MOMENTOS ÉPICOS “¡CAMPEONES DEL MUNDO!”

MOMENTOS ÉPICOS “¡CAMPEONES DEL MUNDO!”

Antonio Rodríguez

Pau Gasol se puso de pie, escuchando el himno español. Con sus jeans, sus anchas zapatillas para no dañar el dedo del pie fracturado y la sudadera de la Selección Española, resoplaba tras el último acorde. Lo hacíamos todos. Sin su participación, con la actuación de Sofoklis Schortsianitis en semifinales a los estadounidenses, no las teníamos, ni mucho menos, todas con nosotros. La historia posterior, la conocemos. Dos horas después, los jugadores uno a uno se iban ayudando a colocarse las cintas japoneses típicas de samuráis. “Es que es genial” confiesa Jorge Garbajosa años más tarde. “Sólo a estos se les ocurre en la mañana de la final, irse a un mercadillo a comprar unas cintas. A quien lo cuentes…”.

Los jugadores de la Selección española, celebrando el título (Foto EFE).
Los jugadores de la Selección española, celebrando el título (Foto EFE).

El cuento con final feliz, la historia más perfecta. Esta es la que nos pide que recordemos MIGUEL SEGURA CABALLERO, con esta petición:

“La Selección Española de baloncesto se proclamó por primera vez en su historia campeona del mundo. La España de Gasol, que se vio condenada a jugar sin él, ofreció toda una exhibición defensiva ante Grecia (70-47), sobre la que cimentar el triunfo más grande de todos los tiempos. El acervo popular casi nunca se equivoca. Casi nunca. Reza el dicho que “para ganar finales, primero hay que perderlas”. Un refrán que la selección española destrozó en mil pedazos en la final del Mundobasket. Frente a Grecia, otra selección novata en finales mundialistas, Pepu Hernández supo inculcar en sus pupilos a la perfección otro dicho baloncestístico “Si eres más pequeño, tienes que ser más rápido”. Ante la misma selección griega que acabó con la prepotencia norteamericana y sus saludos militares después de cada acción espectacular, la Selección aplicó esos fundamentos básicos que posibilitan el juego veloz y alegre que caracteriza a España. (…) Esta es la crónica del diario “El Mundo”.  La mía es que pasé el mes de Agosto y Septiembre más feliz de mi vida viendo cómo nos convertíamos en ¡campeones del mundo!

Sí, es cierto que teníamos una sensación de “sin Pau Gasol tenemos excusa. Porque cabe la posibilidad de perder. Pero es que… llegar aquí para una plata, es un fastidio”. Todos menos los jugadores. Y por eso fueron a comprar las cintas. Y por ello se pusieron encantados las camisetas de “Pau también juega” que alguien a la carrera mandó serigrafiar. Atrás quedaron los sollozos y los lamentos del día anterior en el vestuario. Como bien recalca Pepu Hernández, “no es que estuviesen dolidos por la lesión del hombre más importante. Sino que un jugador, un compañero, se iba a perder un partido tan divertido como es jugar una final”. Había que afrontarla. La de un Mundial, donde no se había llegado nunca y se había llegado como nunca. Y es que una de las claves para la consecución de este oro mundialista, residió en la sensación de dos años atrás.

El lesionado Pau Gasol y la camiseta que todos los jugadores llevaron puesta en su honor (Foto EFE).
El lesionado Pau Gasol y la camiseta que todos los jugadores llevaron puesta en su honor (Foto EFE).

Durante los Juegos Olímpicos de Atenas, en 2004, la Selección Española tenía la suficiente madurez como para enfrentarse y ganar a cualquiera. El bloque llevaba cuatro años juntos y aun siendo jóvenes, existía entre los Calderón, Navarro, Felipe y Pau, la compenetración necesaria como para ser los estandartes. Y en Atenas estuvieron muy bien rodeados y se jugó perfecto. O casi perfecto. El único error, tras avasallar casi a cualquier otro combinado (incluidos Argentina e Italia, que fueron quienes disputaron la final), fue no tratar a los estadounidenses como estrellas NBA, o como alguno de ellos, tiradores élite de la NBA. Y ahí estuvo Stephon Marbury quien nos cosió y nos dejó en la estacada, en un indigno séptimo puesto, a tenor de lo visto. Y eso es algo que tenían grabado. Si se había jugado el mejor baloncesto de todo el torneo olímpico y se logró tal posición, es que no era suficiente. Había que jugar más fuerte y mejor. Y con tal mentalidad en el verano que nos ocupa, el del 2006, barrieron a los rivales en la preparación por nuestra geografía y en el torneo de Singapur. Asímismo, nadie les tosió ni en la fase previa ni en los octavos (Serbia) ni en cuartos (Lituania) hasta el día de semifinales, donde el decorado varió ante Argentina. Se quería demostrar también que se podía ganar en las situaciones más complicadas (lo que no se había visto hasta entonces) y esa llegó en los últimos minutos con la ya afamada lesión de Pau Gasol. Restaban 01:36. Luego vino el salvador fallo de Nocioni, la explosión de júbilo en contraste con las lágrimas de Pau…y las del resto en el vestuario. Pero todo aquello, era agua pasada apenas 12 horas después. Se había llegado a la final, lo que no se consiguió en Atenas. Y lo merecieron.

Para esta cita mundialista, hasta seis jugadores de los afamados juniors de oro, aquellos de Portugal’99, los juniors, fueron convocados. A los Felipe, Pau, Navarro y Calderón, Pepu Hernández seleccionó por primera vez a Berni Rodríguez y Carlos Cabezas. Y por casualidades, por buscar el recambio a un pívot, se acordó reclamar a Marc Gasol, el chico de 21 años que había tenido una mala experiencia aquella temporada en el F.C. Barcelona y que se planteaba seriamente si esto le divertía. “Y acaba ayudando tanto, tanto, tanto al equipo…” recuerda Pepu Hernández, “que al final es como si fuese el broche a un guion perfecto”.

Marc Gasol capturando un rebote ante Schortsianitis. Fue la mayor sorpresa de la final (Foto EFE).
Marc Gasol capturando un rebote ante Schortsianitis. Fue la mayor sorpresa de la final (Foto EFE).

Jorge Garbajosa, Carlos Jiménez, Juan Carlos Navarro y José Manuel Calderón, con la inclusión de Felipe Reyes tapando la habitual de Pau Gasol, fue el cinco español. Dimitris Diamantidis, Nikos Hatzivretas, Mikhalis Kakiouzis, Antonis Fotsis y Lazaros Papadopoulos, el de los griegos. Y temiendo que desde el banquillo, Theodoros Papaloukas, Vasilis Spanoulis y Sofoklis Schortsianitis fueron el martillo pilón que acabaron con los estadounidenses en semifinales. Ver a tipos como Chris Paul, Lebron James, Carmelo Anthony o Dwight Howard, mirándose unos a otros sin entender nada, fue uno de los grandes y más sorprendentes momentos de esta competición. De cualquier otra competición.

 Y ya en la primera jugada se apreciaba la defensa española como una constante de lo que sería en esta final. Dos contra uno a Papadopoulos que acaba perdiendo el balón. Además, Fue Felipe Reyes continuando un bloqueo que, en un potente mate, abría el marcador con un 2-0. La defensa, tras mes y medio de concentración, entrenamientos, partidos de preparación y la exigencia del propio campeonato, era casi perfecta. Dos contra uno permanentes a los hombres interiores y cerrojazo a cualquier línea de pase. Las pocas que el receptor del balón pudiera encontrar, porque no era fácil ante tal enjambre. Se cambia a zona y en la primera intentona, canasta de Lazaros Papadopoulos. Se vuelve a la hiperactiva individual y se da una vuelta de tuerca más, presionando a toda pista, que da sus frutos: se fuerza una pérdida. El abanico de posibilidades defensivas era grande y se mostraba. Y resultaba, claro.

Con un triple de Mikhalis Kakiouzis, Grecia se sitúa por delante (8-9) en mitad de una final que transcurría como se esperaba. Los helenos tienen problemas con nuestra defensa y se dedican a cruzar el balón de lado, pero sus triples en mejores posiciones, no entran. A falta de 04:07, con la segunda falta de Felipe Reyes (que logró 6 de los primeros 10 puntos de España), Marc Gasol entra por primera vez a pista, para que instantes después lo hiciese nuestra mayor amenaza: Big Sofo. Con dos triples consecutivos de Calderón y Navarro, aupando a un 16-9 la ventaja hispana, se llega al final del primer cuarto con 18-12, con el trago en la garganta de ver el primer dos contra dos solventado entre la pareja Papaloukas-Schortsianitis. Sin Pau, era lo más temible, aunque bien es cierto que se les había dejado enuna puntuación pírrica.

Carlos Jiménez en una acción ofensiva (Foto EFE).
Carlos Jiménez en una acción ofensiva (Foto EFE).

En el segundo cuarto fue donde se resquebrajó la final. Donde se demuestra que cuando un equipo juega perfecto, nada da pie a que el marcador pueda ser igualado. Jorge Garbajosa y un triple, que junto a Navarro fue nuestro hombre con más desparpajo en ataque, obliga a pedir a Giannakis tiempo muerto a falta de 08:40 para el descanso, pues España se despega 23-12. La defensa era sublime. Cuando recibía el mastodóntico pívot griego de origen camerunés, todos se cerraban entorno a él. Sofoklis, con 21 años en 2006, era un joven muy en forma con “sólo” 152 kilos de peso (comparados a los 164 actuales). Nunca vio posibilidad de hacer daño porque, entre otras razones, Marc Gasol supo imponer su carácter. “Yo, que estaba un mes antes buscando equipo por España y me encuentro con esto”. La participación del Gasol más joven fue providencial. Un nuevo triple de Garbajosa da un 26-12. Sientan a Schortsianitis por Dikoudis.

 En conjunto, la defensa fue perfecta y Pau Gasol asombrado por tal exhibición. Se gira al banquillo y grita “cómo estamos defendiendo”. Pepu Hernández explicó en la Fundación Pedro Ferrándiz días después, que lo que intentaron, era lo contrario a un caja y hombre. “En un caja y hombre, hay cuatro en zona y otro en individual, siguiendo a la estrella rival. Pues bien, usamos lo contrario: cuatro de manera individual y uno, que era Marc, siempre en la zona, sin tocar su posición, para obstaculizar a Schortsianitis y los balones dentro”.

Triple de Garbajosa, canasta de Carlos Jiménez (clave en la tan admirada defensa) y el parcial sigue aumentando: 33-16 que hace frotar los ojos al más optimista. Se empezaba a salir de cualquier guion. Andrés Montes, siempre enorme, junto a Juan De La Cruz y Juanma Iturriaga a los comentarios televisivos de La Sexta, gritaba en su narración “¿Me estás escuchando bien? ¡Ya queda menos para ser campeones del mundo!”

 Pau Gasol levantando el trofeo de campeones, en uno de los momentos más paradójicos (Foto EFE).
Pau Gasol levantando el trofeo de campeones, en uno de los momentos más paradójicos (Foto EFE).

Felipe Reyes, que fuerza un dos más uno, tras provocar falta, es capaz de recoger el rebote a su fallo en el tiro libre y anotar otra canasta. 39-20 a falta de 01:10 para el descanso, al que se llegó con 43-23, con un fantástico triple de Berni Rodríguez sobre la bocina al llegarle un balón doblado. Era un sueño que sí, que al descanso, se tenía casi la medalla de oro en el bolsillo y la fiesta en española en Saitama, comenzaba a tomar cuerpo.

El tercer cuarto fue el más feo y que produjo que el marcador final fuese tan bajo. Se temía mucho la salida de los vestuarios de los hombres de Giannakis. Pero siguieron inoperantes. Si a los nuestros los tiros no les entraban, con su excelsa defensa, tampoco se dejaban reducir distancias. Con una buena defensa zonal –ahora sí- dando sus frutos, un robo de balón y canasta de Calderón, siguen manteniendo la veintena (47-27), entre un vaivén de tiro exterior que ninguno afina en el punto. A los griegos no les quedan argumentos más que entrar, doblar balones a los tiradores y que fallasen triples (5/21, para un total en tiros de campo de un 18/55, 32%). Incluso en posiciones claras, sus lanzamientos no entraban.

Un triple de Navarro sitúa el 50-30 y se acaba el pírrico cuarto ofensivo con otro triple de Jorge Garbajosa (los mejores en anotación, ambos con 20 puntos cada uno), para llegar al final del tercer período con 54-34. Y por supuesto, la medalla de oro más que asegurada.

Pau Gasol celebraba con una amplia sonrisa y puño al viento, cada uno de los triples de los españoles. Era la oportunidad, el momento y no se dejó escapar. Andrés Montes narraba entusiasmado, en su versión más radiofónica. Desde su puesto, ya veían el oro hacía mucho, así como los familiares en las gradas y los aficionados, que dando saltos de alegría y esperando el momento ceremonial de la entrega de medallas, celebraban un 60-36 a dos triples consecutivos (de Navarro y Garbajosa, ¿cómo no?), cuando pide un rendido Giannakis, tiempo muerto a falta de 07:35.

Navarro, Cabezas, Pau Gasol, Rudy Fernández, Calderón y Garbajosa con las famosas cintas en la cabeza. Un momento para la historia (Foto EFE).
Navarro, Cabezas, Pau Gasol, Rudy Fernández, Calderón y Garbajosa con las famosas cintas en la cabeza. Un momento para la historia (Foto EFE).

Y no hubo más historia. Bueno, sí. Hubo muchas más historias. Que Berni Rodríguez y el “Chacho” Rodríguez comenzaron a repartir a falta de dos minutos para el final, las cintas aquellas del mercadillo. Que todos se abrazaban a Pau Gasol, que no pudo contener las lágrimas. Que el partido finalizó con el mencionado 70-47 y un señor miraba al cielo, con una misión cumplida y agradeciendo tantas cosas. Solamente sus asistentes y Carlos Jiménez, sabían del fallecimiento del padre de Pepu horas antes de empezar la final. Y el “capi” le miraba y le preguntó ya en el pódium, cuando mano al pecho, con un trofeo al que le habían otorgado, contenía sus emociones.

Y el trofeo. Las bromas por el trofeo de aquel ministro japonés ataviado con su kimono, que entregó a Pau Gasol y que éste levantó sin ser el capitán. Daba igual. Todo fue una fiesta, el simulacro de la pocha en pista, los cánticos de mes y medio de competición en los vestuarios y ahora sí, que se había jugado perfecto, ahora sí, eran campeones del mundo.

Aficionados españoles y veteranos enviados especiales. También fue dedicado para ellos. Manuel Reynoso, Ivan Mainini. El destierro a Salta y el chinazo. La esperanza ateniense en un quinto puesto y el sinsabor de perder ante Nowitzki en Indianapolis. Se había pasado mucho y por ello, nos hacía ver imposible un momento así. Ser campeones del mundo. Y claro, se celebró en Madrid. Vaya si se celebró. Intentar inculcar aquello del ba-lon-ces-to y los jugadores, esos del “¡qué chicos más majos!” en las colas de la pescadería para celebrar, en definitiva, que éramos campeones del mundo.

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