YUGOSLAVIA VUELVE A ESCENA POR NAVIDAD

YUGOSLAVIA VUELVE A ESCENA POR NAVIDAD

Antonio Rodríguez

Torneo Navidad Memorial Fernando Martín: Real Madrid 72–88 Yugoslavia (26.12.94)

Digamos que el baloncesto estaba de fiesta. Independientemente de colores, de que los yugoslavos gustasen más o menos, fuesen o no rivales a partir de ese momento, nuestro deporte se permitía una celebración. Un toque romántico se adueñó de Madrid y del Palacio de los Deportes por fechas navideñas en 1994. La selección yugoslava (compuesta por jugadores serbios y montenegrinos), volvía a la escena del baloncesto, desde que disputaran en Montpellier un torneo amistoso en el otoño de 1991. Nada menos que 1273 días antes que el árbitro pusiera el balón en juego para esta 30ª edición del Torneo de Navidad del Real Madrid. 1273 días eternos. Demasiado tiempo en una sanción que acabó por confirmarse en las vísperas de los Juegos Olímpicos de Barcelona’92, como consecuencia de la guerra de los Balcanes.

La selección yugoslava posando para una fotografía histórica. Su vuelta a competir (Foto archivo ACB).
La selección yugoslava posando para una fotografía histórica. Su vuelta a competir (Foto archivo ACB).

A la capital española aparecieron los hombres entrenados por Dusan Ivkovic con mezcla de ilusión por volver, por agradar, junto a la necesidad de tener partidos de rodaje de cara a su primera nueva cita, el Eurobasket de Atenas en el próximo verano de 1995, tras su –aún no confirmada en aquellas fechas- readmisión. Las ausencias en Madrid de Vlade Divac por militar en los Lakers, Pedrag Danilovic, que aprovechó el parón navideño para operarse del menisco, junto a la negativa de Panathinaikos de soltar a Zarko Paspalj y Olympiakos a la joven promesa Dragan Tarlac, eran bajas que no disipaban la palabra que ya hemos utilizado: la terrible ilusión por volver a competir.

El afamado Torneo de Navidad del Real Madrid, que por quinta ocasión fue rebautizado como “Memorial Fernando Martín” volvía a tener a su anfitrión envuelto en grandes polémicas y con el sabor amargo de una dolorosa derrota en Liga Endesa cuatro días antes ante TDK Manresa (72-56) con una pírrica actuación ofensiva. Dos semanas antes se produjo la famosa tangana ante el Coren Orense, con la agresión de Arvydas Sabonis sobre James Bryson, con el puñetazo de Chandler Thompson por detrás al gigante lituano, el “los árbitros me echan de España” que confesó Sabonis a la revista “Gigantes”, una sanción de dos partidos que el club blanco apeló, con lo que sirvió para que “Sabas” a la jornada siguiente, se coronase como el tipo más determinante del baloncesto europeo, con 33 puntos, 26 rebotes y 4 balones recuperados en la victoria en Zaragoza (62-92). Ya lo ven. Puntas por lo alto y por lo bajo. El fallecimiento meses antes del verdadero directivo de baloncesto, el amante de este deporte Mariano Jaquotot, más los primeros efluvios electorales donde Ramón Mendoza se presentaba a la reelección (una baldosa más en el camino de Sabonis a la NBA, pues su relación era escasa y mala con él), tenían esta marejada en la Casa Blanca. Pero a lo que vamos, que llegó el Torneo de Navidad y llegaron los yugoslavos.

Como bien era sabido, eran los dos equipos más preparados para el asalto al título. Y si Yugoslavia, que lucía en esta ocasión un escudo con el águila bicéfala en su pecho más la marca “Hemofarm” como sponsor para costear sus gastos, había jugado un poco al ralentí ante el Moscú All Stars (80-73) y la selección de Sao Paulo (92-88), sí que quiso mostrar un claro “hemos vuelto” al público del Palacio, que a las 19:00 horas del día 26, en el choque que decía adiós a esta edición, llenaba el recinto.

Aleksandar Djordjevic volvió loca a la defensa madridista. 27 puntos llevaron su firma (Foto archivo ACB).
Aleksandar Djordjevic volvió loca a la defensa madridista. 27 puntos llevaron su firma (Foto archivo ACB).

Antúnez, Biriukov, Arlauckas, Antonio Martín y Sabonis por los madridistas, y Djordjevic, Bodiroga, Beric, Rebraca y Savic por los yugoslavos, iniciaron el choque. Lo que pudimos apreciar en ese parquet del recinto ubicado en la calle Goya en los primeros minutos, fue algo así como una reconciliación con el baloncesto. Este deporte estaba cambiando. Aquí, en Espacio Liga Endesa ya lo abordamos cuando hablamos de la final de la Liga Europea conquistada por el Joventut de Badalona ante Olympiakos. Las defensas entre la élite europea exigían más intensidad, más fuerza y por lo tanto, más desgaste, traducido en menos puntos. Fue una nueva realidad que nos presentó Bozidar Maljkovic y su Limoges, sí. Él por necesidad tras evaluar su plantel, pero que todos, incluso los que poseían los jugadores más glamourosos, también copiaron. Griegos, italianos, turcos –como nueva fuerza emergente- adquirieron ese estilo de los 30 segundos y buscar el sistema. En esta evolución, el umbral defensivo subió mucho más y más rápido que el sistema de largas rotaciones de jugadores y profundidad de banquillo en los equipos. Con lo que, si había que ser duro en defensa con 7 jugadores acaparando los minutos, había que ralentizar el juego. Más mecánico, más físico, menos improvisado.

En esto que llegaron los yugoslavos para mostrar al mundo el baloncesto sencillo, fácil y anotador. Conceptos iniciales básicos en los que era el jugador quien decidía. Bocanada de aire fresco, redescubriendo un baloncesto del que parecía nos habíamos olvidado. Tras 112 segundos de juego, Zeljko Obradovic –que sería el asistente de Ivkovic en esta selección yugoslava el siguiente verano-, tuvo que solicitar tiempo muerto, tras un 0-10 en el marcador y 4/4 en tiros de campo de los yugoslavos. Ciento doce segundos en los que se intuía que los balcánicos querían presentarse al mundo. Tras el tiempo muerto, Dejan Bodiroga, que si el año anterior llegó a este torneo como la nueva estrella joven en Europa, ahora acompañaba a grandísimos jugadores, soltó una asistencia en el dos contra dos para un mate de otro joven prometedor, Zeljko Rebraca, magistral. Y es que Bodiroga, sorprendentemente marcado por Joe Arlauckas, hacía y deshacía a su antojo. Los pívots, cuando se veían doble-marcados, daban grandes asistencias. Y Aleksandar Djordjevic era, como líder del equipo, quien más ganas tenía de jugar y exhibirse, con lo que acertaba en sus tiros exteriores una y otra vez (27 puntos).

A poco más de los 5 minutos de juego, el marcador reflejaba un 6-22 en el electrónico, que ni la sintonía en los megáfonos de “La familia Adams” (que por alguna razón sonaba actual y navideña) cuando atacaban los blancos o las debutantes cheerleaders (que efectivamente, la oficialización y primera aparición de éstas en el Real Madrid, se produjo en este Torneo de Navidad), lograron apaciguar. Arvydas Sabonis mostró su disconformidad desde los primeros minutos, envuelto en un mar de brazos en las cercanías del aro que le impidieron hacer su trabajo (7 puntos) y perdiéndose en una nube de quejas y protestas, que le llevó a cometer 3 faltas personales en los primeros 10 minutos de juego.

Arvydas Sabonis no tuvo su día. Aquí, peleando con Zoran Savic (Foto archivo ACB).
Arvydas Sabonis no tuvo su día. Aquí, peleando con Zoran Savic (Foto archivo ACB).

Con un triple de Djordjevic (6/7 llevaban los suyos), cuando aún no se había cumplido el minuto 10, Obradovic volvió a solicitar tiempo muerto con un 10-32 en el marcador (llegaron a un 10-36). Ante la lesión de José Lasa en la espalda, la obligatoriedad de vivir tan sólo con Antúnez en la dirección en los blancos, éste perdido y sin rumbo entre la defensa rival, perdía balones en situaciones que valían bandejas fáciles en contragolpes. Los jóvenes Nikola Loncar y Dejan Tomasevic fueron los primeros repuestos desde el banquillo, nada menos que en el minuto 14 de juego. Dusan Ivkovic tenía claro que esa presentación al mundo de sus chicos, quería que fuese notoria. Con mayor acierto de Joe Arlauckas y tiro exterior de Rimas Kurtinaitis (15 puntos, máximo anotador de los suyos), ambos equipos se retiraron al descanso con un 31-47 en el electrónico.

En la reanudación, iniciado con un triple de Djordjevic (31-50), el Real Madrid jugó con mucha mayor intensidad en defensa, más orden en ataque y participación de todos a los pases de Sabonis, olvidando que uno de los motivos de su frustración en la primera mitad, eran las pocas líneas de pase y el escaso movimiento de sus compañeros. El Real Madrid se pareció un poco más a sí mismo, aunque sin el referente en anotación de Sabonis, quedó cojo ante el acierto, la motivación y las acometidas de Aleksandar Djordjevic, liderando a unos yugoslavos que ya no apretaban tanto como en la primera mitad, para llegarse al marcador final con un 72-88.

Dusan Ivkovic muestra sonriente, el banquillo yugoslavo. Era un momento histórico para ellos (Foto archivo ACB).
Dusan Ivkovic muestra sonriente, el banquillo yugoslavo. Era un momento histórico para ellos (Foto archivo ACB).

“Venció el talento. ¡Qué bien! Ganó el baloncesto natural, la sencillez aplicada al deporte, el atrevimiento”, como lo definía Sixto Miguel Serrano en su columna del diario El País. “En el equipo yugoslavo todo se apoya en las condiciones naturales de sus jugadores, y en las infinitas variedades que otorga un buen manejo de balón, una clara visión de juego y un acierto en el lanzamiento que se logra con la repetición exhaustiva de una buena mecánica de tiro. Asentados en estos principios, todo surge de forma fluida, natural. En el otro lado, la máquina, el sistema, el tiro porque me toca”. Zeljko Obradovic, al final del encuentro, declaró que "Yugoslavia atesora una gran calidad, cuenta con extraordinarios jugadores. No estoy contento, lógicamente, con la pérdida del partido, pero puedo decir en descargo de mis jugadores que nos ha ganado un excelente equipo, una de las mejores selecciones del mundo. Cuando tengan a los tres hombres que han faltado a esta cita -Divac, Paspalj y Danilovic-, los yugoslavos podrán aspirar a ganar cualquier competición".

Este torneo, mítico y entrañable torneo de Navidad del Real Madrid, en su edición de 1994, contó a última hora con el patrocinio de la empresa de juguetes Toys ‘R us, pues los rectores blancos estuvieron buscando el tan necesitado sponsor. Es cierto que junto a la selección de Sao Paulo, equipo sin mucho cartel, pero que se proclamaron campeones un año antes, más un combinado llamado Moscú All Stars, cuya columna vertebral la componían  jugadores del CsKA Moscú, como Karassev, Koudelin, Kissourine, Panov, más la incorporación de Valery Tikhonenko, la selección de Yugoslavia fue quien elevó el listón, siendo el verdadero reclamo. Fue esta edición su canto del cisne. A partir de aquí, muy deslucido y apenas intrascendente los años en los que siguió coleando, hoy día, saber de la importancia de la presentación de los balcánicos en esta edición, sabiendo que posteriormente quedaron dos veces campeones de Europa de manera consecutiva, subcampeones olímpicos y campeones del mundo, dan lugar a un recuerdo de un excelente broche de oro para este torneo de Navidad. Si, el Real Madrid no dio la mejor sensación, tuvo un año convulso (y que curiosamente acabó siendo campeón de Europa), pero el torneo volvió a respirar gloria como en anteriores ediciones. Y eso, es para rescatarlo y destacarlo.