MOMENTOS ÉPICOS: “GANAR EN EL INFIERNO DE SALÓNICA CON SILLAS VOLANDO”.

MOMENTOS ÉPICOS: “GANAR EN EL INFIERNO DE SALÓNICA CON SILLAS VOLANDO”.

Antonio Rodríguez

Copa de Europa 87/88: Aris Salónica 93-107 F.C. Barcelona (18.02.88)

 “¡Se levanta Norris…!”

  …y silencio en los comentarios. De Pedro Barthe en particular, en TVE. Frase que repitió en dos ocasiones concretas durante la travesía del F.C. Barcelona en la Copa de Europa durante la temporada 87/88. En la Copa de Europa, sí. Aquella a la que tan sólo accedía el campeón de liga, ni tan siquiera su vigente ganador.

La primera exclamación del narrador televisivo, la dejó caer como el corpachón de Audie Norris lo hacía contra el parquet del mítico pabellón de Tel Aviv “La mano de Elías”, en el debut azulgrana en tal competición. Por unos instantes, Pedro Barthe calló mientras veía derrumbarse las aspiraciones de nuestro representante en una entrada de Norris sobre la bocina final, tras ser empujado y desequilibrado para que no anotara (hasta el punto que tras su impacto, atronador, de toda la espalda contra el suelo, fue trasladado de urgencia a una clínica para hacerle radiografías y  que el asunto quedara en un golpe fortísimo). El estallido de éxito en las gradas, se hizo notar.

Nikos Gallis, lanzando a canasta ante Sibilio y Epi, en el infierno de Salónica.
Nikos Gallis, lanzando a canasta ante Sibilio y Epi, en el infierno de Salónica.

En la segunda exclamación, eran los últimos minutos de la séptima jornada (de, por primera vez, ocho equipos en la fase final, pues se inauguraría aquel año un proyecto nuevo llamado Final Four) en Orthez, en aquel viejo pabellón que servía como mercado para la venta de ocas y todo tipo de derivados del animal, convirtiéndose en una auténtica tortura. Más pesadas que las básculas para medir a las aves que se amontonaban en los rincones de los pasillos del recinto, estaban las piernas de los hombres de Aíto García Reneses. Con los azulgranas derrotados y descentrados en los últimos minutos, Audie Norris recibió bajo el aro un balón doblado y cuando iba a machacar solo, el balón se le resbaló de las manos y salió marcando una parábola dos metros por encima del aro. El estallido del público –mucha menor afluencia que en Tel Aviv, claro- de mofa ante tal error, fue semejante. El calvario en aquella pista, un suplicio.

Entre estas dos acciones había pasado toda una primera vuelta en la dramática travesía de los azulgranas por aquella Copa de Europa, a su vuelta cuatro temporadas después. Estoy convencido que era el mejor equipo, tenía todas la posibilidades para quedar campeón. Y de esta primera vuelta, tenía un desalentador récord de 2 victorias y 5 derrotas nada menos.

Tras la derrota inicial (108-107) ya comentada ante el Maccabi, el Palau sería testigo una vez más de la Copa de Europa. Y aquella noche de puesta de largo se sufrió otra –enorme- decepción, pues la derrota ante el Aris Salónica (88-89) escoció mucho en las huestes de Aíto, que vieron cómo Nikos Gallis era capaz de anotarles un triple desde medio campo sobre la bocina del descanso y completar con ¡45 puntos!, muy en su línea, por cierto. Y estos brotes dramáticos se convirtieron en desastrosos cuando en la visita a Alemania, ante un semidesconocido Saturn de Colonia –que lo estaba haciendo bastante bien-, la imagen fue bastante mala nuevamente y se perdió por 103-98, completando la cuadratura del naufragio  en la vuelta al Palau, con los jóvenes pujantes de Partizán Belgrado llevándose un nuevo triunfo (84-88) de la Ciudad Condal, donde el líder veterano Goran Gbrovic (31 puntos), fue secundado por los ‘cachorros’ Vlade Divac, Aleksandar Djordjevic, Zarko Paspalj y Miroslav Peckarski.

Juan Antonio San Epifanio fue el máximo anotador azulgrana, con 29 puntos.
Juan Antonio San Epifanio fue el máximo anotador azulgrana, con 29 puntos.

Cero de cuatro. 14 jornadas que dictaminarían quienes accederían a la Final Four de Gante y colistas, dando una imagen de inconsistencia, nerviosismo e inseguridad, asombrosamente incomprensible en tipos como Solozábal, Epi, Sibilio, Costa o Norris. De “nerviosismo” calificó Aíto en ocasiones el juego del equipo, contrastado precisamente ante los imberbes balcánicos, que eran líderes destacados, pisoteando a todos sus rivales.

Llegó el parón navideño, que vino de perlas en Cam Barça para aclarar ideas, hacer cuentas que decían que se necesitaban 8 victorias de las 10 jornadas que restaban y sobre todo, para ganar la Copa del Rey en Valladolid, con el mítico triple de Nacho Solozábal sobre la bocina, dándose el baño de autoestima que necesitaban. El siguiente rival, en casa, sería el Nashua Den Bosch holandés, posiblemente el más flojo de los ocho ‘fasefinalistas’. Y ahí sí, no se podía escapar la victoria: 115-90 en algo parecido a la normalidad que respiraba de manera rutinaria el F.C. Barcelona. La machada esperaba para la siguiente jornada.

Era Milán, era el campeón de Europa, el Tracer de D’Antoni, McAdoo, Ricky Brown, Premier y Meneghin. Era ese aura de gran día en el Palatrusardi milanés, donde siempre que Epi ‘olía’ tierras italianas, ser convertía en SuperEpi (28 puntos). Con un Audie Norris tocado que jugó francamente poco, debiendo lidiar Andrés Jiménez bajo los aros como el jabato que era y con Eugene McDowell imponiendo respeto (sin llegar a los dos metros, digan lo que digan las estaturas oficiales), cortaron oreja. Ante la atenta mirada desde la grada de un visitante de lujo, el pívot ex azulgrana Marcellus Starks, que se dejó caer por allí, el F.C. Barcelona lograba una épica victoria por 94-100, identificándose al fin con quienes eran, dejando su impronta nuevamente en el Viejo Continente. Por eso no se podía entender ni concebir el ridículo tan espantoso que se hizo a la jornada siguiente, perdiendo en Orthez (aún era la pequeña localidad de 10.000 habitantes quien albergaba en exclusiva al equipo, previo a la ‘fusión’ con la ciudad de Pau) por 95-83, llegando a ir 81-60 en un momento dado. El pequeño Howard Carter parecía All Star de la NBA (32 puntos) y entre el desconcierto, fue el segundo “¡se levanta Norris…!” de Pedro Barthe, viendo cómo se le escapaba el balón de la mano, acrecentando una sensación de bochorno que dejó helados a los aficionados culés, resoplando y volviendo a echar cuentas, preguntándose el por qué de este nuevo cambio de rumbo. Final de una infausta primera vuelta, con el mencionado 2-5 (últimos, empatados con los franceses y los holandeses) y un enorme nubarrón sobre sus cabezas. Al menos, el calendario era benévolo: un nuevo parón surgió, debido a los compromisos de la Selección Española en el Preeuropeo de cara a la cita de Zagreb’89.

Audie Norris marcado por Wiltjer. Exhibición la del estadounidense.
Audie Norris marcado por Wiltjer. Exhibición la del estadounidense.

“Siempre he dicho que el Barcelona es el mejor equipo de Europa” es lo más que pudo decir Ralph Klein cuando su equipo, Maccabi Tel Aviv, subcampeón de Europa, se vio vapuleado en un Palau Blaugrana de gala, por 106-80. 26 puntos en el zurrón que se llevaron para Tel Aviv el día que salía todo (Epi&Sibilio: 7/12 en triples y 52 puntos entre ambos). Y con este ambiente entusiasta, con la vigente obligatoriedad de no poder fallar más, se visitaba al Aris Salónica en su pabellón, el Alexandrio, con capacidad para 7.000 fanáticos, que había permanecido invicto casi tres años, sea en liga o en Europa. Sí, sí, tres años. Siempre para el recuerdo quedará la eliminatoria de clasificación para esta fase final de Copa de Europa un año antes, donde en la última ronda, a ida y vuelta, el sorteo les emparejó con el Tracer Milán, donde la ebullición del Alexandrio hizo su efecto y les derrotaron por 98-67, dejando la eliminatoria casi sentenciada. La mayor heroicidad de los italianos dirigidos por Dan Peterson, no fue ganar aquella Copa de Europa, sino clasificarse para ella, pues en Milán remontaron, con un increíble 83-49, que les dio pasaporte para los 6 de la fase final y ‘campeonar’ allá por Abril. Salónica era el infierno en la tierra llevado a una cancha de baloncesto, extasiados por las acciones de su dios Gallis.

Solozábal, Epi, Sibilio, McDowell y Norris, fue el quinteto que dispuso Aíto en pista. Gallis, Giannakis, Subotic, Filippou y el ex azulgrana Wiltjer, el también habitual por los helenos.

Nikos Gallis nuevamente. 34 puntos, pero muy ensombrecido en la 2ª parte.
Nikos Gallis nuevamente. 34 puntos, pero muy ensombrecido en la 2ª parte.

El dios Gallis

El primer problema para Aíto vino con las tres faltas de Solozábal en su marca sobre Nikos Gallis. Era imposible pararle en uno contra uno. Si entraba por la derecha, se protegía con el cuerpo y separaba el brazo hasta tal punto, que nadie llegaba, apoyado por supuesto en una enorme capacidad de salto. Si era por la izquierda, prefería pararse a 2-3 metros del aro y lanzar en suspensión tan pegado, tan pegado a su defensor, que cualquier movimiento de éste, sería señalizado como falta. Y por supuesto, con el dominio que tenía del tiro a tabla, entraban todos sus lanzamientos.

Había tenido dos ofertas del baloncesto israelita –ninguno era Maccabi Tel Aviv- por 400.000 dólares de la época, por temporada, toda una barbaridad que casi doblaba al mejor pagado en Europa. Y reconoció a Sixto Miguel Serrano en una entrevista, que se lo estaba pensando, aunque el nivel competitivo también contaba, por lo que esperaba ofertas del baloncesto español. “Si el Real Madrid ha fichado a Drazen Petrovic y quieren una respuesta ante él, aquí me tienen”.

El Barcelona se puso por delante (12-17) con un juego descarado y atractivo. La grieta que parecía haber entre el trío ‘la-la-la’ de nuestro baloncesto, Solozábal-Epi-Sibilio, con los dos americanos, Norris y McDowell (donde no parecía haber conexión en la pista entre ambos bloques), parecía olvidado. Audie Norris comenzaba a pasar desde poste bajo o a decidir con su fiereza. McDowell le dio un puñado de grandes pases para que anotara, Joaquín Costa que a continuación robó el balón y en contragolpe, Epi anotó un triple, logrando 5 puntos en escasos segundos (28-28), rompiendo el festín de Gallis. Ioannis Ioannidis ya no sólo encendía cigarrillos, uno tras otro (que ante, sí se permitía), sino que debe solicitar tiempo muerto.

Mate de Audie Norris. Una buena explicación de lo que fue el partido.
Mate de Audie Norris. Una buena explicación de lo que fue el partido.

Audie Norris y la Copa de Europa

Quizás junto a Bob McAdoo, Audie Norris sea el americano con más valía del baloncesto europeo. Pero en los tres años que llevaba en el Viejo Continente, no había tenido ocasión de disputar su máxima competición. La Benetton Treviso aún estaba muy alejada de luchar por lo más alto y su frustrado fichaje por el Real Madrid en el verano del 86, hizo que su oportunidad tuviera que esperar hasta esta temporada 87/88, como azulgrana. De la plantilla de Aíto García Reneses (otro debutante), era quien más deseos tenía de jugarla y uno de los más decepcionados por el errante arranque.

El caso es que el bueno de Audie se marcó un partidazo en (25 puntos, 9 rebotes y 3 asistencias –de las de antes-). Su comunión con McDowell o cualquier otro jugador que cortase hacia canasta, era fantástica, dando pases picados que sorprendían por su facilidad. En una ocasión, recibió de manera forzada en una transición rápida, cogiendo el balón cercano a la línea de fondo e intentando mantener el equilibrio para no salirse de la pista. Una vez conseguido, viendo cómo Jiménez se colocó bajo el aro, intentó pasarle haciendo el amago tan sólo, puesto que Greg Wiltjer le presionaba. Así que, se relajó, bajó el brazo que sujetaba el balón abarcándolo con su enorme manaza, miró hacia otro lado y como si fuera un bolo, soltó la pelota de un latigazo hacia Jiménez, que aún esperaba, ante el despiste y la incredulidad de su defensor, que ni vio el balón.

 Estamos hablando del Norris que empezaba a jugar en España, aún pesado, cuya estampa intimidaba aún más, a pesar de aquella cara de despistado. Su evolución por la cancha era lenta, pero cuando se arrancaba para una entrada a canasta o para coger un rebote, su velocidad era felina. Un tipo que parecía ir a cámara lenta, de repente hacía esas cosas. Una maravilla.  Que provocaba faltas, muchas, y está de más decirlo, anotaba los tiros libres.

Dos triples de Panagiottis Giannakis de manera consecutiva  durante los minutos de mayor desconcierto barcelonista, elevaban el marcador a un 52-42 al filo del descanso y la locura en el Alexandrio se desataba. Aíto pedía velocidad en las transiciones y al menos se respondía forzando una falta. Tiros libres anotados. Otra falta, más tiros libres y sumados al casillero. El desacierto, que va por barrios, se posa ahora en el Aris. Subotic y Giannakis ven frustrados sus tiros y es Solozábal quien con una entrada a canasta en contragolpe sigue aumentando el parcial, para llegar al descanso incluso por delante (52-54), culminando una excelente reacción.

Final del partido. McDowell, Flores y Aíto con las manos en la cabeza, corren a los vestuarios ante la lluvia de monedas.
Final del partido. McDowell, Flores y Aíto con las manos en la cabeza, corren a los vestuarios ante la lluvia de monedas.

El Alexandrio, aquel estadio-infierno

El público comienza a apretar, a animar, pues son testigos de algo que ni recordaban. El Barcelona sigue aumentando en puntos su casillero y con una bandeja en contragolpe de Epi, el parcial ya es de 0-16 (y un 52-58 en el electrónico). Llegó a ser de 2-20, increíble en tal escenario, para subir a un 54-62. Era fascinante ver aquella estampa: el banquillo griego de pie, en silencio, como aproximándose a la pista lo más posible para ser ‘más testigos’, rodeados de montones de policías y fotógrafos que les flanqueaban, con la misma cara, el mismo rito. No se creían lo que estaban viendo. Estaban siendo dominados de una manera absoluta y los arranques de la afición cada vez eran menos. De vez en cuando, la tomaban con decisiones arbitrales, pero sin mayor trascendencia. Se alzaban con alguna acción aislada de Nikos Gallis. Aíto pidió para la marca del heleno permanentes dos contra uno, para pasar a una defensa zonal con tres hombres delante, para negarle los espacios necesarios en su intención de penetrar. Y lo lograron, pues a los 19 al descanso que llevaba, se quedó finalmente en 34, contando que las dos últimas canastas, con todo sentenciado, fueron suyas. Mientras los locales se perdían en tiros de tres erráticos, Epi vio su momento y mató el encuentro de forma definitiva, con su exhibición en el tiro (y 29 puntos).

Un taxista ateniense avisaba a los periodistas españoles (muy conocedores de los ambientes griegos tras el Eurobasket’87 donde se proclamaron campeones meses antes), que la afición del Aris es gritona, muy caliente, “pero no hacen más. No suelen pasar a mayores”. Cuando los enviados especiales llegaron dos horas antes, el pabellón ya estaba casi lleno y el público cantando. Durante la primera mitad, Sibilio se enfadó muchísimo, porque le habían tirado un mechero blanco que portaba en su mano, para llevarlo al comisario del partido (el ínclito Leon Vandel), ante el enfrentamiento con Gallis, que quería disuadirle a que no lo hiciera.

Pero cuando finalizó el partido, con el resultado final de 93-107 (tal fue el correctivo), con el bocinazo, de repente comenzó una lluvia de monedas, mecheros, sillas de madera arrancadas…que hicieron que los azulgranas salieran a propulsión hacia el vestuario, que menos mal, estaban en la zona más cercana al pasillo de los vestuarios. La imagen de McDowell a sprint o Aíto García Reneses tapándose con los brazos la cabeza, es imborrable.  “Nunca había asistido a un espectáculo tan denigrante” declaraba Andrés Jiménez. “Los jugadores no podemos jugarnos la vida en un partido de baloncesto. Nos llovían monedas por todos los lados”. Quien peor lo llevó fue el rookie Josep Palacios, menos avispado que sus compañeros, no se atrevió a correr viendo la lluvia metálica, y no se le ocurrió más que taparse la cabeza con la chaqueta del chándal y coger la tabla de una de las publicidades para protegerse y esperar hasta que ‘descampara’.  Hubo altercados con la policía tras el partido en los aledaños del pabellón, pero ya sin mayor trascendencia para los representantes españoles.

El pobre Josep Palacios se tuvo que refugiar así, durante un buen rato, de las monedas y sillas lanzadas.
El pobre Josep Palacios se tuvo que refugiar así, durante un buen rato, de las monedas y sillas lanzadas.

ESTADÍSTICAS DEL PARTIDO