MOMENTOS ÉPICOS: “VECINA NOS SALVÓ EL DEBUT DEL TABLERO ROTO”

MOMENTOS ÉPICOS: “VECINA NOS SALVÓ EL DEBUT DEL TABLERO ROTO”

Antonio Rodríguez

Eurobasket Zagreb’89. 1ª Jornada: España 78 –76 Holanda (20.06.89)

 Pues ahí estábamos en Varsovia, en su pequeño y coqueto pabellón, asombrados de lo presenciado en el debut de España. Los jóvenes serbios, en una concienzuda renovación encabezada por el clásico Dusan Ivkovic, nos estaban dando ‘para el pelo’ a los españoles en la primera jornada del Eurobasket 2009. Pau Gasol acababa de salir de su lesión en su dedo índice de la mano izquierda, tras ser operado veinte días antes del inicio del torneo y apenas haber entrenado con normalidad. Eso sirvió para excusarle cuando le vimos errar el primer tiro libre, y el segundo y el tercero y el cuarto. Y el quinto. Pero ya… ¿siete fallos consecutivos desde la línea de los 4,60? Al octavo y primero anotado, el público local se soltó en algarabía y aplausos, bastante insultantes en una estrella como él. España acabó con 57 puntos, derrotada por aquellos jovenzuelos serbios (57-66), en un desastroso inicio para nuestra Selección y para Sergio Scariolo, que comenzaba su andadura al frente del equipo.

Rafa Vecina, el salvador en el debut de España en el Eurobasket Zagreb'89
Rafa Vecina, el salvador en el debut de España en el Eurobasket Zagreb'89

Ya ven, inicios terribles hemos tenido de todos los colores. Javier Ortiz nos contará en su serial de la historia del Eurobasket, que un fenómeno como Corbalán fue capaz de perder un balón en la jugada final y propiciar una canasta rival, que le costó lágrimas y una derrota en el debut frente a Italia en 1983. La “Petrovicmanía” frente a Yugoslavia para empezar en 1985...y el día del tablero roto, si no es por Rafa Vecina, le hubiésemos añadido a esta colección de desgraciados inicios.

 

La historia de un tablero

En el viejo Palacio de Hielo –irreconocible estando semivacío- que tantas veces habíamos visto con enfervorizados aficionados de la Cibona celebrando los triples de Drazen Petrovic-, España jugaba el segundo partido de la jornada, rondando el mediodía. Eran las primeras entradas a canasta de la rueda de calentamiento, cuando José Antonio Montero hace un mate, un simple mate, agarrándose levemente del aro…y ¡zas! el tablero que estalla en mil pedazos. El pobre Quique Andreu, esperando el rebote debajo, corre despavorido para no verse afectado por la lluvia de cristales. Y todos con cara de sorpresa mientras que los organizadores, con rostros lívidos. Había que reponer lógicamente, el tablero roto. Pero el que iban a colocar, repetimos, en el segundo encuentro de la primera jornada, era el último que les quedaba. Antonio Díaz Miguel se acerca al árbitro Kotleba y entre bromas, le pregunta que si era el tercer tablero roto ya. En el choque de inauguración entre Francia y Bulgaria, ya habían estallado uno. Y algo habían oído que dos días atrás, en un entrenamiento, Arvydas Sabonis abrió el fuego en esta particular racha, destrozando el primero. El colegiado checo le contestó a Díaz Miguel que no, que era el cuarto hecho añicos, que había habido otro de por medio. A la risa de tan peculiar situación de nuestro seleccionador, el contraste del nerviosismo de los organizadores. Dos en los entrenamientos previos, más un promedio de uno por partido…a ese ritmo no había suficientes tableros en Yugoslavia para todo el Eurobasket. Mientras los jugadores se sentaron en el banquillo, charlaron y contaban sus batallitas de tableros rotos, de mates acompañados con faltas técnicas, o simplemente botando el balón en nuestro campo,  tal era la histeria del comité organizador, que uno de ellos mientras lo cambiaban, un tal Ivica Sarjanovic, que se jactaba de ser el arquitecto del nuevo pabellón (el actual Drazen Petrovic Arena), se acerca al banquillo español y habla con Roberto Outeriño, vicepresidente de la FEB y delegado del equipo. Y le exigen que la Federación Española pague 230 dólares del ala por este tablero. Imaginen la respuesta de nuestro federativo, que por mantener la compostura, no le mandó a paseo, lo que Díaz Miguel sí se quedó con las ganas.

Captura del momento en que José Antonio Montero rompió el tablero.
Captura del momento en que José Antonio Montero rompió el tablero.

A cambio, los árbitros avisaron al banquillo español que el choque se iba a iniciar con una falta técnica para Montero y dos tiros libres de los holandeses antes del salto inicial, precisamente por tal acción, como dice el reglamento ante la rotura del cristal. Por otro lado, cuando todos señalaban con el dedo como culpables a las anticuadas normas de FIBA Europa por obligar a poner aros fijos en los tiempos que corrían –hacía años que se utilizaban los aros basculantes-, donde la única respuesta de Boris Stankovic, secretario general de la FIBA que por ahí andaba, era “las reglas son las reglas”, al final de la jornada se descubrió cuál era la causa de tal entuerto: en el primer tablero que Sabonis aniquiló, quedaron unas esquirlas incrustadas, que cuando se colocaba un tablero nuevo hacían de palanca. Y claro, al mínimo contacto, saltaba por los aires. Para respiro de todos, el de Montero fue el último tablero roto y los jugadores se agarraron del aro con total libertad en el resto de partidos sin mayor incidencia.

 

¡Dios, qué primera parte!

Empezar con un 0-1 en el salto inicial, por dos tiros libres de Raymond Bottse –que erró uno de ellos-, parecía premonitorio de cómo iba a transcurrir el choque. Justo tras la reparación del tablero e iniciarse la rueda de calentamiento por parte de los nuestros (al fin), uno de los asistentes del entrenador holandés, en gesto de discutible deportividad, pedía a los árbitros los tres minutos para el salto inicial. Tampoco esperaron mucho más. Y quizás hubiese servido de algo, porque España comenzó descentrada, sin tensión y con una inoperancia que clamaba al cielo. Hasta el tercer minuto, Biriukov, que junto a Montero, Jiménez, Andreu y Ferrán Martínez componían el quinteto español, no se lograron los primeros puntos. Al poco, 6-14 en el electrónico.

Los holandeses eran los que corrían en vez de nosotros, anotaban los triples que a los españoles se les negaban y se inflaron a coger rebotes ofensivos, que fue la circunstancia más desesperante para el cuerpo técnico, sobre todo ejerciendo Andrés Jiménez como “3” por primera vez en el Equipo Nacional  -siguiendo así la posición que ocupaba con Aíto en el F.C. Barcelona-. ¡Que era Holanda! Que era el rival flojo del grupo, junto a Italia y la URSS (casi nada). Que sus escasos tiempos de gloria con el mítico Tom Akerboom ya habían pasado, que el gigantón Rik Smits se había negado a la convocatoria porque, total, ya era un NBA en los Pacers y que un año antes a estos mismos jugadores, se les había barrido en su casa. Todo parecía una pesadilla.

Andrés Jiménez, máximo anotador con 19 puntos.
Andrés Jiménez, máximo anotador con 19 puntos.

No solamente el desconcierto parecía en los españoles, sino que los árbitros (el checo Kotleba y el francés Mailhabiau) tampoco parecían finos. Uno de los momentos más cómicos, llegó cuando Marco De Waard consigue un 2+1, se dirige a la línea de tiros libres para el tiro adicional, el colegiado le da el balón y cuando se dispone a tirar, el resto de jugadores en pista y el dúo arbitral, caen en la cuenta que Díaz Miguel había solicitado tiempo muerto, que los árbitros increíblemente conceden. Y ahí tienen al tal De Waard tirando el tiro libre entre no sé cuántos jugadores cruzándose delante de él por la zona, dirigiéndose al banquillo, bochornosamente ignorado. El pobre tras anotar el tiro que nadie, ni los colegiados miraron y que lógicamente no valió, levantó los brazos como diciendo “Pero ¿qué pasa aquí?”

Andrés Jiménez consigue una meritoria canasta con adicional. En el error del tiro libre, se coge el rebote ofensivo, se la vuelven a pasar y vuelve a lograr un 2+1 para anotar, esta vez sí, desde los 4,60 metros. Ni aún así se consiguió reacción. Se mira el marcador que reflejaba un sonrojante 17-34 en contra. Te Velde y sobre todo, el pívot Josh Kuipers, nos martillean desde el exterior sin que a ninguno de nuestros hombres altos les dé por puntear al menos esos tiros. Entra Epi por Biriukov, esperando que su veteranía sirva para relajar tensión y sobre todo, para que entre algún tiro exterior, que no había manera humana. Ni lo uno ni lo otro. Sobre los triples, mejor no hablar en un día de lo más aciago (1/13 para los españoles, contrastado con un 9/22 en los holandeses, que nos crujían).

Era como el “angolazo”, pero adelantado tres años. Con un triple de Kuipers se llega a un humillante 21-43, que gracias a una canasta sobre la bocina del descanso, se quedó en 29-49. ¡20 puntos de desventaja! a remontar en la segunda parte. El peor juego que jamás se había visto en la Selección Española. Y añadan 11 balones perdidos, a cuenta de todo este desastre.

Quique Andreu bregando bajo tableros. Con los porcentajes en triples, hubo que fajarse abajo.
Quique Andreu bregando bajo tableros. Con los porcentajes en triples, hubo que fajarse abajo.

Díaz Miguel apostó por los jóvenes y la renovación para esta cita. También forzado por las lesiones, sobre todo en los pívots, que fue un drama. Apunten: Romay, Fernando Martín, Antonio Martín, Juan Antonio Orenga –que en teoría, iba a debutar aquí-, y Fernando Arcega fueron baja por diferentes lesiones. A una competición de este calibre, se dio la alternativa a Rafa Vecina, junto a los pipiolos Ferrán Martínez, Juanan Morales y Quique Andreu, que ya estuvieron un año antes en los Juegos de Seúl. La mayor revolución vino con los exteriores, porque al igual que Vecina –que habían debutado previamente, pero nunca en un torneo oficial como éste-, Pablo Laso, Manuel Aller y Quique Villalobos tuvieron cabida. Se vendió ilusión, dinamismo y mucha alegría en el juego. Tras lo visto en los primeros 20 minutos, se vio que la apuesta, como poco, era muy arriesgada.

 

Rafa Vecina, nuestro salvador

 

 En la 2ª parte, las sensaciones eran semejantes. Los holandeses añaden 3 puntos más a la diferencia (29-52). Y hasta ahí. Díaz Miguel veía que tanto Morales como Ferrán Martínez eran incapaces de defender la muñeca fácil de Kuipers (19 puntos con 4 triples) y vuelve a sacar a Rafa Vecina, que estuvo unos minutos en la primera mitad. Lo primero que hizo Rafa fue capturar un rebote defensivo y “afeitar” el bigote de un holandés sacando el codo a pasear. Ya se aseguraban los rebotes en defensa como primero paso. Y consiguió puntear y anular a Kuipers, como segundo. A partir de ahí, se aceleró lo más posible el juego, José Montero puso un ritmo endiablado, inaguantable para los rivales, donde corrían Jiménez sobre todo (máximo anotador español, con 19 puntos), Biriukov y hasta Vecina, que algún rebote ofensivo rebañó para anotar. Y se defendió con mucha agresividad. Mucha. Por parte de todos.

 A partir del minuto 25 aquello era un robo de balón, un rebote y correr como diablos. Mucha importancia de la reacción la tuvo Montero, cuya fuerza en la posición de base resultó inabordable. Y don Rafa Vecina: anotó suspensiones, palmeó balones en mates, ganaba la posición y recibiendo pases bombeados, anotó. Repartió juego y fue el  ‘revival’ del Equipo Nacional (11 puntos en la 2ª mitad, en los momentos decisivos, para un total de 13). El parcial resultó escalofriante: 29-5. Así, por primera vez nos pusimos por delante en el minuto 30 (58-57). Y así, sí que jugaba la Selección Española que todos conocíamos.

Una vez logrado lo más difícil, los hombres dirigidos por Ruud Harrewjin no nos lo iban a poner fácil, porque seguían con su acierto en el triple. Un 64-59 parecía que mantenía la inercia de la remontada, pero ya nos hubiese gustado. Sean Te Velde o De Waard con sus bombas desde 6.25, el caso es que se entró en el último minuto con empate a 74 y todos en un manojo de nervios. Epi, siempre Epi, aprovechando una buena pantalla, logra una suspensión salvadora (76-74), que se iguala a 76 con dos tiros libres de Van Rootselaar. A falta de 38 segundos, España ataca la zona 1-3-1 de los holandeses. Biriukov da un pase a los pies de Ferrán Martínez, que milagrosamente captura el balón tras varios rechaces y lanzó un gancho en suspensión que acabó entrando, dando el 78-76 definitivo. Porque los holandeses a la carrera intentaron un triple de De Waard, que bien defendido, fue repelido por el aro.

Esta fue la canasta ganadora para España: el gancho de Ferrán Martínez a 8 segundos del final.
Esta fue la canasta ganadora para España: el gancho de Ferrán Martínez a 8 segundos del final.

¡Uf! Se salvó el debut, se ganó de la manera más dramática a un equipo inesperado. Aquella joven España lidió con Italia, que se dejó de experimentos con jóvenes y Sandro Gamba volvió a contar con toda su corte de veteranos. Tan solo tuvo un novato: uno con 39 años nada menos, llamado Mike D’Antoni, que fue determinante para que en la 2ª mitad, tras aguantarles muy bien en la primera, se escaparan (76-97). Y sin aspiraciones, se jugase frente a la URSS, vigentes campeones olímpicos. Pero de todo ello, Javier Ortiz ya os contará. Rafa Vecina fue el motor de una racha magnífica que nos levantó a todos del sillón, que dentro de la discreción del resultado, se merece formar parte de nuestra sección “Momentos épicos”.

ESTADÍSTICAS DEL PARTIDO