MOMENTOS ÉPICOS: “EL GLORIOSO TRIENIO DEL BARÇA (y IV)”

MOMENTOS ÉPICOS: “EL GLORIOSO TRIENIO DEL BARÇA (y IV)”
2º partido Final Copa Korac 1987: Limoges 86-97 F.C. Barcelona (25.03.87)

Antonio Rodríguez

2º partido Final Copa Korac 1987: Limoges 86-97 F.C. Barcelona (25.03.87)

En Endesa Basket Lover y durante cuatro entregas, contaremos el trienio europeo glorioso del F.C. Barcelona en “Momentos épicos”. Desde 1985 hasta 1987, el equipo azulgrana reinó en la Recopa de Europa y Copa Korac de una manera aplastante, previo paso a la Copa de Europa donde la futura Final Four, le tendría muy a menudo como uno de sus invitados. Tras tres finales perdidas, con estos tres años, aprendieron lo que era ganar en Europa.

Fue la culminación a este gran trienio blaugrana. Si de ganar la Korac se trataba, lo hicieron de manera impecable. Desde el principio. Tan sólo hizo falta la primera mitad del primer encuentro de la final (a ida y vuelta) para evaluar las fuerzas de cada uno de los dos contendientes. En semifinales, Limoges venció los dos encuentros al CAI Zaragoza -el segundo, en pista gala, con especial holgura: 104-91- y eso alertaba a los barcelonistas. Dio igual. El resultado al descanso del primer enfrentamiento, redondeado con un triple de Solozábal sobre la bocina, no dio lugar a la especulación: 66-39. Repetimos nuevamente: al descanso.

Juan Antonio San Epifanio, el jugador más destacado de la final.
Juan Antonio San Epifanio, el jugador más destacado de la final.

Fueron 20 minutos de perfección. De la perfección que pretendía Aíto García Reneses para su equipo. Defender muy fuerte en el uno contra uno, tener ayudas, forzar malos tiros, capturar el rebote defensivo y a correr. Los azulgranas tenían demasiadas armas ofensivas para controlar y rematar con acierto ese “correr”. Ni tampoco era mala la opción de templar en caso de tener que abortar la velocidad. En estos mágicos 20 minutos, en ningún momento se paró. Y no fue un correcalles precisamente digno de los Nuggets, sino velocidad causada por la defensa. Por eso decimos que esta perfección era la culminación de un trabajo y una senda a seguir dados a partir de aquel instante.

Wallace Bryant fue el más destacado de este fascículo, con 28 puntos y 14 rebotes, 15 puntos ya en la 1ª parte. Redundamos que si el pívot era su máximo anotador, no era una sucesión de contragolpes lo que vimos y sí juego dinámico, actividad absoluta en pases y encontrar la opción en tiro. Todos estuvieron fantásticos: Sibilio anotó 20 puntos, Jiménez, 18 y Epi, 24. Si suprimimos el aciago 0/5 en triples de Chicho, estaríamos hablando de un 7/12 en triples, toda una barbaridad en porcentajes (porque aclaremos que el número de intentos, era muy habitual en la época, en el que se daba mayor uso a la denostada hoy día suspensión de dos puntos). Es cierto que en los primeros minutos, el estadounidense Paul Thompson mostró una galería de virtudes que dejaron perplejo al Palau y preocupado a Aíto, que incluso hizo probar a Andrés Jiménez en su marca. El alero -posteriormente azulgrana, por cierto- dejaba su marca de calidad (19 puntos), aunque se le supo retener mucho mejor en la 2ª parte. 

Steve Trumbo, ante Thompson y Dacoury, lanza a canasta en el choque del Palau.
Steve Trumbo, ante Thompson y Dacoury, lanza a canasta en el choque del Palau.

Limoges tiró de orgullo en la 2ª parte, en la que su alero Richard Dacoury colocó un soberano tapón a un intento de mate de Bryant para hacer notar a los suyos en pista, aunque fuesen 70-44 por detrás en ese momento. Pero el Palau -a propósito, con un ambiente mucho más festivo y menos hostil que el día ante Mobil Girgi Caserta- estaba engalanado para ver la exhibición culé y cómo al rival le caían de manera incesante puntos en el zurrón. Hasta el extremo de ver a Clarence Kea, uno de los tipos más honorables que haya pisado nuestras canchas, enfadadísimo porque perdió un pase claro en su corte a canasta y dio un sonoro manotazo al soporte acolchado de la canasta, frustrado. Cuando bajó a defender, se encontró con una canasta de Wallace Bryant, con el que estaba teniendo un duro emparejamiento y en gesto chulesco del azulgrana -que tampoco le pegaba nada-, le pasó el balón directamente a sus manos, al tiempo que bajaba a defender. Kea, guiado por la furia y la humillación, le pegó un balonazo en toda la espalda, en el que por suerte Bryant no se giró. Acabó la acción con técnica a ambos, pero no aguó con la fiesta: un triple de Costa que falla, siendo capaz de coger su propio rebote, pasa a Epi que en suspensión corta, ve cómo es palmeada por Wallace Bryant estampando en mate el balón sobre el aro, para que se derrumbara el Palau y obligara a Michel Gómez, entrenador francés, a solicitar tiempo muerto, con 85-58. Dos acciones de Richard Dacoury, con un triple y un mate, 5 puntos consecutivos en las postrimerías, recortaron la distancia hasta el final 106-85, muy decoroso tras lo presenciado. Sonaba a milagro la remontada en Limoges en el segundo partido. Pero el Barcelona no se confiaba.

Limoges es ciudad de baloncesto y rinden culto en su vetusto pabellón de madera de 7.000 espectadores, donde en una jornada como ésta, vivida el 25 de marzo de 1987, pudiera haber albergado más de cincuenta mil, viendo la expectación en la ciudad por el enfrentamiento. Un recinto -hoy día el club lo sigue utilizando como santo y seña- que vio las primeras ligas de su glorioso equipo y sus iniciales participaciones en Copa de Europa. Vio a la Selección Española ganar a Yugoslavia por primera vez en nuestra historia, camino de aquella plata culminada en Nantes en 1983 y con los años, impensable, albergar en su regazo a un Limoges campeón de Europa.

Súper Epi marcado por Dacoury. Epi, aún así, logró 29 puntos.
Súper Epi marcado por Dacoury. Epi, aún así, logró 29 puntos.

En esta ocasión, se prestaban a una nueva final de una Korac que ya había ganado en dos ocasiones consecutivas (1982 y 1983) al Sibenka Sibenik de un querubín Drazen Petrovic. Por lo que en la ciudad el optimismo -moderado, eso sí- crecía en la ciudad según se aproximaba la hora del choque. Variaciones en el quinteto galo, con las nuevas incorporaciones del base Gregor Begnout y el pívot George Vestris, junto a Richard Dacoury, Paul Thompson y Clarence Kea, mientras que entre los azulgranas también habría cambios, con la entrada de Joaquim Costa desde el principio, a causa de una lesión en el muslo de Nacho Solozábal, en la que el trainer Toni Bové trabajó con especial ahínco para que finalmente pudiera ayudar a sus compañeros. Tras Costa, sin novedad: Epi, Sibilio, Jiménez y Bryant.

Y las esperanzas renacieron para el Limoges y su tan ruidoso como correcto público, que llevaba en volandas a los suyos, guiados por la presencia de un desatado Clarence Kea, que anotó los primeros 10 puntos de los 17 iniciales de los suyos (17-7), obligando a Aíto a parar una dinámica nada favorable ya en el minuto 6. Los tiros exteriores de los barcelonistas no entraban, Bryant tampoco estaba muy acertado y se debía optar por forzar con Andrés Jiménez (15 puntos) un juego mucho más interior. Con mucha defensa, identidad del equipo de Aíto y una canasta de Trumbo a balón doblado de Costa, se logra parar el “aguacero” y se empata a 21. De hecho, con un triple de Epi se logra la primera ventaja (29-30) a falta de 04:12 para el descanso. Todo había vuelto a cauce.

                Juan Antonio San Epifanio era el ídolo. Es lógico pensarlo volviendo a ver actuaciones suyas como las de esta final. El gran Súper-Epi comenzó una sucesión de suspensiones sin fallo, que le llevaron a anotar 19 puntos al descanso (29 finales). Era un señor cuyo hábitat, cuya diversión, era anotar. De hecho, es sorprendente verle enfadado ‘como una mona’ cuando le señalaron la 5º falta personal en la 2ª parte, falta inexistente señalizada por aquella “extraña pareja” de Davidov y Rigas (que al menos sí fueron ecuánimes y no se dejaron influir por el ambiente). Y es que Epi se lo estaba pasando bien en pista, encestaba uno tras otro y se encontraba en toda su esencia. Y no sólo en los quehaceres ofensivos, sino que se esforzó en defensa como ninguno en la ingrata tarea de frenar a Paul Thompson, que hasta los últimos minutos con el choque sentenciado, no pudo maquillar average.

Al descanso se llegó con 39-44 a causa de las últimas jugadas precipitadas de los locales. En la 2ª mitad, Limoges salió con furia a anotar, pero en defensa habían bajado los brazos. Era una sensación de querer dar buena imagen, desquitarse, pero ya no tocaba competir: se había entregado la final. Los esfuerzos de Stephane Ostrowsky (30 puntos) fueron solamente ofensivos. Los azulgranas en ataque doblaban el balón con excesiva facilidad y jugaban al antojo que les otorgaba su calidad. Y así, a falta de algo más de 6 minutos, Aíto García Reneses decidió poner en pista a Juan Domingo De La Cruz. “Juanito” fue el jugador descartado en liga (se aceptaban sólo 9 fichas seniors, para dar paso a los jóvenes en los clubes, contando que un junior en aquel momento, lo era aún con 19 años) y tan sólo jugaba la Korac. Anunciado ya que abandonaría su equipo de toda la vida a final de temporada, el Palais des Sports de Beaublanc vio las últimas evoluciones de De La Cruz como jugador azulgrana. Santo y seña, componente del equipo que perdió su primera final de Korac ante la Forst Cantú, “el lagarto” dijo adiós levantando -bastante serio- un nuevo trofeo. 

George Vestris parece pedir explicaciones a los árbitros Rigas y Davidov.
George Vestris parece pedir explicaciones a los árbitros Rigas y Davidov.

Al final, un claro 86-97, que significaba un nuevo título en las vitrinas del Barça. Un trofeo, por cierto, de bronce, que pesaba una enormidad y que a la hora de acarrearlo con todos los bultos, fue al junior Jordi Soler quien le tocó lidiar con él. Limoges era consciente que la tarea era inabordable y sus jugadores tuvieron celebración igual en un restaurante tras el evento. Era una final perdida, pero asumían que el F.C. Barcelona era otra cosa.

Los azulgranas cerraron así un exitoso ciclo de tres años ganando allá por donde pisaba en Europa: dos Recopas y una Korac que en Endesa Basket Lover hemos creído de justicia recuperar. Un equipo plagado de talento que se hizo grande en Europa. No era cuestión de jugar alguna final que otra aislada, sino que se trataba de convertirlo en hábito. Desde entonces, solamente ha disputado la Copa de Europa, Liga Europea, Euroliga o cualquier formato de máxima competición a nivel continental, excepto en la 92-93, donde volvió a vérselas con la Copa Korac sin tanto éxito (perdió en semifinales ante Virtus Roma). El proyecto estaba forjado y tocaba el asalto al máximo cetro. Un sonoro traspiés en Holanda a la siguiente temporada de esta que nos ocupa, les dejó sin la primera edición de Final Four. Y más tarde apareció Maljkovic con sus muchachos y…el resto de la historia, les suena. Tres años, tres títulos y un plantel legendario.