos de Campbell.
Harold Pressley entrando a canasta ante los interminables brazos de Campbell.

Mike Smith, pudiendo disfrutar de minutos a la espera de su nacionalización -que no se dio en toda la temporada, debiendo acabarla ocupando plaza de extranjero-, volaba ante los Perkins, Campbell y Divac, en pos de rebotes y entradas a canasta, hipermotivado por la ocasión. Y uno de sus rebotes, corrió la pista driblando y se marcó un enorme triple sobre la bocina del descanso, culminando un 7/8 en triples para los verdinegros en ese momento y recortando las diferencias hasta un 69-61 en el marcador.

La hora de la Penya

Cuenten que el tercer cuarto comenzó con un mate en “alley-oop” de Mike Smith para animar el cotarro, el Omnisport de Bercy y de paso a todos los aficionados que estábamos viendo aquello a través de la tele. Que los hermanos Jofresa estaban haciendo un trabajo extraordinario, que Jordi Villacampa tras el pique, anota una suspensión delante de las narices de Scott -que luego le devolvió, casi como una cuestión de honor- y la alegría en el juego verdinegro mostró un sello del reivindicativo baloncesto europeo aquella noche. Decir que era su mejor representante, era todo un piropo y un honor para una ciudad y un equipo que viven para ello.

Magic Johnson, viendo que los derroteros no iban por un presunto guion marcado, se dedica a sacar faltas al poste, a buscar a James Worthy en transiciones rápidas, en buscar la practicidad ante todo. Juanan Morales comete su quinta falta personal a falta de 04:39 para el final del tercer cuarto y Lolo Sáinz apuesta por usar a su triplete estadounidense como interiores, como hizo en el segundo cuarto. Los Lakers se marchan: 98-84 a falta de 50 segundos para la finalización del tercer cuarto (lo hizo con 100-89).

Corny Thompson estuvo inconmesurable.
Corny Thompson estuvo inconmesurable.

El último cuarto fue un homenaje al baloncesto, a todo aquello que llevábamos 100 años celebrando. La oleada de canastas, de transiciones rápidas, de acierto en una exposición perfecta de lo que ambos equipos sabían hacer, era embriagadora. Magic Johnson en un contragolpe, dejó su marca con un pase tras fintar y mirar hacia el otro lado, para la canasta de A.C. Green (tipo que si no parecía extremadamente musculado, era una auténtica roca. Los rivales salían rebotados al choque contra él). El público comenzó a vitorear con un “Ma-gique, Ma-gique” muy afrancesado. Era el 108-97. En el ecuador del último cuarto, 110-101 y la meta de los verdinegros parecía conseguida: no distanciarse de forma exagerada de los Lakers.

Carles Ruf

Sustituyó a Morales a falta de 02:53 para el final del tercer cuarto y jugó hasta el final. En ese espacio de tiempo, casi 15 minutos, anotó 11 puntos, siendo providencial en el último cuarto. Una suspensión, un par de rebotes ofensivos que acabaron en canasta, no hacían más que recortar la diferencia en una especie de sueño en verde y negro: 112-105. Añadan una entrada de Corny Thompson y ya tienen 112-109 y la perplejidad de todos. El delirio llegó cuando Ruf recibió un balón, abierto, teniendo el descaro de dar un paso atrás para convertir la suspensión en triple. Sí, el famoso triple de Carles Ruf. Y es que a falta de 2 minutos, la Penya se ponía 114-112, con opciones a ganar el partido. Impensable, inaudito…maravilloso.

Magic Johnson (todos los titulares estaban en pista por los Lakers), quiso solventar el encuentro con una entrada a canasta (116-112) y a Villacampa se le salió un tiro, con el capricho del balón haciendo una corbata al aro. El rebote fue verdinegro y Ruf provocó una falta personal, anotando los dos tiros libres a falta de 01:07. El resultado era 116-114. Tiempo muerto.

  El éxtasis pudo llegar cuando en el ataque angelino, Corny Thompson puso un tapón a Green, que hacía recibido lo que parecía una asistencia de Magic. Los hombres de Lolo Sáinz, con todo un banquillo saltando de alegría a su alrededor, tenían la posesión para adelantarse o ponerse por delante. Sería injusto culpar a Ruf de un mal tiro. Tan injusto que apenas nadie recuerda que fue él quien en la zona recibió, lanzó y su tiro corto no dio ni al aro. Ese balón suelo lo disputaron Thompson y Worthy, donde parece que tocaron ambos al mismo tiempo, antes de perderse por línea de fondo. Imposible ver quien fue el último (y menos en la realización televisiva). El caso es que los colegiados, el estadounidense Rush y el polaco Zych, concedieron posesión a los Lakers. La mezcla de decepción y sensaciones hicieron que los verdinegros no cometieran falta a ningún rival en la última posesión de 22 segundos que restaba, con lo que así finalizó el encuentro. 

La sonrisa que decía adiós al baloncesto.
La sonrisa que decía adiós al baloncesto.

Ambos equipos se abrazaron, felicitaron e incluso se hicieron una foto para la historia. Aquel Open McDonald’s, el último con ese formato conocido (se pensaba para dos años más tarde, ampliar el número de equipos y convertirlo en una pequeña liguilla), dejaría un sabor que hubo un antes y un después de aquello. Y parecía ser por la exhibición de la Penya. Pero por desgracia, no fue ese el motivo.

Un 7 de Noviembre, un puñado de días después, Earvin Johnson anunciaba que tenía el virus VIH. El mundo del baloncesto, la sociedad al completo, se quedó en estado de shock. Sedale Threatt tomó el mando en la dirección de aquel equipo, que perdió su purpurina. El baloncesto, que cabalgaba en los mejores años de su historia, comenzó a marchitarse un poco. Por ello, los 25 años que se cumplieron recientemente de la celebración de este Open McDonald’s, saben con mayor dulzura aún. Habituados hoy a choques y rivalidades NBA-FIBA, aquello fue un bocado maravilloso.