MOMENTOS ÉPICOS: LOS CELTICS, EN MADRID

MOMENTOS ÉPICOS: LOS CELTICS, EN MADRID

Antonio Rodríguez

Open McDonald’s Madrid’88: Real Madrid 96-111 Boston Celtics (23.10.88)

El mundo estaba cambiando. Juegos Olímpicos Seúl 1988.

“Yo hacía noches allí, que eran mañanas aquí. Me levanto y me dicen ‘¿a que no sabes qué ha pasado?’ Vista la cara de asombro, pensé que Corea del Norte había invadido Corea del Sur. Y me dicen ‘No, que la URSS ha ganado a Estados Unidos’. Casi me da un síncope. Pregunto dónde está la cinta. ‘En la sala 4’ me responden. ‘Pues en esa sala, a partir de ahora y durante las siguientes dos horas, no entra ni San Pedro’. Y pude ver aquello”.

(Ramón Trecet hizo plató en el set de TVE en Seúl durante las tardes-noches en horario español, una vez finalizada la jornada olímpica, dando paso a las redifusiones de las mejores actuaciones de la jornada, que no se habían podido ver a lo largo de la emisión de TV2 en directo).

Larry Bird era la verdadera atracción de los Celtics en su visita a Madrid.
Larry Bird era la verdadera atracción de los Celtics en su visita a Madrid.

El mundo estaba cambiando. Y éramos muy conscientes de ello.

Los Juegos Olímpicos de Seúl finalizaron en los últimos días de Septiembre, algo a lo que no estábamos acostumbrados. Un torneo de baloncesto internacional, no se había disputado durante esas fechas desde el Mundobasket de Manila’78. Y aunque en aquel momento España no participó, sí afectó a nuestro país, pues se esperó a la llegada de la estrella de nuestra competición doméstica, Zoran Slavnic, con el oro bajo el brazo. En este otoño de 1988, sí se participó y sí se tuvo que esperar a todos los internacionales tras un verano agotador, en el que hubo el añadido del Preolímpico. La liga ACB no se inició hasta el 15 de Octubre y el Real Madrid, debutando en La Laguna ante el Cajacanarias, no había jugado en su Palacio de los Deportes, excepto en el torneo de la Comunidad de Madrid. Ese fue el único momento en el que los aficionados habían sido testigos de ver en directo a su nuevo ídolo, Drazen Petrovic hasta el 21 de Octubre, fecha en la que se disputó este 2º Open McDonald’s - primero fuera de las fronteras USA-. Así que deseo, lo que era deseo por ver a sus ídolos, había. Añadan que lo que se avecinaba, era un evento extraordinario.

Los ecos de los Juegos se mantenían en el ambiente. La llegada de Yugoslavia, plata olímpica dos semanas antes, les daba un halo especial. Y serían los primeros rivales de los Celtics. Y Robert Parish dijo que ese Divac era extremadamente bueno. Que Vrankovic –con el que los Celtics tenían un pre acuerdo-, muy grande, muy ágil e intimidador, sí. Pero que Divac era un jugadorazo. Y llegó el domingo 23 de Octubre. El del Real Madrid-Boston Celtics.

Robert Parish sufre ante la fuerte oposición de Romay.
Robert Parish sufre ante la fuerte oposición de Romay.

Este país vivía unos años con una asentada comodidad. Los problemas económicos de principio de los 80 solamente eran recuerdos. El baloncesto seguía siendo aquella fiebre que continuaba cuatro años después de los Juegos de Los Angeles, aunque la Selección Española se empeñase en oscurecerlo. Pero el aficionado tenía a Fernando Martín y Audie Norris. Y además, la NBA. Ya no solamente era la invasión de revistas que había en los kioscos. Todos aquellos ídolos de fotografías y pósters, al fin se veían respaldado por imágenes, semana tras semanas. La irrupción y eclosión de “Cerca de las estrellas”, trayendo aquellos fenómenos que parecían de Marte, fue un bombazo. Y de Marte no eran, porque allí había jugado Fernando Martín. Pero lo parecían. Sabíamos quiénes eran los Celtics. Conocíamos su quinteto de carrerilla, el más laureado y notorio en aquella NBA: Robert Parish, Kevin McHale, Larry Bird, Danny Ainge y Dennis Johnson, salía en nuestras bocas del tirón. Y los Celtics estaban aquí.

Y nos enteramos porque el Palacio se vistió de gala para la ocasión. Porque tuvieron una Recepción real, atendidos por el príncipe Felipe, al que regalaron una camiseta con el número 1 de los Celtics y en la espalda, el nombre “Borbón”. Porque por el paseo de Recoletos podías ver a Larry Bird dando una vuelta, intentando evitar el pasmo de quien se le cruzara. Porque vinieron acompañados del mítico Dr. J., Julius Erving, para dar un clinic. Porque los Celtics, los míticos e históricos, los de los 16 títulos, estaban en Madrid ante nosotros. Y eso era algo irrepetible.

El mundo estaba cambiando. Open McDonald’s, en Madrid. Daba la risa floja sólo de pensarlo.

Fernando Martín tuvo una dura lucha con Kevin McHale
Fernando Martín tuvo una dura lucha con Kevin McHale

El Palacio de los Deportes estaba como solamente en ocasiones especiales lo habíamos visto. Pero lo que nunca se había percibido era tal sensación de festín. Apoyando desde la rueda de calentamiento al Real Madrid, creando presión, aunque asombrados por los rivales a pesar que llevasen calzado el chándal todavía. Era admiración, devoción por aquella indumentaria que, viéndola en real, era de un verde más intenso que lo que estábamos acostumbrados en televisión. Al quinteto céltico que ya sabemos, Drazen Petrovic, José Biriukov, Johnny Rogers, Fernando Romay y Fernando Martín, completaban los 10 que saltarían a cancha inicialmente.

El primer pase de Romay, largo, se perdía por línea de banda, producto de los nervios del momento. Que Danny Ainge anotaba suspensiones con una facilidad embriagadora, aunque estuviese bien marcado y el cuerpo mal posicionado, empezaba a formar parte del misticismo reinante, respondido en ese momento, por un triple de Drazen Petrovic según llega, para poner un 3-2, desatando el fervor del público. Los aficionados inicialmente crearon una presión inmensa de cara al rival,  aunque esa pasión se fue convirtiendo poco a poco en relajación, sentarse en sus asientos y admirar el espectáculo, que a las canastas de los arrogantes verdes, también tocaba sentida ovación.

El equipo dirigido por el novato Jimmy Rodgers, que aquel año sustituyó a K.C. Jones, jugaba fácil. Y eso era algo que teníamos delante de nuestras narices. Pases, pases, al poste bajo, al tirador abierto, pases de béisbol con una milimetría fascinante. Pases de punta a punta en manos del compañero con una perfección embaucadora. Y se les aplaudía, claro. Kevin McHale jugaba en poste bajo y se movía con mucha comodidad. A pesar de la intensidad de Fernando Martín en su marca, lógicamente no era un Karl Malone, un Barkley lo que encaraba. Y sus gestos eran de escuela, aunque el bueno de Fernando, tuvo un movimiento con canasta de finta, pivote y proteger su tiro ante Parish, yéndose de dos rivales y tirando con la izquierda, precioso. Al final del primer cuarto, se llegó con 24-29.

Pep Cargol, con 15 puntos en 22 minutos, fue la sorpresa del choque.
Pep Cargol, con 15 puntos en 22 minutos, fue la sorpresa del choque.

Los banquillos empiezan a hacer acto de presencia. Rodgers había prometido a la prensa mayor rotaciones, viendo que la pasada temporada el viejo quinteto de Boston acabó agotado ante los Pistons, por su exceso de minutos. Y con un ritmo frenético que seguía  y provocaba un acelerado Drazen Petrovic, empeñado en mostrar sus poderes, fallando más que anotando (6/16 fueron sus tiros de campo, para un total de 22 puntos), hace que los Celtics se despeguen 30-42 y 35-51. El joven de 20 años, Josep Cargol, entra a pista, y consigue una buena canasta remontando línea de fondo. Fue el día soñado para el alero madridista, pues consiguió un par de anotaciones de semejante factura, con gran mérito. Marcó a Larry Bird con todo el tesón y cuando se envalentonó del todo, porque en ataque estuvo brillante (15 puntos en 22 minutos), encaró la canasta en contragolpe ante la presencia de Robert Parish: le puso un tapón que lo tumbó en el suelo. Las categorías se respetan, parecía enseñarle “El jefe”. Drazen Petrovic, marcado por Jim Paxson, que no era lo mismo que Dennis Johnson, se encontraba más libre y tuvo sus mejores minutos, llegándose al descanso con 47-61.

Las cheerleaders de la universidad de Memphis State se presentaron también en Madrid. Para bailar. Digamos que los atrevidos que las tenían en Europa, las mostraban. Pero lo de bailar, bailar… Coreografías perfectas cargadas de atleticismo de unas chicas que parecían volar. Se trajo aquel pollo como mascota para gastar bromas a los protagonistas. Todo era ambiente de fiesta. Aunque para fiesta, la de las gradas del Palacio cuando vieron que el Real Madrid ganó el parcial en el tercer cuarto a sus rivales: 30-24 nada menos, a lomos del sorprendente Cargol. Más Petrovic, que necesitando más vigilancia, tuvo el marcaje del novato Brian Shaw. De hecho, el recinto casi se cae cuando en un contragolpe blanco, Drazen soltó un pase picado entre dos rivales, hacia atrás, donde llegaba Johnny Rogers y transformar en bandeja, la jugada más bonita del choque. Todo el público en pie, soñando que aquello era remontable. Viendo el electrónico al final del tercer cuarto, 77-85, era comprensible que se pensase, sobre todo si se mantenía ese ritmo de transición va, transición viene, sin descanso ni parón.

El mundo estaba cambiando. Un club FIBA salía respondón a un NBA… hasta que quiso Bird.

El último cuarto comenzó con tiros libres de Biriukov, el jugador de Lolo Sáinz más acertado en la primera mitad (18 puntos. Tres triples consecutivos en el inicio del choque en aquella nueva medida para este Open McDonald’s, de 6.75). Y Rodgers, que tenía en pista tan sólo a Johnson y Ainge como titulares, decide sacar a McHale y por supuesto, a Larry Bird. En la  primera acción del ‘pájaro’, señalan falta previamente a un triple que anota, pero que anulan. A la siguiente jugada, sí anota el triple. Los Celtics juegan para él. No es ya cuestión que él vaya creando para los demás, sino que ahora recibe bloqueos para posiciones cómodas. Anota otro triple. Una suspensión pisando la línea de tres. El  caso es que el fragor en los graderíos por la remontada, se heló al son de un chasquido de Bird. Cuando se cumplían los 40 minutos reglamentarios FIBA, o sea, cuando se llevaban 4 minutos del último cuarto, Boston dominaba por un 78-94 inapelable. Es que era todo muy fácil en él. Pasaba tan cerca los bloqueos, recibía el balón apurando los espacios, que tenía medio trabajo hecho a esas alturas. Al recibir, sin dejar un segundo de respiro, se levantaba desde distancias prohibidas en Europa, y anotaba con una sencillez que casi enojaba. Tocaba aplaudir,  claro.

Dennis Johnson entrando a canasta ante Johnny Rogers.
Dennis Johnson entrando a canasta ante Johnny Rogers.

A esta exhibición ofensiva se unieron los mejores minutos de los americanos en defensa, vigilando líneas de pase, cortando balones y sacando contragolpes. No eran las palizas que infringieron los Milwaukee Bucks un año antes, pero sí sentenciaron el encuentro con una facilidad que, parecía que asestaron el golpe cuando ellos quisieron. Un carrusel de cambios y rotaciones por ambos equipos, utilizando lo más profundo del banquillo y saltando a cancha tipos entre ellos, que posteriormente jugaron en España, como Ron Grandison, Gerald Paddio o el portorriqueño Ramón Rivas, que aquel verano había estado en la órbita de Manresa, junto a Eddie Pope. El resultado que marcaba el electrónico cuando sonó la bocina final, fue 96-111. 15 puntos de desventaja que al Real Madrid le supieron a gloria. Y los Celtics, deber cumplido, volvían a casa, tras recoger el trofeo de campeones de mano del ya conocido Felipe de Borbón, cerrando así aquella fiesta que envolvió la capital madrileña durante tres días.

Es curioso que a Larry Bird no se le volvió a ver más en aquella temporada 88/89 aún en sus albores, pues unos huesos sueltos en sus talones, necesitaron de una complicada cirugía y una larga rehabilitación. Con ellos se fue la fiesta. Acabó una fantasía preciosa y maravillosa del fin de semana. Era como si lo más granado de Hollywood hubiese venido a visitarnos, a estar con nosotros, a convivir en nuestras calles. Ni el público, ni aquellos componentes del Real Madrid, lo olvidarán. Ni, por supuesto, aquellos juveniles del Real Madrid (José María Silva, Ricardo Peral, Ismael Santos) que fueron los encargados de seguir las instrucciones de Julius Erving en el clinic del día intermedio, y con el que pudieron bromear y jugar.

Sí, el mundo estaba cambiando. Pero los Celtics mostraron que el trecho entre ambos mundos aún era grande. Lo que dejaron bien claro que el baloncesto, aun sencillo, es un gran espectáculo. Aquí podéis ver algunas imágenes de aquel fin de semana.

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