MOMENTOS ÉPICOS: “LA TANGANA”

MOMENTOS ÉPICOS: “LA TANGANA”

Antonio Rodríguez

Final Liga Endesa 83/84: 2º Real Madrid 79-81 F.C. Barcelona (13.04.84)

Los caprichos que da la vida, desvían o encauzan de manera inverosímil acontecimientos que inicialmente se puedan tomar como exitosos o con colores bochornosos. En este caso,  vergonzantes. Pero estos caprichos, llamémosles destino, toman cauces a veces extraños, que hacen explosionar el más bello de los fuegos artificiales. Curioso.

La pelea, la tangana más mítica de la historia de nuestro baloncesto, la “chapuza aquella” como lo denomina Nacho Solozábal y prácticamente todos los que se vieron inmersos en ella, hizo girar la cabeza a los aficionados al deporte de este país (fútbol incluido) hacia el baloncesto y convertirlo en un deporte popular, puesto que aún no lo era. Nos hemos quejado que se alzaba a la inminente fama de forma espontánea tras un escándalo, una pelea. Pues en esta ocasión, lo que eran citas esporádicas de alguna jornada liguera o los partidos de Copa de Europa del Real Madrid (poco más se televisaba. Ejemplo: la generosa ampliación del ente televisivo a las retransmisiones de Liga en la temporada 81/82, constó de la mareante cifra de 11 encuentros emitidos), en esta nueva liga 83/84, en este enfrentamiento en concreto, retumbó por todos los confines de nuestra geografía.

El ‘run-run’ ya se había asentado. Aquel invento de la Asociación de Clubes Españoles de Baloncesto (ACEB), que posteriormente pasó a las siglas ACB, fue una novedad revolucionaria en nuestro país, tan inédita como futurista. Intentar unir en los mismos intereses por una competición cabezas tan dispersas como un Real Madrid y F.C. Barcelona, junto al OAR Ferrol, CAI Zaragoza, Areslux Granollers o Joventut badalonés, casi fue un ejercicio de fe (José Luis Rubio recuerda que a un directivo del Barcelona, intrigado por lo que se hacían en aquellas embrionarias reuniones, acudió y se le echó. Tal cual. “Tú aquí no pintas nada”, confesión de José Luis Rubio. Los azulgranas negociaban con TVE de manera separada los acuerdos para emitir a su club de fútbol y por otro lado, las diferentes secciones. “Mientras  no acatéis las mismas condiciones que el resto…” pues eso, que allí no pintaban nada. Fue una ardua tarea que finalmente cuajó. Los intereses de los clubes pasaban por la entrada del segundo extranjero por equipo –toda una revolución que no pocos detractores tuvo-, cambio del sistema de competición que culminaba en aquella palabra que nos parecía mágic: playoffs. Tan desconocida, incluso por el aficionado, como tendremos ocasión de describir después, que nos sonaba a magia. Nos sonaba a NBA, qué demonios.

En estas nos encontramos en el momento de este partido. El soñado Barcelona-Real Madrid, Real Madrid-Barcelona…¡en un playoff! Antes que llegara el ecuador de Abril (había que apresurarse, que teníamos por delante un Preolímpico para nuestra Selección, en busca de una plaza para los Juegos Olímpicos de Los Angeles), se inauguró la primera final de la historia ACB. Si un año antes, la expectación creció con un partido de desempate en Oviedo entre ambos contendientes (acabaron ambos en primer lugar empatados a puntos), aquí se trataba al mejor a tres partidos, con el curioso formato del 1-2, comenzando por el campo de quien no tenía factor cancha, para disputar el segundo round en cancha de quien sí lo tenía…y si fuese necesario, un tercer cara a cara, 24 horas después tan sólo. Sí, formato extraño aquel. Todo eran pruebas, todo se veía por la novedad, bonito.

El pistoletazo de salida se dio en el Palau Blaugrana. Y los aficionados barcelonistas se quedaron más que fríos, gélidos, con la derrota de los suyos por 65-80. Tal fue la superioridad, que acabaron aplaudiendo una estética acción de Wayne Robinson en las postrimerías del choque. Es de rigor decir que el inicio del choque fue una especie de martirio arbitral que descentró a todos en pista y quienes mejor se adaptaron a ese hábitat, fue el Real Madrid. Se buscaba descubrir un mundo nuevo en nuestro baloncesto, avanzar hacia el futuro. Las instituciones, aún arcaicas, lo intentaban, los jugadores con su nivel, sí que eran el verdadero aval. Y el estamento de los jueces en pista, aunque había voluntad y en casos específicos, sí mostraban dar un paso importante en su evolución (la final de la Copa del Rey fue una clara y magnífica muestra de ello), aún debía progresar. Para este enfrentamiento,  la pareja arbitral (hay hemerotecas) comenzaron a señalar faltas a diestro y siniestro sin criterio –muchas de ellas, no eran infracciones- y en los locales, tan solo Marcellus Starks aportó dureza y saber estar en la primera mitad, con un naufragio general de los aleros y estrellas, Epi y Sibilio (Epi, 0 puntos en la segunda mitad, algo inaudito). Al alero madridista Brian Jackson le llega esas situaciones de anotar desde cualquier posición, recuperando el acierto en suspensión que no encontraba minutos antes. Wayne Robinson seguía de dulce tras la inercia de su gran actuación en la final de la Recopa de Europa, que ganaron al Simac milanés (pocas veces un americano había sido tan discutido en el club blanco al cabo de toda una temporada). Y los malos agoreros sacaban a relucir que en las huestes de Antonio Serra aún pesaba como un pesado yugo, la tristeza por haber perdido una final de Copa de Europa ante el Banco di Roma, que por muchos minutos parecía ganada. Tal pesar ya se notó en semifinales, en los que derrotaron al CAI Zaragoza necesitando del tercer match, aún sin contar los maños con su estrella Kevin Magee.

A ese aciago sábado en el Palau, tendría su continuación en el choque que nos ocupa, en la Ciudad Deportiva del Real Madrid, un viernes 13 de Abril. Se habla que las interminables colas en el Santiago Bernabeu (donde se habilitaron las taquillas para tal evento) daban dos vueltas al recinto futbolístico. Que muchos se quedaron sin entrada y es que, para ser el primer año del playoff, cantar un alirón muy claro para muchos, era demasiado atractivo. De hecho, uno de los cánticos durante la rueda de calentamiento entre las gradas, era el ya afamado ‘campeones, campeones’. Mucho de aquella euforia fomentaron los medios de comunicación que esta vez sí, hablaron sobre baloncesto de manera copiosa.

Corbalán, López Iturriaga, Jackson, Robinson y Fernando Martín era el quinteto, ya habitual, del Real Madrid, mientras que el F.C. Barcelona tampoco mostró ninguna sorpresa, con Solozábal, Epi, Sibilio, Starks y Mike Davis. El choque se inició de forma trepidante, con un excelso tapón de Solozábal a una entrada de Iturriaga, contestado con otro de Fernando Martín en la canasta contraria, al intento de Davis por encestar.

Los primeros parciales eran a favor de los azulgranas. No tenían intención de repetir naufragio ofensivo. 6-9, 12-18, 14-24 y un tiempo muerto de Lolo Sáinz, para intentar frenar la enorme efectividad de Epi saliendo de los bloqueos. Wayne Robinson, con una fantástica finta primero para zafarse de Davis y un mate en la siguiente jugada, superando a su par en uno contra uno, levanta a las gradas de la Ciudad Deportiva y de paso, sitúa a su equipo en 20-24. Brian Jackson vuelve a destacar con su tiro de media distancia y con algunos de ellos fantaseábamos diciendo ‘ese, el año que viene con la línea, valdrá tres puntos’. Lo más extraño es que Antonio Serra ordena una defensa zonal (¿?) que ayudó mucho más al alero yankee a tener óptimas posiciones. Se sitúan por primera vez por delante (32-30) en una extraordinaria jugada, donde López Iturriaga logra rescatar un balón demasiado largo de contragolpe, salvándolo in extremis por línea de fondo, echándolo hacia atrás, para que caiga en las manos de  Jackson y convierta una perfecta suspensión. Al descanso se llegó con empate a 38, con un ritmo de juego pausado, de cinco contra cinco y con la estrella en el americano Marcellus Starks. No solamente sujetando a Fernando Martín, que era el cometido habitual, sino que se hizo con imponentes rebotes defensivos y con 12 puntos hasta ese momento, a base de ganar posiciones, recibir con el trabajo ya hecho y lanzar sus silenciosos tiros a tabla, fue la brújula ofensiva para sus compañeros.

Todo bajo el prisma de un arbitraje impecable. Los colegiados Marcé y Gárate, permitiendo el contacto lícito (con el que algunos no estaban acostumbrados por aquel entonces. Visto ahora el encuentro, se aprecia un enorme rigor y una excelente tarea), mantenían ambos equipos sobre un reglamento y un criterio al que se ajustaron.

En la segunda mitad, igualdad. Ya sea Sibilio, quien despertó en estos segundos 20 minutos (en este periplo, estuvo tan infalible como para anotar 6/7 en sus tiros de campo), o Juanma López Iturriaga, quien tenía la puntería muy afinada (no solamente era el tipo de los contragolpes), con 17 puntos  y 7/12 en tiros de campo, todos se vieron envueltos en esa nebulosa, que un 52-46 con una suspensión de Juan Corbalán, llegó a amenazar. Falsa alarma. Los azulgranas llegaron a igualar a 60 y con un robo y posterior bandeja de Epi, incluso ponerse por delante, 60-62, que provocó un nuevo tiempo muerto de Lolo Sáinz, a falta de 06:30 para el final. Si buscábamos emociones en esta final liguera, el choque era trepidante. El título estaba en el aire. Eso sí, ambiente y rectitud en la pista que nada vaticinaba lo que 30 segundos después iba a suceder.

Restaban aún 6 minutos de partido. Iturriaga siguiendo a Epi en la marca, recibe un duro bloqueo de Mike Davis (eso sí, totalmente estático, aunque con los brazos algo separados del cuerpo) y cuando el alero madridista impacta, lanza el codo a ‘pasear’, que impacta en el rostro del barcelonista, que se agacha por de dolor del golpe, llevándose las manos a la cara. De forma seguida, siendo consciente que había sido agredido, Davis se encaminó hacia Iturriaga, soltándole un croché en la barbilla que le dejó fuera de combate. En eso que por detrás, Fernando Martín viendo la escena, da un notorio y poderoso empujón a Davis, apartándole de la escena unos cuantos metros, para encararse ambos y como en un duelo medieval de lanzas, corrieron el uno al otro con los puños por delante para lanzarlos al mismo tiempo, ya en mitad de un tumulto en el que casi todos querían separar.

Todos sujetan y todos intentan calmar. Davis se llevaba la mano a la cara, mientras que señalaba a Iturriaga como el ‘malhechor’. “Llevaba treinta y tantos minutos aguantando bloqueos y golpes. Y en una jugada…no es que se me cruzó el cable. Fue totalmente frío y calculado. Le solté un codazo” confesaba Iturriaga años más tarde. Manolo Flores, como asistente ya de Serra, también en el afán de separar, le reclamaba a Iturriaga ya levantado del suelo, que no protestase tras la acción que había cometido. De hecho, el alero vasco fue el primero en retirarse a los vestuarios, consciente que se acción, suponía la automática descalificación.

Segundos después, más en frío, Mike Davis fue a disculparse con Fernando Martín dándole la mano, para seguidamente tomar el mismo camino que Iturriaga. Y fue Fernando Martín quien tuvo que esperar entre el tumulto de los árbitros y periodistas revoloteando sobre los jugadores que esperaban, el dictamen que decía que él, también sería descalificado. Tras unos minutos de muchos nervios, el choque se reanudó con estas tres bajas, entre ataques muy pausados, con mucho miedo entre ambos contendientes y la crispación del público.

Tal parón provocó un pequeño tirón a Solozábal en el muslo, que debió ser vendado para continuar jugando. Se entra en los dos últimos minutos con 64-67 para los visitantes, que tuvieron casi la victoria en la mano, tras una habilidosa suspensión de Epi, dejando el choque en 66-69 a falta tan sólo de 14 segundos. En el ataque del Real Madrid, Wayne Robinson sufre falta personal, a 7 segundos de la finalización. Las reglas de la época ayudaron mucho al pívot madridista, pues siendo acción de tiro, fallando el primer lanzamiento, le daba opción a un segundo y un tercer intento (si se fallaba uno, había opción  a un tercero). Logró el segundo (67-69) y en el último, claramente debía lanzar a fallar.

Y aquí se montó otro nuevo follón, casi tan notorio como el primero, esta vez  sin agresiones. Efectivamente, Robinson lanzó fuerte el tiro para que el rechace al aro fuese largo y así tuviesen sus compañeros opciones de atraparlo. El balón fue capturado por Brian Jackson, que lanzó una forzadísima suspensión entre dos contrarios que apenas dio en el aro, el rebote fue nuevamente para Robinson, que en un forcejeo por el balón con Solozábal y De La Cruz cerca de la línea de fondo y delante del colegiado Gárate, éste señala falta personal a De La Cruz. Los azulgranas levantan la mirada y ven que el reloj está a cero, y comienzan a protestar de manera airada que la infracción está fuera de tiempo. Cronometrando la acción, apenas llega a los 6 segundos toda la secuencia. Fue reglamentario, pero no faltaron nuevamente las protestas. En tal fragor, Pedro Ansa, el alero barcelonista gritaba a sus compañeros “¡vámonos, vámonos!” señalizando el camino para el vestuario y la intención de zanjar así el asunto. Todos los jugadores de Antonio Serra muy crispados alrededor de la mesa, protestando-suplicando a los árbitros, que toman la siguiente decisión: se lanzarán dos tiros libres con Wayne Robinson como protagonista, pero con el reloj a cero. Sin jugadores en la zona, sin opción a rebote, solamente continuaría el choque si el estadounidense anotaba los dos lanzamientos, que mal que bien, se acató por todos. Efectivamente, así lo hizo, empatando la contienda y llevando a la prórroga lo que ya tenía tintes de locura. Tal locura se apoderó de  muchos, muchos aficionados blancos, pues con una multitudinaria y eufórica invasión de pista  que se originó a continuación, con banderas madridistas ondeando, se deduce tenían el convencimiento que el Real Madrid había quedado campeón de liga en ese mismo momento. Escenario surrealista.

Rafael Rullán, casi de forma desesperada, ayudado por ciertas –escasas- medidas de seguridad, intentaban desalojar el parquet de todo aquel que no fuese jugadores y árbitros, para poder dar inicio a la prórroga. El tiempo extra se inició nuevamente con mucho miedo, con Rullán como pívot sustituto de Martín y con el base Paco Velasco, supliendo poco después a un eliminado Jackson, mientras que en los barcelonistas, De La Cruz era el recambio de Davis. Con un fallo de Epi en los últimos segundos, rebote de De La Cruz, que forzó la personal de Romay (de las escasísimas señalizaciones rigurosas), y dos tiros libres lanzados por el pívot internacional, el marcador se quedó en un 79-81 final y definitivo para el F.C. Barcelona. La machada estaba hecha. Ahora, había que esperar 24 horas para disputar al día siguiente el último encuentro de desempate y sobre todo, esperar las sanciones a los protagonistas de la pelea. Aquí, fue cuando se originó la chapuza nacional.

Sin entender muy bien el por qué de tantas urgencias, el Comité de Competición, órgano que debía dictaminar tales sanciones, encabezados por su presidente y secretario en funciones, Eugenio Mazón y Ángel Camacho respectivamente, se reúnen en el mismo bar de la Ciudad Deportiva del Real Madrid, con la penosa imagen que dio eso, en vez de irse al edificio donde sitaba tal organismo. “La forma fue nefasta” reconoce Iturriaga. “Dio una sensación… Es que yo, jugador del Barcelona, veo que el Comité de Competición se reúne en el bar de la Ciudad Deportiva del Real Madrid y me digo ‘pero, ¿esto qué es?’, ¿no?”

Allí se determina que las sanciones serían las siguientes: 6 encuentros de penalización sin jugar a Mike Davis, 3 a Fernando Martín y amonestación a López Iturriaga, sin pena de partidos. Éste fue el acta del Comité:

En Madrid, siendo la una hora y cuarenta y cinco minutos del día catorce de abril de mil novecientos ochenta y cuatro, el Comité Nacional de Competición, en uso de las facultades concedidas por el vigente Reglamento General en el artículo 262 y demás concordantes, reunido posteriomente a la finalización del encuentro disputado el día 13 de abril de 1984, entre el Real Madrid y el F.C. Barcelona, una vez recibida el acta arbitral y ante los incidentes ocurridos en el transcurso y a la finalización del encuentro, ha mantenido una reunión, atendiendo a las especiales circunstancias que concurren, a causa de la celebración de un nuevo encuentro entre ambos clubes el día de hoy, ha adoptado las medidas que a continuación se expresan, conducentes al mayor esclarecimiento de los hechos, a fin de poder dictar el fallo correspondiente.

Los elementos que se han tenido en cuenta para la total averiguación, han sido los siguientes:

  1. Lectura detallada del dorso del acta arbitral, en la que se narran las circunstancias incidentales ocurridas.
  2. Dando el oportuno trámite de audiencia a los clubs, se ha recibido declaración a los representantes de los mismos, informándoles respectivamente de las declaraciones de cada uno de ellos.
  3. Declaración de los árbitros del encuentro, por separado a cada uno de ellos, interrogándoles sobre distintos aspectos manifestados por los clubs y solicitando aclaración sobre el texto del acta arbitral.
  4. Visión reiterada y en distintas ocasiones del vídeo del partido, en cuanto al momento concreto de los incidentes ocurridos, realizada directamente en los estudios de TVE.

Del conjunto de las actuaciones llevadas a cabo por el Comité Nacional de Competición, concretadas en las citadas anteriormente, una vez aclaradas las circunstancias concurrentes, se ha dictado el siguiente fallo:

 

1º.- Sancionar al jugador del F.C. Barcelona Michael Davis, con licencia nº 430.353, con seis encuentros de suspensión, por agredir a un miembro del equipo contrario, propinándole un golpe y derribándole (art. 185, del R. General), imponiéndole además, una multa de nueve mil pesetas (arts. 171 y 172 del R. General).

2º.- Sancionar al jugador del Real Madrid D. Fernando Martín Espina, con licencia nº 187.567, con tres partidos de suspensión, por emplear intencionadamente medios y procedimientos violentos, que atentan contra la integridad de otro jugador (art. 190 A del R. General), imponiéndole además, la multa de cuatro mil quinientas pesetas (art. 171 y 172 del R. General).

3º.- Sancionar al jugador del Real Madrid, D. Juan Manuel López Iturriaga con amonestación, por producirse en el juego de manera peligrosa, con riesgo para otro jugador, sin intención de causar daño, no originando resultado lesivo (art. 188 D del R. General).

4º.- Sancionar con multa de ochenta y cinco mil pesetas al Real Madrid, por los incidentes graves de público que perturbaron el desarrollo del encuentro, por lanzamiento de objetos al terreno de juego e invasión de espectadores, apercibiéndole de cierre del terreno de juego, caso de reincidencia (art. 216 del R. General).

5º.- Sancionar a los árbitros del encuentro D. José Marcé y D. José Ángel Gárate, con licencias nº 1368 y 1188 respectivamente, con suspensión por una jornada por cumplimentación incompleta y defectuosa del acta arbitral (art. 205 D del R. General).

Los anteriores acuerdos han sido adoptados por unanimidad de los miembros de este Comité Nacional de Competición.

     

      Tal acta, que hablaba de la falta de intencionalidad de Iturriaga (¿?), así como de falta de rigor –y posterior sanción- a los colegiados (¿?!!!), fue objeto de cólera por parte de los componentes del F.C. Barcelona. Cuando lo vieron, de la mano de Josep María Miralles, director de las secciones –ajenas al fútbol- del club azulgrana, encendió más aún los ya encrespados ánimos, viendo abusiva la sanción a Davis y sobre todo, la injusticia sobre la no sanción a López Iturriaga. Eugenio Mazón, presidente del Comité de Competición, justificó plenamente el poder de su asiento así como las críticas sobre sus preferencias a los “colores blancos”, que ya recaían en él de un año atrás (En la temporada 82/83, en el F.C. Barcelona-Real Madrid de liga, la directiva azulgrana se negó a que se televisase el encuentro por un no acuerdo con el ente televisivo. Las represalias las tomó el Real Madrid negándose a jugar en las posteriores semifinales de Copa del Rey frente a los culés (¿?). Fueron sancionados y obligados a pagar indemnización a sus rivales, pero Eugenio Mazón tomó la inaudita decisión que, para la Recopa del siguiente año, fuese el propio club blanco quien participase). No contento con eso, en una de las múltiples entrevistas que concedió a partir del día siguiente, declaró lindezas en una de ellas, como “…la gente se mete con el Comité sin asumir que no sabe de baloncesto, no conoce el reglamento ni conoce los fundamentos que envuelven el Comité Jurídico”. Tan pancho, oigan.

      Para culminar del todo el esperpento, Josep María Miralles, decide coger con los jugadores del Barcelona el primer vuelo en el puente aéreo, dirección a Barcelona, a las 06:30 de la madrugada, tras una noche interminable, negándose así a jugar el tercer y definitivo choque, programado exactamente 12 horas después. Josep Lluis Núñez, presidente del club blaugrana por aquel entonces, tras apoyar inicialmente la decisión de Miralles, lo pensó mejor y reculó, llamando a las 06:15 de la mañana al hotel donde residía su equipo, con la mala suerte que ya todos habían partido hacia el aeropuerto. Desautorizaban así, la decisión del Comité de Competición, con otra de lo más dudosa. “Aunque luego, unos u otros pudieran darnos la razón, lo importante hubiese sido cuanto menos, haber podido luchar por conseguir ese título de liga” confiesa Juan Antonio San Epifanio. “Y además, creo sinceramente, que habríamos tenido bastantes oportunidades de ganar aquel tercer partido”.

      El remate fue, que los azulgranas pidieron un aplazamiento al enfrentamiento que, tras descubrir que se habían equivocado en el número de fax (como publicó “Nuevo Basket”), consiguieron enviarlo correctamente a las 18:15 horas, 15 minutos antes del inicio del teórico partido. Y es teórico, puesto que la pantomima con las cámaras de TVE en directo, fue ver en la pista un equipo calentando, el Real Madrid, esperando al rival, asumiendo su no comparecencia, como así certificaban los narradores televisivos, porque todos sabían que habían volado hacia Barcelona.

      No se sabe si aquello sirvió para evidenciar que algunos organismos estatales estaban muy lejos de lo que realmente se les exigía, si otros buscaban justicia, tomándosela por su cuenta. El caso es que una semana después aproximadamente, se oficializó el título liguero para el Real Madrid, por no comparecencia del rival. Tan triste, tan real. Situación bochornosa como final liguero de este nuevo –y presumiblemente- exitoso periplo en nuestro baloncesto.

      Comités, directivos, sanciones...todo aquello resultó sonrojante. Sin embargo, lo que el aficionado vio en sus televisiones, era un maravilloso espectáculo de un deporte emergente, que con el picante que dio aquella tangana, con aquellas carreras de Iturriaga, aquellas canastas de Sibilio y Epi, y las peleas de Martín y Starks bajo los aros, conectó con el gran público. El baloncesto a partir de ese momento resultó ser un deporte de masas. Si se iba ya fraguando tal fama, esta curiosa circunstancia amplificó mucho más ese ruido. Un mes después, la Selección Española realizaba el mejor baloncesto de su historia hasta ese momento. Entrañables resultaron aquellas sobremesas donde nuestro Equipo Nacional logró en el impresionante Omnisport de Bercy, en Paris, el pase para los Juegos Olímpicos de Los Angeles, apalizando a todos sus rivales (excepto a la URSS, que esta vez nos tocó que nos apalizasen ellos). Para que en Agosto llegase una medalla de plata olímpica bajo el brazo y con ello, la mayor locura nacional.

      A partir de aquel momento, el baloncesto se convirtió en el evento de moda. Todos querían ir a ver partidos en directo. Ver sus partidos, saber de sus resultados y de las acciones de tal o cual americano, era “estar en la onda”,  la que nadie se quería perder. Fue un boom que no tuvo parangón. El baloncesto era un deporte a la altura del fútbol, sus retransmisiones comenzaron a ser religiosamente semanales y sus audiencias debieron ser de locura. Aquello ya no había quien lo parara. Todo, con este escaparate, con aquella pelea, que vertió para bien, curiosamente, los intereses de nuestro deporte.

ESTADISTICAS DELPARTIDO