MOMENTOS ÉPICOS: “EL GLORIOSO TRIENIO DEL BARÇA (III)”

MOMENTOS ÉPICOS: “EL GLORIOSO TRIENIO DEL BARÇA (III)”
2º partido Semifinal Copa Korac 1987: F.C. Barcelona 113-88 Mobil Girgi Caserta

Antonio Rodríguez

2º partido Semifinal Copa Korac 1987: F.C. Barcelona 113-88 Mobil Girgi Caserta (25.02.87)

En Endesa Basket Lover y durante cuatro entregas, contaremos el trienio europeo glorioso del F.C. Barcelona en “Momentos épicos”. Desde 1985 hasta 1987, el equipo azulgrana reinó en la Recopa de Europa y Copa Korac de una manera aplastante, previo paso a la Copa de Europa donde la futura Final Four, le tendría muy a menudo como uno de sus invitados. Tras tres finales perdidas, con estos tres años, aprendieron lo que era ganar en Europa.

El duelo Oscar-Jiménez fue uno de los grandes atractivos.
El duelo Oscar-Jiménez fue uno de los grandes atractivos.

Era la temporada de ensueño. Los medios de comunicación siempre quieren sacar punta, escribir día a día y magnificar las pequeñas crisis del grande. Y con el F.C. Barcelona de la temporada 86/87 lo hicieron: que si en la 2ª jornada de liga perdieron ya su primer partido en Zaragoza, que si en la 4ª jornada, lo insólito, se arrodillaron ante un debutante y recién ascendido Oximesa, que si Wallace Bryant, uno de sus americanos, confesaba en una entrevista que no estaba feliz… Busquen en las hemerotecas y seguro que encontrarán motivos para que este Súper-Barça no pasara momentos de tensiones y resquebrajar lo de la temporada de ensueño. Quizás el problema es que desde el verano, todos se dirigían a este equipo, precisamente bajo esos términos: Súper-Barça.

Oscar Schmidt, 45 puntos en Caserta. Sublime.
Oscar Schmidt, 45 puntos en Caserta. Sublime.

Desde la finalización del Mundial en nuestro país, la mayor parte del espacio que ocupaban los periódicos a la hora de hablar de baloncesto entre el hervidero de rumores y fichajes, junto a la marcha de Fernando Martín a la NBA, era sobre todo, del F.C. Barcelona. Hicieron oficiales los fichajes de Joaquín Costa, el base internacional procedente del descendido Licor 43 y, lo que era más importante, tras no pocos años de infructuosas negociaciones, el de Andrés Jiménez desde el Ron Negrita Joventut. Junto a Solozábal, Epi, Sibilio, De La Cruz, Trumbo ya nacionalizado español y el joven Ferrán Martínez, parecía que la pareja de americanos serían comodines. En los tiempos en los que las estrellas de los equipos aún jugaban 35 minutos de media, Aíto García Reneses había construido un plantel en el que, el primer hombre de rotación por cada puesto, sea base, alero o pívot, sería un jugador internacional. Para adornar esta lista de nombres, el entrenador azulgrana se fijó en dos sitios muy peculiares en busca de los dos extranjeros: en Huesca, donde casi a final de temporada, un tipo de 2.13 de contrastada experiencia en la élite europea, Wallace Bryant, recibió un buen dinerito para salvar al equipo del descenso -y lo logró-. Fue el objetivo de hombre interior. Y más extraño aún, entre aquellos casi circenses equipos americanos que un agente estadounidense reunía bajo el auspicio de un sponsor (en este caso, la marca malagueña de ginebra Larios), pues de un combinado llamado Larios All Stars que dieron vueltas a lo largo y ancho del país, como sparring para las selecciones que disputarían el Mundobasket español, Aíto puso el ojo en un escolta atlético, todo intensidad, excelente defensor, más que decente tirador, llamado Kenny Simpson, cuyos 20.000 dólares que cobró por toda la temporada, le hacían tener el honor de ser el americano más barato de la Liga. Bien es cierto que Simpson no pudo jugar competición europea, porque hasta pasados tres años de su nacionalización, Steve Trumbo no podía jugar como tal a efectos FIBA, por lo que birló esa plaza a Simpson. Para el verano de 1986, ya lo ven, se confeccionó el Súper-Barça.

                No perdió en casa en toda la temporada, ni tan siquiera en Playoff. Tampoco hasta llegar a este momento de la Copa Korac, competición que le tocó disputar, explicado ya en el capítulo anterior. En las semifinales, se las vería con la Mobil Girgi Caserta, el histórico equipo del sur, liderado por el máximo anotador de la Lega en las últimas tres campañas: el brasileño Oscar Schmidt. El joven y pujante equipo dirigido por Franco Marceletti, con las también jóvenes promesas en pista Sandro Dell’Agnello, Ferdinando Gentile, Vicenzo Sposito, Sergio Donadoni, más la compañía de un fajador del rebote, el búlgaro Georgi Glouchkov -el primer jugador europeo que jugó en la NBA sin pasar por universidad americana-, parecían ser una respuesta clara desde el sur de Italia -algo inconcebible hasta entonces- a las plazas históricas de Milán, Bolonia, Varese o Cantú.

Fue un 18 de febrero cuando se disputó el encuentro de ida, en Caserta, exactamente en el mismo escenario en el que meses antes, los azulgranas se habían proclamado campeones de la Recopa ante la Scavolini. El ambiente caldeado, al grito de “Juve, Juve”, no impidió al cuadro azulgrana ponerse por delante en los primeros parciales, con la calma que daba la categoría de los Epi, Sibilio, Solozábal, Jiménez y Bryant, que fueron los componentes del quinteto titular. A la calidad individual de estos jugadores, hay que sumarle un aspecto más: la defensa. Si toman un partido de la primera temporada de Aíto con el Barcelona y lo comparan con otro de esta segunda, verán diferencia en la intensidad defensiva, en la conjunción de sus componentes y en definitiva, un largo trabajo que lucía en la pista de forma más marcada.

Steve Trumbo, ante Generali. Flojo en la ida, notable en la vuelta.
Steve Trumbo, ante Generali. Flojo en la ida, notable en la vuelta.

Una sorpresa entre equipos italianos se daba en el aficionado en los primeros parciales: los italianos corrían. De la mano del joven Gentile al mando de las operaciones, la “squadra bianconera” usaba de transiciones rápidas, para que hombres grandes y rápidos como Dell’Agnello pudiesen sacar ventaja y sobre todo, para que Oscar Schmidt estuviese más a gusto. De sus ocho primeros lanzamientos, el brasileño tan sólo falló el triple que intentó. Llevaba ya 14 puntos cuando su equipo apenas había pasado la veintena. Esa velocidad y una sucesión encadenada de errores en el tiro por los catalanes, hicieron que los locales se fuesen en el marcador (30-21 preocupante) y que el infierno de Caserta se empezara a notar en las gradas. Aíto solicita tiempo muerto y coloca tres postes, con la inclusión de Ferrán Martínez, rompiendo con buenos pases la zona 1-2-2 instaurada por Marceletti, gracias a la buena labor de Bryant (21 puntos y 11 rebotes). Dos triples consecutivos de Epi culminan una brillante reacción, hasta un 38-43 como broche de grandes minutos. Desde el banquillo se dan claras instrucciones que cada vez que Oscar intentase entrar a canasta superando a Jiménez, en mitad de la arrancada apareciese Sibilio ayudando, obstaculizando su camino y obligándole a pasar el balón. Y tal teoría se llevó perfectamente a cabo, hasta llegar a un 47-52 al descanso, con 15 puntos ya de Epi y sobre todo, el Pallazetto casi en silencio.

En la 2ª mitad de este primer encuentro, el color del enfrentamiento, desde el momento en que Marceletti decidió marcarse un órdago, cambió el azulgrana por el blanco y negro. El entrenador italiano pidió a sus jugadores más defensa, más dureza, más manotazos… y a ver si se señalizaban. Y efectivamente, los árbitros, el inglés Gerard y el israelita Virownik comenzaron a hacer la vista gorda. No solamente eso, sino que para caldear más el ambiente, el delegado del equipo de Caserta, saltó del banquillo enfurecido, hasta que le señalaron una técnica, confesando el señor después que era la única manera que vio de cambiar la dinámica. El 65-72 que reinaba en el marcador no les auguraba nada bueno, aunque no justifique la oscura treta. Pero resultó. Porque a partir de ahí, lo que sucedió en la pista provocaría hoy el mayor de los sonrojos. Jugadores italianos -sobre todo Oscar-, que se abalanzaban sobre sus rivales cuando tiraban a canasta, para que a éstos se señalizaran falta (y lo hacían, lo hacían). Un sinfín de manotazos, que llegaron a lesionar momentáneamente a Bryant en la mano -sin ser pitados, por supuesto-, agarrones del brazo a Trumbo cuando se levantaba a tirar, derribándole contra el suelo incluso, ante la misma imagen del “sigan, sigan”. El colmo fue ya la última canasta del encuentro, con Gentile entrando descaradamente desde fuera del campo, por la línea de fondo, para recoger un balón que se perdía y anotar una suspensión sobre la bocina.

Georgi Glouchkov, 14 rebotes en Caserta.
Georgi Glouchkov, 14 rebotes en Caserta.

Todo ello fue acompañado con desacierto entre los azulgranas cuando lanzaron tiros en posiciones cómodas y en la locura de acierto en la que se vio envuelto la Mobil Girigi, sea con triples de Donadoni como sobre todo Oscar Schmidt, que había cogido la racha (45 puntos) para poner con dos de ellos consecutivos, la delantera en los suyos (78-75).  Y a partir de ahí, con los hombres de casa espoleados por el público y en esa dinámica de buena racha, fueron ampliando diferencias hasta el definitivo 96-87, 9 puntos de renta que parecían preocupantes de cara al segundo encuentro a disputarse en Barcelona. Allí, el Palau esperaba.

 

La hora de la verdad

Era de los grandes días. El costoso y tan cacareado proyecto “Año I” a modo y forma de Aíto García Reneses (tomemos su primer año como una toma de contacto), pasaba por este encuentro: recuperar los 9 puntos de renta. Eliminar a los italianos (para algunos, ésta era una final anticipada. Ni CAI Zaragoza ni Limoges, que disputaban la otra semifinal, parecían llegar a este nivel) era casi una obligación y el aficionado así lo veía. Especialmente motivados y en ocasiones exaltados, abarrotaron el Palau para dar el empujón inicial a los suyos y mostrar al rival el infierno al que se iba a sumergir.

Los azulgranas repetían quinteto, con Solozábal, Sibilio, Epi, Jiménez y Bryant. Los italianos, lo mismo, con Gentile, Donadoni, Oscar, Dell’Agnello y Glouchkov. Y no se arrancaba con los mejores augurios, ya que los visitantes lograron ponerse por delante 23-28, en lo que parecía la inercia del choque de ida, lo que daban a remontar 14 puntos. Sibilio y Epi parecían tener la pólvora desde los 6.25 mojada (1 de 9 en triples en estos instantes), hasta que con fuerte defensa (a Jiménez, en su marca a Oscar, ya no le pitaban con la misma facilidad que en Caserta), con mucho sudor, se lograba la delantera (32-31) en el minuto 15. El ambiente era terrorífico, quizás en exceso, puesto que con algún incidente -cayó una botella en el banquillo italiano-, se tuvo que pedir calma desde la megafonía.

Desde ese momento, todo empezó a fluir. Se desespera a Oscar, que se queja del exceso de físico empleado sobre su marca (tampoco le faltó razón), ya fuese Jiménez o De La Cruz por algunos minutos, y ni Dell’Agnello, ni Gentile, ni Glouchkov, tomaron el testigo como lo hicieron en casa. Circulación de un lado a otro en los azulgranas, los triples empiezan a entrar, el inédito Steve Trumbo en Caserta aquí sí funcionaba (15 puntos) y Solozábal se desmelena forzando faltas. Pero sobre todo Epi. Epi otra vez. Logró 31 puntos con 10/13 en tiros de dos puntos. Los de la finta, el bote y la suspensión. Resultó imparable. En su sintonía jugaba todo el equipo, que en unos minutos de ‘histeria’ anotadora, se llega al descanso con 52-38, 14 puntos de ventaja, en un increíble parcial de 35-10 desde el momento más crítico.

Jiménez, hecho un coloso en el desenlace del Palau.
Jiménez, hecho un coloso en el desenlace del Palau.

En la segunda parte continuó el festival. Marceletti, cuyas defensas de zonas usadas en Caserta no le funcionaban, prueba con una 1-3-1 para fortalecer las zonas pegadas a las bandas, donde Sibilio (19 puntos) y Epi, mataban. Dio igual, porque ahora se estallaba desde las esquinas. Se llega a la veintena en el minuto 30 (64-44), tornándose ya el choque como una confrontación con cierta comodidad. Pero en el banquillo, las caras muestran que lo del choque de ida, escoció. Querían enseñar que a este Barça no le valía la inspiración en el triple y una pareja arbitral para arrodillarles. La mirada de Aíto desde el banquillo (poco se levantó en la 2ª mitad), era de exigir apretando. Y claro, con los casertinos vendidos, de un 79-57 a un 88-59 en un abrir y cerrar de ojos, a llegar a la treintena, con 91-61.

En mitad del festival, el electrónico dio por finalizado el encuentro, con 113-88, en unos últimos minutos de “la basura”, que quién se iba a imaginar llegar a este punto. El F.C. Barcelona llegaba a la final. Si habían superado esta eliminatoria, el optimismo por derrotar al Limoges francés, era generalizado. “Debemos evitar la presión” avisaba Aíto. “Es malo que se magnifiquen las victorias y también las derrotas”.