MOMENTOS ÉPICOS - “LA SORPRESA ARGENTINA”

MOMENTOS ÉPICOS - “LA SORPRESA ARGENTINA”
Mundobasket España’86: Argentina 74-70 Estados Unidos (13.07.86

Antonio Rodríguez

Mundobasket España’86: Argentina 74-70 Estados Unidos (13.07.86)

La retirada de una gran generación. El adiós más sentido de todo un planeta a ese puñado de jugadores que zarandearon a todo un sistema establecido, para convertirse en campeones olímpicos. En los mejores. Los estadounidenses en el banquillo miraban a un lado y otro en las gradas del Carioca 1 en estos recientes Juegos Olímpicos de Río, cuando iban apalizando a los argentinos y las gradas bailaban, cantaban y festejaban. Eran sus fans. Los yankees no podían creerlo. No entendían que era un adiós. Por tanto, por todo. Adiós a los que en Atenas 2004 fueron dioses. Argentina, quién iba a creerlo 10 años antes, en el cajón de arriba del pódium más mitológico de todos. 

El argentino Sebastián Uranga bloquea a Sean Elliott, mientras Esteban Camissassa observa.
El argentino Sebastián Uranga bloquea a Sean Elliott, mientras Esteban Camissassa observa.

Adiós a Ginobili, a Nocioni, de la misma forma que se dijo adiós en su momento a Oberto, a Montecchia, a Pepe Sánchez, a Wolkowyski. Adiós a una generación, a una etapa maravillosa en la historia del baloncesto. En Endesa Basket Lover recuperaremos su momento más alto: la victoria en semifinales de los JJOO Atenas ante Estados Unidos. Sin embargo, antes vamos a rescatar una hazaña que pasó más inadvertida, que cumplió este pasado Julio 30 años. De los ‘padres’ de estos Oberto, Scola y Ginobili, la primera generación de la recién creada liga nacional, llegaron los “PichiCampana, Marcelo Milanesio, Maggi y Uranga, jóvenes, con todas las ganas por relanzar el básquetbol en su país. Y dando pequeños pasos en el concierto internacional, lograron ser los únicos que derrotaron en el Mundobasket España’86 a los campeones: a Estados Unidos. “Lo que sí te puedo asegurar es que ahora mismo, no nos hemos dado cuenta de lo que significará esta victoria para el baloncesto de mi país. La cantidad de jóvenes que ya estaban aficionándose a este deporte y que ese partido fue el empujón definitivo. No es nada de que seamos los mejores, sino algo más importante: no estamos tan lejos”. Palabra de su capitán, Carlos Romano durante ese maravilloso julio de 1986. Este será nuestro primer escenario de los dos albicelestes en “Momentos épicos”.

 

Objetivo cumplido: pasar a la segunda fase

Bajo el cobijo del Teide llegaron los argentinos al Mundial español. El primero de un nuevo sistema de competición que albergaba a 24 selecciones, englobados en 4 grupos, en el que los tres primeros pasarían a la siguiente fase de cuartos. Y contando que las débiles Malasia y Nueva Zelanda -que en aquel tiempo lo era-, no pondrían mucha oposición en el grupo tinerfeño, parecía que todo se lo jugarían ante Holanda, liderada por el gigante de 2.21 Rik Smits, y buscar el asalto a Yugoslavia -improbable- o Canadá -difícil, pero no imposible-.

El problema para Argentina era que se lo jugaban todo ante Holanda, el primer día, en su debut. Y las pasaron canutas, pues se chocaron constantemente con el muro que suponía el futuro NBA All Star Rik Smits: 22 puntos, 18 rebotes y 3 tapones (en 29 minutos) que pudieron decantar el enfrentamiento para los europeos. Su eliminación hizo ver el cielo abierto a los argentinos, que lograron ponerse por primera vez por delante en el minuto 39. Un 82-75 final, con Diego Maggi (15 puntos) y Sebastián Uranga (14 puntos) mostrando el sello de coraje de un combinado que, sin mucha altura, tuvo fe en sus posibilidades. 

Panorámica exterior del escenario en aquellos días, el polideportivo de Oviedo.
Panorámica exterior del escenario en aquellos días, el polideportivo de Oviedo.

Ni con Canadá (82-96) ni con los yugoslavos (68-87) tuvieron opciones de victoria. Y sí derrotaron a Malasia (93-73), donde una de las sensaciones del grupo, el malayo de 1.85 Tam Kim Chin les endosó 8/8 en triples (piensen que por aquel entonces, eran bastantes los equipos que no acababan con 8 triples intentados un partido). Y para finalizar, sin dar una buena imagen, superaron a Nueva Zelanda (89-64).

La línea exterior, Miguel Cortijo, Carlos Romano y sobre todo Esteban Camissassa, eran quienes llevaban la voz cantante en tareas ofensivas (de hecho, Miguel Cortijo acabó como el mayor asistente del Mundobasket, con un promedio de 4.9 por encuentro, Romano como uno de los mejores triplistas y Camissassa, el 10º máximo anotador del torneo, con 15.6 puntos). Con la meta lograda, estar entre los 12 mejores, el conjunto dirigido por el portorriqueño Flor Meléndez, viajaba a Oviedo.

 

La gran machada

Allí, Oviedo les recibió con días lluviosos, acoplamiento en los hoteles, quejas -tímidas- de los chinos porque siempre jugarían el último encuentro del día a las 10 de la noche y goteras en el pabellón. Pero tales goteras serían como una fría y lenta tortura para los estadounidenses en su debut, que venían muy crecidos tras su gran victoria sobre Italia (86-64) en la fase previa. El susto que se llevaron el día anterior ante Puerto Rico (73-72), hizo que este joven grupo saliera mucho más mentalizado ante uno de los mayores poderes europeos, no dando a los azzurri muestra de poder competir en ningún momento. Exhibición durante los 40 minutos de un combinado que creaba dudas, como despedida a la sede de Málaga, fue el mejor colofón. Un joven equipo USA dirigido muy bien por Lute Olson, contaba con un quinteto base de Tommy Amaker, Kenny Smith, Derrick McKey, Charles Smith y David Robinson. Recuerden que las selecciones estadounidenses que participaban en Mundiales en aquel tiempo, estaban formadas por chavales universitarios que, y a diferencia de los Juegos Olímpicos, no hubieran sido seleccionados en el draft NBA ni que hubiesen cursado su último año en college. Universitarios fueron en 1986, Brad Daugherty, Chuck Person, Roy Tarpley, Ron Harper, Johnny Dawkins, Walter Berry o Scott Skiles. Ninguno de ellos pudo ser seleccionado para este Mundobasket. Aun así, su excepcional materia prima les hizo traer una plantilla que mostró ser de lo más solvente, donde 11 de los 12 protagonistas hicieron buenas carreras en la NBA. 

Uno de los héroes, Sergio Aispurúa, intenta taponar a Dalipagic en el enfrentamiento ante Yugoslavia en la fase previa.
Uno de los héroes, Sergio Aispurúa, intenta taponar a Dalipagic en el enfrentamiento ante Yugoslavia en la fase previa.

Y el primer partido, el del pistoletazo de salida en la sede de Oviedo, fue este Estados Unidos-Argentina. Por los sudamericanos, el quinteto también habitual: Romano, Cortijo, Camissassa, Montenegro y Maggi. Los estadounidenses tampoco cambiaron, con el cinco descrito anteriormente. “Habíamos llegado muy bien al torneo” recuerda Sergio Aispurúa.  “Ganamos un cuadrangular en Verona y perdimos solamente por 8 puntos con los Estados Unidos en Lyon, unos días antes del Mundial. Por eso, sabíamos que no eran invencibles”. Las plantillas, eran estas: 

Y el encuentro se tiñó como sorprendente desde el primer momento.  Los argentinos jugaron con un espíritu que simplemente, no tenían los norteamericanos. Con dos pívots como Maggi (2.03) y “Caballo loco” Montenegro (2.04), aseguraban el rebote defensivo en una lucha constante sin desconcentración ni desfallecimiento alguno. Y con él, intentaron correr, porque sapiencia en las manos de Romano y Cortijo para dar el pase oportuno, había.

Desde los primeros instantes se vio que no era el día del equipo USA. Con pocos espacios para surtir de balones a sus pívots, Robinson y Smith, movían y movían el balón sin beneficio alguno (40% en tiros de campo. Promediaron 52% en la 1ª fase de Málaga). Y cuando lo conseguían, forzaron faltas, sí. Pero naufragaron desde la línea del 4.70: 14/30, un 46.7%. Al descanso se llegó ya con la sorpresa argentina, que llevaba la delantera en el marcador (37-34).

Y lo que debía ser el resurgimiento yankee en la 2ª mitad, se convirtió en todo lo contrario. Solamente su -parecía- único tirador Steve Kerr, con 3/6 desde el 6.25, parecía acertado desde el lanzamiento triple, entre un juego muy poco dado a ello. Pero es que sus pívots no sostenían su maquinaria como solía ser habitual. El pívot Diego Maggi se hartó a recibir tapones, pero volvía a capturar el balón y sus ganchos en suspensión hicieron muchísimo daño, así como las canastas de Esteban Camissassa (21 puntos) en transición rápida. El problema llegó cuando Maggi cometió su 5ª falta personal y aún restaban 10 minutos, pareciendo dejar desguarnecida la tarea reboteadora. Sin embargo, junto al ex caísta Hernán Montenegro, saltó un hombre desde el banquillo, todo coraje, Sergio Aispurúa, con sus escasísimos dos metros, convirtiéndose en protagonista se fajó como un campeón bajo tableros, tocando balones para que sus compañeros exteriores capturaran los rechaces finalmente. “Me acuerdo especialmente de aquel juego, porque creo que fue el más importante de la historia del básquetbol argentino. No sé cómo era el equipo USA al que derrotamos en el Mundial del 50, pero al que nosotros derrotamos, era muy poderoso”. Fue su día, viendo con asombro el nerviosismo entre los rivales, que lo que fue un engranaje perfecto tres días antes, de repente se convirtieron en lo que eran: casi-adolescentes. 

En este parquet se escribieron los sueños argentinos.
En este parquet se escribieron los sueños argentinos.

La fiesta argentina fue tal, que a falta de 3 minutos para la finalización, tenían el partido en el bolsillo -o casi-, con un 70-58 en el marcador, que dejó a los 3.500 aficionados que poblaban las gradas en la tarde del domingo (soleado finalmente), estupefactos. Lute Olson ordenó una presión a toda pista rival. Y estos hombres, rápidos de manos como el planeta USA nos suele tener acostumbrados, remontaron poco a poco hasta situarse en un cercano 72-70 a falta de 30 segundos, cuando Kenny Smith robó el balón. Pero nuevamente volvieron a fallar y la posterior falta personal sobre Aispurúa (intencionada, norma que se aplicó por primera vez en este Mundobasket), convirtió los dos tiros libres en el definitivo 74-70. Entre los abrazos, los besos de Hernán Montenegro al escudo de su elástica, mostraban el espíritu de un equipo y quienes tenían tras ellos. “Vencer a los Estados Unidos, fue un hecho que en nuestro país, después de la victoria en el Mundial de fútbol, contribuyó a proseguir la evolución de nuestro deporte y de la sociedad. Porque esto ayuda mucho y repercute en el estado de ánimo de las personas” confesaba Carlos Romano aquellos días. “Fue tocar el cielo por unos momentos”.  Su sueño continuó ganando a China y afrontaron la última jornada de esta fase de cuartos en Oviedo, con reales posibilidades de colarse en semifinales, algo impensable, si daban la machada vencer a Italia y los yugoslavos hacían lo propio con los chicos USA. Pero ni el notorio cansancio ya acumulado en las piernas argentinas (perdieron 78-70) ni una nueva exhibición de los yankees (69-60), que ya perfilaban su camino hacia el oro, se dieron propicios. Ahí quedó la gesta: el único equipo de todo aquel Mundobasket, vencedores ante Estados Unidos.

Héctor
Héctor "Pichi" Campana entrando a canasta.

“Lo bueno que tenía ese equipo, es que no había egoísmos. El goleador era el goleador y los que teníamos que rompernos el lomo para agarrar rebotes y poner cortinas -bloqueos-, lo hacíamos sin problemas” recuerda el protagonista de aquella noche, Sergio Aispurúa. “Miguel (Cortijo) estaba a la altura de cualquier base del mundo. No sé si hasta ese momento habíamos tenido un tirador como Romano en la selección. Además, Camissassa goleaba, reboteaba, pasaba bien la pelota…hacía de todo”.

“Llegó un momento en que nos olvidamos del público y para volver a atraerlo, se hizo una liga nacional, donde los equipos son competitivos y muy parejos. Ahora hay 16 equipos y mucha igualdad. Pero de nada habría servido si el público no hubiera vuelto a llenar los pabellones. Por eso sí que pienso que se puede hablar de un renacimiento del baloncesto argentino, con el impulso que le ha dado la selección nacional y la reciente Liga Nacional”, se sinceraba Romano. “Imagínate lo que para nosotros significó esa victoria. Con esta estructura de dos años de liga, derrotar a todo un monstruo como ellos, fue algo inolvidable. Maravilloso”.

                

NOTA: Declaraciones de Carlos Romano extraídas de la revista "Gigantes del basket" nº 38 (28 de julio de 1986), de "Nuevo Basket" nº 148 (Octubre de 1986) y de Sergio Aispurúa en "Basquet Plus" de su nº 5 (Enero 1999).