MOMENTOS ÉPICOS: ¡TXAPELDUN BASKONIA! (y 2ª parte)

MOMENTOS ÉPICOS: ¡TXAPELDUN BASKONIA! (y 2ª parte)
Copa de Europa 95/96. Final: Taugrés 88-81 PAOK Salónica (12.03.96)

Antonio Rodríguez

Copa de Europa 95/96. Final: Taugrés 88-81 PAOK Salónica (12.03.96)

“El PAOK ha hecho el viaje en balde”. Manel Comas en estado puro y más en esta ocasión. Por muchos, muchos motivos. Fue su frase más sonada en la rueda de prensa de la víspera de la final ante el PAOK Salónica, en Vitoria, en el Araba Arena (actual Fernando Buesa). La inmensidad de enviados especiales griegos que allí se desplazaron, se ofendieron con tal declaración y el tono ‘manelcomasiano’ rayando lo chulesco. Y es que Manel afilaba colmillos. Cualquier reacción contrariada de los de Salónica, lo encendían aún más. No era una cuestión de disputar la tercera final de Copa de Europa (Recopa) consecutiva, o que Taugrés hubiese perdido las dos anteriores -siendo superiores con más claridad la primera vez ante Olimpia Ljubljana que la segunda ante Benetton Treviso-. Ni el miedo a ganar, ni presión por jugar en casa, ni temor al rival. La cuestión es que, era ese rival: PAOK Salónica.

Velimir Perasovic celebrando el título.
Velimir Perasovic celebrando el título.

Usando su vocabulario, pudiéramos decir que ‘aún le dolía el culo de tal rejonazo’ a su orgullo, a la sensatez y a la razón. A sentirse enfurecido e impotente como entrenador de CAI Zaragoza junto a miles y miles de aficionados, cinco años atrás. Era el PAOK Salónica y los aficionados del PAOK Salónica quienes convirtieron la final de Ginebra de 1991 en la mayor vergüenza en la historia de las finales FIBA, con la condescendencia de sus rectores, por supuesto. Porque Manel iba afilando y metalizando su lengua en esta rueda de prensa previa, a semejanza de aquellas navajas con las que atracaban cinco años antes, a los aficionados que poseían entradas del CAI Zaragoza, para usurpárselas. Por recordar un pabellón con dos mil espectadores más de los que permitía su aforo, porque los aficionados helenos, no contentos, cometieron la salvajada de tirar las puertas abajo y entrar en estampida, con el riesgo que todo ello conllevaba. Y ante tal peligrosidad (y las escasísimas medidas de seguridad de una ciudad inadecuada para aquello y absolutamente desbordada), la furia y la impotencia del club zaragozano y su presidente, José Luis Rubio, que ante la negativa de jugar con tales premisas, Boris Stankovic, secretario general de la FIBA, les amenazó con perder el título si se negaban a jugar…ante el silencio y el nulo apoyo al club caísta de cualquier mandatario español presente allí (que a propósito, algunos aficionados griegos echaron casi a patadas del palco, para ocuparlo ellos). Y lo que peor llevaba Comas era que, en aquella encerrona, además perdieron: 76-72. Por eso, en la rueda de prensa del 11 de Marzo de 1996, tenía los ojos casi inyectados en sangre. “Vitoria no va a tener nada que ver con lo de Ginebra, porque aquí no se sucederán las anormalidades que se produjeron allí”. Los medios griegos seguían alzando la voz y se encresparon más aún cuando Manel recordaba con el afán de hacer herida, que hasta el propio Fassoulas durante aquel infausto choque cinco años atrás, debió tomar un micro en un momento de la segunda mitad y pedir calma y civismo a sus aficionados ante la avalancha de objetos lanzados a la pista. Por todo ello, Manel Comas se despachó bien. Las quejas griegas no se completaron con esta rueda de prensa ese día, pues en un magnífico artículo publicado en baskonistas.com, se habla de las reacciones y publicaciones de prensa en el país heleno. De las quejas por no dar la calefacción en el pabellón cuando PAOK entrenaba y tener que hacerlo a una temperatura ambiente de 5 grados.

El héroe de esta competición: Ramón Rivas, MVP (imagen de semifinales. ACB Photo).
El héroe de esta competición: Ramón Rivas, MVP (imagen de semifinales. ACB Photo).

Los aficionados, nada menos que 1.200 desplazados desde Salónica, fueron otro quebradero de cabeza para las fuerzas de seguridad, sobre todo para la Ertzaintza, que amplió sus tentáculos hasta Madrid, lugar donde aterrizaban en avión tales fans, que fueron escoltados en autobuses en su mayoría, hasta Vitoria. Entre las aventuras en Madrid, hay también historias curiosas, porque esta ‘fanaticada’ helena tuvieron sus temores. También ellos.

Quiero que recuerden que el mismo día en que se disputaba la final de la Recopa, martes 12 de Marzo de 1996, también se disputaban los segundos partidos de las series de cuartos de final de la Liga Europea (al mejor de tres). Y uno de los cruces era entre el Real Madrid y Olympiakos. En la víspera de este partido, hubo un grupo reducido de aficionados del PAOK Salónica, ya en Madrid, que se acercaron a la Ciudad Deportiva del Real Madrid a ver y saludar a algún ex componente del PAOK durante el entrenamiento, como era el caso de Zoran Savic, ese año en el club blanco. Y allí, un reportero de Canal+, acompañado con un operador de cámara que se acercó a cubrir tal entrenamiento, fue reclamado por cierto fan de Salónica, con bastantes reservas, y advertiéndole que si se cruzaba con Fassoulas, recién fichado por Olympiakos tras toda una carrera deportiva en PAOK, que le avisara, que no quería toparse con él. Ante la curiosidad del reportero por ese temor, el aficionado le explicó que él era un conocido cabecilla de uno de los grupos ultras que apoyan al equipo. Y que tras la final de la Recopa perdida en 1992 ante el Real Madrid -con aquel pase de Fassoulas que cortó Ricky Brown, anotando la canasta de la victoria sobre la bocina final-, le intentó quemar su coche. Desconocemos el resultado final, pero nos cercioramos que el pívot se enteró de aquello y de su autor y desde entonces, éste hace por evitarle. Imaginen la cara del redactor de Canal+ al descubrir el ‘personaje’ que tenía enfrente. Realmente hubo mucha corrección y a pesar de algunas detenciones esporádicas tras la final a algunos de estos aficionados por ‘liarla’ en la plaza de la Virgen Blanca, volvieron a Grecia bastante orgullosos de su equipo.

Los campeones de la Copa de Europa 1996: Taugrés.
Los campeones de la Copa de Europa 1996: Taugrés.

Refiriéndonos a temas estrictamente deportivos, aquella temporada de PAOK Salónica fue tortuosa. Les remitimos de nuevo al artículo del link que hemos mencionado anteriormente. Lo que sí podemos añadir a grandes rasgos, es que los helenos sustituyeron a su americano Trevor Ruffin, un base muy anotador, por un pívot, Lawrence Funderburke, a mediados de temporada. Tras la pérdida de John Korfas y la “eterna promesa” griega Galakteros, lo que menos querían era que su estrella, el serbio Branislav Prelevic, tuviese queja o incomodidad alguna. Y el protagonismo que demandaba Ruffin chocaba de frente con las exigencias de Prelevic. Así que se optó por la solución Funderburke, aun contando que no pudiera jugar competición europea y para sumar más incertidumbre, las críticas arrecieron porque fuese tal medida motivo para cortar la progresión de los dos mejores pívots jóvenes del firmamento heleno: Efthimios Rentzias y Giannis Giannoulis. Con lo que ellos también tenían la baja de uno de sus americanos, como lo hacía Taugrés con la ya conocida –y expuesta en el capítulo anterior- de Kenny Green.

Y nos presentamos en el encuentro, en la cita: la gran final. Millera, Perasovic, Reyes, Nicola y Rivas formaban el quinteto del Taugrés. Boudouris, Prelevic, Stojakovic, Garrett y Rentzias, el de PAOK Salónica. Y aunque la primera jugada baskonista fuera un fallo de Ramón Rivas, con los locales forzando exageradamente el ritmo rápido de la mano de Jordi Millera, corriendo a cada posesión, nada más lejos de la realidad de lo que pasó a continuación. Esas primeras fulgurantes transiciones de Millera otorgaron buenas sensaciones y parciales, con un 6-2 muy esperanzador. Todo fue un espejismo. PAOK poco a poco empieza a tomar el mando en todas las facetas. La marca de Velimir Perasovic sobre Branislav Prelevic no funcionaba. Fuese en salida de bloqueo o en uno contra uno, el alero del conjunto griego se despachaba frustrando al croata (que habían coincidido en la selección yugoslava 12 años antes en categorías inferiores, por cierto), hasta el extremo que los visitantes se ponen por delante (14-16), se van en el marcador (14-20) y con 14 puntos del mencionado Prelevic nada menos, despiden los primeros 10 minutos de juego, al que se llega con el desalentador 16-25.

Ramón Rivas, 31 puntos y 14 rebotes para la historia.
Ramón Rivas, 31 puntos y 14 rebotes para la historia.

Poco optimismo se veía entre la multitud de aficionados baskonistas, mientras que el contraste estaba en uno de los fondos, totalmente abarrotado por la marabunta blanquinegra de Salónica, al borde de la locura. El base Nikos Boudouris, superaba por potencia y altura claramente a Millera. Todas las excelencias que habíamos oído de Pedrag Stojakovic se confirmaban, porque el chaval era una joya. Con sus 2.06 de estatura y 18 años, el tipo tiraba desde fuera y tenía una excelencia técnica envidiable para fintar, entrar a canasta y anotar en suspensión corta, nivel al que no llegaba Reyes a detener. Y para culminar este dominio macedonio, Efthimios Rentzias, a pesar de sus 19 añitos, crucificaba una y otra vez a Marcelo Nicola en poste bajo o en suspensiones desde poste alto. Todo ello, bajo el liderazgo anotador de Prelevic (nada menos que 17 puntos al descanso), con una respuesta vitoriana cercenada, pues Perasovic estaba teniendo problemas para encestar, Millera sin el ritmo alto que dejó de imprimir tras 5 minutos iniciales, no funcionaba –y tanto que fue así, que dos pases por forzar contragolpes interceptados por Dean Garrett, le llevaron al banquillo sustituido por Ferrán López-, mientras que lo más sorprendente era la ineficacia de Marcelo Nicola, no ya en desacierto, sino que ni tan siquiera intentaba lanzar a canasta. Sus tres tapones defensivos en una misma posesión en los primeros minutos, estaban más que diluidos ante su desaparición en ataque.

Visto lo visto, quien cogió la responsabilidad total y absoluta del devenir de su equipo, fue Ramón Rivas. Todo un profesional, sabedores que, a la hora de la verdad, cumplía como el que más, se dedicó a pedir balones en poste bajo, recibir y forzar faltas en la zona. A Dean Garrett le sacó tres en pocos minutos y a su sustituto, Giannoulis, cuatro en la primera mitad. Lo de Ramón Rivas ese día, merece un monumento en la fachada del Fernando Buesa Arena hoy. No habría título sin él. Toda la primera mitad fue el mismo ejercicio de ganar la posición, recibir y anotar, sea a la primera, tras rebote ofensivo a su propio tiro o forzando faltas y a la línea. Zeljko Lukajic,  entrenador del PAOK (uno de los cuatro que tuvo esa temporada, que acabó finalizando su asistente, un jovencísimo Dimitris Itoudis), nunca contempló la opción de hacer dos contra uno frente al portorriqueño y este les mató. Lean sus estadísticas tras los primeros 20 minutos (en los que jugó todos, por supuesto): 21 puntos, 6/11 en tiros de campo, 9/9 en tiros libres y 9 rebotes. Un auténtico monólogo ante unos compañeros, que solamente contemplaban. “No busqué el protagonismo especial, como muchos puedan pensar. Sólo deseaba ganar a toda costa y por eso comencé a hacer lo que mejor sé: trabajar en la zona”.

En conjunto, PAOK se mostraba sobradamente mejor equipo que Taugrés. 21-29 en el minuto 12 y 25-35 en los momentos más críticos de los locales que gracias a Rivas, se mantienen en la decena. Al minuto 15, 29-41 con una bandeja de Stojakovic, para que Manel Comas solicitase tiempo muerto y pusiese en pista a los jóvenes Carlos Cazorla (19 años) y Jorge Garbajosa (18), con la casi desesperada tarea de apretar al máximo en defensa. Rivas llevaba 21 de los 36 puntos de su equipo (tan impresionante como preocupante) y a una entrada de Cazorla que dobla para Garbajosa, éste logra un dos más uno, que hace estallar a la afición. Añadan un balón suelto, recogido por Jordi Millera, que con un triple a falta de 4 segundos para el descanso, sitúa el electrónico en el definitivo 44-50 y pueden comprobar que, a pesar de todos los horrores y pesadillas, Taugrés se marcha al descanso aún en partido.

En la entrevista del descanso, Manel Comas se queja de la mala defensa de sus jugadores en el perímetro y que tras los primeros minutos, dejaron de correr. “Estaba muy cabreado por lo mal que jugué la primera mitad” reconocía Marcelo Nicola al final del choque. “En la segunda parte salí con una mala leche increíble”.  PAOK era superior, sí. Pero restaban 20 minutos y ni Perasovic ni el propio Nicola habían estado acertados. Además, sabiendo que ninguno de los dos equipos tenía banquillos importantes, el cansancio y el protagonismo de los titulares en los últimos minutos, sería decisivo.

                La segunda mitad arrancó con Jorge Garbajosa en pista, dándole continuidad Comas, porque junto a Cazorla, fue la clave para una mayor agresividad defensiva previo al descanso. Y Rivas que seguía a lo suyo, anotando y sumando tiros adicionales, con Dean Garrett, un especialista en defensa, totalmente superado. Añadan que Garrett en ataque, no fue capaz de anotar un solitario punto, llegando al nivel casi de desquiciamiento cuando tuvo una cómoda suspensión a cuatro metros, que no llegó ni a tocar el aro. Sin embargo, PAOK tenía otros poderes. Un triple y una canasta de Pedrag Stojakovic consecutivos, con su marcador Nicola perdiendo los papeles en una falta antideportiva, frustrado con él desde la primera parte, más otros 5 puntos también consecutivos de Prelevic (34 puntos en total, en una serie de 12/22 en tiros de campo), volvió a marcar las distancias 54-64, interrumpido con un tiempo muerto de Manel Comas a falta de 12:53 para el final.  PAOK tenía más calma y más calidad jugando. Pero como el entrenador baskonista recalcaba, “a este equipo nadie le gana en ilusión y en cojones”. Se arranca con la mejor medicina, un triple de Marcelo Nicola, aunque sea respondido por otro de Prelevic (eran ya patentes los gestos de desesperación e sus marcadores). Los griegos ralentizan el juego hasta el límite, haciendo ya las transiciones andando (ni que recordar tiene los 30 segundos de posesión que existían en aquel momento). Perasovic, en el colmo del mal día, falla dos tiros libres consecutivos, pero entre todos empujan un poco más, ganan un metro más de terreno hostil. Con 62-67 se encaran los últimos 10 minutos y todas las puertas abiertas.

                Y este fue el momento en el que todos en Vitoria esperaban (y posiblemente hasta los griegos). A partir del minuto 30 y como ya les ocurriera a Olympiakos en la final de la Liga Europea dos años atrás ante el Joventut, a los de Salónica los últimos 10 minutos les pareció como un muro infranqueable: el cansancio hizo su acto de aparición. Zeljko Lujacic ya no se atrevía a rotar a sus hombres de no verse en la imperiosa necesidad por cinco faltas (lógico, porque toda la aportación ofensiva hasta ese momento del banco, fueron 2 puntos de Giannoulis). Estaban exhaustos y cada vez más exageradamente invocaban la figura de Prelevic para que solucionara sus problemas. Incluso los jóvenes Stojakovic y Rentzias, entre los nervios, la tensión de los momentos decisivos y su agotamiento, se diluyeron. Con una nueva canasta de Ramón Rivas (31 puntos, entre cánticos del “dale, Ramón, dale Ramón”), lograban culminar un parcial de 14-3 y lo que era más importante, ponerse por delante, 68-67 a falta de 07:47.

Ahora sí que tocaba defender, con Jordi Millera haciendo un extraordinario trabajo. Ahora sí que había que sacar la inspiración individual ofensiva. Y fue cuando Marcelo Nicola apareció con un triple y un gran mate entrando a canasta, haciendo estremecer al Araba Arena en un estallido de júbilo (73-69 a falta de 5 minutos). La final ya estaba encarrilada y eso no se podía escapar. Dar el balón a Prelevic y que él solo ante los cinco rivales decidiera. Aunque siguió anotando alguna canasta de mérito, pero ya era él contra el mundo, porque sus compañeros a esas alturas ya ni existían, y el banquillo, aún menos. Con una canasta de Perasovic, contestada por un triple de Prelevic, se entra en el último minuto con 81-76. Eso ya no se iba de las manos.

“Hemos ganado por fe, corazón y un poquito de fortuna” recalcaba un Manel Comas exultante al final del choque. “Es decir, dos de las tres virtudes que tuvimos en Lausana y en Estambul. Sobra decir cual nos faltó”, mientras se acordaba de Bannister, de Talaverón, de Pablo Laso, de Paco García y de todos los ausentes ese día que habían ido de la mano con el actual Taugrés campeón en esta travesía de tres años. Porque el Taugrés se proclamó campeón, sí, por 88-81, en Vitoria, en su Araba Arena, ante 40.000 personas que saltaron a la calle en las celebraciones del día siguiente ofreciendo el trofeo de la Copa de Europa a la Virgen Blanca. Era el primer y sufrido título europeo en el club vasco, en el momento en el que quizás aquello de sufrir hasta el final para lograr el éxito, fue la primera prueba palpable de lo que se acuñó como “carácter Baskonia”.

No, ciertamente no era la plantilla más glamourosa. Pero Jordi Millera, Ferrán López, Juan Pedro Cazorla, Velimir Perasovic, Carlos Cazorla, Miguel Ángel Reyes, Iñaki Gómez, Jorge Garbajosa, Marcelo Nicola, Kenny Green cuando pudo y Ramón Rivas, tutelados por el recordado Manel Comas, tuvieron la grandeza de hacer encumbrar aquella temporada a la capital alavesa y a nuestro baloncesto. Veinte años después, créanlo que aún retumba su eco: ¡TXAPELDUN BASKONIA!

 

Link de la 1ª entrega: “Txapeldun Baskonia”.