MOMENTOS ÉPICOS: “EL DEBUT DE LARRY SPRIGGS…Y ALGUNA COSA MÁS”

MOMENTOS ÉPICOS:  “EL DEBUT DE LARRY SPRIGGS…Y ALGUNA COSA MÁS”

Antonio Rodríguez

Torneo “Memorial Héctor Quiroga”. REAL MADRID 97-84 CIBONA ZAGREB (05.09.86)

 Todo un enorme revuelo sobre la figura de Fernando Martín fue el foco prioritario de aquel verano de 1986 en el baloncesto español. Fernando recalaba en la NBA, en Portland, con todo lo que ello suponía para el aficionado en general y el madridista en particular, expectantes por saber qué tal le iría en aquel mundo que nos parecía una ‘marcianada’ inalcanzable. Y por otro lado, al diezmado Real Madrid (nunca mejor dicho, sin el 10 en la plantilla), que por primera vez en cinco temporadas, arrancaba sin su líder. Todo aquello se relegó durante la preparación y disputa del mayor evento baloncestístico en nuestro país, el Mundobasket España’86, pues todos los ojos estaban en la Selección Española y una oportunidad única de conseguir algo grande en casa (y como siempre que se ha jugado aquí excepto en 1973, nunca se acabaron cumpliendo las expectativas). Tras el adiós al torneo, un 20 de Julio, Fernando Martín se despidió con la ambición de querer demostrar su valía y dejar su semilla en las pistas de la NBA, sin mirar lo que dejaba atrás, no por temor o indiferencia, sino porque siempre fue tipo de mirar los retos que tenía delante.

Larry Spriggs en la rueda de calentamiento previo a su debut con el Real Madrid.
Larry Spriggs en la rueda de calentamiento previo a su debut con el Real Madrid.

El Real Madrid, buscando refuerzos, se decantó aquel verano por Brad Branson, un ala-pívot de reconocido prestigio en Italia, donde en el Silverstone Brescia había destacado como buen anotador y gran taponador. Y para la segunda plaza del otro americano (plaza de extranjero, que en casi la totalidad de los casos, eran americanos), se quiso hilar muy fino y tras no cerrar el fichaje de John Ebeling, el elegido inicialmente, se les ofreció la posibilidad de contar con un auténtico campeón de la NBA un verano antes, nada menos que en Los Angeles Lakers: el alero Larry Spriggs. Con todo el glamour que ello suponía, con ese fulgor que irradiaban las piedras de su anillo de campeón cada vez que lo sacaba a relucir a cada entrevista. La presumible estrella ya tenía nombre.

                Larry resultó ser de los últimos fichajes y la guinda a una competición en el que los presupuestos se habían inflado de manera alarmante, imbuídos los clubes en aquella oleada de popularidad por este deporte en nuestro país, que resbalaba a borbotones entre sus dedos. Y claro, allí nadie se quería quedar atrás. Trece equipos de los 16 en liza superaban los 100 millones de pesetas de presupuesto y aquello era motivo de preocupación para el inolvidable y entrañable Mariano Jaquotot, director de la sección de baloncesto del Real Madrid, que como componente de la Asociación de Clubes, temía que esta espiral inflacionista les desbordara. Una mente tan clara como la suya, ya buscaba modelos de financiación, poniendo sus ojos en laTelevisión lo primero, en tiempos de sacar tajada por un espectáculo tan apetecible. Hablando de Asociaciones: que sepan que la Asociación de Jugadores se creó en aquellos días de Agosto de 1986.

                Larry Spriggs, por unas circunstancias o por otras, retrasaba su llegada. Brad Branson lo había hecho una semana antes de lo previsto, cuando casi la totalidad de la plantilla estaba aún de vacaciones, entrenando con algunos juniors en sus primeras jornadas de trabajo (con Fernando Mateo sobre todo). Y durante la espera del alero de los Lakers, otra bomba, ésta inesperada, saltó en la ‘casa Blanca’: Antonio Martín, que tras la marcha de su hermano Fernando, tendría un papel mucho más preponderante en el plantel, decidía irse a cursar sus estudios y jugar al baloncesto en la universidad californiana de Pepperdine. Abandonaba así la entidad blanca y resquebrajaba los esquemas de equipo que tenía planificado Lolo Sáinz. El Real Madrid se quedaba en cuadro. Mientras que a su máximo rival le veía fortalecerse de manera casi exagerada (el F.C. Barcelona se hizo con los servicios de Andrés Jiménez y Joaquín Costa, más la inminente nacionalización de Steve Trumbo), los blancos contaban con una plantilla muy corta de ocho jugadores seniors.

Brad Branson fue la otra adquisición foránea del Real Madrid.
Brad Branson fue la otra adquisición foránea del Real Madrid.

Puerto Real, ciudad gaditana y sede del más prestigioso torneo de pretemporada que se daba en toda Europa en el segundo lustro de la década de los 80. Puerto Real, cita obligada para los amantes del baloncesto. La primera ventana para la Televisión Española de la nueva temporada, se daba allí. Un año antes ya albergó lo que fue el 2º Memorial Héctor Quiroga, en honor al periodista fallecido tras los Juegos de Los Angeles. Real Madrid y F.C. Barcelona, más los dos veces consecutivas campeones de Europa, Cibona de Zagreb, junto a la Tracer Milán, componían nuevamente un cartel casi de fanfarrias, superando al año anterior donde paseó su exquisito talento el genial Nate Archibald. Se dice que el alcalde de la población, un enamorado del baloncesto, estaba encandilado por la figura de Drazen Petrovic. Y siempre, siempre que tuvo oportunidad, sea con la Cibona o con la selección yugoslava, el genio de Sibenik acababa jugando en el caluroso pabellón gaditano. Por ser su primera vez, los croatas –entonces yugoslavos-, permanecieron la semana previa en la provincia, de pretemporada/vacaciones, visitando colegios, hospitales…e intentando crear una cara amable del equipo, tan desgastada por las irreverencias de su estrella en los últimos años. Puerto Real era el punto de encuentro, la puesta a punto definitiva previa al pistoletazo de salida a la competición liguera (que abría el día 13 de septiembre). Larry Spriggs, en la víspera del torneo, tras 14 horas de vuelo, aterrizaba en Madrid.

                Real Madrid y Cibona Zagreb abrían el fuego en la tarde del 5 de Septiembre, a las 7 de la tarde. Dos horas antes, cinco en punto, Spriggs se personó en el hotel con sus nuevos compañeros, a los que ni dio tiempo a conocer. Pero el tipo era simpático y afable. “El tío, nada más llegar, lo que quería era agradar” recuerda nuestro Juanma López Iturriaga, componente de aquella plantilla del Real Madrid. Quique Ruiz Paz, uno más de los juniors que completaban la plantilla blanca, lo define como “zurdo, atlético, con una gran visión de juego y una mecánica de tiro con poca confianza. Llegó para cubrir una baja que era irremplazable, con una filosofía diferente a la que tenía la historia del Real Madrid”. El caso es que Lolo Sáinz corto de efectivos, pues Juan Antonio Corbalán no pudo viajar aquejado de una lesión, situó a Spriggs en el quinteto titular, junto a López Iturriaga, Biriukov, Branson y Romay. Por parte de la Cibona, Mirko Novosel utilizó a Alexander y Drazen Petrovic, Cvjeticanin, Mihovil Nakic y Franko Vukicevic. Debutaba, al fin, la nueva estrella blanca.

Viendo el juego de Larry Spriggs, se veía más un jugador de poste que alero.
Viendo el juego de Larry Spriggs, se veía más un jugador de poste que alero.

Y lo primero que hizo fue dar una electrizante asistencia a López Iturriaga en el corte. Spriggs mostró desde el inicio que era un excelente pasador, que pedía constantemente a sus compañeros que cortasen a canasta, que aunque el pase inicialmente pareciese complicado, no tenían secretos para él. Y esa obligación inicial de agradar que comentaba Iturriaga, le hacía coger rebotes defensivos, distribuir juego y señalar a sus compañeros cada vez que eran partícipes de una buena acción. En realidad, su juego mostraba más a un ala-pívot que un alero, muy cómodo ganando posiciones bajo el aro, entendiéndose con Branson, desafiando en uno contra uno en poste bajo a su par e intentando irse por velocidad en uno contra uno. Discreto tirador exterior, solamente se atrevía cuando estaba solo, parecía más un tercer poste que un alero y tal polivalencia, era algo que tras la marcha de Antonio Martín, tampoco Lolo Sáinz veía con malos ojos.

                Durante aquellos años y en puntos de nuestra geografía donde no se tenía oportunidad de ver baloncesto habitualmente, lo que el público –que nuevamente abarrotó el recinto deportivo- quería ver, era baloncesto. Receptivos en ver un buen espectáculo, aplaudían a rabiar las filigranas de todos los participantes y los rectificados que Spriggs realizaba cerca del aro, mostrando con sus fallos que aún le faltaba puesta a punto, mientras abucheaban a los colegiados cuando castigaban con falta una acción de juego sumergido. Ellos lo que querían ver y por lo que habían pagado, era baloncesto.

                Drazen Petrovic, frío en sus inicios, marcado por Biriukov (consiguió su primera canasta en el minuto 8), fue el revulsivo para que los cinco últimos minutos de la primera parte fueran una embriagadora sucesión de canastas y buen juego. Abusando la Cibona de tiro exterior y muy desacertados, vieron cómo Drazen, algo hastiado de su falta de protagonismo ofensivo, comenzó a anotar canastas consecutivas (logró 31 puntos), a protestar …y en definitiva, a ser el Petrovic habitual frente al Real Madrid. Y ese era otro de los atractivos de este choque, pues esa temporada no tendrían oportunidad estos enemigos íntimos de poder verse las caras con la nueva normativa FIBA, pues de nada servía ser vigente campeón de Europa para participar en la edición del año siguiente de la Copa de Europa, si no eras campeón de tu país. Y meses antes, el Zadar de Vrankovic y un jovencito Arijan Komazec les arrebataron el título en Yugoslavia, con lo que la Cibona se debía conformar con disputar la Recopa.

                Al descanso se llegó con el marcador de 49-36 para el Real Madrid, entre polémica con el crono y la bocina,  con Brad Branson como jugador más destacado, con 20 puntos nada menos. Eso sí, tan sólo un cambio en toda la primera mitad en los hombres de Lolo Sáinz: el junior Quique Ruiz Paz saltó a la pista los últimos 33 segundos en suplencia de Iturriaga. Junto a la mejoría de Drazen, el dominio que tenían del juego por la línea de fondo tipos como Danko Cvjeticanin o Zoran Cutura, hacían a la concurrencia ovacionar también a los balcánicos, así empleaban sus manos en algo más que abanicarse, intentando sofocar el calor que dominaba el recinto. “Estoy muy contento, porque ayer hizo un vuelo de 14 horas, que tampoco conoce a sus compañeros y lo está haciendo bien” declaraba al descanso Mariano Jaquotot, opinando sobre Spriggs. “A partir de ahora se puede cansar un poco más, pero es lógico”. Y es que, estaba jugando todos los minutos.

Fernando Romay, tras las bajas de los hermanos Martín, se tornaba en fundamental en los blancos.
Fernando Romay, tras las bajas de los hermanos Martín, se tornaba en fundamental en los blancos.

En la segunda mitad, Drazen Petrovic se desmelena y logra los primeros 11 puntos de su equipo -13 de los primeros 15-. En una transición rápida y tras fintar a un defensor, lanza un triple que Branson toca lo suficiente como para que el balón ni llegue al aro. Drazen se va airadamente a protestar al árbitro Juanjo Neyro, desoyendo incluso la reprimenda de Mirko Novosel para que se callase y se centrase en defender. Se para el juego y Petrovic sigue insistiendo al árbitro bilbaíno, que le pide con lenguaje gesticular, que se aleje de él. Neyro era árbitro recto, disciplinado, fiel creyente de una vieja escuela en el que quizás, no había sabido evolucionar a los choques y el contacto físico del baloncesto moderno, tenía su manual y lo aplicaba. Drazen, mientras, se paseaba por el parquet como un león enjaulado, mientras se lanzaban tiros libres. Y es que no perdía opción de nada. A una falta al bloqueo de Usic, Drazen lanzó el balón contra el suelo con mucha violencia. El árbitro Ballesteros fue a recriminarle para que no vuelva a hacerlo y Drazen le responde enseñándole el marcador electrónico, con las faltas señalizadas al Real Madrid –cuatro- y a ellos –once-. Cuando le señalizaron una personal –inexistente- volvió con su número de las manos a la cabeza. Toda su ‘esencia’ puesta en la pista, que servía para que el partido, según iba desgranando minutos, iba ganando en intensidad e igualdad. Un triple de Alexander Petrovic sirvió para colocar un 68-64, cercano al ecuador de la 2ª mitad.

Para los ojos noveles de Ruiz Paz, primera vez que le veía en directo “era un animal. Imponía. Era irreverente, amenazante por un lado y luego de palmadita por otro. Jugaba a ganar siempre, incluso en este amistoso. Y su hermano Alexander, como buen lugarteniente, atento a los líos en los que se metía Drazen”. En un contragolpe conducido por Larry Spriggs, que también mostraba buen dominio de balón, doblando en un habilidoso pase el balón para la canasta de Branson, recibió un golpe en su rodilla y pidió ser retirado, dando las explicaciones posteriores al ‘intérprete’ de la situación, el asistente de Lolo, Clifford Luyk. Restaban ocho minutos para la finalización y no volvió a jugar más. 11 puntos, 6 rebotes y 3 asistencias (de las de antes. Hoy serían un buen puñado más) fueron la aportación en su debut.

Aunque lo mejor fue abrir la lata con el contragolpe de su lesión, porque a pesar de tener a la Cibona justo detrás (llegaron a estar 78-74 a falta de 05:30 para el final), el Real Madrid volvió a retomar el camino de la defensa y los contragolpes. Tres robos consecutivos de Branson y Del Corral en dos ocasiones, acabaron en tres centelleantes canastas para romper el marcador en un 93-80 que hizo claudicar a los yugoslavos, sin tiempo para reaccionar. Tal fue la velocidad de las acciones, que a Biriukov se le rompió una zapatilla y en un mínimo parón, le dieron otra de las suyas para sustituirla. Lo curioso es que si durante el partido calzaba unas Converse y le pasaron para suplirla una Adidas. Llegó a jugar con dos marcas diferentes, algo impensable hoy día.

Entre la algarabía de la afición por el éxtasis blanco a base de contragolpes, finalizó el partido con el definitivo marcador de 97-84. Felicidad y deportividad al final del choque. Y Larry Spriggs que mostró habilidades para la velocidad del equipo dentro…y fuera de la pista. Cuentan que el tipo haciendo alarde de su simpatía, su sonrisa ‘angelina’ y sus encantos, ligó aquella misma noche. Si las habitaciones de hotel eran compartidas entre el equipo, alguien tuvo que buscarse la vida entre las del resto de compañeros. Todo un fenómeno este Spriggs.

Drazen Petrovic la lió de verdad en esta edición del Torneo de Puerto Real.
Drazen Petrovic la lió de verdad en esta edición del Torneo de Puerto Real.

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                La historia pudo haber acabado con este final así de feliz. No fue así. En el ataque previo de la Cibona al 93-80, Drazen Petrovic entró a canasta y fue taponado por Romay, en lo que consideraba el genio de Sibenik una falta personal. Acto seguido, corrió detrás del árbitro Neyro al que escupió por detrás. Éste dejó que el contragolpe finalizase, paró el juego y vio cómo Petrovic nuevamente se encaraba con él y como recuerda Quique Ruiz Paz, testigo desde el banco “cara contra cara y el escupitajo de Drazen. Si los Petrovic eran guerreros, Neyro… ¡era de Bilbao! ¡Ay, Drazen! No sabes con quién te la jugaste”.

                Automáticamente y con toda lógica, fue expulsado. Tras el banquillo de la Cibona, se encontraba José Antonio Arízaga, agente de jugadores y el responsable que los de Zagreb aterrizasen en España con todas sus estrellas para disputar amistosos en España. Cuando vio la expulsión de Drazen (la totalidad del pabellón no se había enterado, celebrando la canasta madridista), fue a hablar con Juanjo Neyro, casi en tono recriminatorio para pedir explicaciones de su expulsión, pues se trataba del mayor exponente del espectáculo de aquel enfrentamiento. Arízaga, en mitad de sus explicaciones, fue cortado en seco por el árbitro:

  • “Arízaga, mira. ¡Que mires, coño!

Y es cuando el agente se fijó en el rostro del colegiado, pudo ver el escupitajo aún en la cara. Aunque se tardaron algunos minutos con el partido parado, entre uno reacio en abandonar el banquillo, enfadadísimo, y el público haciendo en las gradas ‘la ola’ que tan famosa habían hecho durante la disputa del Mundial de México de fútbol y el árbitro Ballesteros intentado explicar en castellano a Andro Knego lo sucedido, Drazen tuvo que retirarse a los vestuarios, de la mano del propio Arízaga, una vez conocedor de la situación. Neyro, mientras esperaba la reanudación del choque, charlaba con Iturriaga, diciéndole entre gestos algo así como “puede hacer por ahí lo que quiera. Pero aquí, ¡ni una más!”.

                Incidente grotesco, pero que cayó en el olvido…hasta que los medios de comunicación lo airearon casi tres años después, en la ya famosa final liguera entre F.C. Barcelona y Real Madrid, con Drazen Petrovic en las filas blancas y un quinto y decisivo partido arbitrado por Neyro.

ESTADÍSTICAS DEL PARTIDO