MOMENTOS ÉPICOS: DRAZEN PETROVIC Y LA MANADA DE LOBOS

MOMENTOS ÉPICOS: DRAZEN PETROVIC Y LA MANADA DE LOBOS

Antonio Rodríguez

Copa de Europa 84/85: Cibona Zagreb 99-90 Real Madrid (06.12.84).

 “Ahora, un payaso que mete más de 40 puntos, merece un respeto. (…) Pero estas provocaciones sólo las puede hacer en su casa”.  Comentarios de José Félix Pons en su narración televisiva en TVE. Cuánta razón en el primero, qué errado andaba en el segundo.

Esta semana, en Espacio Liga Endesa, trataremos el origen de uno de los odios deportivos más marcadamente profundos en la historia del baloncesto europeo. La primera vez, el primer enfrentamiento, sin intuirlo, sin suponer mínimamente lo que desencadenaría, del Real Madrid visitando Zagreb, como en otras muchas ocasiones, con la salvedad y la presencia del chaval de 20 años –en aquel momento-, Drazen Petrovic, en la casa. Los primeros truenos sonaron aquella tarde, sobre el club más laureado de Europa. Y la tormenta duraría. Vaya que sí.

La sonrisa del genio. Este fue el recibimiento a Drazen Petrovic en el aeropuerto de Zagreb tras quedar campeón de Europa en 1985 (Foto: Drago Havranek).
La sonrisa del genio. Este fue el recibimiento a Drazen Petrovic en el aeropuerto de Zagreb tras quedar campeón de Europa en 1985 (Foto: Drago Havranek).

El escenario

Bajo las laderas de la montaña Medvednica, se protege la ciudad de Zagreb. Desde el norte de la urbe, se vislumbran en sus lomas un espeso bosque de hayas, paraje idílico para los lobos, muy numerosos en la zona. Por la abundancia del depredador, los jugadores de la Cibona eran conocidos con tal apelativo. Entre un espeso manto de nieve y ramas desnudas de tales árboles de hoja caduca, se encontraba el Palacio de Hielo, desde donde se da la bienvenida a la ciudad y la Cibona disputaba sus partidos en un gigantesco pero vetusto escenario, con capacidad para 12.000 espectadores, muchos de ellos de pie. Y allí se presentó el Real Madrid, soportando los dos grados de temperatura del exterior en un prematuro invierno que ya había aparecido allí, para iniciar un 6 de Diciembre de 1984, su travesía por la Copa de Europa. Clasificados junto al Maccabi Tel Aviv (campeón israelita), TsKA Moscú (campeón de la URSS), Granarolo Bolonia (campeón italiano), Banco di Roma (vigente campeón de Europa, con lo que daba derecho automático a participar en la competición), la Cibona Zagreb era el quinto –y a priori, más débil- rival del Real Madrid. Tras una fase preliminar con eliminatorias a doble partido –el Real Madrid tuvo que enfrentarse previamente al Klosterneuburn austríaco y al Vevey suizo-, estos fueron los seis clasificados para la fase final. Seis equipos, diez encuentros para cada uno y el sueño de estar entre los dos primeros de tal liguilla, que darían opción a entrar en la final de Atenas.

 

El rival

Con un 7% de posibilidades de alcanzar el cetro europeo, la prestigiosa publicación española ‘Nuevo Basket’, etiquetaba a la Cibona como el rival más flojo de todos. El Real Madrid se encargó de dejarles en la cuneta en las semifinales de la Recopa tan sólo seis meses atrás, en un cruce sin mayor trascendencia. Y sí, habían fichado aquel chaval presuntuoso, la nueva joya del baloncesto yugoslavo –decían-, Drazen Petrovic, el chico que osaba jugarse más tiros en los Juegos de Los Angeles que toda una leyenda como Drazen Dalipagic con la selección. Pero no pensaban que tal ingreso llegase a suponer un obstáculo mucho mayor.

El Real Madrid aterrizaba con un equipo asentado. La reciente incorporación de José Biriukov (solamente en liga. Aún no podía competir como español en Europa) conjunta a la de Alfonso del Corral, suponían las únicas novedades del plantel de Lolo Sáinz, que mantenía su fuerte núcleo. Con 13-1 en la primera fase liguera, cayendo derrotados tan sólo ante el Ron Negrita Joventut en la 3ª jornada, al que acababan de batir hacía nueve días en la final de la Copa del Rey en su propio escenario, los blancos estaban en el punto de iniciar la máxima competición continental con todas las posibilidades de ganarla (los máximos favoritos, junto al Maccabi de los recién fichados Kevin Magee y Lee Johnson, eran los pronósticos), tras un año de ausencia.

Foto de Drazen Petrovic en su primera temporada con la Cibona. Fue el fichaje más sonado de Yugoslavia en el verano de 1984 (Foto: www.drazenpetrovic.net).
Foto de Drazen Petrovic en su primera temporada con la Cibona. Fue el fichaje más sonado de Yugoslavia en el verano de 1984 (Foto: www.drazenpetrovic.net).

El partido

Alexander Petrovic, Drazen Petrovic, Zoran Cutura, Mihovil Nakic y Andro Knego componían el quinteto titular de la Cibona. Juan Antonio Corbalán, Juanma López Iturriaga, Brian Jackson, Wayne Robinson y Fernando Martín, el del Real Madrid, en un escenario en el que a las cinco de la tarde, una hora antes del inicio, ya estaba abarrotado. Y los locales comenzaron lanzados, espoleados por ambiente, pues de sus primeros seis ataques, sacaron tajada con cinco canastas y una serie de dos tiros libres como producto de una falta personal. Sí, se veía desde el primer momento que Drazen Petrovic era quien marcaba el ritmo en los croatas (Nota: yugoslavos en aquella época, sí que contaba el hecho de ser croata a nivel geográfico, pues las autoridades deportivas eran reticentes y apenas permisivas en hacer emigrar a un jugador, en forma de fichaje, a otra zona. Drazen Petrovic, procedente de la también croata Sibenik, sí podía recalar en la Cibona. Pero pondrían innumerables trabas si hubiese sido el Partizán serbio o el Olimpia Ljubljana esloveno quienes hubiesen estado interesados en sus servicios).

Drazen buscaba en el bloqueo directo la oportunidad de sacar ventaja y generar lo que él le viniese en gana, pues tenía carta libre para todo. Penetrar y marcar con claridad los dos pasos ante la indecisión defensiva o abrir con un pase, era una tarea que a López Iturriaga se le estaba atragantando, con lo que a los pocos minutos fue sustituido por Alfonso del Corral, que cuajó un notable encuentro. Con la salida en tromba rival (28-16 con un triple de Alexander Petrovic), el Real Madrid entra en problemas, pues su estilete Brian Jackson ya había fallado sus primeros cinco lanzamientos y nadie parecía predispuesto a suplir su cartilla de resultados habitual. Por otro lado, el pívot Andro Knego comienza a dominar los tableros y los aficionados caemos en cuenta que a Knego tampoco le vimos en la eliminatoria de la temporada anterior, pues estaba cumpliendo el servicio militar. Con 22 puntos, fue el verdugo sobre todo en la primera mitad, con suspensiones a media distancia a las que Martín no llegaba. De hecho, el madrileño tuvo que ser sustituido por Fernando Romay al cometer su tercera falta personal. O sea, que ya eran dos novedosos frentes y no sólo Petrovic, los que mostraba el cuadro del mítico entrenador Mirko Novosel. Al menos, Jackson anotaba su primera canasta.

Drazen Petrovic lanzando ante la oposición de Fernando Martín en el choque de vuelta a Madrid al partido que nos ocupa, el 31.01.85 (Foto: archivo ACB).
Drazen Petrovic lanzando ante la oposición de Fernando Martín en el choque de vuelta a Madrid al partido que nos ocupa, el 31.01.85 (Foto: archivo ACB).

Asentamiento y reacción del Real Madrid

El ambiente comenzaba a caldearse. Romay soltó el codo para proteger un balón, impactando con un rival y todo el banquillo de la Cibona saltó al unísono. Lo protestaban todo. Drazen Petrovic se tira hacia atrás de manera deliberada para provocar falta a Alfonso del Corral, que consciente de la treta e impotente, porque efectivamente fue castigado con falta, no se pudo contener para darle un dulce cachete, pero cachete al fin y al cabo al joven tan talentoso como rebelde. Pero el Real Madrid calibraba. Jackson anota una segunda, una tercera y una cuarta canasta consecutiva. Wayne Robinson recoge un pase de béisbol magistral de Corbalán para anotar, mientras que Romay en un imponente mate en palmeo, sitúa a los blancos empate en el marcador 35-35, llegando a tomar la delantera con dos tiros libres de Del Corral (35-37). Los Petrovic lo protestaban todo, hasta una falta sobre Jackson a falta de dos segundos para el descanso y viendo cómo el reloj siguió su cuenta hasta cero sin detenerse desde la mesa de anotadores, Alexander miró el electrónico y comenzó a reclamar que la infracción había sido fuera de tiempo. Estaban a todas. El caso es que a los vestuarios, el equipo madridista se retiró con un empate a 43 muy esperanzador. El angelito Drazen, llevaba 15 puntos a estas alturas.

 

El genio

El Real Madrid ya no cede. La salida tras el descanso no es otro vendaval croata, ni mucho menos. Los yugoslavos cambian a defensa de zonas, los españoles sacan partido de las suspensiones de Juan Corbalán con tres canastas consecutivas y aunque el despiste es generalizado en el propio tablero de manera preocupante  -concedieron muchos rebotes ofensivos en estos minutos-, se mantiene la igualdad: 53-53, 57-57, 66-66. En esas, Drazen Petrovic toma la decisión que es el momento de aparecer como a él le gusta, con todas las fanfarrias. Sus potentes piernas le hacen levantarse tras bote delante de su par, subir muy arriba y anotar suspensiones, sin tiempo de reacción rival. Además, lo hace delante de sus narices, con lo que cualquier salto, supondría un contacto con el genio de Sibenik, con lo que ya se encargaría él de hacer ver a todos la falta. Tras un cambio de dirección brusco, driblando entre las piernas, Iturriaga se resbala en su defensa al forzar el gesto a contrapié, cae al suelo y desde abajo, ve cómo su empezaba-a-ser-odiado rival, se levanta y anota, ante el delirio de los aficionados. Los gestos, su lenguaje corporal hablan de unos minutos que se complican (78-74) y obliga a Lolo Sáinz a pedir tiempo muerto, porque Fernando Martín está muy nervioso y porque Iturriaga empieza a desquiciarse en aquella caldera a presión de los doce mil espectadores y un macabro –deportivamente hablando- director de orquesta, extasiada con su ídolo. Un ídolo de tan sólo 20 años que no solamente mata, sino que se jacta en ello.

El parón de un minuto no sirvió de nada, porque Drazen Petrovic echó la zancadilla a Brian Jackson cuando cortaba hacia canasta y como consecuencia, se encara con él. Brian, un tipo tranquilo, acabó también por perder los papeles ante un ambiente cada vez más hostil, secundado por una permisividad arbitral que no pretendía meterse en ningún problema más de las típicas señalizaciones. En otra acción, Corbalán se encara con el que ya era indiscutiblemente el protagonista del encuentro, acudiendo Romay a la ayuda, y Jackson al intentar apartarlo para que no hiciese el payaso, se enfada aún más viendo a su rival que se echa hacia atrás como simulando un notorio empujón y encendiendo, por si ya no lo estaba, a su afición.

Incluso con tan irrespirable atmósfera, Fernando Martín saca su raza y logra anotar lo suficiente como para que los hombres de Mirko Novosel no se despeguen definitivamente, metidos ya en los últimos minutos. Lolo pone en cancha nuevamente a Del Corral, en un intento de minimizar la explosión de juego del joven plavi, que había convertido su discurrir en la pista como un monólogo triunfal. Del Corral no aguantó ni tan siquiera un minuto, donde un zarpazo al balón cuando Petrovic lo tenía controlado, el árbitro checo Jahoda lo interpretó como falta. Petrovic anota los dos tiros libres, situando un 86-82 a falta de 02:30 para el final.

Entrañable fotografía de Drazen Petrovic con la primera copa de Europa conquistada, a la finalización del encuentro en Atenas, el 03.04.85 (Foto: Drazen Petrovic Museum).
Entrañable fotografía de Drazen Petrovic con la primera copa de Europa conquistada, a la finalización del encuentro en Atenas, el 03.04.85 (Foto: Drazen Petrovic Museum).

Y el Real Madrid se desquició del todo

Y aquí fue donde el Real Madrid perdió totalmente los papeles…o se los hicieron perder del todo, echando al traste todo el trabajo previo. Brian Jackson, enfadado por el golpe que había sufrido de Usic buscando los bloqueos en el ‘carretón’ corriendo por línea de fondo, le echa posteriormente la zancadilla cuando subía al ataque, al tiempo que al rebote defensivo de Petrovic, éste alza el puño en alto, brindándoselo a la afición, al capturarlo. Era excesivo, al menos para Iturriaga, que fuera de sí, le da una patada sin intención de jugar nada. Tras los dos tiros libres, Fernando Martín se tropieza en el siguiente ataque y ve cómo el balón destinado a él, se pierde por línea de banda. Cuando Alexander Petrovic se dispone a sacar de banda, Iturriaga, aún calentito, le da un empujón que lo manda contra sus compañeros en el banquillo. Ahí va Drazen a encararse con él y Fernando Martín también apareció en escena. Ante tal perspectiva, el genio de Sibenik vuelve a simular un fuerte empujón ante las quejas del pívot madridista. López Iturriaga quiso poner fin a su particular pesadilla, cuando ya tuvo suficiente al verse roto nuevamente, por un cambio de dirección de Petrovic pasándose el balón por detrás de la espalda, provocando el griterío en las gradas. El vasco, enfadado como una mona, le propinó un codazo para forzar su quinta falta e irse directamente al banquillo.

En estas que empiezan a llover monedas sobre la pista y Brian Jackson, que tras acercarse al tipo de rizos que, entre tiro y tiro libre, ya superaba los 40 puntos, le grita en la cara…lo que ustedes prefieran que le dijera (se admite cualquier improperio), y al tiempo se lleva dos monedazos, que lo encrespan todavía más y se lo reclama a Jahoda. Éste, a lo suyo, que el show Petrovic debía continuar. Así que los blancos no solamente perdieron el norte, sino la igualdad en el electrónico, pues el partido finalizó con 99-90 y 44 puntos del chaval de 20 años, que sin ningún tipo de dudas, era bueno, determinante y provocador (la friolera de 29 puntos en la 2ª parte). Tenía todo lo más notorio de sus antecesores. Las tretas magistrales y no tan magistrales de los Kicanovic, Dalipagic o Slavnic, todas ellas entraban en su apellido.

Con el pitido final y ambos conjuntos retirándose a los vestuarios, Fernando Martín se acercó a Petrovic, unos dicen que a darle la mano, otros a darle algún ‘recado’. No se sabe exactamente, puesto que el croata reaccionó escupiéndole en la cara. Fernando Martín corrió tras él, hasta que se pudo resguardarse en el vestuario local del que no salió en tiempo, en una acción que como Iturriaga recuerda “nunca he visto a Fernando tan enfadado en mi vida”. Todo aquello se quedó en Zagreb, intentando olvidarlo a la vuelta a Madrid.

Un antes y un después

Si la Cibona hubiese sido derrotada cuando le tocó visitar la Ciudad Deportiva del Real Madrid, todos los asuntos extradeportivos habrían quedado en una simple anécdota. Consumada una venganza más, como con cientos de ‘villanos’ que los blancos se han encontrado en su camino a lo largo de la historia. Pero ésta quiso ser malvada y caprichosa. Y más que la propia historia, Drazen. Petrovic anotó 35 puntos al lado del Paseo de la Castellana y devolvió todos los insultos que recibió desde la grada con una nueva victoria para los suyos (87-89). Y lo que fue tomando cuerpo a lo largo de esta liguilla de Copa de Europa, se consumó un 3 de Abril de 1985, cuando los dos contendientes también llegaron a la final. Y las lágrimas de Corbalán y Robinson en los momentos postreros al ser eliminados por cinco personales e impotentes porque se les escapó el máximo galardón continental, a manos del ya declarado ‘mayor y más odiado enemigo’, dejó lacrado para siempre esta rivalidad. Una temporada, tres enfrentamientos y parecía que había un antes y un después de aquellos tres “rounds”.

Como el periodista Martín Tello publicó en una columna “Los jugadores  yugoslavos son expertos en el tratamiento psicológico de los partidos. Convierten la cancha en un polvorín y luego se fuman un puro dentro, como si la cosa no fuera con ellos. Crispan al adversario con un arsenal de argucias, excitan al público, se aprovechan de la incompetencia arbitral, festejan cada enceste propio como si fuese el premio Nobel del tiro al arco. Al contrario se le va poniendo cara de gilipollas. Se acompleja progresivamente. Se siente incapaz y ridículo. Pierde las ganas de luchar. Sólo desea que termine pronto el martirio, como un mal estudiante en época de exámenes. Entonces, Petrovic saca el capote y comienza el festival”

El dilema fue que tal “festival” al Real Madrid siguió durando y resultó ser más doloroso si cabe a la temporada siguiente. Definan lo que es que les anotase ¡49 puntos! en la Ciudad Deportiva, en la primera vuelta de la liguilla final, para una nueva victoria balcánica (91-108) y jugar a dioses cuando las posibilidades de los blancos de llegar una nueva final de Copa de Europa, pasaban por ganar en Zagreb, en la penúltima jornada. Escenario idílico para Petrovic. Nuevamente, con la permisividad del árbitro –curiosamente repitió- Jahoda, más el cambio de su auxiliar, pues el belga Mottart fue suplido por el austriaco Gregorl (¡sic!) en la misma jornada del partido, en una argucia que ni Mariano Jaquotot ni Lolo Sáinz le dieron toda la credibilidad al anuncio de mi buen amigo Sixto Miguel Serrano, enviado especial por “Gigantes” al comunicárselo, hasta que no se lo encontraron en el campo momentos antes del partido, unido a los 43 puntos de Petrovic, volvieron a arrodillar al Real Madrid por 88-81 y quedar fuera de la final.

En Diciembre de 1986 se anunció su fichaje por el Real Madrid. Drazen Petrovic tuvo el permiso y beneplácito de las autoridades yugoslavas para salir del país a jugar tras los Juegos de Seúl’88, cuando tuviera la edad de 24 años, y no a los 28 que tenían legislado. Probablemente fue la más clara demostración deportiva en nuestro país de “si no puedes con tu enemigo, únete a él”.

En Espacio Liga Endesa hemos querido recuperar esa “primera vez”, porque han sido muchos, pero muchos, los aficionados que me han confesado que era la primera ocasión en la que vieron un ambiente tan cargado, tan hostil. Que habían vivido los duros choques de Tel Aviv, pistas italianas. Pero jamás un escenario grande ya de por sí, tan irrespirable, con la carga añadida que generaba Drazen Petrovic. Que el ya lejano 6 de Diciembre de 1984 quedó marcado como un nuevo horizonte, un peldaño más. Era justo rememorarlo y por eso, hasta os hemos rescatado estadísticas inéditas (pues no existen registradas) del  enfrentamiento. Que lo disfrutéis.