MOMENTOS ÉPICOS: LOS 62 PUNTOS DE DRAZEN PETROVIC

MOMENTOS ÉPICOS: LOS 62 PUNTOS DE DRAZEN PETROVIC
Final Recopa de Europa: Real Madrid 117-113 Snaidero Caserta (14.03.89)

Antonio Rodríguez

La sensación de estar en un mundo irreal, casi de videojuego, en las primeras evoluciones de aquel partido. El estruendo a cada jugada de los miles de aficionados que allí se congregaron (cuánto bien hicieron las excursiones de estudiantes de 3º BUP y COU, que con su presencia en el palacio de La Paz y La Amistad, superaron en número a los tifosi italianos), porque todas acababan en canasta, con la facilidad de quien parecía manejar la trayectoria de aquellos tiros. Sí, ambos equipos poseían un gran talento ofensivo, sobre todo el Real Madrid. Pero parecía ya ciencia ficción.

(ACB Photo).
(ACB Photo).

Este puede ser uno de los recuerdos más poderosos que tengamos del mítico choque que se vivió en aquella soleada tarde de martes. De los tres triples de José Biriukov en los primeros 10 minutos de encuentro, guiados más por el instinto que por jugadas ensayadas. Daba un bote, se cuadraba y lanzaba. Todos dentro. De cómo aquel jovenzuelo de 21 años, Ferdinando Gentile, contestaba con la misma gracia, mientras que las claras estrellas de ambos equipos, Drazen Petrovic y Oscar Schmidt, parecían dormitar inicialmente -que ya se pondrían a tono, ya-. Y Johnny Rogers. Lo de Rogers fue asombroso en los primeros 10 minutos. Recibía balón doblado, se levantaba y anotaba. Una y dos y tres veces. Y cuatro y cinco y seis veces. Todos los balones eran para levantarse y encestar. Estuviese donde estuviese. Tres de ellos era pisando la línea de tres puntos, que con retirar medio palmo el pie, hubiesen sido triples. Pero su gesto natural de allá donde recibiese, se levantaba y lanzaba, quizás le hizo junto a una inspiración casi mística, encestar todos y cada uno de los balones que cayeron por sus manos.

Johnny Rogers era -es- un gran tipo. Fichado desde los Cleveland Cavaliers, aquel chaval que llamaba “Loulou” a su entrenador cuando llegó en verano, entrenándose en pretemporada tan sólo con los Fernandos, Martín y Romay, más Cargol, porque todos los demás compañeros estaban enfrascados en los Juegos Olímpicos de Seúl, que nunca dio el más mínimo problema y fue determinante en su defensa a Andrés Jiménez para que se alzasen con la Copa del Rey, tuvo que pasar un mal trago en los primeros días de diciembre, a causa del polvorín que significaban las decisiones de una más que flameante junta directiva en el club blanco.

Drazen Petrovic, 62 puntos para la historia (ACB Photo).
Drazen Petrovic, 62 puntos para la historia (ACB Photo).

Justamente en vísperas de enfrentarse al Snaidero Caserta en el grupo de cuartos de final de la Recopa, un 12 de diciembre, saltó la noticia que el Real Madrid había firmado un contrato con el pívot yugoslavo Stojan Vrankovic, para incorporarse a la disciplina del club blanco en la siguiente temporada. Pedro Ferrándiz, director deportivo de la sección de baloncesto al que Ramón Mendoza había recuperado, fue el artífice de tan sorprendente movimiento. “Estamos a 12 de diciembre y aún queda mucha tela que cortar en esta temporada que está siendo especialmente difícil” replicaba el entrenador Lolo Sáinz, con un tufo claro entre perjuicio y no querer creer tal maniobra, en la que no contó para nada. “Estas cosas no benefician en nada al equipo. Y por medio están unos señores llamados Boston Celtics, que algo tendrán que decir”. Efectivamente, los Celtics tenían firmado desde el 28 de abril de aquel año, un contrato con el pívot internacional de 2.17, tras convencerles su poder de intimidación en el Open McDonald’s. Fue la primera vez que muchos oímos aquello del “carbono 14”, prueba de laboratorio que servía para fechar la antigüedad de documentos, porque Ferrándiz, ante las acciones legales tomadas desde Boston, erre que erre, se empeñaba en que su contrato era anterior.

Vrankovic sería el segundo extranjero del equipo, junto a Drazen Petrovic, lo que situaba a Johnny Rogers, hombre que había firmado por una campaña, en la calle hiciese lo que hiciese aquel año. “Me enteré cuando un periodista me llamó a casa. Nadie sabe lo que hay de cierto en el asunto. De todas formas, los Celtics tienen una opción sobre Vrankovic, ¿no?”. A nadie de la plantilla le cayó bien la noticia. “Si yo estuviera en su pellejo, reconozco que no son las condiciones más propicias para rendir a tope”, confesaba Antonio Martín. El caso es que tras un estrepitoso torneo de Navidad de Vrankovic -encarándose con Fernando Martín incluso- y con la destitución de Pedro Ferrándiz del cargo -auto otorgándoselo el propio presidente Ramón Mendoza-, el asunto se enfrió y cedieron, cuando indagó un poco más en el tema.

Georgi Glouchkov y Fernando Martín, charlando horas antes del partido (ACB Photo).
Georgi Glouchkov y Fernando Martín, charlando horas antes del partido (ACB Photo).

En los primeros parciales de la final, a pesar del impensable acierto madridista, los italianos de Caserta iban aguantando: 9-5, 16-10, 23-17. Los clavos de Rogers y Biriukov (21 puntos entre ambos en los primeros 10 minutos) no rompían su armonía, aunque algo sí se vio fracturada con un triple de Drazen Petrovic, que empezaba a demandar protagonismo (26-17). Pero volvían (28-24 con un triple de Gentile, a 12:45 para el descanso). Snaidero había sido un equipo aguerrido en la liguilla de cuartos, que previamente tuvo que enfrentarse al Real Madrid en dos ocasiones.  Y si en la primera ocasión en el Palacio, la primera muestra de poder conjunta entre Drazen Petrovic (43 puntos) y Fernando Martín (23 más 15 rebotes), no fue demasiado igualada, sí lo fue el choque de vuelta -en la necesidad de ganarlo tras tropezar en pista del Cholet-, venciendo por la mínima, 94-95, con un palmeo final de Fernando Martín (26 puntos y 13 rebotes) que les valió el triunfo y el paso como primeros de grupo a semifinales.

Los hombres de Lolo Sáinz intentaban correr y acelerar el tempo del partido en todas sus acciones…cuando cogían rebote defensivo. Y es que fue un problema de difícil solución. Los italianos, con un trío muy poderoso en tal tarea, Glouchkov, Oscar y Dell’Agnello, amargó muchas posesiones a los blancos, capturando infinidad de rechaces ofensivos (la salvajada de 21 nada menos), lo que les mantenía vivos. Fíjense qué daño pudieron hacer, que el ‘marciano’ 71% en tiros de campo de los blancos y el 7/12 en triples al descanso, sirvió para sacar tres puntitos de diferencia al final de la primera mitad: 60-57.

Johnny Rogers y Fernando Martín se disponen a saludar a Oscar Schmidt, antes del salto inicial (ACB Photo).
Johnny Rogers y Fernando Martín se disponen a saludar a Oscar Schmidt, antes del salto inicial (ACB Photo).

Oscar Schmidt podía con Pep Cargol claramente en uno contra uno, tras el ingreso de este a pista, sentando a Rogers que cometió tres faltas personales cuando se llevaban poco más de 11 minutos de juego. El anotador compulsivo brasileño (24 puntos al descanso ya), rivalizaba con Drazen Petrovic, que a partir del minuto 12, comenzó a tomar el peso anotador entre los suyos, acrecentando su protagonismo más y más.

Drazen Petrovic fue evolucionando durante el partido, como lo fue haciendo durante la temporada. Consciente que tenía que integrarse en un grupo, hacer felices a sus compañeros (27.4 puntos de promedio en las primeras 10 jornadas), para ir tomando mayores decisiones anotadoras e incrementar el número de días en las que su anotación superaba los 40 puntos (30,4 puntos de promedio desde la jornada 11 hasta la 26, último enfrentamiento liguero antes de esta final recopera). En las transiciones rápidas que forzaba, intentaba solventar él, a pesar de los enfados en ocasiones de Fernando Martín, que corría totalmente liberado por una de las calles de contragolpe y no recibía el balón. Al descanso, Drazen tenía ya 26 puntos en su casillero. Sonaba a día grande para él.

De la relación entre Fernando Martín y Drazen Petrovic se escribió muchísimo, hasta el punto de sorprenderle al propio Drazen: “En cuanto a los medios de comunicación, desde el primer día me di cuenta que había muchísimos y eso ha creado una presión sobre mí y sobre todos mis compañeros. De todas formas, no me importa en absoluto, pues es parte de mi trabajo. Al principio era una auténtica avalancha”. En entrevista a Fernando Martín en diciembre, reconocía que “se han sacado que él y yo tenemos mala relación y a mí, se me ha puesto la etiqueta del malo”. Quique Villalobos recuerda que en los partidillos de entrenamiento, Drazen procuraba surtir de muchos balones a Martín, para tenerle contento, porque sabe que le necesitaba. Luego, había algunos partidos, que no lo era tanto.

Imparable Oscar Schmidt, con 44 puntos.
Imparable Oscar Schmidt, con 44 puntos.

Con el continuado dominio del rebote, Snaidero Caserta, equipo con apenas 6 años en la élite nacional -casi coincidiendo con el fichaje de Oscar-, logra empatar el choque a 64 con un triple del brasileño, respondido, cómo no, por otro triple de Drazen. El encuentro se ralentiza, ya apenas se corre y son ataques largos, desafiando los italianos con una defensa zonal a los blancos, que sí les crean problemas. ¡Ay, esa zona! Ese tipo de defensa que provocó la derrota más sonrojante de la temporada en el Palacio de los Deportes (73-93) ante el Ram Joventut dos semanas antes de esta cita ateniense y enormes apuros ante el Caja de Ronda unos días previos (que vencía al descanso 35-44, para que los arranques de Drazen, precisamente, solventaran el encuentro, ganando 81-72). El caso es que, con una jugada en la que Drazen Petrovic saltaba desde la línea de fondo hacia fuera, para aprovechando un bloqueo exterior, recibía y lanzaba con comodidad, a golpe de triple seguían por delante en el electrónico y el genio de Sibenik se mantenía engordando su ya astronómica cifra anotadora.

La salida de Fernando Romay por primera vez en pista, ayuda en intimidación, tapones y asegurar el tablero, lo que unido nuevamente al acierto de Biriukov ayudando a Petrovic, logran los mejores minutos del Real Madrid, yéndose hasta 85-73 en el electrónico. Fue un espejismo. Los hombres entrenados por Francesco Marcelletti confían en su defensa zonal y la ajustan mejor. Y los blancos no pasan de una circulación exterior, para que Petrovic lance sus tiros. Fernando Martín cansado de no tocar bola, se jugó dos malas suspensiones, fuera de su posición, que apenas tocaron el aro. Y es que, con lo que no contaba nadie, excepto la expedición madridista -quienes eran los únicos que lo sabían., es que Fernando Martín estaba jugando con un dedo fracturado.

Ferdinando Gentile entra a canasta, convirtiendo el 96-94.
Ferdinando Gentile entra a canasta, convirtiendo el 96-94.

Arrancamiento del ligamento colateral radial del dedo pulgar es como se definiría a nivel médico. Para un aficionado, fractura del dedo pulgar. Lolo Sáinz avisó a los suyos que no le pasaran balones fuertes a su mano derecha (la de tiro, además). Debiendo ser escayolado durante dos semanas tras este vital encuentro, con un ligero vendaje y varias veces infiltrado, Fernando Martín jugó y a pesar de sus enfados, resultó decisivo en los últimos minutos como veremos.

A los fallos de los blancos, curiosamente son los italianos los que corren ahora, acortando ventajas, eso sí, como las hormigas, porque Petrovic ya desmelenado por completo, a golpe de triple, suma y suma. 83-83, 91-89 y con una entrada de Gentile, 96-94, en los últimos 5 minutos de encuentro.

Petrovic se jugaba todas las bolas, forzando las más veces tiros libres en sus entradas a canasta (algunas infracciones, realmente dudosas y protestadísimas por los italianos), mientras que un triple de Oscar acerca (98-97) el marcador a la mínima diferencia, restando dos minutos. Una providencial canasta de Johnny Rogers en posición muy forzada (que saltó muy frío, cuando restaban 11 minutos para acabar), colocó un más que esperanzador 100-97, recortados por dos tiros libres de Dell’Agnello (100-99). Oscar toca un balón durante el bote de Petrovic, arrebatándoselo y cuando iniciaba su camino solo ante la canasta, oyó el silbido del árbitro, pitándole falta, para el estallido del banquillo italiano. “El árbitro yugoslavo Kurilic ha sido un auténtico sinvergüenza”, apostilló sin arrepentimiento el director deportivo del Snaidero Caserta, Piero Costa. “Durante los cinco últimos minutos, no nos ha dejado jugar”.

La famosa ‘bula’ que declaró Aíto García Reneses. “Petrovic tiene bula arbitral y hay que buscar soluciones” declaró el entrenador del F.C. Barcelona cuando perdió su primer partido en el Palau de la temporada contra el Real Madrid (98-101). Quizás por su enfado por ir ganando instantes antes 98-94 y que Petrovic les endosó 7 puntos consecutivos, el caso es que la frase quedó para la historia. Como también lo hizo otra frase del genio de Sibenik, cuando volvieron a ganar una semana después, otra vez en el Palau Blaugrana en liga (caprichos de un calendario extraño. Aclarando que Audie Norris, por lesión, no disputó ninguno de los dos envites), por 87-94, en el túnel de vestuarios le soltó a Aíto un “¿dónde se puede comprar la bula para meter los triples de la segunda parte?”. Llevaban 5 victorias consecutivas sobre su eterno rival.

Drazen Petrovic en su gesto más característico de la noche.
Drazen Petrovic en su gesto más característico de la noche.

Drazen Petrovic anotó los 2 tiros libres de la falta personal, con el marcador en 102-99. Tiempo muerto. Todos sabían que Oscar pudiera jugarse un triple y todos avisando y aconsejando a Cargol lo más posible. Dio igual. Cuando recibió el brasileño, muy alejado de la línea de tres puntos, con la posición defensiva afianzada de Cargol, lanzó un increíble triple que acabó entrando, empatando a 102. Restaban 20 segundos.

Última jugada del partido, Drazen Petrovic sube el balón andando y decide entrar a canasta para, muy probablemente, forzar falta…en el momento en que tocan su balón, se lo arrebatan a falta de 8 segundos y quedando en manos de Dell’Agnello la suerte de la final. Nando Gentile recibe el pase tras unos instantes de dudas, y al arrancarse para lanzar un triple, se choca con Biriukov en el momento de la acción de tiro, perdiendo la pelota en acción de falta. La falta es reconocida inicialmente por Biriukov, pero ¿estaba dentro del tiempo? El árbitro principal Kostas Rigas pide calma y espera a que en la mesa de anotadores dictaminen sentencia, con los italianos fuera de sí, invadiendo tal mesa. Es increíble que ni en directo los testigos pudiesen verlo -aunque en el recinto era muy complicado-, pero sobre todo que la realización televisiva no hubiese tenido a bien colocar un crono en la pantalla o usar una ventana con el marcador. El caso es que nunca se sabrá si la falta estaba o no en tiempo. El comisario de mesa aseguró que estaba fuera de tiempo, con lo que habría que disputarse 5 minutos extras en prórroga.

En la prórroga, iniciada con un triple de Petrovic (que con él, ya llevaba 54 puntos, pues anotó 51 en los 40 minutos reglamentarios), fueron decisivas dos canastas de Fernando Martín tras ganar la posición, para elevar la ventaja a 6 puntos (111-105). Los italianos, ya sin Oscar, en el banquillo por 5 faltas (4 de los 5 en pista, iniciaron la prórroga con 4 faltas personales, muy, muy cortos de efectivos en el banquillo), lo dejan todo para que Ferdinando Gentile se jugase dos triples de otra galaxia, según llegaba -el segundo, imitando a Stephen Curry 27 años antes, desde 9 metros-, para ajustar el marcador en un 113-111 a falta de 01:09. Pero Drazen Petrovic ya tenía claro que eso no se le iba a escapar de las manos. Ejecutando lo que él sabía hacer como un maestro, anotar suspensiones cortas tras penetrar, buscando la sorpresa en el contrario cuando se levantaba, otorgó la justa ventaja al Real Madrid para vencer finalmente por 117-113.

Con los dos equipos saludándose, entregaron a la carrera el trofeo de campeones de la Recopa al capitán del Real Madrid, Fernando Romay. Todos los jugadores fueron conscientes que lo visto aquella tarde-noche en Atenas, pudiera ser irrepetible. Los 62 puntos de Drazen Petrovic, los 44 de Oscar, toda aquella bacanal ofensiva de jugadores que rozaban la perfección en el arte de anotar, en un día de inspiración, dio como resultado todo aquello.

Mucho se habló de aquel éxito…o no. Los periodistas que viajaban en el avión de vuelta con el Real Madrid, reconocen que la alegría iba por barrios. Que a un lado del avión, Ramón Mendoza agasajaba y brindaba con Drazen Petrovic, mientras que Fernando Martín (vean la foto inicial de la celebración), no lo estaba tanto. Un jugador testigo de aquello, Quique Villalobos, quita hierro al asunto, asegurando que no había tan malas caras como se quiso hacer ver. Que cuando ganas, es muy diferente y pocos enfados caben. Puede que tenga razón.  Luis Gómez, el reconocido columnista del diario El País, reconoció en una de sus columnas,  que “hay quien dice que aquellos partidos en que Petrovic supera los 30 tantos, son puntos que roba a sus compañeros. Lo que sí es significativo es que un gran partido de Petrovic no ha significado, en casi ningún caso, un gran partido del equipo (…) Un equipo de la calidad del Real Madrid, no puede ganar una final obligando a uno de sus jugadores a anotar 62 tantos. Precisamente por eso, estuvo a punto de perderla”. Era un sentir general de bastantes periodistas en aquel momento. Para el Real Madrid, el 5-0 al Barcelona, la Copa del Rey conquistada y esa Recopa, suponían el punto más alto de la temporada, en lo que Ramón Mendoza consideraba “el inicio de un periplo triunfal en la historia del Real Madrid”. La historia luego, contó otro cuento. Porque sin que nadie le diera mayor importancia, en el mes de enero anterior, Bucky Buckwalter, general manager de Portland Trail Blazers, hizo un viaje a Madrid, acrecentando su amor deportivo absoluto por Drazen Petrovic. Nos quedamos, a pesar de todo, con aquella noche mágica, en la que parecía que todo era posible. El sello de un baloncesto, de una generación, de un puñado de estrellas en aquella década, quedó reflejado sobre el parquet del gran escenario ateniense. Como ven, para la historia.