MOMENTOS ÉPICOS: EL GLORIOSO TRIENIO DEL BARÇA (II)

MOMENTOS ÉPICOS: EL GLORIOSO TRIENIO DEL BARÇA (II)
Final Recopa 1986: F.C. Barcelona 101-86 Scavolini Pesaro (18.03.86)

Antonio Rodríguez

Final Recopa 1986: F.C. Barcelona 101-86 Scavolini Pesaro (18.03.86)

En Endesa Basket Lover y durante cuatro entregas, contaremos el trienio europeo glorioso del F.C. Barcelona en “Momentos épicos”. Desde 1985 hasta 1987, el equipo azulgrana reinó en la Recopa de Europa y Copa Korac de una manera aplastante, previo paso a la Copa de Europa donde la futura Final Four, le tendría muy a menudo como uno de sus invitados. Tras tres finales perdidas, con estos tres años, aprendieron lo que era ganar en Europa.

Segunda temporada de éxito continental. Segunda Recopa: Sibilio, Epi, Solozábal, Seara, De La Cruz… ¿el mismo cuento que un año atrás? En absoluto. Muchas eran las variaciones que había sufrido el F.C. Barcelona en 12 meses -menos un día- a la hora de revalidar esta Recopa de Europa. Cambios estructurales, soporte y base de los próximos casi 20 años. Así de importante. Y es que la figura de Aíto García Reneses era lo que arrastraba. Aíto había fichado por el F.C. Barcelona procedente del Joventut en el verano del 85. No quisiéramos definir la anterior estructura como anticuada, pero de justicia sería reconocer que con la llegada del entrenador madrileño, llegó la modernidad a la sección de baloncesto del club.

La euforia del Barcelona en los vestuarios, con una nueva Recopa lograda.
La euforia del Barcelona en los vestuarios, con una nueva Recopa lograda.

En esta primera temporada de la era-Aíto, los resultados deportivos fueron casi exactamente los mismos que un año antes: eliminados de Copa por el Joventut en semifinales (con el agravante que, en esta ocasión la edición de la Copa fue en el propio Palau Blaugrana), y claudicaron en liga dando un paso más, alcanzando la final. Aunque al fin y al cabo, esa derrota por 2-0 ante el Real Madrid, también supo a decepción. Y ganó la Recopa.

Nadie imaginaba que la temporada 85/86 en la que, como confesó Aíto, “si no ganamos esta Recopa, nos hubiesen dado por todas partes”, sería el preludio a ganar las siguientes cuatro ligas, dos Copas del Rey de las próximas 4, una Copa Korac y dos Final Four de Copa de Europa. Cuatro años casi con más títulos y prestigio en las finales disputadas que en toda la etapa anterior del club. Bueno, quizás Aíto sí que lo imaginaba.

La reestructuración de la plantilla comenzaba por fichar un alero, aunque también pudiese funcionar de ala-pívot: la contratación del estadounidense Mark Smith, significaba que tenía que ver hueco donde anteriormente no lo había, entre las insignias del club, Sibilio y Epi. Fortaleció el juego interior tirando de cantera, dando minutos al joven Julián Ortiz, aunque es cierto que tuvo que usarlo más de lo que él pretendía, a vueltas con la nacionalización de Steve Trumbo. El fichaje estrella del F.C. Barcelona en el verano del 85 fue el pívot mormón procedente del Fórum Filatélico. No solamente era el máximo reboteador de la ACB, sino que su reciente matrimonio con una vallisoletana, le hacía pieza preciada en el mercado por su condición de futuro español, a trámites con la embajada y las instituciones españolas por su nacionalización. Tres fueron los casos de tales nacionalizaciones que vivieron el “las cosas de palacio, van despacio”: ni Matt White en el Cacaolat Granollers, ni Nate Davis en Ferrol (aunque éste, por su desgraciada lesión, abandonó el país, al margen de la trágica enfermedad de su esposa), ni el susodicho Steve Trumbo, lograron el permiso en toda la temporada para jugar con pasaporte español. Así que Trumbo tuvo que ver los partidos desde el banquillo, hasta que el 22 de Febrero debutó aún como extranjero, cuando Aíto tomó la decisión de sustituirle por el americano elegido inicialmente, el pívot canadiense Greg Wiltjer. Su entrenador prefería la experiencia del primero para la recta final de competición. Sin embargo, Wiltjer tuvo que jugar la parte final de la Recopa, puesto que no se podían cambiar licencias de cara a FIBA. Así que, con el atenuante de un mes sin jugar, el mocetón canadiense de 2.10, se presentaba como una de las dudas y claves en la final de Caserta. Y lo fue, puesto que el único en disputar 40 minutos dentro de la plantilla azulgrana, era él.

Un mago del balón: Zam Fredrick, que anotó 31 puntos.
Un mago del balón: Zam Fredrick, que anotó 31 puntos.

La expectación de los aficionados esta vez fue menor que en Grenoble. Claro, Caserta ya pillaba un poco más retirado como para hacerlo en coche. Sí es cierto que aprovecharon el tirón del fútbol -y nos explicamos-. Resulta que al día siguiente de esta final de Recopa, el equipo de fútbol jugaría en Turín ante la Juventus. Y claro, los dos eventos deportivos eran suficiente atractivo como para que al menos mil aficionados se dejaran caer por Caserta, a modo transbordo hacia Turín. Y de hecho, a la plantilla de baloncesto les prometieron en caso de ganar, ir todos en tropel a apoyar a sus colegas futbolistas, con las respectivas parejas que les acompañaron.

                Aíto García Reneses situó a De La Cruz, Epi, Sibilio, Wiltjer y Seara (éste último de manera sorprendente) en el quinteto titular. Los habituales Fredrick, Silvester, Zampollini, Magnifico y Tillis por la Scavolini Caserta, que en semifinales derrotó al Joventut de Badalona, privándonos de una final enteramente española. El conjunto entrenado por Giancarlo Sacco estaba orientado a la capacidad anotadora de un jugador: Zam Fredrick, una máquina de anotar de apenas 1.80 de estatura, que asombraba en Pesaro tras su paso por la Virtus Bolonia y que fue capaz de anotar 52 puntos a la Benetton Treviso el 5 de Enero de 1986. Se trataba de una especie de Nikos Gallis de raza negra, con una potencia en sus piernas privilegiada, que curiosamente se sentía más cómodo a no más de cuatro metros del aro, puesto que como el heleno, no era buen tirador de tres puntos. Su capacidad de dribling le hacía sortear rivales hasta llegar a las inmediaciones del aro y allí decidía con sus potentes saltos y tiros por elevación, letales hasta para el pívot más espigado. Tan letales que llevaba 22 puntos al descanso, trayendo en jaque a toda la defensa diseñada por Aíto García Reneses. Su promedio en Lega Italiana era de 31 puntos por partido.  Claro, que todos los demás deslucieron mucho. Y Aíto, en uno de esos detalles en los que marcaba la diferencia como entrenador, sabía que “es un jugador que no puede mantener el mismo ritmo anotador todos los minutos que está en pista”. Porque eran muchos. De hecho, en esta final, los 40. El conocimiento que tenía de él y del equipo, con el que se habían enfrentado ya en la fase previa, le dejó claro detalles así. A propósito, y hablando de banquillos. ¿Sabéis quién se encontraba como asistente de Sacco en el banquillo de Pesaro? Un joven de 25 años llamado Sergio Scariolo.

Uno de los 18 rebotes de Greg Wiltjer, ante la oposición de Tillis.
Uno de los 18 rebotes de Greg Wiltjer, ante la oposición de Tillis.

La mayoría de los aficionados en Caserta, obviamente, eran de la Scavolini. El escenario era muy diferente al de Grenoble. Aun así, los inicios fueron los mismos que los de 364 días antes. “Chicho” Sibilio comenzaba de dulce. El 2-4 se transformó en un 8-4 a favor de los azulgranas rápidamente, con dos triples sucesivos del alero azulgrana, que ya obligó a Sacco a solicitar un tiempo muerto prematuro. Walter Magnifico cometió prontas tres faltas y con 0 puntos -con los que llegó al descanso-, tuvo que ser sustituido por Ario Costa. Darren Tillis era un pívot estadounidense defensivo, con correcta suspensión, pero no muchos más recursos de ataque. Zampollini inédito y el polémico Mike Sylvester (que provocó hasta la saciedad en el partido de Badalona de semifinales), se perdía en guerras personales intentando sacar de quicio a Epi, sin conseguirlo. Solamente era Fredrick, que llevaba 10 de los 16 puntos iniciales de su conjunto cuando se acercó a un 17-16. Solozábal entró en pista cuando se llevaban transcurridos 7 minutos y 8 segundos y Mark Smith ingresó también para suplir a Sibilio, a pesar de sus 10 puntos iniciales. Y a los dos, Aíto  les fue alternando con Epi, que también calentó muñeca, con 11 puntos al descanso.

Al margen de individualidades, lo que estaba decantando el encuentro para el F.C. Barcelona, era la lucha por los tableros. En el rebote, cuando se retiraron a los vestuarios, los azulgranas ganaban la partida por 25-12. Ahí Greg Wiltjer estuvo imperial: ¡18 rebotes! Si sus tiros no estaban acertados (5/19, muchos de ellos palmeos), comenzó a sentenciar la final con su autoridad reboteadora. “Me alegro de su buen rendimiento en esta final, por él mismo. Ya sé que, quien más quien menos tuvo algún recelo sobre su calidad Quienes no supieran el por qué su relevo en la liga, sabrán ahora que no fue a causa de una falta de calidad” declaraba su entrenador tras el encuentro.

Epi sufriendo la
Epi sufriendo la "curiosa" marca de Mike Sylvester.

Al descanso de una excelsa primera mitad, se llegó con el marcador de 49-44 a favor, con 11 puntos de Epi, 11 de Mark Smith y 10 de Sibilio (repetimos que entre los tres, alternaban las dos posiciones de alero).

                La 2ª parte se inició de la misma forma que la 1ª: con triple de Sibilio y Sacco apresurándose a pedir otro tiempo muerto ante el riesgo de marcha del rival: 60-51 y decide sacar a los tres postes: Costa (2.08), Tillis (2.10) y Magnifico (2.07) al mismo tiempo, en un intento desesperado por igualar el rebote, que por momentos consigue, aunque le duró poco. Wiltjer, ya saben.

Zam Fredrick, por su parte, no parecía desfallecer (se fue hasta los 32 puntos), aunque sí tenía el claro apoyo de Mike Sylvester (18 puntos), que en sus suspensiones, abría las piernas para que señalizasen en el contacto falta a Epi, que cada vez miraba con más cara de asombro. Aunque de un maestro de las marrullerías como Sylvester (sí, es aquel tipo que sacaba su tiro en suspensión desde detrás del cogote), nada sorprendía. Ni tan siquiera que un día antes, se le viese por el hotel cojeando ostensiblemente por la recepción, por un problema de un esguince -decían-, que a la hora del partido, nadie se acordó.

Con los tres postes italianos y con el inexperto Julián Ortiz en pista, el adversario achucha, se acercan a un 66-60 y es Aíto quien debe solicitar tiempo muerto, llegando incluso a acercarse a un 67-66 a 12:03 para el final. El entrenador azulgrana pide que a Fredrick se le flote, que se le impida entrar, aunque lance a cinco metros del aro (que funcionó). Además, se encontró con el acierto anotador de Mark Smith. Y es que, el alero estadounidense del Barcelona, bien merece un capítulo al margen.

Mate de Juan Domingo De La Cruz llegando en contragolpe.
Mate de Juan Domingo De La Cruz llegando en contragolpe.

Mark Smith legó a la Ciudad Condal, procedente del Mulat de Nápoles. Por la proximidad con Caserta, por cierto, muchos de sus excompañeros se pasaron a saludarle. Entre otros, el presidente, tipo gentil, que bien se arrepentía de no haberle renovado en su momento. Ya sea por esta circunstancia, ya sea por ser una final en sí y el carácter competitivo de Smith, el caso es que se marcó un partido de antología. El rival no estaba preparado a que subiera el balón, se parase a seis metros y lanzase suspensiones que anotaba. A que recibiese en poste bajo y anotase. A capturar pases doblados o balones como producto de rebotes ofensivos y los transformase. Se le veía motivado, celebrando con un gesto de rabia y puños cerrados cada una de sus conversiones. Porque fueron exactamente 9. Nueve canastas de nueve intentos. 9 maneras diferentes de encestar, sin fallo alguno. Su presencia otorgaba una fortaleza y una tranquilidad, con la que no pudieron los pesareses. Inconmensurable este ala-pívot de rito tímido y callado, que tuvo su día más inspirado en el día más importante. 22 puntos en su zurrón y cuando fue sustituído por Sibilio, con 79-72 en el marcador, ovación generalizada de todo el pabellón.

Aunque hubo amagos de acercamiento (79-76), dos canastas consecutivas de Sibilio (83-76), más un triple de Solozábal (86-78) más una suspensión de De La Cruz (89-79), volvió a acomodar la renta en el momento en que se entraba en los últimos 5 minutos. El Barcelona tenía ya un poso de calma tras haber ganado un año antes otra final (en la que les remontaron) y nunca soltaron el control del tiempo ni del electrónico. Aquí caían canastas en momentos oportunos y entre los italianos, Sylvester volvía a fallar y a desquiciarse y Fredrick -¡qué razón tenía Aíto!- erraba sus lanzamientos, un buen puñado de ellos precipitados en un desesperado intento por rebajar la distancia que cada vez se agrandaba más. Los italianos no pudieron convertir ninguno de sus últimos 9 intentos, con lo que la ventaja creció hasta el definitivo 101-86.

El F.C. Barcelona, que en el viaje de ida llevó consigo entre su equipaje el trofeo de campeón de la Recopa, se lo volvía a llevar para sus vitrinas. Giancarlo Sacco reconoció que se habían enfrentado a un grande de Europa y como confesaba Aíto, “un paso más a la hora de conseguir un reconocimiento europeo, porque son pocos clubes los que pueden presumir de haberla ganado dos veces consecutivas”. Palabras entonadas en admiración, también vinieron por parte del entrenador serbio afincado en Italia Bogdan Tanjevic, que ofició como comentarista televisivo.

Mark Smith fue uno de los héroes de la final, con 9/9 en tiros de campo.
Mark Smith fue uno de los héroes de la final, con 9/9 en tiros de campo.

Y con esta alegría, transcurrió esta segunda Recopa consecutiva lograda por un equipo que daba miedo en Europa y que la FIBA y los caprichos de Vladimir Stankovic, su secretario general, hicieron que no tuviese oportunidad de volver a revalidar. Resulta que se sacaron de la manga que el campeón de la competición ya no tenía derecho a volver a participar por tal condición, que debía ganárselo en sus torneos domésticos. Y esto creó una convulsión importante, puesto que la Cibona de Zagreb, campeona de Europa dos veces consecutivas, tuvo que ceder su puesto al Zadar, campeón de liga un mes después, debiendo conformarse con esta Recopa, mientras que los azulgranas, dos veces campeones también, quedó relegado a la Copa Korac, porque en la Copa del Rey que organizaron, cayeron apeados por la Penya en semifinales.

Pues de esa Korac hablaremos en el siguiente capítulo, porque el dominio del reforzado equipo de Aíto, ya fue de aplastamiento.