MOMENTOS ÉPICOS: CUANDO ESPAÑA SILENCIO A TODO UN PAÍS

MOMENTOS ÉPICOS: CUANDO ESPAÑA SILENCIO A TODO UN PAÍS

Antonio Rodríguez

Eurobasket Atenas’87. 3ª jornada: Grecia 89-106  España (05.06.87)     

 Mencionar el nombre de Palacio de “La Paz y la Amistad” de Atenas es evocar algunas de las batallas baloncestísticas más míticas del baloncesto europeo. De eso precisamente, de mitología, este templo afincado en el Pireo, sabe mucho. Allí, Olympiakos ha tenido un fortín para conseguir grandes metas en sus andanzas ligueras y europeas. Allí, Drazen Petrovic conquistó su primera Copa de Europa con la Cibona de Zagreb, haciendo llorar al Real Madrid primero cuando claudicó ante él y vibrar, cuatro años después, logrando esta vez para él, una Recopa apoyados en sus 62 puntos de un duelo anotador inigualable con Oscar. Allí sucedió la mayor sorpresa de la historia del baloncesto continental, con la noche en la que el Limoges fue rey y señor de la Liga Europea, apostándose a la derecha de Zeus y a la izquierda de Maljkovic. Y allí, la mejor historia jamás contada, entre el exaltado y orgulloso pueblo heleno, Grecia logró su primer y más mítico entorchado, quedando por primera vez campeón de un Eurobasket. Fue en 1987. Nunca jamás “La Paz y la Amistad” ha vuelto a rugir como esas noches que se dieron desde el 3 al 14 de Junio, para dar cabida a tal milagro. Cosas del Olimpo, ya ven.  Javier Ortiz nos dará buena cuenta en su recorrido por la historia de esta competición. Hoy nos detendremos en el día en el que la Selección Española silenció aquel recinto, en una de las mayores exhibiciones en la historia del Equipo Nacional. Acallar ese templo ateniense era acallar un país entero.

Aires de renovación llegaban por la Selección dirigida por Antonio Díaz Miguel, tras la marcha de Fernando Martín a la NBA –y su posterior imposibilidad de jugar en el combinado nacional-, así como la retirada de Juan De La Cruz. Dos de los pívots habituales habían dicho adiós y se debía dar un relevo para el que nuestro baloncesto, aún no estaba preparado. El joven y prometedor Ferrán Martínez, con 19 años y Fernando Arcega como pívot en vez de ser alero, fueron los recursos usados por Díaz Miguel para cubrir una papeleta con las que nuestro baloncesto no contaba. De entre la línea exterior, la mayor novedad fue la primera convocatoria de José Antonio Montero, decisivo en la jornada que nos ocupa. “El día en que Montero paró a Gallis” es el recuerdo de muchos aficionados de este enfrentamiento. Esa no es más que la cabecera para un día perfecto.

El España-Grecia del Eurobasket'87 quedará para los anales de la historia.
El España-Grecia del Eurobasket'87 quedará para los anales de la historia.

Y es que había que detener al dios heleno. Nikos Gallis había anotado 44 puntos el día de su debut ante Rumanía. Otros 44 en la noche anterior a este enfrentamiento, en el que toda la nación entró en éxtasis, para derrotar a Yugoslavia (84-78) con invasión de cancha incluida, alzando en hombros a sus héroes. Y de cara a esta tercera jornada de competición, el 5 de Junio, para los Montero, Villacampa, Epi, Jiménez y Romay, nuestro quinteto titular, la premisa de frenarlo era fundamental. José Antonio Montero se encargaría de marcarle y las instrucciones fueron muy precisas: nunca, bajo ningún concepto, se le debía conceder el lado derecho para que maniobrase. Siempre había que forzarle con el balón por su lado izquierdo. Y cuando se acercara a la zona, automáticamente saltaba una ayuda, ya sean Romay o Jiménez,  para forzar en un dos contra uno a un mal pase –pocas veces- o a un tiro complicado –las más-.

Los Gallis, Giannakis, Kabouris, Romanidis o Andritsos venían de formar el mismo grupo durante cuatro años. El añadido de Panagiotis Fassoulas, ausente en el Mundobasket español un año antes, para probar suerte en los campamentos de verano de la NBA con los Blazers de Portland, les daba el gran salto de calidad, junto a la inclusión del joven Fannis Christodoulou, todo un tanque de dos metros que jugando en la posición de alero, daba toda la consistencia que necesitaban. Eso, añadido a que jugaban en casa, con aquel público tan enfervorizado y entusiasta, formaban una atmósfera verdaderamente sofocante. Y más cuando comenzaron volcados con un 7-0 inicial, en el que preveían una nueva página de oro en su recién glorificada historia. Fassoulas estaba inmenso bajo los aros, anotando los primeros puntos, recibiendo balones doblados, forzando faltas. Y es que Gallis no anotaba. Sintomático fue que tras el salto inicial, el balón cayese en sus manos y corrió para ejecutar la primera bandeja del choque y allí apareció corriendo tras él José Montero para taponar por detrás en el primer aviso de que aquella noche no iba a ser sencilla. Panagiotis Giannakis, que llevaba un 2/14 en triples en los dos primeros enfrentamientos, volvía a errar sus tres intentos iniciales (acabó en un 3/13), con más ceguera ofensiva que apoyo.

Andrés Jiménez culminando uno de sus típicos contragolpes. Se salió en la 1ª parte, con 15 puntos.
Andrés Jiménez culminando uno de sus típicos contragolpes. Se salió en la 1ª parte, con 15 puntos. Andrés Jiménez culminando uno de sus típicos contragolpes. Se salió en la 1ª parte, con 15 puntos.

La Selección Española con un parcial de 0-10 (para lograr la ventaja de 8-10) dejó sin habla a los incrédulos 14.000 espectadores que allí se congregaban. Gallis falló su segundo, su tercer, su cuarto tiro. Aún no se había estrenado y los minutos iban pasando. España en ataque, corrían como condenados. Montero fuerza tras los fallos helenos un ritmo al que no podían seguir los locales, que empiezan a pensar en el sobreesfuerzo del día anterior. Villacampa anota contragolpes, aunque quien realmente se estaba saliendo era Andrés Jiménez. El ala-pívot de Carmona lo estaba bordando. Primero, multiplicándose en las ayudas para que Gallis no encontrase el camino a canasta y luego siendo el primero hombre en correr las transiciones rápidas, más importante aún por ser un hombre alto al que ningún rival podía dar alcance. Andrés ya llevaba en su cuenta 15 puntos al descanso. Y es que tampoco en estático podía ser frenado, muy superior en las cercanías del aro a Kabouris, Christodoulou, Andritsos o cualquiera que el seleccionador Kostas Politis le pusiera delante. Al minuto 10, España ya iba venciendo 17-26, haciéndose una idea del ritmo por la anotación ya logrado.

Ni los meticulosos árbitros, el canadiense Richards Steves y el israelí Warnick, -meticulosos con España, claro-, podían frenar la avalancha de juego. En una falta inexistente, Antonio Díaz Miguel salta del banquillo protestando y raudo se presentó Warnick para avisarle “This is the last time!”, ya en los primeros minutos. Daba exactamente igual. Y es que a falta de 08:31 para el descanso, Politis solicitó su segundo tiempo muerto casi de manera consecutiva, impotente ante el 19-30 que veía en el marcador, sin recursos y huérfanos de Gallis, que seguía con su casillero a 0 y había frustrado sus primeros 7 lanzamientos a canasta. Grecia, sin su pareja estrella, era un equipo limitadísimo, más digno de la cola del continente, pues cuando la responsabilidad la tomaban Romanidis, Andristos o Stavropoulos, el rosario de errores era un hábito, siendo la vida mucho más sencilla. Juan Antonio San Epifanio, otro que estuvo magnífico, con una suspensión, sitúa el 19-32. El hoyo, cada vez más hondo.

Con 32-47, Nikos Gallis consigue su primera canasta en el octavo intento y se tuvo que retirar al vestuario tras los 20 minutos iniciales con 6 puntos y 2/14 en tiros de campo. Lo más inquietante para sus intereses, el 38-55 del electrónico tras este período. La marca de Montero, gracias a su estatura, apoyado en el resto de sus compañeros, estaba dando unos primorosos resultados. El único problema de un quinteto que no fue cambiado en ningún momento durante la primera mitad, eran las 4 faltas personales de Jordi Villacampa.

 Epi, máximo anotador español, con 27 puntos, ante Christodoulou y Giannakis.
Epi, máximo anotador español, con 27 puntos, ante Christodoulou y Giannakis.

En la 2ª parte, entraron Solozábal y Sibilio sustituyendo a Montero y Villacampa. Grecia intentaba forzar más velocidad, donde Gallis a campo abierto sí que resultaba imparable. Comenzó, ahora sí, su festival anotador, aunque los españoles, con un ritmo más pausado, seguía con el control, con mucho rigor a la hora de atacar y surtiendo de balones a Epi (27 puntos) y a nuestro nuevo bastión ofensivo, que estaba realizando un encuentro formidable: lo de Fernando Romay aquel día, bregando con Fassoulas y asegurando todos los rebotes, era de orla final a la finalización con éxito de mucho trabajo a lo largo de su carrera. ¡21 rebotes! que capturó el bueno de Fernandito, al margen de ganar la posición, media vuelta y anotar (en un uno contra uno, tras pivote, mate delante de las narices de Fassoulas, estelar), para coleccionar por otra parte 19 puntitos, estacas para los intentos de reacción locales. “La Paz y la Amistad” quiere soñar y ruge de manera intermitente. Los cubos de agua en forma de canastas, impedían una reacción completa.

Aún así, llegaron a colocarse con un 75-87 con Gallis ya desmadrado del todo, en lo que por muchos momentos era un uno contra cinco (29 puntos en esta 2ª mitad, 13/17 en tiros de campo y 35 puntos en total). Díaz Miguel pidió tiempo muerto, vuelve a poner a Montero y Villacampa en pista y se acabaron los atisbos griegos de reacción. Un 79-89 a falta de 5 minutos, fue su canto del cisne, porque  los españoles volvieron a coger el rumbo y asestar, golpe tras golpe, una dolorosa derrota local, llegando casi a los 20 puntos de diferencia nuevamente, finalizando con el 89-106.

Los helenos cayeron en la  cuenta que eran terrenales, que nada de dioses del Olimpo. El correctivo había sido grande y el sopapo, doloroso. Existe por ahí la errónea afirmación que ésta fue la única derrota que sufrieron. No es cierto. A pesar de toda su voluntad y de unos primeros minutos sensacionales, al día siguiente volvieron a caer derrotados ante la URSS (66-69) y tener que jugársela el último día ante Francia, ya exhaustos, para lograr el pase a cuartos de final (82-69). Lo que el mundo no sabía era lo que vino a continuación, en la segunda semana de competición. Pero repetimos, que ahí está Javier Ortiz que nos lo contará.

José Montero fue decisivo este día en su marca a Nikos Gallis.
José Montero fue decisivo este día en su marca a Nikos Gallis.

Para la Selección Española queda esta magnífica jornada. Chocar dos veces con la Unión Soviética y otras dos con Yugoslavia nos relegó a la cuarta posición final. Pero sí para el recuerdo queda este día en el que se frenó a Gallis, fueron los españoles quienes sí subieron al Olimpo de los dioses, y como testigos los 14.000 aficionados que mal trago pasaron en esta noche de viernes, quedando como una hazaña en nuestra historia. Un “Momento épico” que aquí no podía faltar. Cuando enmudecimos a todo un país.

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