MOMENTOS ÉPICOS: “EL TRIPLE DE ANSLEY”

MOMENTOS ÉPICOS: “EL TRIPLE DE ANSLEY”

Antonio Rodríguez

Final Liga Endesa 94-95: 4º UNICAJA 78-80 F.C. BARCELONA (18.05.95)

 Hay momentos en el mundo del deporte que marcan a tal nivel nuestras vidas, que los definimos como lo que no fueron. En el mundo del fútbol, se definió como “el gol de Pelé” una de las mejores jugadas realizadas en la historia de los Mundiales, que no fue gol. “El gol de Michel” fue aquel gol fantasma que los árbitros no dieron en el Mundial de México’86 y que hubiese dado a la Selección Española la oportunidad de soñar con derrotar a Brasil. Mejor sería definirlos como el “no-gol”, ¿verdad?  En baloncesto también hay de esas ocasiones. Y la Liga Endesa vivió uno de aquellos “no-triple” que pasaron a la historia  y por supuesto, dejaron una huella imperecedera. MARÍA TERESA CRESPILLO FERNÁNDEZ nos solicitó este “Momento épico”, que indudablemente, marcó para siempre. Vamos con él:

“TEMPORADA 94/95: ESE TRIPLE QUE NUNCA ENTRÓ DE MICHAEL ANSLEY.

            Ese triple que nunca entró, pero que será el más recordado, ya que el todopoderoso F.C. Barcelona supo que en Málaga había un equipo que le podía hacer sombra. Fue una locura muy hermosa”.

El momento que paró el tiempo, que marcó la historia: el triple de Ansley.
El momento que paró el tiempo, que marcó la historia: el triple de Ansley.

El Palau Blaugrana estaba atónito. Algunos animaban e intentaban arrastrar al resto, en un optimismo que muy pocos en las gradas veían. Bastante tenían con digerir tal panorama. Era el segundo partido de la final, tras haber perdido el primero de manera clara (un maquillado 77-84 final) y el electrónico mostraba un cruento 6-22. ¿Qué estaba pasando? Unicaja, aquel equipo que parecía haber llegado casi ‘por invitación’ a la final liguera, tenía contra las cuerdas al F.C. Barcelona, en uno de los repasos más notorios que jamás se vieron en una serie final. Lo que sucedió desde ese momento en los siguientes cuatro días, quedaron como algunos de los momentos estelares en la historia de la Liga Endesa. Porque todo se resumió a un balón en el aire. El balón por un título. El triple de Ansley.

Donde el tiempo se congela, donde resquebrajar la historia y hacerla añicos se encerraban en un balón que giraba y giraba en busca de la canasta, desde siete metros, desde las manos de Michael Ansley. El ídolo en los dos encuentros de Málaga, un semidios aquellos días, el tipo que llevaba 38 puntos, apostaba en una ruleta deportiva al todo o nada con esa bola. En tal preciso instante, ¡6.600.000 televidentes! también se congelaron delante de la tele, récord absoluto en cualquier encuentro en la historia de la ACB (desde que existen ratios y mediciones). 4.421.000 espectadores fue la media de audiencia. Récord que, por supuesto aún mantiene su vigencia. A las once y cuarto de aquella noche de mayo, fuimos testigos de la magia que puede deparar este deporte. El triple de Ansley. Una liga y la mayor sorpresa de la historia, a los designios caprichosos del destino, rodaba por los aires del Ciudad Jardín.

El equipo entrenado por Aíto García Reneses, victorioso 3 a 2 en lo que parecía ser la lucha por el título anticipada ante el Real Madrid en semifinales, jamás pudo esperar semejante afrenta de un rival en la final, la de verdad. Pero, ¿quién era Unicaja, por el amor de dios? Nunca había superado unos cuartos de final de liga, nunca había jugado unas semifinales de Copa. De hecho, había disputado tan sólo dos fases finales de Copa del Rey, incluyendo las trayectorias de Caja de Ronda y Mayoral Maristas por separado. “No queremos que esta temporada se acabe nunca” declaraba Javier Imbroda en el multitudinario recibimiento del equipo en el aeropuerto de Málaga, tras regresar de Manresa, al que barrieron en semifinales (3-0).

Kenny Miller lanzando a canasta ante la oposición de Peplowski
Kenny Miller lanzando a canasta ante la oposición de Peplowski

Los arbitrajes, en el ojo del huracán

En el Palau, vimos un equipo novato pero centrado, sin saber (ni importarles lo más mínimo) dónde estaba su techo. Solamente querían jugar al baloncesto. Intensos, acertados y duros. Tan duros que Aíto ya se apresuró a criticar la permisiva labor arbitral en el juego bajo los aros, con un Kenny Miller que saltaba, volvía a saltar y si necesitaba morder, mordía. Que Michael Ansley conocía todas las tretas habidas y por haber y el joven de 23 años Alfonso Reyes tampoco se amilanaba, porque enfrente tenían tipos como Quique Andreu, Darryl Middleton o aquel temporero de ancho corpachón, Mike Peplowski. La primera pareja arbitral (obviaremos los nombres. Existen hemerotecas) se vio sorprendida por la furia en defensa de ambos contendientes, por aquella subterránea batalla campal en la pintura. Pero al acierto en el tiro exterior del ruso Sergei Babkov en el primer partido (16 puntos al descanso), del conjunto en global (10 de 21 en triples) y del 2-16 de parcial antes de llegar al descanso, los malagueños dejaron sin argumentos a los locales.  Entre 16 y 18  puntos de ventaja para Unicaja fue el curso habitual en la segunda mitad, hasta que una furiosa reacción de José Luis Galilea a base de triples en las postrimerías del choque, dejó el definitivo 77-84.

Por ello, el 6-22 dejó atónita a la concurrencia en la matinal del domingo, en el segundo capítulo de la serie. ¡Es que no podía ser, otra vez la misma historia! Tal era la superioridad, el equilibrio tan perfecto de puntos exteriores como en la zona, que no parecía haber brebaje para frenar aquello. Eran una avalancha. Tras un 36-47 al descanso (exactamente igual que el primer envite), en la segunda mitad los azulgranas supieron sufrir y bregaron en la zona, allá donde los hombres de Javier Imbroda tenían precisas instrucciones de no permitir ni  una cesión. Entre ese juego rudo, Galilea nuevamente desde los triples y José Montero corriendo contragolpes todo lo que pudo, dieron la vuelta al electrónico. Se añadió que Andrés Jiménez fue una torre más bajo los aros, secando a Babkov en la reanudación (0 canastas), que el base malagueño Nacho Rodríguez perdió la brújula y la dirección en sus compañeros…y algunas decisiones arbitrales de una pareja que nuevamente se vio superada, entre el diseño de una final tan física como jamás habíamos visto antes. Tres segundos en la zona de manera oportuna, un campo atrás de Montero no señalizados en los momentos clave, fueron el detonante para que Javier Imbroda declarase al final del choque “estamos luchando contra el Barcelona y la tradición”, asumiendo que había en el ambiente una especie de temor e incredulidad a que la final viajase a Málaga con un 0-2 impensable. El resultado final fue un igualadísimo 93-92 salvador para los azulgranas, apretado por los malagueños al final de tal manera, que el entrenador melillense confesó un “nos han faltado 10 segundos para ganar” con cierta mueca de decepción. Empate a uno y los azulgranas sacaron al menos, la cabeza del agua.

Darryl Middleton y su oscura pero eficiente labor en esta final, lanzando a canasta.
Darryl Middleton y su oscura pero eficiente labor en esta final, lanzando a canasta.

¿Saben por qué Unicaja se convirtió en un grande? Porque su afición esperaba a un grande regresar a casa. De cómo el pabellón Ciudad Jardín dio la bienvenida en la tercera entrega de esta final, de esa pleitesía a los suyos y del odio –deportivo, por supuesto-, terrible odio a los rivales, impregnaron el ambiente como si se tratase de un clásico forjado durante décadas. Allí no había ningún novato en estas lides, allí había dos grandes. Me llegaron a contar que la locura y la hostilidad entre los aficionados malagueños llegó a tal punto que algunos, viendo desfilando por el parquet uno de los sponsors de la Liga Endesa por aquel entonces, ‘Trident’, en forma de un tipo ataviado en un disfraz de paquete de chicles, llegó a ser objetivo de malas miradas y alguna lindeza oral, porque al nombre de la marca sobre un fondo blanco, como recordaréis de sus envoltorios, le acompañaban el color azul y una banda grana donde se imprimía el ‘sin azúcar’. “¡Er shicleeee! ¡Er shicle es del Barçaaaa!” Imaginen.

Para ese momento ya éramos todos los aficionados al baloncesto conscientes del devenir de aquella final. El listón de la agresividad y la lucha se subió aún más. Aquí ya no hubo respiro. Mike Peplowski con un ojo morado, Manel Bosch luchando con un esguince de tobillo y los demás, con jirones psicológicos, seguían en la batalla. En el transcurso del tercer encuentro, 56 faltas entre ambos, 72 tiros libres conjuntos (46 para los malagueños, eso sí), y la mira desviada con 12 triples en 33 intentos. Para ver una canasta había que echar una instancia. Sin acierto alguno desde el exterior, con rencillas personales, presenciamos de todo: con Kenny Miller que finge un golpe en el ojo tras recibir una falta, mientras miraba de manera disimulada tapado por la toalla, para ver si colaba el cambio por lesión y no lanzar los tiros libres (su cruz, con 51% tuvo durante la temporada). Andreu que agarraba de la cintura a Ansley y apretaba con los dedos a modo de pinza hasta doler. Nacho Rodríguez daba un pequeño empujón y desestabilizaba a cualquier rival, para poner inmediatamente cara de ‘¿qué ha pasado aquí?’ cuando el árbitro buscaba paz (con Salva Díez las tuvo muy tiesas). El caso que con mayor acierto en los momentos finales y Michael Ansley destacando a base de forzar faltas y lanzar tiros libres (16/20 fue su acierto), Unicaja se alzó con el triunfo 88-87, cerrado hasta el límite por un triple de Díez desde medio campo sobre la bocina final, con el choque solventado. Dos a uno a favor, match ball en Málaga y toda una ciudad que creía en el título.

 Michael Ansley entró en la historia, también por anotar 36 y 39 puntos en los dos choque de Málaga.
Michael Ansley entró en la historia, también por anotar 36 y 39 puntos en los dos choque de Málaga.

Leña al fuego. Mucha más leña al fuego

 Tras el tercer encuentro, durante el miércoles entre partido y partido, las noticias, las declaraciones y las polémicas o un amasijo de las tres unidas, estallaron para caldear aún más el ambiente. Aíto García Reneses declaró que “da la sensación que todo está encaminado a que cantemos el alirón del Unicaja. Después de ver el vídeo del tercer partido, hagamos lo que hagamos, es muy difícil que esta final se decida a nuestro favor”. Para apostillar “lo de ayer martes, fue un atraco”, que desmintió haber dicho a la finalización del cuarto encuentro, a la pregunta de un cronista local, de si le había salido bien la jugada de encender la atmósfera con sus declaraciones. “Nunca ha sido mi intención calentar el ambiente. Lo que ocurre es que querían que montara el numerito y como no me presté a ello, algunos medios han puesto en mi boca palabras como ‘atraco’ que yo nunca dije”. En tan multitudinaria rueda de prensa -tras la finalización del cuarto partido, reiteramos-, un periodista se apresuró alzando la mano con una grabadora en ella, retándole a oírlo e invitando también a toda la sala. Tras los primeros segundos de audio, Aíto para la cinta de forma apresurada para exclamar un jocoso “sí, hombre, como que ahora tengo acento gallego”, rebobinando la cinta mientras todos reían. Al oírlo nuevamente y oír de su boca tal frase, zanjó con un “¡Ah! Pues sí, soy yo de verdad. Y tengo acento gallego. Nunca quise decir eso. Simplemente han sido palabras sacadas de contexto”. Algo que no convencía a Javier Imbroda, en la misma rueda de prensa: “Aíto ha influido. Claro que ha influido. Queríamos ganar la liga ante nuestra afición, pero Aíto se ha encargado de poner en marcha su enorme cinismo. Todos los que estamos en este mundillo ya sabemos quién es”.

Tras este cuarto encuentro, a la mañana siguiente, el aficionado malagueño se levantó enterándose del incidente acaecido a la retirada de los vestuarios al finalizar el choque la noche antes. Antonio Jurado, el fisioterapeuta de Unicaja, recibió un puñetazo por parte de Quique Andreu, cuando el primero le quiso sujetar al revolverse el jugador hacia unos aficionados que le habían agredido. Resultado, todo un pómulo dañado y la pólvora de declaraciones cruzadas encendida por unos jugadores, que fueron los únicos testigos en el pasillo, camino a los vestuarios. “El baloncesto es para gente noble” declaraba Alfonso Reyes “y hay un tipo llamado Andreu que no lo es y que va por la vida soltando codazos a diestro y siniestro”. Salvador Alemany, director de la sección de baloncesto del club azulgrana, se anticipó a aclarar que “el jugador dice que le han agredido por la espalda y sólo ha devuelto la agresión”. Antonio Jurado, el afectado, intentando calmar el ambiente, manifestaba un templado “lo único que hice es cogerle de la camiseta y decirle que no hiciera caso, que no se parara. Entendería otra cosa y me propinó un puñetazo. Pero no me gustaría acaparar la atención por esta historia”.

 

En Málaga, preparados para el alirón

Volvamos a la tarde del jueves, al día de partido. Con un ambiente cargadísimo por unos aficionados que llenaban el Ciudad Jardín, donde a sus 4000 espectadores de aforo se les unieron 1000 más, en un día en el que el actual Martín Carpena se hubiese quedado pequeño, la panorámica del pabellón resultaba espectacular. El ahora o nunca de la ciudad. Todos los aficionados al deporte en este país eran conscientes del bombazo que podía suponer la victoria de Unicaja y su consiguiente título de liga. Entre toda esa sofocante atmósfera, el F.C. Barcelona debía ganar, o masticar una de las mayores decepciones. Nacho Rodríguez, Sergei Babkov, Manel Bosch, Michael Ansley y Kenny Miller fueron los componentes del quinteto local. José Luis Galilea, recuperado en la titularidad del primer choque, se alineaba junto a Xavi Fernández, Corey Crowder, Darryl Middleton y Mike Peplowski. Y para empezar, brochazos diferentes: Xavi Fernández, inédito con 0 puntos en el tercer encuentro (jamás se había dado desde que vestía de azulgrana), era el primero en anotar a los 4 segundos de juego. Algo había cambiado.

Ferrán Martínez fue el jugador más importante del Barcelona en este encuentro.
Ferrán Martínez fue el jugador más importante del Barcelona en este encuentro.

Y los cambios siguieron, porque fueron los azulgranas quienes tomaron el dominio inicial en el marcador, mientras que el estandarte local resultaba ser Michael Ansley, con 11 de los primeros 15 puntos del equipo. Miller no aparecía en ataque, pero sí Sergei Babkov, más suelto y afinado ante la marca de Jiménez que en días precedentes, puso la primera delantera de los malagueños con 22-21. Corey Crowder parece funcionar en el tiro y Aíto sitúa en cancha a su quinto hombre alto en discordia, Ferrán Martínez –el que había jugado menos minutos de todos en la final-, para que resulte efectivo por primera vez en la serie. Y lo fue, lo fue. Dos triples suyos consecutivos sitúan el electrónico en un preocupante 26-34. Imbroda pide a Ansley que se haga con su marca, pues si iba a decidir desde fuera, prefería que fuese suya la asignación a Kenny Miller.

Los andaluces aprietan la defensa y emana el talento ofensivo de parte de los representantes de la tierra, en esta ocasión en la figura de Gaby Ruiz, como orgulloso sello del equipo. Unicaja tenía un plantel forjado en casa en muchos de sus componentes: Nacho Rodríguez junto a los jóvenes Gaby Ruiz, Dani Romero, Curro Ávalos, Ernesto Serrano o Ricardo Guillén. Todos eran de la factoría malacitana. Y Ruiz era un talento destinado a grandes cotas. Entraba a canasta con gran facilidad, marcando los pasos y tiempos perfectos y crucificaba desde el 6,25. Con un triple suyo hace estallar el Ciudad Jardín,  celebrando un parcial de 9-0 en los últimos 03:36, a falta de 25 segundos del descanso, que vuelve a situar a Unicaja por delante 37-36. Remataron Ferrán Martínez con un dos más uno y una canasta de Michael Ansley sobre la bocina, para retirar las huestes al vestuario con un empate a 39.

 La segunda mitad arranca como si fuera un espejismo de lo que posteriormente fue. Como augurando que eran los últimos 20 minutos ligueros, ambos conjuntos rivalizaron en una ida y venida de aciertos en ambos lados de la pista, donde los locales sacaron mejor tajada (47-41 y 49-43), con los aficionados de Unicaja viendo que aquello tomaba mejor cariz. Lo dicho, un espejismo. A partir del minuto 27, el cansancio producto de un cuarto partido en siete días, irremediablemente comienza a hacer mella en los locales. No era lo mismo utilizar 8 hombres habituales, que hacerlo con 10 que usaba Aíto. Y a estas alturas, se nota. Xavi Fernández con un triple vuelve a aupar al F.C. Barcelona al liderazgo (49-50) en los peores momentos ofensivos malagueños y los mejores defensivos barcelonistas. Tres robos de balón en cuatro posesiones hacen en los visitantes tomar el mando psicológico al encuentro. 49-54 se amplía la diferencia, cuando restan 10 minutos para la finalización.

 Uno de los escasos recursos en el equipo entrenado por Javier Imbroda ante tan farragosos ataques, Michael Ansley, era quien daba más muestras de cansancio. En ese momento, llevaba ya 25 puntos. Pero el americano era muy consciente que debía aupar a los suyos con su liderazgo en las circunstancias mal dadas en los que se movían. No soltaba el balón a pesar de los dos contra uno, sino que buscaba un resquicio hacia el aro y forzaba faltas. Porque Ansley forzaba faltas. Muchas. Su meta era la línea de tiros libres. Buenos maestros debió tener para atesorar ese talento en un hombre interior tan bajito, tachado con sobrepeso, con unos recursos ofensivos fantásticos, al que le inculcaron que el tiro que más veces ejecutaría a lo largo de su carrera, sería el tiro libre. Y allí que se encaminaba una y otra vez. ¿Fallarlos? ¿Estamos locos? Repetimos su filosofía: el tiro que más veces ejecutaría a lo largo de su carrera. Errarlos era un lujo que no se podía permitir. 35 veces viajó a la línea del 4,60 en los dos encuentros de Málaga. 30 aciertos. Se antojaban como la única salvación en los momentos más apurados para los suyos. Se acercaron a un 54-56.

 Ferrán Martínez, el jugador sobrepasado por la dureza física en los tres encuentros previos, se erige paradójicamente como el salvador azulgrana. (20 puntos con 8/9 en tiros de campo) y a falta de 05:23 para el final, vuelve a dar una diferencia casi decisiva, anotando el 56-66. Dos triples consecutivos de Manel Bosch y Sergei Babkov, dan un pequeño hilo de esperanza local, 66-71, a falta de 03:25. Fue en ese preciso momento cuando el partido se paró, porque José María Aguilera, el médico del club azulgrana que ocupaba el banquillo, quejándose de un golpe, quedó inconsciente y debió ser retirado conmocionado a vestuarios. En mitad del frenesí, mientras unos pensaban que era un truco para parar el juego, pues el médico de Unicaja que le atendió, juraba que no tenía ni herida ni contusión en la cabeza, Aguilera confesaba que algo plano le había golpeado en la nuca, semejante a un mechero. El delegado de campo, también tomaba su interpretación particular,  que se hubiese dado con el respaldo del banquillo, plano y de madera en un gesto, eso sí, ciertamente extraño. Una locura que se zanjó con la curiosa imagen del supuesto agredido, de ser retirado en brazos por el fisioterapeuta del club, cual niño llevado a la cama.

Michael Ansley anota un triple (73-76) a falta de 01:43 y una rápida canasta de Nacho Rodríguez tras tiros libres de Ferrán Martínez, aprieta aún más el electrónico (77-79) cuando restaban tan sólo 37 segundos. El pabellón Ciudad Jardín y los 6,6 millones –recuerden- de aficionados delante del televisor, con el corazón en un puño. Y más aún, cuando a falta de 20 segundos, el propio Rodríguez hace falta sobre Salva Díez y éste falla los dos tiros libres, para que Kenny Miller en la captura del rebote, dé el balón directamente a Michael Ansley.

 

El triple de Ansley

El balón no fue a ningún base, el balón no cayó en manos de alguien que pudiese dirigir aquella última jugada en los 20 segundos que restaban, sino que lo hizo al único hombre capacitado para decidir la contienda y jugársela en ese momento, al general en campo. El tipo que había anotado 36 puntos dos días antes y llevaba 38 ya aquella tarde. Michael Ansley se iba acercando andando, botando el balón entre sus piernas, marcado por Darryl Middleton que veía en su rival no importarle que los segundos se fueran diluyendo.

Michael Ansley no sabía de tradiciones en este país. No entendía que el Barcelona era el acaparador de títulos, ni de novatadas de su club ni de historia que pesase. Él sabía que tenía el balón en las manos para ganar un título, para dar la gloria a Málaga. Y también entendió que en las condiciones en las que estaba él y sus compañeros, no aguantarían una prórroga. El 77-79 en el electrónico hacía tomar una sola decisión: jugarse un triple. Viniendo de él, de un hombre alto, aprovechando el factor sorpresa, ejecutaría en persona tal gesto. Y efectivamente, a falta de seis segundos, Michael Ansley se levantó e hizo volar el balón en un triple desde 7 metros.

Si la Liga Endesa tuviera que elegir una silueta de un tiro, el más famoso, el más recordado, sería la estampa de Michael Ansley. Su mecánica, el marcaje de Middleton, la trayectoria del balón por el aire y el silencio que delata que el tiempo se detiene. Porque se detuvo.

El triple de Ansley…que no entró. No entró. Las emociones retenidas mientras aquel balón surcaba el aire, se transformaron en gritos y chillidos una vez golpeó el balón en el aro y salió rebotado. Todos fueron por él y quien lo capturó fue Corey Crowder, que fue objeto de falta personal, cuando restaban algo más de dos segundos. Anotó solamente el segundo y a falta de un segundo, Ansley nuevamente fue objeto de falta, que tampoco sirvió de mucho pues falló el primer –y único- tiro libre en la tanda de dos, imposibilitando cualquier intento de empate. Anotó el segundo tiro libre y el partido finalizó con el definitivo 78-80.

A Barcelona se viajó con una mentalidad muy distinta entre ambos contendientes. Bien es cierto que Unicaja volvió a irse al descanso por delante en el marcador y que aguantó 30 minutos el choque. Pero los azulgranas sabían lo que estaba en juego y se llevaron el triunfo (73-64) y el sufrido título liguero en un claro homenaje al ídolo, Juan Antonio San Epifanio, que con el último minuto jugado de aquel partido –el único momento jugado en toda la serie-, se despedía de la práctica del baloncesto en activo.

El F.C. Barcelona se proclamó campeón. Pero Unicaja abrió la puerta de lo que iba venir después. Caja San Fernando, Tau Cerámica, TDK Manresa, Pamesa Valencia, Adecco Estudiantes, Bilbao Basket, el propio Unicaja… Todos estos se asomaron posteriormente a la final de liga y algunos ganaron el título. Ya no era cosa de Real Madrid, F.C. Barcelona o Joventut. Este fue el legado de los malagueños, de aquel triple de Ansley tan mitificado, a su pesar. “Pero… ¡si lo fallé!” exclamaba el protagonista cuando visitó Málaga hace unos meses y fue homenajeado. Pensábamos que en sus manos  tenía la opción de cambiar la historia. Lo que no imaginamos por lo que vino después, que efectivamente, la cambió.

Carlos Toro, en una magnífica columna en la revista GIGANTES DEL BASKET, titulada “Una ventana a la osadía”, relató la sensación de aquella final de una manera tan certera, que servirá como epílogo para este artículo:

 

“Algunas veces, muy pocas, las crónicas deportivas giran alrededor del vencido. Quizá no sea lógico, pero sí justo. El vencedor, paradójicamente, se convierte en un actor secundario al que, podíamos decir irónicamente, no le queda más que la victoria.

En doscientos minutos llenos de acontecimientos decisivos, el triple de Ansley simboliza a la vez la muerte de los sueños y la obligación de fomentarlos. En otras palabras: el perdedor ha vencido”.

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