MOMENTOS ÉPICOS: ¡TXAPELDUN BASKONIA! (1ª parte)

MOMENTOS ÉPICOS: ¡TXAPELDUN BASKONIA! (1ª parte)
Copa de Europa 95/96. Liguilla de cuartos: Zalgiris Kaunas 75-86 Taugrés (16.01.

Antonio Rodríguez

Copa de Europa 95/96. Liguilla de cuartos: Zalgiris Kaunas 75-86 Taugrés (16.01.96)

 “La imposibilidad de sustituir a Kenny (Green) ha supuesto nuestra práctica eliminación” declaraba Josean Querejeta, presidente del Taugrés Baskonia.  Tajante y derrotado, dábanse por eliminados en la liguilla de cuartos de final de la Copa de Europa, influido por las estrictas normas FIBA, en la que no se podía cambiar los jugadores inscritos al inicio de la competición, ni tan siquiera por lesión. Y es que “teníamos que ir a Limoges a ganar o en el peor de los casos, perder por menos de seis. Pero no ha sido posible”. El batacazo baskonista fue sonoro: 88-68 en tierras francesas y las matemáticas para optar a semifinales, sonaban a milagro. Vigentes campeones de la Copa del Rey (Granada, 1995), se vieron excluidos de la fase final del siguiente año, el que nos ocupa, a disputarse en Murcia, circunstancia que jamás se ha vuelto a repetir ni antes ni después –en el formato de Copa a 8 equipos- en la historia de la Liga Endesa. Tal estaba siendo la temporada de Taugrés.

La plantilla del Taugrés, campeones en 1996 (ACB Photo).
La plantilla del Taugrés, campeones en 1996 (ACB Photo).

20 años dan para mucho, sobre todo para poner en perspectiva ciertas experiencias. Para Baskonia, 20 años han significado lograr ser élite europea. Para disputar la primera final a 5 partidos de la recién creada Euroliga. Para llegar a su Final Four durante 4 años consecutivos (del 2005 al 2008), logrando el partido por el título en el primero de este cuarteto. Pero sobre todo, para reconocer que pocas veces se pueden dar más adversidades a la hora de lograr un título, cuando estaba tan preparado y tan deseado, como aquella Copa de Europa –antigua Recopa- de 1996. Porque pareció de guion cinematográfico. Aquí, en dos capítulos, detallaremos toda aquella travesía baskonista entre preocupaciones y desesperos, hasta llegar al culmen final, el título jugado en casa, en el actual Fernando Buesa Arena, entonces Araba Arena aún sin la primera de las dos grandes remodelaciones que ha disfrutado. Menos espectadores, pero todo el espíritu de cada uno de los habitantes de Vitoria y su comarca, en sus asientos.

Dejaremos pasar todo el conflicto con David Sala, el prometedor base que tan positivas sensaciones mostraba desde León en años anteriores. Dejémoslo en que al sustituto de Pablo Laso –insignia del club, que partió para el Real Madrid-, esa carga le pesó demasiado. Se escribieron y se dijeron cosas demasiado feas como para retratarlas aquí. El caso es que ante su baja por depresión, echaron mano improvisada con la temporada ya iniciada, de la liga EBA nada menos, para contratar a Jordi Millera, desde Vinos de Toro Zamora, curiosamente vinculado entonces al ACB Baloncesto Salamanca. Primer contratiempo.

Aunque el mayor de ellos, llegó en los primeros minutos de la tercera jornada de la competición europea: Kenny Green, su espectacular ala-pívot, vertebral en las aspiraciones del Taugrés, sufría dolores insufribles producto de una hernia discal en los primeros minutos del choque ante Zalgiris Kaunas, que lo apartaba de sus compañeros. Inicialmente entre 30 y 45 días que, dolorosamente, se ampliaron a mucho más. La normativa FIBA, ya la hemos comentado:  no se podía cambiar ningún jugador de los inscritos previo a la competición, hasta que no llegasen las semifinales. Y estas, en un momento dado, parecieron quiméricas. Tras esos 45 días de rigor, en un intento por regresar, el estadounidense declaró previo a un partido en Sevilla, que “no siento los dedos del pie derecho”, con lo que finalmente se tomó la decisión que pasara por quirófano, perdiéndose toda la temporada.

Velimir Perasovic, el hombre más importante el día de Kaunas.
Velimir Perasovic, el hombre más importante el día de Kaunas.

Precisamente fue Kenny Green el único destacado en el naufragio generalizado del equipo en tierras belgas, ante el Sunair Ostende (26 puntos y 14 rebotes), en un debut aciago, donde perdieron 84-68, que se acrecentaba con un sorprendente Zalgiris Kaunas, que en Vitoria logró un sonado triunfo (91-93) en la tercera jornada, en una locura de acierto en el tiro que lideró el ilustre veterano Rimas Kurtinaitis (39 puntos), acallando aquellos que pensaban que en el Real Madrid ya estaba acabado.

El sistema de competición (tras superar al KK Zagreb en una ronda previa) consistía en dos grupos de 6 equipos, donde los 2 primeros de cada uno, accedía a semifinales. Nada más. Dos traspiés casi consecutivos (entre medias se ganó a Limoges en el Araba, 79-73) en su inicio ya eran una bofetada a las aspiraciones vitorianas cuando el grupo exigía tanto. Se ficha al croata Goran Sobin, pero solamente para la liga, mientras que las malas noticias siguen creciendo. El portorriqueño Ramón Rivas sufre también de hernia discal (menos severa que la de Green, pero suficiente como para tenerle de baja), dejando en cuadro a Manel Comas, sin apenas hombres interiores. Jugando con aleros reconvertidos a pívots, como Marcelo Nicola y Miguel Ángel Reyes, Comas decide subir al primer equipo por necesidad imperiosa, a un chaval de 18 años que jugaba en el filial Arrasate. Su nombre: Jorge Garbajosa. Con este bodegón tan extraño, gracias a los 26 puntos de Velimir Perasovic, el viaje a Israel apunta la segunda victoria, ante el Bnei Herzliya (70-82). Y con las mismas bajas, había que viajar a Belgrado a verse las caras con el Partizán, club cargado de joven talento con los Koturovic, Drobnjak, Tomasevic, Miroslav Beric, Cubrillo y Lukovsky. Ese viaje a Belgrado.

Piensen que la Guerra de los Balcanes había finalizado apenas dos años antes. Y un croata, Velimir Perasovic, entraría en las fronteras del recién creado estado serbio: “No tengo miedo a ir allí, aunque está claro que no es una buena noticia para mí. Pero soy un profesional y mi deber es jugar allá donde lo haga mi equipo”. Taugrés contaba con el compromiso formal de la FIBA de medidas de seguridad extraordinarias y pertinentes para cualquier imprevisto. El año anterior, Pedrag Danilovic, formando parte de la Buckler Bolonia italiana, viajó y jugó en Zagreb en Liga Europea ante la Cibona. Y tras la experiencia, se negó a volver a viajar a Croacia. Por si acaso, famosa es la anécdota en la que al rookie Garbajosa le adjudicaron la habitación inscrita en el hotel a Perasovic, por si…había más imprevistos. Pues como auténticos campeones, entre Reyes, Nicola y Garbajosa –que jugó 24 minutos-, se defendieron bajo tableros y un líder Perasovic (24 puntos en los 40 minutos íntegros que disputó), se logró vencer en la sala Pionir, 76-82, en un encuentro muy especial para muchos. Ganando al Sunair Ostende (87-74) ya en casa, los vitorianos se colocaban segundos, empatados con el Limoges –ambos con 4 victorias y 2 derrotas-, con lo que el siguiente choque entre ambos, decidía prácticamente la clasificación de uno de ellos. Y fue cuando se pinchó en el momento más inoportuno, cuando se realizó el peor partido de toda la temporada (88-68), con las declaraciones de Josean Querejeta que introducen este artículo, sentir general de todo el club y su masa social. Restaban tres jornadas y la siguiente visita sería a Kaunas. Un imbatido Zalgiris (el único de toda la competición, con 7 victorias), esperaba.

Marcelo Nicola reboteando durante las semifinales ante el Dinamo Moscú.
Marcelo Nicola reboteando durante las semifinales ante el Dinamo Moscú.

El viaje a Kaunas, la cita allí, sonaba a día grande. Y no es que el ganar diese paso a nada, porque ya se dependía del pinchazo del Limoges, pero en la peor cancha posible, podía morir el único hilo de esperanza que quedaba, ese al que se agarraba Manel Comas constantemente. Con el frío reinante en aquella ciudad –que se lo digan a los enviados especiales, que no se desprendieron ni de los guantes en sus pupitres de prensa- a mediados de Enero, el vetusto pabellón abarrotado de un público enfervorizado, nada que ver en ese aspecto con los de cualquier otra república ex soviética, se homenajeaba a Rimas Kurtinaitis antes del salto inicial y Aleksander Gomelsky, agradeciendo a todos, micro en mano y soltando un discurso, algo que lógicamente no llegamos a entender. Ramón Rivas, aún convaleciente, entraba dentro del quinteto titular que Manel Comas puso en cancha, junto a Millera, Perasovic, Carlos Cazorla y Nicola. Por los lituanos, Maskoliunas, Kurtinaitis, Tomas Maciulis, Sestokas y el ex breoganista y estudiantil, Torgër Bryn.

Los primeros parciales son claramente para los vitorianos (2-10), que se sienten cómodos en el parquet. Jordi Millera acelera el ritmo de juego lo más posible y tras canasta lituana, saltaba como un cohete para que en cuestión de 3-4 segundos, sea él o alguno de sus compañeros, anotaran. Rimas Kurtinaitis, tras errar sus primeras tres suspensiones, anota 5 puntos consecutivos y mete a los suyos en partido (18-24), para dar paso al dominio claro de Zalgiris en el rebote ofensivo. Torgër Bryn parecía amo y señor absoluto del tablero, superando permanentemente a Ramón Rivas, que parecía al menos, ir aguantando físicamente.

                Taugrés siempre fue mostrando oficio en ataque y movimiento de balón, con Velimir Perasovic y Marcelo Nicola como los hombres más acertados, aguantando así a los locales que se desmelenan en ataque, sobre todo superando a sus pares en uno contra uno. Una entrada de Darius Lukminas sitúa un 45-47 preocupante, porque la afición ya estaba totalmente volcada y aupando a sus jugadores, olvidando la frialdad de los primeros parciales. Al descanso se llegó con 48-51 aún para los forasteros.

 Si la consigna en la primera mitad era correr lo más posible, Taugrés saltó en la reanudación con el mandato claro de surtir balones al poste bajo. Fueran Nicola (22 puntos) o sobre todo Ramón Rivas (21 puntos y 6 rebotes), dañaban con faltas y puntos, sumando poco a poco, erosionando posibilidades rivales. Del empate a 55 se pasó al 55-61 con un brillante contragolpe culminado por Nicola, en el momento en que entra por primera vez al partido Ferrán López, otro jugador con problemas físicos, tanto en su muñeca como sobre todo, en su rodilla. Fuertemente protegida, aguantó hasta el final del choque dando la talla. Los baskonistas, en su mejor versión defensiva y manteniendo el acierto el ataque, se despegan hasta un 57-67 en los mejores minutos de Perasovic, seguido por un 62-72, a pesar de un ambiente cada vez más cargado, de cita grande europea. El rebote se fija, Bryn ya no hace tanto daño y como lobos se iba a Kurtinaitis (19 puntos) en dos contra uno cada vez que cogía el balón y buscaba bloqueo, situación repetida una y otra vez para que no lanzase. Aun así, entre Lukminas y Sestokas, recortan diferencias y aumentan la presión (75-77), debiendo empezar casi desde cero tras 37 minutos de batalla.

Ramón Rivas lanzando ante la oposición de Vitaly Nosov.
Ramón Rivas lanzando ante la oposición de Vitaly Nosov.

Y fue cuando Rimas Kurtinaitis falló en los momentos decisivos. Dos triples totalmente solo, dándose cuenta que sus piernas no eran las mismas, contrastaban con la sensatez y misma estrategia vitoriana de jugar en la zona, donde un palmeo de Rivas, casi cerraba el choque con un 75-81 en el último minuto. Aunque Perasovic fallase tres tiros libres consecutivos –algo que seguramente jamás repitió a lo largo de su carrera-, la precipitación local llevó el electrónico a un 75-86 final, entre los abrazos de los jugadores baskonistas. Aunque repetimos, no servía más que para seguir vivos, la efusividad de esos abrazos, parecían abrir otras puertas. Las de una esperanza que una semana más tarde, tras vencer en el trámite ante el Herzliya (81-67), parecía apagarse un poco más en vísperas de la última jornada, pues Limoges fue capaz de vencer a los lituanos (82-68), dejando todo en suerte para la jornada final y hasta con la posibilidad que Zalgiris, imbatido dos jornadas antes, pudiera quedarse fuera de semifinales.

No pregunten por qué Taugrés jugó un día después que el resto su encuentro de la última jornada, porque no lo sabemos. El caso es que dicen que, ante la imperiosa necesidad que uno de los dos de arriba perdiese, o Limoges en Ostende o Zalgiris en Israel ante el Herzliya, Manel Comas se apostó con su presidente una cena a que estos últimos ‘cortaban oreja’ ante los lituanos. Tarde de boletines, teléfonos e información que escasamente llegaban, increíblemente el Sunair Ostende iba venciendo al descanso al Limoges por 15 puntos nada menos (45-30), mientras que Zalgiris empataba a 47 en Israel. El optimismo que emanaba desde la ciudad belga, se fue tornando en nubarrones, pues los franceses iban recortando, entrando igualados en los últimos minutos... para que los locales vencieran finalmente por un solitario punto: 76-75. Para alegrar más la tarde aún, Bnei Herzliya, casi a ‘petición’ de Manel Comas, también derrotó al Zalgiris (93-89), quedando fuera de semifinales Limoges, siempre y cuando Taugrés venciera en su último choque en casa ante Partizán Belgrado. Y a pesar del 49-49 al descanso, no se podía fallar (99-88). Lo impensable semanas antes, se había consumado. Taugrés optaba aún al título, clasificado para semifinales y con la guasa que lo hacía como primero de grupo, con lo que el rival era Dinamo de Moscú.

Ni Sergei Bazarevich, estandarte moscovita, ni el joven pívot prometedor Vitali Nosov aguarían la fiesta vitoriana. Taugrés venció en la ida, en Rusia (87-98) para dar la estocada final en Vitoria (104-93), ya engalanada para su fiesta final. La ciudad entera, su club del alma, esperaban la final. Presión añadida decían algunos. Miren, con lo que se había sufrido para llegar hasta allí, como que la presión ya se tenía más que familiarizada. PAOK Salónica –que derrotó con mucha facilidad a un Zalgiris venido a menos- era el rival. Pero eso ya forma parte de otro capítulo.